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		<title>Uploads from no para innita, tagged rachel</title>
		<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/tags/rachel/</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Feb 2013 15:36:57 -0800</pubDate>
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			<title>“Esto es mentira, esto es verdad, esto sucede aunque no lo vea, esto no sucede aunque lo vea. Todo el mundo odia a Innita.&quot;</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8452152100/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8452152100/&quot; title=&quot;“Esto es mentira, esto es verdad, esto sucede aunque no lo vea, esto no sucede aunque lo vea. Todo el mundo odia a Innita.&amp;quot;&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8106/8452152100_1d71f6d0aa_m.jpg&quot; width=&quot;180&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;“Esto es mentira, esto es verdad, esto sucede aunque no lo vea, esto no sucede aunque lo vea. Todo el mundo odia a Innita.&amp;quot;&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Miércoles, 6 de febrero de 2013&lt;br /&gt;
Chapinero, Bogotá, Mundo Violeta Violenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el taxista no me frenó, sino que aumentó la velocidad acercándose con iracunda destreza, sólo para vaciar el pequeño lago de agua y gasolina  en el bache de la calle sobre mí, contra mí, lavándome con su suciedad. Y yo, en mi paranoia lo tomé tal cual, como un saludo de nueva des-bienvenida nocturna a este Mundo. Estallé en ira, no me pude aguantar, llevaba muchos días aguantando muchas cosas, por algún lado tanta presión tenía que escaparse. Vi en ese mismo hueco de la misma calle a mi cómplice, una piedra reluciendo ante mí, bañada por las luces de los postes de luz,  descubierta de su escondite bajo el agua que ya no la cubría a ella sino a mí. La cogí y la lancé con toda mi rabia hacia el taxi, haciéndole estallar con estridente percusión de cristales su vidrio de copiloto, justo cuando el auto ya estaba a punto de voltear por la calle sesenta y cuatro, y salí a correr en sentido contrario, hacia la sesenta y tres, sin percartarme siquiera si también al taxista y no sólo al taxi  se le había roto algo con mi puntería. Los punkeritos que estaban en las bancas de la otra calle, en la pequeña plazoleta detrás de la Iglesia de Lourdes, me chiflaron mientras corría, y me asusté. Pero no, sus gritos emborrachados eran en señal de apoyo, vitoreándome mi logro contra el abusivo conductor. Estrenaba puntería, lo debía reconocer. Andar en BMX y Mountain Bike en toda mi adolescencia no tenía que ver nada con ésto, lo de esta noche era un improvisado regalo de mis reflejos, de mi supervivencia, o hasta de mi frustrado deseo infantil de ser superheroina. Y sí, mientras volteaba por la cuadra siguiente para subir hasta la séptima me reí maliciosamente imaginándome para mis adentros estar corriendo impunemente sobre la delgada línea que separa la justicia de la venganza. Pero es que esta Bogotá, la de este Mundo Violeta Violenta era fea, poco cívica y muy contaminada. Segundos después un atragantado grito de “china malparida” sonó a mis espaldas, a la vez que oía el correr de los pasos de su portador, eran de modo cojo, y eso me hizo pensar que una de sus piernas sí había sido besada violentamente por mi arcaico proyectil. Volteé a verlo. Con una varilla en mano, y a pesar de estar cojeando, mi agredido agresor estaba disminuyendo la diferencia que nos separaba. A mi izquierda, las personas que hacían cola para una función de un teatro que allí se localizaba me vieron y vieron al taxista.  Sólo ojos y nada más. Parecían ver correr un demonio, mirándome de manera atónita, callados, haciendo nada, no queriendo untarse de mi problema. Como la todo el piso estaba resbaloso por la lluvia de un par de horas atrás, caí al andén por ponerme a ver de nuevo a mi perseguidor. Las personas del pequeño teatro fueron casi que succionadas por la puerta, sin ni siquera haber abierto la boletería, en un acto protector del teatro para con sus clientes. Y el taxista, aprovechando la ausencia de público, me lanzó la varilla. Mis reflejos reaccionaron por mí, esquivándola, y yo misma me convertí en testigo ocular de lo que no creí que pudiera hacer, casi desdoblada, viendo la escena medio metro encima de mi propia cabeza. Todo sucedió muy rápido. Me paré de inmediato, sin importar el doble raspón en mis rodillas, y en vez de seguir corriendo, di media vuelta y enfrenté al taxista. Qué loca. O más bien, qué loco mi cuerpo y mi adrenalina, yo fui una mirona de lo que a continuación mi cuerpo, ahora marioneta jaloneado por delgadas hilos de valentía propia pero ajena, hizo. El taxista se abalanzó contra mí,  y su velocidad me sirvió para jalonarlo de uno de sus brazos, vaciando toda la energía de mi cuerpo bajo sus costillas, golpeándole con mi rodilla la boca del estómago. Arrodillado frente a mí, tanto por el dolor como por la falta de aire, continué mi ataque sobre él con un par de patadones, ahora sí, en el costado izquierdo de sus costillas.  Pero su brazo, que terminaba en una ancha mano de grandes y gruesos dedos, se estiró sorpresivamente, agarrando mi tobillo, desequilibrándome y haciéndome caer de nuevo. Al acercarse con intención de molerme a puños, le di un codazo en su cara, reventándole la nariz, mientras mis pies nuevamente hicieron doble golpe, esta vez entre sus piernas directo a la ingle, golpe de tal ferocidad y rapidez que vi su cuerpo hacer media vuelta en el aire por encima mío, cayendo detrás de mí. Oí cómo su cadera y espalda chocaban con ruido sobre la calle,  acompañados de un grito ahogado: sus testículos habían sido heridos. Me paré, cogí la varilla, y me puse frente a él, quería machacarle la cara, en serio que sí, para que no intentara hacerme nada más, áun cuando él ya estaba inhabilitado en defenderse por el resto de la noche, recogido en sí, con sus manos entre las piernas, soportando un dolor imposible de quitarse sobándose. Yo creo que todo eso sucedió en menos de diez segundos. No sé. Mi adrenalina rebosaba eufórica e ignoró el sentido del tiempo. Yo, toda aventajada, aún seguía pensando en machacarle la cara, pero decidí mejor salir corriendo del lugar. Boté la varilla en un jardín rumbo a la séptima, y llegué a un supermercado que se hallaba en la sesenta y tres. De repente, oí varios pitos, casi en fila, que me hicieron frenar de entrar por las puertas principales del súper y volteé a ver qué sucedía: una fila de taxis en contravía volteaban por la séptima hacia abajo, y los seguí con la mirada, pero  tuve que alejarme más hasta cruzar al otro andén para ver a dónde se dirigían: hacia la calle de la que recién me alejé. ¿Qué rayos era eso, el taxista había pedido refuerzos antes de salir de su taxi?¿Me querían linchar? De la que me salvé. Crucé de nuevo. Ya adentro del súper, mi cuerpo y yo volvimos a ser uno, y los nervios salieron a flote a causa de tan desagradable momento. Caminé desorientada y temblorosa entre los pasillos del local, fingiendo ver los productos exhibidos. La gente me veía de reojo, pero nadie se me acercó y mi forzada actuación de leer precios y etiquetas  no parecía molestarles. Tal vez eran las pecas estrellas en mi cara por lo que me veían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más de una hora duré tomándome, sorbo a sorbo, el litro de jugo de uva que finalmente compré dentro del local. Sentaba en una de las sillas del área de comidas, intenté descifrar cómo era que me había transportado de nuevo a este Mundo Violeta Violenta. Y esa repentina habilidad marcial. De dónde me surgió. Además, no sé por qué quise tomar taxi rumbo al apartamento de Hernanda; al igual que el mío, en este Mundo ese apartamento no sería el hogar de Hernanda. Necedad mía. Había estando actuando demasiado impulsiva en esta nueva transportación.  Dejé que mis inquietudes me des-atormentaranpor un rato, y saqué de mi bolsillo el papel. Lo desdoblé, lo puse sobre la mesa, intenté inutilmente quitarle las arrugas planchándolo con mis manos, y me dispuse a releerlo. No podía dar muy bien con el significado del escrito fechado nueve años atrás que le “robé” a mi amado &lt;i&gt;profesor No&lt;/i&gt; en el sueño de hace un par de horas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;“Viernes 6 de febrero de 2004.&lt;br /&gt;
Planetario Distrital, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Esto es mentira, esto es verdad, esto sucede aunque no lo vea, esto no sucede aunque lo vea. Todo el mundo odia a Innita. Es un odio escondido, y ella se esconde tras ese odio. Ella es una, es tan sólo una y se escapa, se escapa pues todo el civilizado mundo está en su contra. Todo el mundo odia a Innita, excepto yo, sí, excepto el planeta y yo. El planeta tiene todo para ella, yo sólo la tengo en palabras, yo sólo le tengo palabras. Innita, mi mujer, mi amor, destinataria de mis querellas epistolares. La han llenado de tabúes, de desconfianza, de vergüenza su presencia, de petróleo su cara, de cadáveres quieren llenar su plato, de cifras su busto, cintura y caderas; le quieren poner silicona sobre su corazón, y anorexia a sus deseos, ella se escapa y se pierde de cara en cara, de rostro en rostro, de rastro en rastro, de astro en astro, salta de estrella en estrella, se estrella, se levanta y vuelve a emprender la huída y sigue y sigue sin parar, ella no para, Innita no para. Sólo tengo recuerdos, recuerdos cuerdos, claros, prístinos, lejanos, de nuestras cenas de besos, algunos inconfesables, indescriptibles e indestructibles. Una vez, tal vez la mejor vez, y tal vez el tal vez sobra decir, y tal vez me falta decir, 'mi mejor vez, mi mujer, ves', en un parque de aquellos donde las hojas silban, fue la más bella hambre sentida, el más bonito apetito experimentado, con los más mágicos besos lo saciamos, los colores cambiaron, te aseguro que los colores cambiaron, pero todos odian a Innita y ella volvió a huir de mí. No puede ser, no puede ser, no pudo ser, rayos y centellas, no pudo ser, ¡mi estrella, por amor de dos!, mi Innita, ella, ella, ella huyó de nuevo sin mí, esa vez como tantas veces, huyó del mundo sin mí, veía sus propios ojos en mis ojos y huyó. Innita, innita: por ella aún no termino de morir, y por ella aún no empiezo a vivir. El mundo la persigue como persigue a todas las mujeres. Las cazan, las casan, las cesan. Y hasta las retan entre sí, las enredan entre sí, para un demente deleite masculino, y hay hasta mujeres con corazón masculino, y dirán que no hay nada de malo. Pero tampoco hay nada. Hermanos animales, hermanas vegetales, fratricidio hay contra la mujer, su hermana mayor. Plantas y animales nos conocen mejor que nosotros a ellos y a ellas. Que mi queja es grande y sobra, y mi exilio es poco y falta. Paisaje espacial, qué herida la bella curvatura materna, vientre siempre embarazado,  vida con más vida, planeta placenta. Qué árido mundo plano que aplasta a los demás sólo porque puede hacerlo. Aídas oídas y odiadas, odas sado, gula y gala, elegías y funerales diarios: las siliconas sobre el corazón, las caras desmaquilladas a punta de lágrimas, el cabello desteñido o reteñido, los lentes cosméticos en miradas tristes, los labios manchados de besos falsos, la liposucción, la bulimia, los chistes pesados en las oficinas, los chistes pasados en los colegios, los chismes pegados en las cocinas, las amenazas en la alcoba, el embarazo y parto sin pareja, el repartir, el volver a partir, y el partir de la pareja, los moretones por una borrachera ajena, el silencio de un cáncer de seno, o la forzada amnesia de una violación. ¡En qué hemos convertido la mitad de nuestro paisaje, la mitad de los que nos rodean, la cuna de todos nuestros nacimientos, la bella pista de nuestro aterrizar! ¿Y ves a la madre naturaleza? ¿has leído los índices en los artículos de ecología? El ozono deteriorado y pasado de moda, el agua potable con precio y marca, la radiación atómica desbalanceada, un nuevo tormento nos asesina, una nueva tormenta se avecina. Y cuando escampe, ¿todo volverá a ser como antes? ¿aquella tranquilidad individual de nadar dentro de un vientre materno, aquel paraíso efímero volverá a nacer aquí afuera, colectivo e interno?  Y si tan sólo fuera posible, ¿también eterno?”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No logré descifrar algo más de lo que ya había descrifrado. Sólo pensé: esta Bogotá es una porquería. Este Mundo se estaba desplomando. De seguir así, caería en algo similar al Escarlata. &lt;br /&gt;
Claro.&lt;br /&gt;
El Mundo Escarlata.&lt;br /&gt;
Mi destreza defensiva contra el taxista provenía de mí misma, la guerrera arquera que yo soy en ese Mundo. Yo misma era mi puente, estaba aprendiendo tal cual como lo sueñan muchos estudiantes: por ósmosis. Levanté la botella con el jugo, celebraba para mí ahora. Un nuevo y largo sorbo festajaba mi descubirmiento. “Conócete a tí misma”, ni más ni menos. &lt;br /&gt;
Oh, oh, pero falta algo. Falta alguien.&lt;br /&gt;
Tan efímero como un juego pirotécnico, mi efusivo y fiestero estallido con aroma a epifanía dentro del súper no me duró sino ese sorbo. He visto mi &lt;i&gt;doppelgänger&lt;/i&gt;, he conversado con ella e incluso ya estoy hasta recibiendo de ella sus destrezas pero ¿qué hay de mi triple, mi &lt;i&gt;dreifachgänger&lt;/i&gt; en este Mundo?  &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8451927182/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Wed, 06 Feb 2013 15:36:57 -0800</pubDate>
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Chapinero, Bogotá, Mundo Violeta Violenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente el taxista no me frenó, sino que aumentó la velocidad acercándose con iracunda destreza, sólo para vaciar el pequeño lago de agua y gasolina  en el bache de la calle sobre mí, contra mí, lavándome con su suciedad. Y yo, en mi paranoia lo tomé tal cual, como un saludo de nueva des-bienvenida nocturna a este Mundo. Estallé en ira, no me pude aguantar, llevaba muchos días aguantando muchas cosas, por algún lado tanta presión tenía que escaparse. Vi en ese mismo hueco de la misma calle a mi cómplice, una piedra reluciendo ante mí, bañada por las luces de los postes de luz,  descubierta de su escondite bajo el agua que ya no la cubría a ella sino a mí. La cogí y la lancé con toda mi rabia hacia el taxi, haciéndole estallar con estridente percusión de cristales su vidrio de copiloto, justo cuando el auto ya estaba a punto de voltear por la calle sesenta y cuatro, y salí a correr en sentido contrario, hacia la sesenta y tres, sin percartarme siquiera si también al taxista y no sólo al taxi  se le había roto algo con mi puntería. Los punkeritos que estaban en las bancas de la otra calle, en la pequeña plazoleta detrás de la Iglesia de Lourdes, me chiflaron mientras corría, y me asusté. Pero no, sus gritos emborrachados eran en señal de apoyo, vitoreándome mi logro contra el abusivo conductor. Estrenaba puntería, lo debía reconocer. Andar en BMX y Mountain Bike en toda mi adolescencia no tenía que ver nada con ésto, lo de esta noche era un improvisado regalo de mis reflejos, de mi supervivencia, o hasta de mi frustrado deseo infantil de ser superheroina. Y sí, mientras volteaba por la cuadra siguiente para subir hasta la séptima me reí maliciosamente imaginándome para mis adentros estar corriendo impunemente sobre la delgada línea que separa la justicia de la venganza. Pero es que esta Bogotá, la de este Mundo Violeta Violenta era fea, poco cívica y muy contaminada. Segundos después un atragantado grito de “china malparida” sonó a mis espaldas, a la vez que oía el correr de los pasos de su portador, eran de modo cojo, y eso me hizo pensar que una de sus piernas sí había sido besada violentamente por mi arcaico proyectil. Volteé a verlo. Con una varilla en mano, y a pesar de estar cojeando, mi agredido agresor estaba disminuyendo la diferencia que nos separaba. A mi izquierda, las personas que hacían cola para una función de un teatro que allí se localizaba me vieron y vieron al taxista.  Sólo ojos y nada más. Parecían ver correr un demonio, mirándome de manera atónita, callados, haciendo nada, no queriendo untarse de mi problema. Como la todo el piso estaba resbaloso por la lluvia de un par de horas atrás, caí al andén por ponerme a ver de nuevo a mi perseguidor. Las personas del pequeño teatro fueron casi que succionadas por la puerta, sin ni siquera haber abierto la boletería, en un acto protector del teatro para con sus clientes. Y el taxista, aprovechando la ausencia de público, me lanzó la varilla. Mis reflejos reaccionaron por mí, esquivándola, y yo misma me convertí en testigo ocular de lo que no creí que pudiera hacer, casi desdoblada, viendo la escena medio metro encima de mi propia cabeza. Todo sucedió muy rápido. Me paré de inmediato, sin importar el doble raspón en mis rodillas, y en vez de seguir corriendo, di media vuelta y enfrenté al taxista. Qué loca. O más bien, qué loco mi cuerpo y mi adrenalina, yo fui una mirona de lo que a continuación mi cuerpo, ahora marioneta jaloneado por delgadas hilos de valentía propia pero ajena, hizo. El taxista se abalanzó contra mí,  y su velocidad me sirvió para jalonarlo de uno de sus brazos, vaciando toda la energía de mi cuerpo bajo sus costillas, golpeándole con mi rodilla la boca del estómago. Arrodillado frente a mí, tanto por el dolor como por la falta de aire, continué mi ataque sobre él con un par de patadones, ahora sí, en el costado izquierdo de sus costillas.  Pero su brazo, que terminaba en una ancha mano de grandes y gruesos dedos, se estiró sorpresivamente, agarrando mi tobillo, desequilibrándome y haciéndome caer de nuevo. Al acercarse con intención de molerme a puños, le di un codazo en su cara, reventándole la nariz, mientras mis pies nuevamente hicieron doble golpe, esta vez entre sus piernas directo a la ingle, golpe de tal ferocidad y rapidez que vi su cuerpo hacer media vuelta en el aire por encima mío, cayendo detrás de mí. Oí cómo su cadera y espalda chocaban con ruido sobre la calle,  acompañados de un grito ahogado: sus testículos habían sido heridos. Me paré, cogí la varilla, y me puse frente a él, quería machacarle la cara, en serio que sí, para que no intentara hacerme nada más, áun cuando él ya estaba inhabilitado en defenderse por el resto de la noche, recogido en sí, con sus manos entre las piernas, soportando un dolor imposible de quitarse sobándose. Yo creo que todo eso sucedió en menos de diez segundos. No sé. Mi adrenalina rebosaba eufórica e ignoró el sentido del tiempo. Yo, toda aventajada, aún seguía pensando en machacarle la cara, pero decidí mejor salir corriendo del lugar. Boté la varilla en un jardín rumbo a la séptima, y llegué a un supermercado que se hallaba en la sesenta y tres. De repente, oí varios pitos, casi en fila, que me hicieron frenar de entrar por las puertas principales del súper y volteé a ver qué sucedía: una fila de taxis en contravía volteaban por la séptima hacia abajo, y los seguí con la mirada, pero  tuve que alejarme más hasta cruzar al otro andén para ver a dónde se dirigían: hacia la calle de la que recién me alejé. ¿Qué rayos era eso, el taxista había pedido refuerzos antes de salir de su taxi?¿Me querían linchar? De la que me salvé. Crucé de nuevo. Ya adentro del súper, mi cuerpo y yo volvimos a ser uno, y los nervios salieron a flote a causa de tan desagradable momento. Caminé desorientada y temblorosa entre los pasillos del local, fingiendo ver los productos exhibidos. La gente me veía de reojo, pero nadie se me acercó y mi forzada actuación de leer precios y etiquetas  no parecía molestarles. Tal vez eran las pecas estrellas en mi cara por lo que me veían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más de una hora duré tomándome, sorbo a sorbo, el litro de jugo de uva que finalmente compré dentro del local. Sentaba en una de las sillas del área de comidas, intenté descifrar cómo era que me había transportado de nuevo a este Mundo Violeta Violenta. Y esa repentina habilidad marcial. De dónde me surgió. Además, no sé por qué quise tomar taxi rumbo al apartamento de Hernanda; al igual que el mío, en este Mundo ese apartamento no sería el hogar de Hernanda. Necedad mía. Había estando actuando demasiado impulsiva en esta nueva transportación.  Dejé que mis inquietudes me des-atormentaranpor un rato, y saqué de mi bolsillo el papel. Lo desdoblé, lo puse sobre la mesa, intenté inutilmente quitarle las arrugas planchándolo con mis manos, y me dispuse a releerlo. No podía dar muy bien con el significado del escrito fechado nueve años atrás que le “robé” a mi amado &lt;i&gt;profesor No&lt;/i&gt; en el sueño de hace un par de horas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;“Viernes 6 de febrero de 2004.&lt;br /&gt;
Planetario Distrital, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Esto es mentira, esto es verdad, esto sucede aunque no lo vea, esto no sucede aunque lo vea. Todo el mundo odia a Innita. Es un odio escondido, y ella se esconde tras ese odio. Ella es una, es tan sólo una y se escapa, se escapa pues todo el civilizado mundo está en su contra. Todo el mundo odia a Innita, excepto yo, sí, excepto el planeta y yo. El planeta tiene todo para ella, yo sólo la tengo en palabras, yo sólo le tengo palabras. Innita, mi mujer, mi amor, destinataria de mis querellas epistolares. La han llenado de tabúes, de desconfianza, de vergüenza su presencia, de petróleo su cara, de cadáveres quieren llenar su plato, de cifras su busto, cintura y caderas; le quieren poner silicona sobre su corazón, y anorexia a sus deseos, ella se escapa y se pierde de cara en cara, de rostro en rostro, de rastro en rastro, de astro en astro, salta de estrella en estrella, se estrella, se levanta y vuelve a emprender la huída y sigue y sigue sin parar, ella no para, Innita no para. Sólo tengo recuerdos, recuerdos cuerdos, claros, prístinos, lejanos, de nuestras cenas de besos, algunos inconfesables, indescriptibles e indestructibles. Una vez, tal vez la mejor vez, y tal vez el tal vez sobra decir, y tal vez me falta decir, 'mi mejor vez, mi mujer, ves', en un parque de aquellos donde las hojas silban, fue la más bella hambre sentida, el más bonito apetito experimentado, con los más mágicos besos lo saciamos, los colores cambiaron, te aseguro que los colores cambiaron, pero todos odian a Innita y ella volvió a huir de mí. No puede ser, no puede ser, no pudo ser, rayos y centellas, no pudo ser, ¡mi estrella, por amor de dos!, mi Innita, ella, ella, ella huyó de nuevo sin mí, esa vez como tantas veces, huyó del mundo sin mí, veía sus propios ojos en mis ojos y huyó. Innita, innita: por ella aún no termino de morir, y por ella aún no empiezo a vivir. El mundo la persigue como persigue a todas las mujeres. Las cazan, las casan, las cesan. Y hasta las retan entre sí, las enredan entre sí, para un demente deleite masculino, y hay hasta mujeres con corazón masculino, y dirán que no hay nada de malo. Pero tampoco hay nada. Hermanos animales, hermanas vegetales, fratricidio hay contra la mujer, su hermana mayor. Plantas y animales nos conocen mejor que nosotros a ellos y a ellas. Que mi queja es grande y sobra, y mi exilio es poco y falta. Paisaje espacial, qué herida la bella curvatura materna, vientre siempre embarazado,  vida con más vida, planeta placenta. Qué árido mundo plano que aplasta a los demás sólo porque puede hacerlo. Aídas oídas y odiadas, odas sado, gula y gala, elegías y funerales diarios: las siliconas sobre el corazón, las caras desmaquilladas a punta de lágrimas, el cabello desteñido o reteñido, los lentes cosméticos en miradas tristes, los labios manchados de besos falsos, la liposucción, la bulimia, los chistes pesados en las oficinas, los chistes pasados en los colegios, los chismes pegados en las cocinas, las amenazas en la alcoba, el embarazo y parto sin pareja, el repartir, el volver a partir, y el partir de la pareja, los moretones por una borrachera ajena, el silencio de un cáncer de seno, o la forzada amnesia de una violación. ¡En qué hemos convertido la mitad de nuestro paisaje, la mitad de los que nos rodean, la cuna de todos nuestros nacimientos, la bella pista de nuestro aterrizar! ¿Y ves a la madre naturaleza? ¿has leído los índices en los artículos de ecología? El ozono deteriorado y pasado de moda, el agua potable con precio y marca, la radiación atómica desbalanceada, un nuevo tormento nos asesina, una nueva tormenta se avecina. Y cuando escampe, ¿todo volverá a ser como antes? ¿aquella tranquilidad individual de nadar dentro de un vientre materno, aquel paraíso efímero volverá a nacer aquí afuera, colectivo e interno?  Y si tan sólo fuera posible, ¿también eterno?”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No logré descifrar algo más de lo que ya había descrifrado. Sólo pensé: esta Bogotá es una porquería. Este Mundo se estaba desplomando. De seguir así, caería en algo similar al Escarlata. &lt;br /&gt;
Claro.&lt;br /&gt;
El Mundo Escarlata.&lt;br /&gt;
Mi destreza defensiva contra el taxista provenía de mí misma, la guerrera arquera que yo soy en ese Mundo. Yo misma era mi puente, estaba aprendiendo tal cual como lo sueñan muchos estudiantes: por ósmosis. Levanté la botella con el jugo, celebraba para mí ahora. Un nuevo y largo sorbo festajaba mi descubirmiento. “Conócete a tí misma”, ni más ni menos. &lt;br /&gt;
Oh, oh, pero falta algo. Falta alguien.&lt;br /&gt;
Tan efímero como un juego pirotécnico, mi efusivo y fiestero estallido con aroma a epifanía dentro del súper no me duró sino ese sorbo. He visto mi &lt;i&gt;doppelgänger&lt;/i&gt;, he conversado con ella e incluso ya estoy hasta recibiendo de ella sus destrezas pero ¿qué hay de mi triple, mi &lt;i&gt;dreifachgänger&lt;/i&gt; en este Mundo?  &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8451927182/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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			<title>soundtrack</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8438550951/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8438550951/&quot; title=&quot;soundtrack&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8517/8438550951_5bea40e95d_m.jpg&quot; width=&quot;185&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;soundtrack&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt; &lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=JETOkiVy2hk&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;you are the most beautiful thing I´ve ever seen&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 02 Feb 2013 14:54:41 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2013-02-02T17:52:13-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt; &lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=JETOkiVy2hk&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;you are the most beautiful thing I´ve ever seen&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>love story</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8409452796/</link>
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&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8409452796/&quot; title=&quot;love story&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8235/8409452796_0f115f6f51_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;188&quot; alt=&quot;love story&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

</description>
			<pubDate>Wed, 23 Jan 2013 12:18:57 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2013-01-23T15:15:24-08:00</dc:date.Taken>
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		</item>
		<item>
			<title>diario de Innita,  continuará ...</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8403223783/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8403223783/&quot; title=&quot;diario de Innita,  continuará ...&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8365/8403223783_a71b280551_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;96&quot; alt=&quot;diario de Innita,  continuará ...&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;i&gt;Queridas lectoras y apreciados lectores de los diarios de Innita: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como semilla sembrada luego de ser vista, los diarios de Innita, de  mucha más frecuencia desde el  &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/collections/72157632477189800/&quot;&gt;pasado primero de noviembre&lt;/a&gt;,  hacen larga pausa del ojo público para brotar de nuevo … después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas gracias por todas las palabras y por el seguimiento, &lt;br /&gt;
att,&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606566250380/&quot;&gt;No para Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Continuará . . .&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 17:55:54 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2013-01-21T20:53:29-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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    <media:title>diario de Innita,  continuará ...</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;&lt;i&gt;Queridas lectoras y apreciados lectores de los diarios de Innita: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como semilla sembrada luego de ser vista, los diarios de Innita, de  mucha más frecuencia desde el  &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/collections/72157632477189800/&quot;&gt;pasado primero de noviembre&lt;/a&gt;,  hacen larga pausa del ojo público para brotar de nuevo … después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas gracias por todas las palabras y por el seguimiento, &lt;br /&gt;
att,&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606566250380/&quot;&gt;No para Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Continuará . . .&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;</media:description>
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    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>Creo que es similar al famoso túnel de luz del que algunos regresan, imposible de probar, incluso para ellos mismos, de haber traspasado el umbral, vivir cosas tras de éste y haber vuelto.</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8399946997/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8399946997/&quot; title=&quot;Creo que es similar al famoso túnel de luz del que algunos regresan, imposible de probar, incluso para ellos mismos, de haber traspasado el umbral, vivir cosas tras de éste y haber vuelto.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8360/8399946997_b007c24dfd_m.jpg&quot; width=&quot;185&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;Creo que es similar al famoso túnel de luz del que algunos regresan, imposible de probar, incluso para ellos mismos, de haber traspasado el umbral, vivir cosas tras de éste y haber vuelto.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Domingo, 20 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;El único ejercicio meditativo que en realidad extraño durante el día, por no desayunar ni almorzar en casa al salir a trabajar desde bien temprano es lavar platos, así que casi con rigurosa disciplina, luego de tomar la cena mi mente hace lo más parecido a mi versión de yoga: cada noche sumerjo mis pensamientos bajo el lavaplatos. Es un momento en que, mientras mis manos mojan giran y enjabonan la vajilla, los cubiertos, las ollas y demás utensilios necesitados en las artes culinarias, el resto de mí se eleva en una deliciosa meditación contemplativa.  Anoche, por ejemplo, entre grasa y desperdicios, medité sobre lo que hace un par de años pasó en la avenida que queda frente a mi trabajo: el freno repentino y fuerte de un oxidado taxi para evitar atropellar un fugado perrito de raza que cruzaba intempestivamente la calle. Me figuro todos los eventos que tuvieron que suceder para que ese sorpresivo encuentro se diera: Una vez la vida llegara a este planeta hace más de tres mil quinientos millones de años en forma de microscópicas entidades unicelulares, el proceso de elaboración de oxígeno a través de una primitiva fotosíntesis hizo posible que se inundara de oxígeno la atmósfera, lo que le daría paso, unos cuantos millones de años después, a los insectos en tomarse los aires con su trasnochador zumbido, insectos entre los cuales se encuentran los no voladores como lo son las pulgas. Ellas, hace cuatrocientos millones de años esperaban pelambre en el cual alojarse, pues en esos años se hallaban sin la compañía de mamíferos a la vista, apenas los peces estaban saliendo del agua en forma de Ictiostegas. Hace ciento cincuenta millones de años los Arcaeopterices, primeros reptiles voladores emplumados, decoraban los cielos, y los mamíferos aún ausentes en los suelos.... y las pulgas aún sin su peludo hospedaje ni su alimento. Pero de qué hablo, supongo que ni aún las pulgas ni existían. En fin, millones de años después vino la gran desaparición de los dinosaurios, con lo cual, atrapados sus restos entre capas y suelos rocosos, darían tímido inicio a lo que después serían los codiciados prados y desiertos bajo los cuales se hallaran los escondites del petróleo, y mientras este extraño oro negro aguardaba, el ser humano, hace cuarenta mil años atrás, haría su aparición como accidente cultural, diferenciándose de los demás animales por su dominio del fuego e invención de la rueda... y principalmente por someter a los demás animales. Así fuego, rueda, petróleo y mascotas se irían acercando poco a poco al escenario de lo que ví. Tuvo que suceder además que el ser humano se asociara geográficamente en grupos de casas lejos de los campos de agricultura, para lo cual los caminos de carretas fueran construidos dentro y fuera de los Burgos o primeras ciudades, y las pulgas ya estaban haciendo de las suyas a aquellos perros burgueses que no eran usados para cuidar las plantaciones ni el ganado vacuno ni bovino. Hablamos ya de setecientos años atrás, y un puñado de centenas de años más trascurrieron para la revolución industrial, lo cual sacaría de nuevo el rugir de los dinosaurios de sus subterráneos aposentos lúgubres, en forma de tranvías, trenes, y finalmente automóviles, por lo cuales muchos nuevos burgueses permitirían que los perritos ya sea de casa, de caza, o de raza se asomaran por las ventanas abiertas de aquellas máquinas. En una de esas salidas en auto de las mascotas, un perrito de raza, al verse estar al frente de la casa del veterinario a donde lo dirigirían para quitarle un ataque crónico de pulgas, saltaría por la ventana del carro y huiría hasta cruzar la avenida y hacer frenar al renacido dinosaurio llamado taxi, por el grito de la pasajera al taxista, anunciándole a tiempo y evitando que lo atropellara. Aquel perrito,  un simple y bello perrito, que para mí  nada tiene que ver con la pretensión pereque-burguesa de ser o no ser de raza, estaba citado en mi consultorio, en mi veterinaria, especializada entre otras cosas, en quitarle pulgas sin tener que matarlas, quedaría asustado y escondido bajo el chasis con la cola escondida entre las piernas, y tú saldrías de la puerta de atrás del taxi, en tu cita para un trabajo que no te darían, por llegar tarde a la entrevista para compadecerte del perrito. Al  salir corriendo de mi establecimento y llegar incluso antes que los llamados “dueños”, te invitaría a cenar y hasta me inventaría empleo para ti, e imaginaría una vida juntos, sí todo eso de sólo verte a ti y ver tu corazón puesto en el asustado perrito, con la perfecta excusa de agradecerte por haberlo salvado. Sí, mi querida compañera de diurno trabajo y noches de descanso desde hace dos años, anoche con guantes amarillos medité en todo esto, como si fuera ya millones de años de felicidad que llevamos viviendo juntos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suspiro. Afortunadamente, no todas las crónicas están tan crónicas. &lt;br /&gt;
Hoy he tenido que leer “Un taxi y muchas pulgas en mi yoga personal” a escondidas de Nandita, luego terminara su visita. Todo esto me hace sentir mal, pero no sé cómo solucionarlo. Cuando me preguntó del librito, me tuve que hacer la boba, suponer que tal vez lo tomó una de las enfermeras, y cambiar rápidamente de tema. Lo que le pasó anoche a las páginas de “Crónicas Crónicas”, me daba timidez contárselo. Las páginas aún huelen mucho a mí. Qué barbaridad. He querido contarle todo, pero, ¿qué le iba a decir sobre aquel accidente?¿estar “pensando” en una persona de otros dos Mundos, Mundos que no puedo probar que sólo sea imaginario? Creo que es similar al famoso túnel de luz del que algunos regresan, imposible de probar, incluso para ellos mismos, de haber traspasado el umbral, vivir cosas tras de éste y haber vuelto. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué sería lo más prudente, Innita, piensa, piensa, ¿alcaso alejarme de Nandita por que tal vez me estaba enamorando tres veces de la misma alucinación? Sí, tal vez sea lo mejor, lo más sensato. Vaya. Lo más sensato parece lo más desquiciado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué voy a hacer conmigo. Me espera otra de esa noches largas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8399860321/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 20 Jan 2013 19:14:39 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2013-01-20T22:11:04-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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    <media:title>Creo que es similar al famoso túnel de luz del que algunos regresan, imposible de probar, incluso para ellos mismos, de haber traspasado el umbral, vivir cosas tras de éste y haber vuelto.</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Domingo, 20 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;El único ejercicio meditativo que en realidad extraño durante el día, por no desayunar ni almorzar en casa al salir a trabajar desde bien temprano es lavar platos, así que casi con rigurosa disciplina, luego de tomar la cena mi mente hace lo más parecido a mi versión de yoga: cada noche sumerjo mis pensamientos bajo el lavaplatos. Es un momento en que, mientras mis manos mojan giran y enjabonan la vajilla, los cubiertos, las ollas y demás utensilios necesitados en las artes culinarias, el resto de mí se eleva en una deliciosa meditación contemplativa.  Anoche, por ejemplo, entre grasa y desperdicios, medité sobre lo que hace un par de años pasó en la avenida que queda frente a mi trabajo: el freno repentino y fuerte de un oxidado taxi para evitar atropellar un fugado perrito de raza que cruzaba intempestivamente la calle. Me figuro todos los eventos que tuvieron que suceder para que ese sorpresivo encuentro se diera: Una vez la vida llegara a este planeta hace más de tres mil quinientos millones de años en forma de microscópicas entidades unicelulares, el proceso de elaboración de oxígeno a través de una primitiva fotosíntesis hizo posible que se inundara de oxígeno la atmósfera, lo que le daría paso, unos cuantos millones de años después, a los insectos en tomarse los aires con su trasnochador zumbido, insectos entre los cuales se encuentran los no voladores como lo son las pulgas. Ellas, hace cuatrocientos millones de años esperaban pelambre en el cual alojarse, pues en esos años se hallaban sin la compañía de mamíferos a la vista, apenas los peces estaban saliendo del agua en forma de Ictiostegas. Hace ciento cincuenta millones de años los Arcaeopterices, primeros reptiles voladores emplumados, decoraban los cielos, y los mamíferos aún ausentes en los suelos.... y las pulgas aún sin su peludo hospedaje ni su alimento. Pero de qué hablo, supongo que ni aún las pulgas ni existían. En fin, millones de años después vino la gran desaparición de los dinosaurios, con lo cual, atrapados sus restos entre capas y suelos rocosos, darían tímido inicio a lo que después serían los codiciados prados y desiertos bajo los cuales se hallaran los escondites del petróleo, y mientras este extraño oro negro aguardaba, el ser humano, hace cuarenta mil años atrás, haría su aparición como accidente cultural, diferenciándose de los demás animales por su dominio del fuego e invención de la rueda... y principalmente por someter a los demás animales. Así fuego, rueda, petróleo y mascotas se irían acercando poco a poco al escenario de lo que ví. Tuvo que suceder además que el ser humano se asociara geográficamente en grupos de casas lejos de los campos de agricultura, para lo cual los caminos de carretas fueran construidos dentro y fuera de los Burgos o primeras ciudades, y las pulgas ya estaban haciendo de las suyas a aquellos perros burgueses que no eran usados para cuidar las plantaciones ni el ganado vacuno ni bovino. Hablamos ya de setecientos años atrás, y un puñado de centenas de años más trascurrieron para la revolución industrial, lo cual sacaría de nuevo el rugir de los dinosaurios de sus subterráneos aposentos lúgubres, en forma de tranvías, trenes, y finalmente automóviles, por lo cuales muchos nuevos burgueses permitirían que los perritos ya sea de casa, de caza, o de raza se asomaran por las ventanas abiertas de aquellas máquinas. En una de esas salidas en auto de las mascotas, un perrito de raza, al verse estar al frente de la casa del veterinario a donde lo dirigirían para quitarle un ataque crónico de pulgas, saltaría por la ventana del carro y huiría hasta cruzar la avenida y hacer frenar al renacido dinosaurio llamado taxi, por el grito de la pasajera al taxista, anunciándole a tiempo y evitando que lo atropellara. Aquel perrito,  un simple y bello perrito, que para mí  nada tiene que ver con la pretensión pereque-burguesa de ser o no ser de raza, estaba citado en mi consultorio, en mi veterinaria, especializada entre otras cosas, en quitarle pulgas sin tener que matarlas, quedaría asustado y escondido bajo el chasis con la cola escondida entre las piernas, y tú saldrías de la puerta de atrás del taxi, en tu cita para un trabajo que no te darían, por llegar tarde a la entrevista para compadecerte del perrito. Al  salir corriendo de mi establecimento y llegar incluso antes que los llamados “dueños”, te invitaría a cenar y hasta me inventaría empleo para ti, e imaginaría una vida juntos, sí todo eso de sólo verte a ti y ver tu corazón puesto en el asustado perrito, con la perfecta excusa de agradecerte por haberlo salvado. Sí, mi querida compañera de diurno trabajo y noches de descanso desde hace dos años, anoche con guantes amarillos medité en todo esto, como si fuera ya millones de años de felicidad que llevamos viviendo juntos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suspiro. Afortunadamente, no todas las crónicas están tan crónicas. &lt;br /&gt;
Hoy he tenido que leer “Un taxi y muchas pulgas en mi yoga personal” a escondidas de Nandita, luego terminara su visita. Todo esto me hace sentir mal, pero no sé cómo solucionarlo. Cuando me preguntó del librito, me tuve que hacer la boba, suponer que tal vez lo tomó una de las enfermeras, y cambiar rápidamente de tema. Lo que le pasó anoche a las páginas de “Crónicas Crónicas”, me daba timidez contárselo. Las páginas aún huelen mucho a mí. Qué barbaridad. He querido contarle todo, pero, ¿qué le iba a decir sobre aquel accidente?¿estar “pensando” en una persona de otros dos Mundos, Mundos que no puedo probar que sólo sea imaginario? Creo que es similar al famoso túnel de luz del que algunos regresan, imposible de probar, incluso para ellos mismos, de haber traspasado el umbral, vivir cosas tras de éste y haber vuelto. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué sería lo más prudente, Innita, piensa, piensa, ¿alcaso alejarme de Nandita por que tal vez me estaba enamorando tres veces de la misma alucinación? Sí, tal vez sea lo mejor, lo más sensato. Vaya. Lo más sensato parece lo más desquiciado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué voy a hacer conmigo. Me espera otra de esa noches largas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8399860321/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Una chica con nombre “Innita para No”,  tal cual, en su cédula, sacó mi libro “Crónicas Crónicas” de la Luis Ángel Arango, pero aún más raro es la fecha que aparece, martes primero de enero... mejor dicho, ¡en pleno día festivo!</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8387433061/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8387433061/&quot; title=&quot;Una chica con nombre “Innita para No”,  tal cual, en su cédula, sacó mi libro “Crónicas Crónicas” de la Luis Ángel Arango, pero aún más raro es la fecha que aparece, martes primero de enero... mejor dicho, ¡en pleno día festivo!&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8513/8387433061_a77d1e1df3_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;Una chica con nombre “Innita para No”,  tal cual, en su cédula, sacó mi libro “Crónicas Crónicas” de la Luis Ángel Arango, pero aún más raro es la fecha que aparece, martes primero de enero... mejor dicho, ¡en pleno día festivo!&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Miércoles, 16 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Miércoles, 16 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Sí, Lis, es tal como te digo, aún no me lo creo, es como bien raro eso que me dijeron: una chica con nombre “Innita para No”,  tal cual, en su cédula, sacó mi libro “Crónicas Crónicas” de la Luis Ángel Arango, &lt;br /&gt;
-¿Innita para No, sííí? ¿en su cédula?&lt;br /&gt;
-Sí, pero aún más raro es la fecha que aparece, martes primero de enero... mejor dicho, ¡en pleno día festivo!  &lt;br /&gt;
-¿Cóomo?&lt;br /&gt;
-Sí, así aparece fechado en el sistema. Sabes que Mauro, el amigo que te conté, trabaja en la Luis Ángel, y me dejó entrar a su ofi, acá estoy, estoy viendo en la pantalla de su compu … dice “Innita para No” …, ahorita mismo. &lt;br /&gt;
-Bueno, bueno, mi No, más bien no demores más allá en la biblio y ve saliendo para la Macarena que yo ya estoy yendo para allá. Besitos, nos vemos ahora y me cuentas todo.&lt;br /&gt;
-Besitos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Ahora sí, querido, cúentame qué pasó.&lt;br /&gt;
-Sí, espera, ¿ya pediste algo?&lt;br /&gt;
-Ooobvio, ya pedí por los dos, tal como te había dicho que lo haría ¿no? Para que no demore. Ya sabes que conozco tu impaciencia.&lt;br /&gt;
-Tan bonita …, pues nada, Lis, muy raro eso. Fuí a entregar los libros y me dio por chismosear hace cuánto no sacaban los míos, y pues lo que te conté por celu.&lt;br /&gt;
-Pues señorito, sabes muy bien que saqué “ginotropia” en julio. Por el libro es que estamos aquí, juntos. ¿Querías ver si alguna otra chica lo había sacado?&lt;br /&gt;
-Aich, me refería más bien era al otro, “Crónicas Crónicas”&lt;br /&gt;
-¿Tu recopilación de cuentos cortos? ¿Dónde sale “Flor de Plástico”? &lt;br /&gt;
-Sí, ese, ¿cuál mas? Ya te lo había dicho al celu, Lis.&lt;br /&gt;
-Aishh, tú sí, tan respondón.&lt;br /&gt;
-Emmm, bueno, perdona. Es que quería volver a verlo. Y sí, revisé también “ginotropia”. Y no lo han vuelto a sacar después de ti. Creo que yo mismo lo sacaré para cuando empiecen mis clases.&lt;br /&gt;
-Aún me parece muy raro que no tengas ni una copia para ti de lo que has publicado.&lt;br /&gt;
-Pues Lis, soy malito para recordar a quién le presto libros. &lt;br /&gt;
-Es una maña que te deberías quitar,&lt;/i&gt;'tonto es quien presta un libro y más tonto …&lt;br /&gt;
-... quien lo devuelve'. &lt;i&gt;Sí, algún día aprenderé. Lo que pasa es que con los roommates que he vivido me he acostumbrado a intercambiarnos cidis, pelis y libros,  y pues ahí no hay pierde.&lt;br /&gt;
-¿Y qué te llevó a querer ver “Crónicas Crónicas” de nuevo?&lt;br /&gt;
-... pues …&lt;br /&gt;
-¿Qué pasa?&lt;br /&gt;
-Luego te cuento ¿sí? &lt;br /&gt;
-Mira mi No, te voy a decir algo. Estás algo raro estos días, ya desde el domingo. ¿Estás así porque sólo me pude quedar en tu casa el viernes en la noche y salir temprano el sábado? ¿es por eso, no?&lt;br /&gt;
-No Lis, yo ya no te discuto por eso. &lt;br /&gt;
-Por eso lo digo, ya no armas quejas, pero como que estás que estallas por dentro. Te noto como con un  &lt;/i&gt;guardado&lt;i&gt;.&lt;br /&gt;
-Bueno, pues mira, espero que contarte ahora no nos dañe la comida.&lt;br /&gt;
-¿Alcaso  &lt;/i&gt;pasó&lt;i&gt;algo?&lt;br /&gt;
-Mejor dicho, te cuento ya. El domingo, alguien intentó abrir la puerta, estaba viendo una peli, pero ese ruido fue como tan evidete. Dudé un momento pero fui a ver qué pasaba. Creí que era Miguel, todo borracho. Pero recordé que me había marcado y me dijo que aún demoraba en llegar, que si lo habían ido a biscar. Así que pensé que fijo eras tú, que se te había vuelto a trabar la copia. Y cuando abrí, una trigueña ojiazul, delgadita, algo bajita, estaba medio forzando la  cerradura con unas llaves. Me vio y salió corriendo.&lt;br /&gt;
-Ahhh, yá, es decir, la trigueña pintorreteada.&lt;br /&gt;
-Sí, ahí mismo recordé lo que me contaste, la chica que estaba en el apartamento, la que viste con pecas estrellas como en “ginotropia”.&lt;br /&gt;
-Pues no como en el libro, ya te había dicho de las pecas grandes en sus pómulos. ¿Entonces supones que esa misma chica es la que sacó tu libro? ¿Y no es más bien que te quedó gustando? Porque fea no es … ¿no será más bien que hablaron algo y no me quieres contar?&lt;br /&gt;
-Ay Lis, no te miento, no hablamos nada.&lt;br /&gt;
-No te dije que me estabas mintiendo. No dije eso ¿o sí?&lt;br /&gt;
- No, pues eso no, ¿entonces a qué te refieres?&lt;br /&gt;
-Pues me parece que no me contaste todo.&lt;br /&gt;
-Issh, ¿pero Lis, no te acabo de decir que no hablamos nada? Salió corriendo...&lt;br /&gt;
-Jummm … &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta mañanita, bien temprano, Nandita me llamó desde Bogotá. Anoche me estuvo timbrando insistentemente al celu, que nunca contesté, para contarme que había tenido que viajar a Bogotá de imprevisto, al rato de salir de “visitarme”. Al parecer su papá parecía estar a punto de salir del estado de coma. Me alegró tanto oirla tan alegre, su llamada me contagió durante toda la mañana, que hasta eso fue observado por la enfermera en mi hora de almuerzo, y se arriesgó a decirme, ya al venir por los platos, que tal vez en pocos días me den de alta. No sé por qué me da tantos nervios. Me han pasado tantas cosas en las que he preferido no recordar, y he estado sintiendo tantas cosas de las que he preferido no pensar, que creo que salir de aquí y volver a Bogotá es como salir a encararlas. Creo que por más felina, envalentonada y echada pa'lante que me crea, también, como una gatita rehuye al agua, hay cosas, por más naturales que parezcan, de las que salgo corriendo. Pero si anoche eso me hizo sentir mal, la llamada de Nandita de hoy borró todo, y me hizo verlo desde otro ángulo: apenas tengo veintiuno, siento que hay mucho tiempo. Cada cosa en su momento. Otra persona en mi lugar se hubiera enloquecido.&lt;br /&gt;
-Buenas tardes Innita, ¿qué tal la cena?&lt;br /&gt;
-Muy rica- le dije como con susto a la enfermera, de manera automática, y tal vez con un tono algo seco y apresurado. No la sentí entrar, quizás por la felicidad aglomerada en mí en todo el día. El bienestar de hoy, luego de tan agradable ingravidez de ayer con Nandita, lo había atesorado, una dicha amurallada por mis ganas de no pensar ni decidir nada, tan sólo dejarme ir. Afortunadamente la enfermera pareció no percibir lo brusco de mi respuesta.&lt;br /&gt;
-Mira, se me había olvidado traerte ésto.&lt;br /&gt;
-¿Un libro?¿Y eso? ¿me lo dejó Hernanda?&lt;br /&gt;
-No señorita, o no sabemos. Lo encontramos bajo tu almohada hace un par de semanas.&lt;br /&gt;
Me sonrojé al verlo y la enfermera apenas sonrió.&lt;br /&gt;
-No, puedes tenerlo, es que se nos ha´bia olvidado devolvértelo cuando cambiamos las sábanas. Estaba en el inventario de cosas perdidas y yo lo reconocí- su explicación me daba a a entender que ella pensó que yo me hubiera sentido culpable de esconder libros, como si yo pensara que estuviera contraviniendo el estatuto del hospital. &lt;br /&gt;
Mi sorpresa y sonroje fue porque yo creía que leer apartes de ese libro era parte de un sueño. Sin asimilar la idea del todo, yo sentí que “Crónicas Crónicas” se había materializado. A menos que esos relatos también hayan sido publicados acá, sólo restaba concluir, algo incómoda, que yo me había “robado”, sin querer queriendo, tal cual como el Chavo, un objeto de ese otro Mundo.&lt;br /&gt;
-¿No lo quieres?- inquirió la enfermera, para atraer mi atención. Quién sabe por cuanto tiempo había permanecido con  su brazo estirado, ofreciéndomelo, y yo en mi nervioso englobe.&lt;br /&gt;
-Sí, sí, claro, gracias señorita.&lt;br /&gt;
-Adaluz, ¿o ya se te olvidó mi nombre?- me dijo con algo de sonrisa falsa.&lt;br /&gt;
-Claro que no, es falta de confianza, gracias Adaluz.&lt;br /&gt;
Tal vez mi mirada de ausencia haría que la enfermera Adaluz informara de lo sucedido, mis síntomas de índole amnésico, y los médicos reconsideraran alargar mi estadía y posponer mi salida, más días en observación. Si esto pasaba, no me molestaba la idea. Algo de mí me hacía sentir no estar preparada para asumir todo, para asumir nada.  Mi recuperación, aún  inclonclusa, justificaba mi irresponsabilidad para con tantos Mundos y emociones y sentimientos. Cuando salió, decidí, ya auto-tranquilizada por este tren de pensamientos, hojear y encontrar algún cuento de “Crónicas Crónicas”. Quería, para empezar, como aperitivo, uno que fuera muy corto, más que el de “Flor de Plástico”. Escogí, por lo sugestivo de su título y mi vanidad Leo, “Aquella Gata Loca”,  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;i&gt;“Te advertí que no metieras aquella gata loca al agua. Te advertí que para la gata no sería una broma jovial. Te advertí que cuando la metieras, la gata, enloquecida de ira, saltaría y te arañaría salvajemente para aferrarse fuera del agua, fuera de la broma. Ahora cada vez que nos vemos, ya casi no te  veo a ti, veo sólo la gran cantidad de cicatrices en tu cuerpo y en tu cara, y en secreto me pongo a llorar desconsolada, pues yo soy aquella gata loca.”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al terminar de leerlo, la felicidad acumulada en todo el día se iría de súbito, drenada por algún sifón de mis pulmones. Reteniéndome de irme yo misma por allí, intenté aferrarme a mis desvencijados suspiros y acopios de aire. Pero no. Sentía que aquellas cicatrices del corto relato, de alguna forma, estaban en mí, internas, apenas visibles con algún tipo de radiografía futurista o qué se yo. Hice ese tipo de pucheros que evidencian mi vulnerabilidad, de esos que no me permito mostrar en público. Y la señalé, señalé la causa, señalando con mi mirada al librito. Al autor del librito. Al propietario de aquella bofetada. &lt;br /&gt;
Por tu culpa, mini-No. Tú. Gata Loca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el tiempo que restó de la tarde hasta convertirse en noche, y a pesar del calor de Medellín, hice de las sábanas un falso resguardo de crisálida, fingiendo dormir por si esntraba de nuevo la enfermera Adaluz, y me puse a llorar, yo no sé de qué si yo no estaba tan mal.  &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8387382003/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Wed, 16 Jan 2013 17:20:18 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2013-01-16T20:15:03-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;Miércoles, 16 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Miércoles, 16 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Sí, Lis, es tal como te digo, aún no me lo creo, es como bien raro eso que me dijeron: una chica con nombre “Innita para No”,  tal cual, en su cédula, sacó mi libro “Crónicas Crónicas” de la Luis Ángel Arango, &lt;br /&gt;
-¿Innita para No, sííí? ¿en su cédula?&lt;br /&gt;
-Sí, pero aún más raro es la fecha que aparece, martes primero de enero... mejor dicho, ¡en pleno día festivo!  &lt;br /&gt;
-¿Cóomo?&lt;br /&gt;
-Sí, así aparece fechado en el sistema. Sabes que Mauro, el amigo que te conté, trabaja en la Luis Ángel, y me dejó entrar a su ofi, acá estoy, estoy viendo en la pantalla de su compu … dice “Innita para No” …, ahorita mismo. &lt;br /&gt;
-Bueno, bueno, mi No, más bien no demores más allá en la biblio y ve saliendo para la Macarena que yo ya estoy yendo para allá. Besitos, nos vemos ahora y me cuentas todo.&lt;br /&gt;
-Besitos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Ahora sí, querido, cúentame qué pasó.&lt;br /&gt;
-Sí, espera, ¿ya pediste algo?&lt;br /&gt;
-Ooobvio, ya pedí por los dos, tal como te había dicho que lo haría ¿no? Para que no demore. Ya sabes que conozco tu impaciencia.&lt;br /&gt;
-Tan bonita …, pues nada, Lis, muy raro eso. Fuí a entregar los libros y me dio por chismosear hace cuánto no sacaban los míos, y pues lo que te conté por celu.&lt;br /&gt;
-Pues señorito, sabes muy bien que saqué “ginotropia” en julio. Por el libro es que estamos aquí, juntos. ¿Querías ver si alguna otra chica lo había sacado?&lt;br /&gt;
-Aich, me refería más bien era al otro, “Crónicas Crónicas”&lt;br /&gt;
-¿Tu recopilación de cuentos cortos? ¿Dónde sale “Flor de Plástico”? &lt;br /&gt;
-Sí, ese, ¿cuál mas? Ya te lo había dicho al celu, Lis.&lt;br /&gt;
-Aishh, tú sí, tan respondón.&lt;br /&gt;
-Emmm, bueno, perdona. Es que quería volver a verlo. Y sí, revisé también “ginotropia”. Y no lo han vuelto a sacar después de ti. Creo que yo mismo lo sacaré para cuando empiecen mis clases.&lt;br /&gt;
-Aún me parece muy raro que no tengas ni una copia para ti de lo que has publicado.&lt;br /&gt;
-Pues Lis, soy malito para recordar a quién le presto libros. &lt;br /&gt;
-Es una maña que te deberías quitar,&lt;/i&gt;'tonto es quien presta un libro y más tonto …&lt;br /&gt;
-... quien lo devuelve'. &lt;i&gt;Sí, algún día aprenderé. Lo que pasa es que con los roommates que he vivido me he acostumbrado a intercambiarnos cidis, pelis y libros,  y pues ahí no hay pierde.&lt;br /&gt;
-¿Y qué te llevó a querer ver “Crónicas Crónicas” de nuevo?&lt;br /&gt;
-... pues …&lt;br /&gt;
-¿Qué pasa?&lt;br /&gt;
-Luego te cuento ¿sí? &lt;br /&gt;
-Mira mi No, te voy a decir algo. Estás algo raro estos días, ya desde el domingo. ¿Estás así porque sólo me pude quedar en tu casa el viernes en la noche y salir temprano el sábado? ¿es por eso, no?&lt;br /&gt;
-No Lis, yo ya no te discuto por eso. &lt;br /&gt;
-Por eso lo digo, ya no armas quejas, pero como que estás que estallas por dentro. Te noto como con un  &lt;/i&gt;guardado&lt;i&gt;.&lt;br /&gt;
-Bueno, pues mira, espero que contarte ahora no nos dañe la comida.&lt;br /&gt;
-¿Alcaso  &lt;/i&gt;pasó&lt;i&gt;algo?&lt;br /&gt;
-Mejor dicho, te cuento ya. El domingo, alguien intentó abrir la puerta, estaba viendo una peli, pero ese ruido fue como tan evidete. Dudé un momento pero fui a ver qué pasaba. Creí que era Miguel, todo borracho. Pero recordé que me había marcado y me dijo que aún demoraba en llegar, que si lo habían ido a biscar. Así que pensé que fijo eras tú, que se te había vuelto a trabar la copia. Y cuando abrí, una trigueña ojiazul, delgadita, algo bajita, estaba medio forzando la  cerradura con unas llaves. Me vio y salió corriendo.&lt;br /&gt;
-Ahhh, yá, es decir, la trigueña pintorreteada.&lt;br /&gt;
-Sí, ahí mismo recordé lo que me contaste, la chica que estaba en el apartamento, la que viste con pecas estrellas como en “ginotropia”.&lt;br /&gt;
-Pues no como en el libro, ya te había dicho de las pecas grandes en sus pómulos. ¿Entonces supones que esa misma chica es la que sacó tu libro? ¿Y no es más bien que te quedó gustando? Porque fea no es … ¿no será más bien que hablaron algo y no me quieres contar?&lt;br /&gt;
-Ay Lis, no te miento, no hablamos nada.&lt;br /&gt;
-No te dije que me estabas mintiendo. No dije eso ¿o sí?&lt;br /&gt;
- No, pues eso no, ¿entonces a qué te refieres?&lt;br /&gt;
-Pues me parece que no me contaste todo.&lt;br /&gt;
-Issh, ¿pero Lis, no te acabo de decir que no hablamos nada? Salió corriendo...&lt;br /&gt;
-Jummm … &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta mañanita, bien temprano, Nandita me llamó desde Bogotá. Anoche me estuvo timbrando insistentemente al celu, que nunca contesté, para contarme que había tenido que viajar a Bogotá de imprevisto, al rato de salir de “visitarme”. Al parecer su papá parecía estar a punto de salir del estado de coma. Me alegró tanto oirla tan alegre, su llamada me contagió durante toda la mañana, que hasta eso fue observado por la enfermera en mi hora de almuerzo, y se arriesgó a decirme, ya al venir por los platos, que tal vez en pocos días me den de alta. No sé por qué me da tantos nervios. Me han pasado tantas cosas en las que he preferido no recordar, y he estado sintiendo tantas cosas de las que he preferido no pensar, que creo que salir de aquí y volver a Bogotá es como salir a encararlas. Creo que por más felina, envalentonada y echada pa'lante que me crea, también, como una gatita rehuye al agua, hay cosas, por más naturales que parezcan, de las que salgo corriendo. Pero si anoche eso me hizo sentir mal, la llamada de Nandita de hoy borró todo, y me hizo verlo desde otro ángulo: apenas tengo veintiuno, siento que hay mucho tiempo. Cada cosa en su momento. Otra persona en mi lugar se hubiera enloquecido.&lt;br /&gt;
-Buenas tardes Innita, ¿qué tal la cena?&lt;br /&gt;
-Muy rica- le dije como con susto a la enfermera, de manera automática, y tal vez con un tono algo seco y apresurado. No la sentí entrar, quizás por la felicidad aglomerada en mí en todo el día. El bienestar de hoy, luego de tan agradable ingravidez de ayer con Nandita, lo había atesorado, una dicha amurallada por mis ganas de no pensar ni decidir nada, tan sólo dejarme ir. Afortunadamente la enfermera pareció no percibir lo brusco de mi respuesta.&lt;br /&gt;
-Mira, se me había olvidado traerte ésto.&lt;br /&gt;
-¿Un libro?¿Y eso? ¿me lo dejó Hernanda?&lt;br /&gt;
-No señorita, o no sabemos. Lo encontramos bajo tu almohada hace un par de semanas.&lt;br /&gt;
Me sonrojé al verlo y la enfermera apenas sonrió.&lt;br /&gt;
-No, puedes tenerlo, es que se nos ha´bia olvidado devolvértelo cuando cambiamos las sábanas. Estaba en el inventario de cosas perdidas y yo lo reconocí- su explicación me daba a a entender que ella pensó que yo me hubiera sentido culpable de esconder libros, como si yo pensara que estuviera contraviniendo el estatuto del hospital. &lt;br /&gt;
Mi sorpresa y sonroje fue porque yo creía que leer apartes de ese libro era parte de un sueño. Sin asimilar la idea del todo, yo sentí que “Crónicas Crónicas” se había materializado. A menos que esos relatos también hayan sido publicados acá, sólo restaba concluir, algo incómoda, que yo me había “robado”, sin querer queriendo, tal cual como el Chavo, un objeto de ese otro Mundo.&lt;br /&gt;
-¿No lo quieres?- inquirió la enfermera, para atraer mi atención. Quién sabe por cuanto tiempo había permanecido con  su brazo estirado, ofreciéndomelo, y yo en mi nervioso englobe.&lt;br /&gt;
-Sí, sí, claro, gracias señorita.&lt;br /&gt;
-Adaluz, ¿o ya se te olvidó mi nombre?- me dijo con algo de sonrisa falsa.&lt;br /&gt;
-Claro que no, es falta de confianza, gracias Adaluz.&lt;br /&gt;
Tal vez mi mirada de ausencia haría que la enfermera Adaluz informara de lo sucedido, mis síntomas de índole amnésico, y los médicos reconsideraran alargar mi estadía y posponer mi salida, más días en observación. Si esto pasaba, no me molestaba la idea. Algo de mí me hacía sentir no estar preparada para asumir todo, para asumir nada.  Mi recuperación, aún  inclonclusa, justificaba mi irresponsabilidad para con tantos Mundos y emociones y sentimientos. Cuando salió, decidí, ya auto-tranquilizada por este tren de pensamientos, hojear y encontrar algún cuento de “Crónicas Crónicas”. Quería, para empezar, como aperitivo, uno que fuera muy corto, más que el de “Flor de Plástico”. Escogí, por lo sugestivo de su título y mi vanidad Leo, “Aquella Gata Loca”,  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;i&gt;“Te advertí que no metieras aquella gata loca al agua. Te advertí que para la gata no sería una broma jovial. Te advertí que cuando la metieras, la gata, enloquecida de ira, saltaría y te arañaría salvajemente para aferrarse fuera del agua, fuera de la broma. Ahora cada vez que nos vemos, ya casi no te  veo a ti, veo sólo la gran cantidad de cicatrices en tu cuerpo y en tu cara, y en secreto me pongo a llorar desconsolada, pues yo soy aquella gata loca.”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al terminar de leerlo, la felicidad acumulada en todo el día se iría de súbito, drenada por algún sifón de mis pulmones. Reteniéndome de irme yo misma por allí, intenté aferrarme a mis desvencijados suspiros y acopios de aire. Pero no. Sentía que aquellas cicatrices del corto relato, de alguna forma, estaban en mí, internas, apenas visibles con algún tipo de radiografía futurista o qué se yo. Hice ese tipo de pucheros que evidencian mi vulnerabilidad, de esos que no me permito mostrar en público. Y la señalé, señalé la causa, señalando con mi mirada al librito. Al autor del librito. Al propietario de aquella bofetada. &lt;br /&gt;
Por tu culpa, mini-No. Tú. Gata Loca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el tiempo que restó de la tarde hasta convertirse en noche, y a pesar del calor de Medellín, hice de las sábanas un falso resguardo de crisálida, fingiendo dormir por si esntraba de nuevo la enfermera Adaluz, y me puse a llorar, yo no sé de qué si yo no estaba tan mal.  &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8387382003/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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		<item>
			<title>Hoy, en cambio, ella me regaló una sorpresa con la que prácticamente experimenté algo parecido a hacer el amor.</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8372397916/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8372397916/&quot; title=&quot;Hoy, en cambio, ella me regaló una sorpresa con la que prácticamente experimenté algo parecido a hacer el amor.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8328/8372397916_399b1aa9ea_m.jpg&quot; width=&quot;186&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;Hoy, en cambio, ella me regaló una sorpresa con la que prácticamente experimenté algo parecido a hacer el amor.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Miércoles, 9 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El silencio que compartimos con  Nandita ayer fue muy balsámico. Sí, hablamos, pero fuera de la periferia de nuestros sentimientos. Hablamos del escenario de nuestras vidas, pero no del escenario de nosotras dos en específico. Si ella me hubiera preguntado sobre “eso” tampoco hubiera sabido qué decir. Afortunadamente su sexto sentido para el asunto le funcionó bien, evitándonos tal incomodidad. Patricio Telar, su papá, seguía en coma, y ella estuvo cinco días de diciembre en la capital, visitándolo; tal vez porque no lo he conocido en persona no me atrevía ahora a llamarlo sólo por su nombre, y más en su estado de salud; lo sé, es una extraña forma de respeto, y si alguien pudiera entrar a mi mente  hasta corrobaría que no lo hago  por lástima. Mi mamá llegó el mismo primero de diciembre y me visitó todos los días hasta el treinta, del cual tuvo que viajar fuera del país para firmar el contrato de uno de sus negocios textiles recientes de mayos peso, el cual debía cerrarse antes que terminara el año o perdería todo. Yo lo entendía a la perfección, y así se lo dije cuando, sabiendo que había despertado, me llamó al celular. Si es cierta aquella teoría de color Nueva Era en la cual se enuncia que el cordón emocional madre-cría nunca se rompe, entonces podría sentirme tranquila: ella sí sabía que yo jamás me hubiera permitido a mí misma hacerle un reproche por no haber estado cuando desperté. Además, ¿qué tan cierto o tan apropaido era eso de llamarlo “estado de coma”? Aunque cada día que pasaba -por aquello de la milagrosa cura llamado tiempo- hacía que mi mente trataba más y más de desmentir lo de mi “transportación”, lo cierto era que no estuve inconsciente. Viví cosas, demasiadas como para creer que estuve en coma. Ya aquí, en este hospital y en esta situación, me hacía sentir muy sola el no poder desahogar con alguien todo ese accedentado sueño de amor revuelto en un escenario de pesadilla,  pero me prometí guardar silencio. Por fortuna, habías mcuhas cosas de este Mundo por actualizarme y dejar que mis noticias del Otro no salieran a flote.  Mi papá había viajado cada fin de semana a verme y era posible que este fin de semana también lo hiciera. Sobre mi trabajo, Nandita me dijo que mi tía Julia se había agarrado feo por teléfono con mi jefa, pero al final de toda la discusión mi puesto de instructora lo mantenía intacto, fuera cuando fuera que me recuperara del todo y pudiera volver a ejercerlo. Dedé y Halo alargaron su estadía aquí en Medellín por una semana más, durante la cual vinieron a visitarme y hasta  a tocarme un par de canciones con guitarra y todo, en cada uno de sus días. Amigas tan bellas. Médula, “un tipazo”, en palabras de Nandita, se hizo la vista gorda con el contrato, y hasta viajó a mitad del mes para visitarme, qué lindo. De las clases de música, Nandita me confesó, algo apenada, que tuvo que chismosear dentro del “ordenado desorden” que llevo en mi computador para buscar los correos, números o direcciones de mis alumnos;  y sí pudo hacer la pesquisa, a cabalidad y, como era de esperar, todos entendieron mi situación. Tan bonita, me sentí tan respaldada oyendo cada noticia. Al contarme todo su “reporte del mes”, no pude hacer otra cosa que darle un débil abrazo en triste remedo de lo que en mi estado de salud hubiera sido un asfixiante abrazo quebrantahuesos -sí, está bien, exagero-, pero por otro lado, y sin sentirme infiel, ni señorita dos caras, ni nada parecido, también le propiné un cariñoso y largo beso  a manera de sincero y sexy agradecimiento. Eso sí, mi frágil salud me había salvado de pasar de allí, y hasta tuvo la madura delicadeza, por mi condición, de no convertir ese beso en algo más, porque tal vez, de estar saludable, yo hubiera refrenado mi cuerpo, y el de ella, para no desembocar esa situación hasta el final. El universo se ahorró el ser testigo, una vez más, de una muy incómoda situación de sexo no correspondido por uno de sus portagonistas.&lt;br /&gt;
Hoy, en cambio, ella me regaló una sorpresa con la que prácticamente experimenté algo parecido a hacer el amor. Uno de los artistas favoritos de mi tía Julia, David Bowie, del que ella me acostumbró a bombardearme en toda mi infancia para luego hacerlo yo misma en mi adolescencia, había roto su silencio musical en su propio cumpleaños, lanzando “Where Are We Now?”, su nueva canción, primera  desde hace diez años. Ella la compró de internet y me la cargó a mi celular, del cual se ocupó durante todo este tiempo hasta ayer y que hoy, relevada de tan bello gesto protector, me ha entregado. Le insistí que lo siguiera teniendo, pues tanto los doctores como mi frágil recuperación estábamos lejos de vaticinar que yo no volviera a recaer.&lt;br /&gt;
-Al menos por esta noche- me dijo, y no sé por qué, la dulce forma en que quería que me quedara con su regalo me armó un nudo en la garganta.&lt;br /&gt;
Ya bien entrada la tarde, luego que el tiempo de visita concluyera, me he pasado oyendo la balada en repeat, y lo seguiré toda la noche hasta que mi cansancio la transforme en canción de cuna. Lo irónico del regalo de Nandita es que el nombre de la canción podría definir lo que, si no en ambas, con seguridad sí pasaba en mi corazón,  dividido en dos Mundos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes, 11 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Bogotá&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt; ...pues ninguna historia tiene un inicio sino que viene de después y termina de antes, y las cosas que se recopilan no son más que un testimonio de algo que se vivió o se vivirá como lo que está a punto de suceder en estas prontas y algo tímidas líneas que he trazado en forma de letras para tí, y he de confesarme ante ti que estos hechos a relatar te han sido confiados para que hagas un buen uso de ellos, pues aunque es un compendio vívido, un ejemplo viviente siendo ésta mi autobiografía no autorizada pero sí transmitida, he de revelarte que el mayor misterio de mi vida no radica en mi vida misma, sino en la sorprendente vida de alguien que empezó como un algo, o viceversa, qué se yo, lo cual hizo irremediablemete declinar mi intención de titularlo como “Las aventuras terrícolas de un extraterrestre”, pues la aventura giró, cual inesperado acontecimiento periodístico, hacia  ella, esa mujer, como la aventura misma, la cual he decidido titularla con su nombre, Innita, la fantasía, la aventura, la novela rosa, o en fin, el bello accidente por la que perdí definitivamente la cabeza y por la que encontré mi corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay ficción en estos hechos, te lo prometo, es la palabra al desnudo de un zorro despojado voluntariamente de su astucia, pues es bien sabido, o a riesgo pedagógico que no lo supieras, que la vida es más que la boda del sueño con la vigilia,  por lo que debo decir que sólo hago las veces de transcriptor de los privilegiados sucesos que a mis días inundaron. Así pues que un buen juicio y carácter te acompañe en el devenir de estas hilvanadas páginas, y no las abandones tan pronto, ya que algo de aquí seguro hay para ti. Asume esta narración cual si fuese un árbol: si tienes paciencia, un fruto caerá para brindarte alimento, darte aliento o … mejorar tu aliento. Mirá pues, que esta disculpa llamada novela comienza un lluvioso sábado catorce de febrero de mil novecientos ochenta y ocho aquí en Bogotá, en una esquina Chapineruna, un mediodía cuyo clima prometía una noche nublada sin estrellas, más aquí en el suelo, no en el cielo, una constelación de estrellas brillaría en la noche nublada frente a mí...  &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desperté por un sinfín de lengüetazos de un Rottweiler cachorro sobre mi pómulo derecho y parte de mi ojo. &lt;br /&gt;
-Ay, qué penaaaa, a Nubarrón le debe haber llamado la atención tus pecas- oí, con mis sentidos aún algo embotados, pero supe que la voz de niña venía de atrás, como de la dirección en que se hallaban estiradas mis piernas. Estaba boca abajo y un cómodo enmarañamiento en todo mi cuerpo se resistía a moverse, e incluso a mi cuerpo y a mí nos daba pereza el menor intento de reabrir mis párpados, consentida aún por el peso que la siesta hacía sobre mi espalda, presionándome, aplastándome casi en mandato forzado, ordenándome olvidar el incidente y volverme a dormir, mismo ordenamiento que se hace en ese breve despertar por un zumbido en mitad de la noche. Pero en este caso, no pude: Nubarrón volvió a acercarse a  lengüetar por segunda vez mi cara, en esta oportunidad, mi oído y parte de mi mentón. La siesta empezó a alejarse de mí, vencida por el perrito. Cada uno de las diferentes sensaciones físicas que  que llegaban hasta mi cuerpo fueron  registradas con la misma lentitud de un avión antes de despegar. Paso a paso, y no de manera simultánea, parpadeé intermitentemente hasta dejar abierto mis ojos; sentí el sol de mediodía desde su cénit bañándome mi nuca y cabello; sentí el punzar de algunas hojas puntiagudas bajo mis mejillas, antebrazos, manos y puntarrollias; oí  la risita culpable de la pequeña de unos doce años, quien aún se hallaba a tres metros de distancia, dubitativa si acercarse a pedirme disculpas por su Nubarrón, quien ahora se había sentado a menos de veinte centímetros de mi cara viéndome jadeando a ver si qquerái jugar con él; y  -a pesar del aroma a verdor  vegetal que impregnaba mi nariz- sentí, con el consecuente desagrado, aquel leve pero fastidioso hedor a gasolina quemada en el aire, que lastimosamente ya conocía. Resoplé por mis dos fosas, con queja, en falsos estornudos, apoyándome ahora en mis dos codos, dejando descolgar la cabeza. Pero el hedor seguía, a tal punto que a la bombillita de mi estado de vigilia no le quedó otra opción que encenderse del todo y restabelcer toda la maquinaria de mis sentidos. Vi a Nubarrón, a la niña (a quien sonreí y ella me devolvió la mudez de mi saludo con el mismo gesto), vi los árboles, el sendero en mitad de ellos, unas cuantas bancas, y me ubiqué. Estaba en el Parkway de La Soledad. Y nadie tenía cara de protesta, nadie se tapaba la nariz. La desagradable emanación a gasolina en el aire les era tan familiar que ni señas había que estas personas lo sintieran, opuesto a mí, algo ya malgeniada como un desubicado no-fumador en una sala repleta de fumadores. La niña vio el enojo en mi cara y levantó el perrito apretándolo entre sus brazos, dispuesta a huir.&lt;br /&gt;
-No te preocupes niña, mi refunfuñeo no es por  Nubarrón, incluso tu perrito era el despertador que quizás necesitaba- le dije manoteando de manera leve, en gesto de querer despejar la nube de malentendido entre ella y yo.&lt;br /&gt;
-Oquéi, hasta luego- dijo, regalándome una sonrisa aún más grande que la anterior y se alejó, no sin antes volver a soltar al perrito en el suelo para que la persiguiera corriendo.&lt;br /&gt;
Decidí ponerme de pie y sacudir las hojas de todo mi cuerpo. Llevaba una ropa que no era  mía, pero sí era de mi estilo: una tshirt convertida en esqueleto, bajo él, un brassier negro que dejaba ver sus correas en mis trapecios; unos jeans violetas recortados a media pantorrilla; unas medias blancas y unos tenis negros con cordones violeta que rimaban con el jean. Aún mareada, no me pregunté por mi vestimenta y tomé la dirección rumbo a mi apartamento, caminando con total parsimonia por el adoquinado peatonal del parque. Pero había algo en  el ambiente, algo muy extraño.  No sólo era el olor de gasolina, eran las edificaciones, y hasta la gente. Parecía una Bogotá más apocada, más cansada. Y la sensación me remontó a varios dási atrás: recordé que era la misma ciudad de mi sueño vívido del primero de enero.&lt;br /&gt;
Un latigazo eléctrico en forma de epifanía no deseada se manifestó entre la nubosidad de mi mente.&lt;br /&gt;
Estoy en otro Mundo.&lt;br /&gt;
Este debe ser el Mundo que Xetl descubrió.&lt;br /&gt;
Esas dos ideas llegaron a mí con tan absoluta certeza que me asusté. &lt;br /&gt;
Tuve que parar de caminar. Sentí tembalr mis piernas pero no temblaban. Lo que estaban era  congeladas del pánico.&lt;br /&gt;
Sentí que tenía que huir.&lt;br /&gt;
Aquí no estaba atrapada, como en la Luis Ángel Arango del Mundo Escarlata, pero tampoco estaba protegida. Aquí estaba a la interperie, y su gran semejanza con mi propio Mundo lo hacía ver tramposo, o al menos eso me lo dictaba mi propia paranoia. Un leve escalofrío recorrió toda mi espalda y sentí que todos los dedos de mis extremidades se dormían lentamente. Decidí seguir caminando, ya no hacia mi supuesto apartamento, sino en una dirección que me llegaba como desde afuera, o más bien desde muy adentro, y me permití ser autómata de esa información. Caminé como hipnotizada pero alerta. En cada cruzar de las calles empezaba a toser, ¡realmente era gasolina lo que usaban estos autos, este Mundo! Incluso se me llorosearon los ojos, como si un leve gas lacrimógeno se concentrara alrededor de los automóviles y hacía que me picaran mis párpados. Incluso empecé a sentir cómo mi ropa y mi cabello se impregnaban de tal hedor. Caminé mucho, algo despistada, como con venda en los ojos, guiada tan solo por ese impulso interno en el cual confiaba. Con sorpresa, salí hacia la carrera treinta, y por el tiempo que me tomó llegar allí parecería que hubiera estado dando vueltas. Tal vez eso pasó, estaba asustada y di muchas vueltas. Me sentí una chiquilla perdida en el supermercado. Pero aún, las calles parecían laberintos y me ví a mi misma como en aquellas viejos documentales de los mil novecientos cincuentas en los que metían ratones en cajas de laberintos para investigaciones de laboratorios. Y como si tal sensación hubiera sido una invocación, vi frente a mí un puesto de comida, del cual se hallaban cadáveres de animales, cuerpos desmembrados, vísceras colgando bajo un letrero dibujado con una vaca de carita feliz. ¿Había retrodedido en el tiempo, estaba en la Bogotá de milnoveceinteos cicuenta? Pero había visto  gente con celulares, así que no, seguro sí era el dos mil trece. Llegué a la vienteséis, crucé por las cebras de los semáforos y sin embargo percibía cierta violencia refrenada desde los vehículos. No sólo era la gasolina, el malhumorado humo de los autos se entremezclaba con el mal humor de sus conductores. Los conductores de Bogotá tienden a ser algo malhumorados, lo sé desde que me mudé desde mi Cúcuta, pero la amósfera bravucona de esta Bogotá era mucho mayor. Seguía asustada entre carros y personas, pero supe esconder mi miedo. Caminé otras cuadras más, y llegué a una esquina que, de algún modo me resultó familiar. Mi miedo bajó un poco y quise sentarme allí mismo, en plena acera, pero aquella extraña orden que en mi fuero interno sabía que tenía que obedecer me hizo caminar media cuadra más. Mi instinto de supervivencia opacó cualquier otra parte de mí que quisiera hacer el rol de sistema de alerta y yo me dejaba guiar agradecida de las mil maravillas. Estaba frente a un edificio residencial con puerta de vidrio cerrada. Mecánicamente palpé los bolsillos de mi jean. Encontré unas llaves. Puse mis manos en forma de túnel, entre mi cara y el vidrio, para opacar la luz de día y  poder mirar hacia adentro. Saqué las llaves, abrí la puerta y al cerrar, sentí un alivio, el cual no duró ni dos segundos pues al voltear  al corredor de la izquierda reconocí el mismo ascensor con residuos de pescado de aquel sueño vívido de días atrás. Aún así, lo tomé y subí hasta el  piso de aquel apartamento. Sentía que, aunque subía, caía directo desde un precipicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8372232818/&quot;&gt;Innita &lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 11 Jan 2013 19:53:39 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2013-01-11T22:51:23-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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    <media:title>Hoy, en cambio, ella me regaló una sorpresa con la que prácticamente experimenté algo parecido a hacer el amor.</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Miércoles, 9 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
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El silencio que compartimos con  Nandita ayer fue muy balsámico. Sí, hablamos, pero fuera de la periferia de nuestros sentimientos. Hablamos del escenario de nuestras vidas, pero no del escenario de nosotras dos en específico. Si ella me hubiera preguntado sobre “eso” tampoco hubiera sabido qué decir. Afortunadamente su sexto sentido para el asunto le funcionó bien, evitándonos tal incomodidad. Patricio Telar, su papá, seguía en coma, y ella estuvo cinco días de diciembre en la capital, visitándolo; tal vez porque no lo he conocido en persona no me atrevía ahora a llamarlo sólo por su nombre, y más en su estado de salud; lo sé, es una extraña forma de respeto, y si alguien pudiera entrar a mi mente  hasta corrobaría que no lo hago  por lástima. Mi mamá llegó el mismo primero de diciembre y me visitó todos los días hasta el treinta, del cual tuvo que viajar fuera del país para firmar el contrato de uno de sus negocios textiles recientes de mayos peso, el cual debía cerrarse antes que terminara el año o perdería todo. Yo lo entendía a la perfección, y así se lo dije cuando, sabiendo que había despertado, me llamó al celular. Si es cierta aquella teoría de color Nueva Era en la cual se enuncia que el cordón emocional madre-cría nunca se rompe, entonces podría sentirme tranquila: ella sí sabía que yo jamás me hubiera permitido a mí misma hacerle un reproche por no haber estado cuando desperté. Además, ¿qué tan cierto o tan apropaido era eso de llamarlo “estado de coma”? Aunque cada día que pasaba -por aquello de la milagrosa cura llamado tiempo- hacía que mi mente trataba más y más de desmentir lo de mi “transportación”, lo cierto era que no estuve inconsciente. Viví cosas, demasiadas como para creer que estuve en coma. Ya aquí, en este hospital y en esta situación, me hacía sentir muy sola el no poder desahogar con alguien todo ese accedentado sueño de amor revuelto en un escenario de pesadilla,  pero me prometí guardar silencio. Por fortuna, habías mcuhas cosas de este Mundo por actualizarme y dejar que mis noticias del Otro no salieran a flote.  Mi papá había viajado cada fin de semana a verme y era posible que este fin de semana también lo hiciera. Sobre mi trabajo, Nandita me dijo que mi tía Julia se había agarrado feo por teléfono con mi jefa, pero al final de toda la discusión mi puesto de instructora lo mantenía intacto, fuera cuando fuera que me recuperara del todo y pudiera volver a ejercerlo. Dedé y Halo alargaron su estadía aquí en Medellín por una semana más, durante la cual vinieron a visitarme y hasta  a tocarme un par de canciones con guitarra y todo, en cada uno de sus días. Amigas tan bellas. Médula, “un tipazo”, en palabras de Nandita, se hizo la vista gorda con el contrato, y hasta viajó a mitad del mes para visitarme, qué lindo. De las clases de música, Nandita me confesó, algo apenada, que tuvo que chismosear dentro del “ordenado desorden” que llevo en mi computador para buscar los correos, números o direcciones de mis alumnos;  y sí pudo hacer la pesquisa, a cabalidad y, como era de esperar, todos entendieron mi situación. Tan bonita, me sentí tan respaldada oyendo cada noticia. Al contarme todo su “reporte del mes”, no pude hacer otra cosa que darle un débil abrazo en triste remedo de lo que en mi estado de salud hubiera sido un asfixiante abrazo quebrantahuesos -sí, está bien, exagero-, pero por otro lado, y sin sentirme infiel, ni señorita dos caras, ni nada parecido, también le propiné un cariñoso y largo beso  a manera de sincero y sexy agradecimiento. Eso sí, mi frágil salud me había salvado de pasar de allí, y hasta tuvo la madura delicadeza, por mi condición, de no convertir ese beso en algo más, porque tal vez, de estar saludable, yo hubiera refrenado mi cuerpo, y el de ella, para no desembocar esa situación hasta el final. El universo se ahorró el ser testigo, una vez más, de una muy incómoda situación de sexo no correspondido por uno de sus portagonistas.&lt;br /&gt;
Hoy, en cambio, ella me regaló una sorpresa con la que prácticamente experimenté algo parecido a hacer el amor. Uno de los artistas favoritos de mi tía Julia, David Bowie, del que ella me acostumbró a bombardearme en toda mi infancia para luego hacerlo yo misma en mi adolescencia, había roto su silencio musical en su propio cumpleaños, lanzando “Where Are We Now?”, su nueva canción, primera  desde hace diez años. Ella la compró de internet y me la cargó a mi celular, del cual se ocupó durante todo este tiempo hasta ayer y que hoy, relevada de tan bello gesto protector, me ha entregado. Le insistí que lo siguiera teniendo, pues tanto los doctores como mi frágil recuperación estábamos lejos de vaticinar que yo no volviera a recaer.&lt;br /&gt;
-Al menos por esta noche- me dijo, y no sé por qué, la dulce forma en que quería que me quedara con su regalo me armó un nudo en la garganta.&lt;br /&gt;
Ya bien entrada la tarde, luego que el tiempo de visita concluyera, me he pasado oyendo la balada en repeat, y lo seguiré toda la noche hasta que mi cansancio la transforme en canción de cuna. Lo irónico del regalo de Nandita es que el nombre de la canción podría definir lo que, si no en ambas, con seguridad sí pasaba en mi corazón,  dividido en dos Mundos.&lt;br /&gt;
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Viernes, 11 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
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&lt;i&gt; ...pues ninguna historia tiene un inicio sino que viene de después y termina de antes, y las cosas que se recopilan no son más que un testimonio de algo que se vivió o se vivirá como lo que está a punto de suceder en estas prontas y algo tímidas líneas que he trazado en forma de letras para tí, y he de confesarme ante ti que estos hechos a relatar te han sido confiados para que hagas un buen uso de ellos, pues aunque es un compendio vívido, un ejemplo viviente siendo ésta mi autobiografía no autorizada pero sí transmitida, he de revelarte que el mayor misterio de mi vida no radica en mi vida misma, sino en la sorprendente vida de alguien que empezó como un algo, o viceversa, qué se yo, lo cual hizo irremediablemete declinar mi intención de titularlo como “Las aventuras terrícolas de un extraterrestre”, pues la aventura giró, cual inesperado acontecimiento periodístico, hacia  ella, esa mujer, como la aventura misma, la cual he decidido titularla con su nombre, Innita, la fantasía, la aventura, la novela rosa, o en fin, el bello accidente por la que perdí definitivamente la cabeza y por la que encontré mi corazón.&lt;br /&gt;
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No hay ficción en estos hechos, te lo prometo, es la palabra al desnudo de un zorro despojado voluntariamente de su astucia, pues es bien sabido, o a riesgo pedagógico que no lo supieras, que la vida es más que la boda del sueño con la vigilia,  por lo que debo decir que sólo hago las veces de transcriptor de los privilegiados sucesos que a mis días inundaron. Así pues que un buen juicio y carácter te acompañe en el devenir de estas hilvanadas páginas, y no las abandones tan pronto, ya que algo de aquí seguro hay para ti. Asume esta narración cual si fuese un árbol: si tienes paciencia, un fruto caerá para brindarte alimento, darte aliento o … mejorar tu aliento. Mirá pues, que esta disculpa llamada novela comienza un lluvioso sábado catorce de febrero de mil novecientos ochenta y ocho aquí en Bogotá, en una esquina Chapineruna, un mediodía cuyo clima prometía una noche nublada sin estrellas, más aquí en el suelo, no en el cielo, una constelación de estrellas brillaría en la noche nublada frente a mí...  &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
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Desperté por un sinfín de lengüetazos de un Rottweiler cachorro sobre mi pómulo derecho y parte de mi ojo. &lt;br /&gt;
-Ay, qué penaaaa, a Nubarrón le debe haber llamado la atención tus pecas- oí, con mis sentidos aún algo embotados, pero supe que la voz de niña venía de atrás, como de la dirección en que se hallaban estiradas mis piernas. Estaba boca abajo y un cómodo enmarañamiento en todo mi cuerpo se resistía a moverse, e incluso a mi cuerpo y a mí nos daba pereza el menor intento de reabrir mis párpados, consentida aún por el peso que la siesta hacía sobre mi espalda, presionándome, aplastándome casi en mandato forzado, ordenándome olvidar el incidente y volverme a dormir, mismo ordenamiento que se hace en ese breve despertar por un zumbido en mitad de la noche. Pero en este caso, no pude: Nubarrón volvió a acercarse a  lengüetar por segunda vez mi cara, en esta oportunidad, mi oído y parte de mi mentón. La siesta empezó a alejarse de mí, vencida por el perrito. Cada uno de las diferentes sensaciones físicas que  que llegaban hasta mi cuerpo fueron  registradas con la misma lentitud de un avión antes de despegar. Paso a paso, y no de manera simultánea, parpadeé intermitentemente hasta dejar abierto mis ojos; sentí el sol de mediodía desde su cénit bañándome mi nuca y cabello; sentí el punzar de algunas hojas puntiagudas bajo mis mejillas, antebrazos, manos y puntarrollias; oí  la risita culpable de la pequeña de unos doce años, quien aún se hallaba a tres metros de distancia, dubitativa si acercarse a pedirme disculpas por su Nubarrón, quien ahora se había sentado a menos de veinte centímetros de mi cara viéndome jadeando a ver si qquerái jugar con él; y  -a pesar del aroma a verdor  vegetal que impregnaba mi nariz- sentí, con el consecuente desagrado, aquel leve pero fastidioso hedor a gasolina quemada en el aire, que lastimosamente ya conocía. Resoplé por mis dos fosas, con queja, en falsos estornudos, apoyándome ahora en mis dos codos, dejando descolgar la cabeza. Pero el hedor seguía, a tal punto que a la bombillita de mi estado de vigilia no le quedó otra opción que encenderse del todo y restabelcer toda la maquinaria de mis sentidos. Vi a Nubarrón, a la niña (a quien sonreí y ella me devolvió la mudez de mi saludo con el mismo gesto), vi los árboles, el sendero en mitad de ellos, unas cuantas bancas, y me ubiqué. Estaba en el Parkway de La Soledad. Y nadie tenía cara de protesta, nadie se tapaba la nariz. La desagradable emanación a gasolina en el aire les era tan familiar que ni señas había que estas personas lo sintieran, opuesto a mí, algo ya malgeniada como un desubicado no-fumador en una sala repleta de fumadores. La niña vio el enojo en mi cara y levantó el perrito apretándolo entre sus brazos, dispuesta a huir.&lt;br /&gt;
-No te preocupes niña, mi refunfuñeo no es por  Nubarrón, incluso tu perrito era el despertador que quizás necesitaba- le dije manoteando de manera leve, en gesto de querer despejar la nube de malentendido entre ella y yo.&lt;br /&gt;
-Oquéi, hasta luego- dijo, regalándome una sonrisa aún más grande que la anterior y se alejó, no sin antes volver a soltar al perrito en el suelo para que la persiguiera corriendo.&lt;br /&gt;
Decidí ponerme de pie y sacudir las hojas de todo mi cuerpo. Llevaba una ropa que no era  mía, pero sí era de mi estilo: una tshirt convertida en esqueleto, bajo él, un brassier negro que dejaba ver sus correas en mis trapecios; unos jeans violetas recortados a media pantorrilla; unas medias blancas y unos tenis negros con cordones violeta que rimaban con el jean. Aún mareada, no me pregunté por mi vestimenta y tomé la dirección rumbo a mi apartamento, caminando con total parsimonia por el adoquinado peatonal del parque. Pero había algo en  el ambiente, algo muy extraño.  No sólo era el olor de gasolina, eran las edificaciones, y hasta la gente. Parecía una Bogotá más apocada, más cansada. Y la sensación me remontó a varios dási atrás: recordé que era la misma ciudad de mi sueño vívido del primero de enero.&lt;br /&gt;
Un latigazo eléctrico en forma de epifanía no deseada se manifestó entre la nubosidad de mi mente.&lt;br /&gt;
Estoy en otro Mundo.&lt;br /&gt;
Este debe ser el Mundo que Xetl descubrió.&lt;br /&gt;
Esas dos ideas llegaron a mí con tan absoluta certeza que me asusté. &lt;br /&gt;
Tuve que parar de caminar. Sentí tembalr mis piernas pero no temblaban. Lo que estaban era  congeladas del pánico.&lt;br /&gt;
Sentí que tenía que huir.&lt;br /&gt;
Aquí no estaba atrapada, como en la Luis Ángel Arango del Mundo Escarlata, pero tampoco estaba protegida. Aquí estaba a la interperie, y su gran semejanza con mi propio Mundo lo hacía ver tramposo, o al menos eso me lo dictaba mi propia paranoia. Un leve escalofrío recorrió toda mi espalda y sentí que todos los dedos de mis extremidades se dormían lentamente. Decidí seguir caminando, ya no hacia mi supuesto apartamento, sino en una dirección que me llegaba como desde afuera, o más bien desde muy adentro, y me permití ser autómata de esa información. Caminé como hipnotizada pero alerta. En cada cruzar de las calles empezaba a toser, ¡realmente era gasolina lo que usaban estos autos, este Mundo! Incluso se me llorosearon los ojos, como si un leve gas lacrimógeno se concentrara alrededor de los automóviles y hacía que me picaran mis párpados. Incluso empecé a sentir cómo mi ropa y mi cabello se impregnaban de tal hedor. Caminé mucho, algo despistada, como con venda en los ojos, guiada tan solo por ese impulso interno en el cual confiaba. Con sorpresa, salí hacia la carrera treinta, y por el tiempo que me tomó llegar allí parecería que hubiera estado dando vueltas. Tal vez eso pasó, estaba asustada y di muchas vueltas. Me sentí una chiquilla perdida en el supermercado. Pero aún, las calles parecían laberintos y me ví a mi misma como en aquellas viejos documentales de los mil novecientos cincuentas en los que metían ratones en cajas de laberintos para investigaciones de laboratorios. Y como si tal sensación hubiera sido una invocación, vi frente a mí un puesto de comida, del cual se hallaban cadáveres de animales, cuerpos desmembrados, vísceras colgando bajo un letrero dibujado con una vaca de carita feliz. ¿Había retrodedido en el tiempo, estaba en la Bogotá de milnoveceinteos cicuenta? Pero había visto  gente con celulares, así que no, seguro sí era el dos mil trece. Llegué a la vienteséis, crucé por las cebras de los semáforos y sin embargo percibía cierta violencia refrenada desde los vehículos. No sólo era la gasolina, el malhumorado humo de los autos se entremezclaba con el mal humor de sus conductores. Los conductores de Bogotá tienden a ser algo malhumorados, lo sé desde que me mudé desde mi Cúcuta, pero la amósfera bravucona de esta Bogotá era mucho mayor. Seguía asustada entre carros y personas, pero supe esconder mi miedo. Caminé otras cuadras más, y llegué a una esquina que, de algún modo me resultó familiar. Mi miedo bajó un poco y quise sentarme allí mismo, en plena acera, pero aquella extraña orden que en mi fuero interno sabía que tenía que obedecer me hizo caminar media cuadra más. Mi instinto de supervivencia opacó cualquier otra parte de mí que quisiera hacer el rol de sistema de alerta y yo me dejaba guiar agradecida de las mil maravillas. Estaba frente a un edificio residencial con puerta de vidrio cerrada. Mecánicamente palpé los bolsillos de mi jean. Encontré unas llaves. Puse mis manos en forma de túnel, entre mi cara y el vidrio, para opacar la luz de día y  poder mirar hacia adentro. Saqué las llaves, abrí la puerta y al cerrar, sentí un alivio, el cual no duró ni dos segundos pues al voltear  al corredor de la izquierda reconocí el mismo ascensor con residuos de pescado de aquel sueño vívido de días atrás. Aún así, lo tomé y subí hasta el  piso de aquel apartamento. Sentía que, aunque subía, caía directo desde un precipicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8372232818/&quot;&gt;Innita &lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</media:description>
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    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>Pero qué tanto de todo ésto podría salir de mi boca, nada. Lo que pudiera inevitablemente fugarse de mi mirada y llegara hacia Nandita bien merecía que lo reclamara y apropiara.</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8363566316/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8363566316/&quot; title=&quot;Pero qué tanto de todo ésto podría salir de mi boca, nada. Lo que pudiera inevitablemente fugarse de mi mirada y llegara hacia Nandita bien merecía que lo reclamara y apropiara.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8511/8363566316_6fa9919fca_m.jpg&quot; width=&quot;218&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;Pero qué tanto de todo ésto podría salir de mi boca, nada. Lo que pudiera inevitablemente fugarse de mi mirada y llegara hacia Nandita bien merecía que lo reclamara y apropiara.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Martes, 8 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Martes, 8 de enero de 2013.&lt;br /&gt;
El Recuerdo, Teusaquillo, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Me gusta eso del ocho del ocho del ochenta y ocho, mi No; además, es más cerca de mi año, ochenta y siete. &lt;br /&gt;
-Pero cae un lunes, Lis, la fecha sería lunes, 8 de agosto de 1988. Y pues, no me convence eso que mi Innita nazca un lunes. La historia de Innita es muy solar, y que su natalicio sea en día de luna, como que resulta muy melancólica ella. Aún sigo reconsiderando si dejarla del noventa y uno. Gano tres años de su historia y puedo iniciarla casi de cero, cuando aún no haya grabado ningún álbum.&lt;br /&gt;
-Pero, ¿y lo del EP y lo de “Sexy Visionista”?&lt;br /&gt;
-Hay cosas que me gustan. Lo que no, es eso de dispararse a la fama por un video-clip y como “ya”, así de la nada tan exitosa, no sé. Me parece como muy gringo, muy Disney. Es decir, allá es mucho más probable que algo así pase... La industria del entretenimiento y demás. Como que los realities y los cazatalentos y cosas así allá sí funcionan, es parte del andamiaje, del negocio. Pero acá, es como tan ...bobito ese cuento. Sólo me faltó ponerle que en un concierto se reconcilia con algún pariente que reaparece y ya, cine gringo de domingo familiar. Lo que escribí del primero de febrero, lo de tatuarse sus pecas angustiada por dinero, pues, la verdad me parece más aterrizado.&lt;br /&gt;
-Oye, pero ¿al fin qué, quieres que sea un relato solar o aterrizado?&lt;br /&gt;
-¿Ves? Por eso es que no me gusta ventilarte mis ideas cuando están borrosas. Señorita mía, cuando te invito a ver mis borradores estás es para asistir, como una obstetra, no es para confrontar. Peleona.&lt;br /&gt;
-Isshh... tú sí...qué mamón.&lt;br /&gt;
-Pero es que …. &lt;br /&gt;
-...&lt;br /&gt;
-Bueno, no, me iba psando Lis, discúlpame.&lt;br /&gt;
-Jumm, quién será la persona en este cuarto que más pelea; no llevamos ni cuatro meses y mira ya todos los agarrones que hemos tenido. Mira lo de ayer.&lt;br /&gt;
-Llevamos cuatro meses y un día. Sí, lo de ayer, ¿no fue un festejo?¿O qué fue el festejo de ayer?&lt;br /&gt;
-¿Festejo? ¿Encontrar a mediodía a una Innita wannabe en tu apartamento, leyendo tus escritos, cuando a mí no me dejas ni acercarme? ¿una lúser que ni siquiera sabe maquillarse para un papel? Esa actriz tuya tenía pintorreteada un par de pecas estrellas gigantes en sus pómulos.  ¿Por qué no saca “ginotropia” de la Luis Ángel y mira bien cómo son las pecas de Innita? Tontarrona idiota. &lt;br /&gt;
-Pecas grandes en sus pómulos, jmm.., eso no suela mal …&lt;br /&gt;
-Búrlate ahora. &lt;br /&gt;
-Pero es en serio, no me burlo...&lt;br /&gt;
-Síii, hazte el pendejo. Como ayer, te fuiste por la tangente con eso de verme cocinando pescado y aún no me has dicho como hizo esa lúser para poder entrar.  &lt;br /&gt;
-Á-á, no señorita, no me salí por ningún lado, la que te saliste fuiste tú. La pelea fue precisamente por eso, que trajeras cadáver. Llegar y oler todo atestado a pescado. Te había dicho que, regla número uno, no traer ni carne ni huevos ni leche a mi apartamento. Y no me vengas de nuevo con esa pendejada que el pescado no es carne.&lt;br /&gt;
-¿Otra vez vamos a lo mismo? ¿Round dos, No para Innita? Me dijiste que si fuera en caso extremo, podía traer mi comida ya preparada, y no creí que fueras a llegar tan rápido para haber alcanzado ventilado el sitio y lavado bien tu olla. Ayer no me rindió en la mañana, qué pena. ¿Ves? estás haciendo lo mismo, te pregunto de la lúser y me la devuelves. &lt;br /&gt;
-No te devuelvo nada, te dije que no tengo ni idea, tal vez dejaste la puerta sin cerrar bien ajustada cuando saliste para el supermercado. Ya te dije que esa puerta es toda mañosa. Pues bueno, te digo entonces mi teoría del asunto, la que pensé esta mañana, cuando tú todavía dormías. Mira, sabes que no soy de sociabilizar con los vecinos, pero una vez, Lis, hace rato, antes que empezáramos, un vecino del mismo piso, que ni había visto, me dijo que su internet se había caido y que si me podía dejar usar mi compu para bajar unos archivos que necesitaba urgente. Y puesss, no le iba a decir que no, tampoco. Bueno, pues lo que pensé fue que tal vez ayer ese mismo vecino estaba con una chica, la que viste, y justo se le cayó de nuevo internet. Tal vez  le daba pena vovler a pedirme el favor ya que fui muy seco en el trato con él, y él le dijo que mejor fuera sola, que por ser chica era más fácil, en fin, qué se yo cómo la convenció. Tal vez ella timbró y nadie abrió, y al ver la puerta entreabierta se coló y vio el laptop ahí, como servido en mitad de la sala,  y al mover el mouse, pues estaba ese archivo abierto. Es lo más probable pero no-lo-sé. Pero algo así puede haber sucedido. La gente es rara. Y metiche. Y pues cuando llegaste del supermercado, la chica se asustó con todas esas preguntas que me contaste que le hiciste, y en vez de volver a donde el vecino ella optó por irse en vez de volver donde él para no meterlo en líos y que tú le fueras a timbrar y alegar en su apartamento. Tú sabes cómo es eso de los vecinos. Llevarse hipócritamente bien para que después no se le armen quejas en el edificio. Lo de las pecas, lo que ella llevara pintada precisamente pecas estrellas sí no tengo ni idea.Y pues “ginotropia” es prácticamente desconocido como para dar precisamente con una fan. Eso sí es lo que no sé cómo encaja. Y lo de llevar ginotropia a teatro, te repito, aún estoy en charlas con el director del Teatro. Es una idea lejana como para yo haber empezado a hacer casting de actrices. Además yo escribo, no dirijo. Y soy bien huraño. Y no le daría mis llaves a nadie así por así. Bueno Lis, esa es mi explicación. No sé qué más decirte.&lt;br /&gt;
-Pues, mi No, no suena del todo descabellado. Te creo. Con este puchero, mira, de nuevo me disculpo por haberte traido cadáveres ayer. Te lo repito, fue un error. Es que me antojé al pasar por las neveras del supermercado. Además sabes que ya sólo me resta dejar es eso, la comida de mar. Me conociste pecetariana. Es que no sé por qué pero se me ha dificultado más dejar el pescado que los lácteos; bueno, en parte es porque la leche siempre me ha sentado mal. Los helados y el arequipe son lo único, y sí que soy bien débil de eso. Y con esos postres que tu amiga me ha vendido, y después enseñado esas recetas de helados cremosos sin leche, pues me ha quedado fácil alejarme de los lácteos. Y con todo lo que he leido del asunto de los animales, ¿aún no crees que no quiero ser végana? &lt;br /&gt;
-Bueno, sabes que me alegrarái mucho que lo hicieras, sería buenísimo, pero eso sólo lo sabes tú, Lis, eso es muy personal, pero si pudiera, me gustaría tener el poder de vovler a todo la humanidad végana, así, como deseo de Aladino. Ahí sí te admito que en eso sí soy bien mamertico y ya viste cómo te lo discutí hasta el cansancio en nuestras primeras semanas. Hablar de la lenta aceptación del veganismo me agobia demasiado como para volver al tema. &lt;br /&gt;
-Sí, sí. Pero aún tienes cara como de “peero”.&lt;br /&gt;
-Ajá, qué bien señorita, telepatía. A eso iba, “Peero” me molesta más que creas que ando metiendo mujeres a escondidas o algo así. Si no quisiera nada serio contigo no te hubiera dicho que empezáramos y ahí sí no teníamos por qué darnos ni pedirnos explicaciones. Ya te he dicho, sólo una vez fui infiel, lo confesé, me perdonó, pero a la final yo ya lo había dañado todo.  &lt;br /&gt;
-Sí, señor lorito, me lo repites muchas veces. Bueno. Ahora sí, ya que terminamos de  chismosear otro de tus escritos, busquemos bien en qué sala están presentado la peli, ¿sí?&lt;br /&gt;
-... ajá, sólo dime una última cosa Lis, ¿la intrusa de ayer estaba bonita?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debió haber sido el “arroz subterráneo”. &lt;br /&gt;
Despertada desde la madrugada, le he echado mucha más cabeza al asunto. Haciendo cuenta de cada uno de los días en aquel Mundo de pesadilla escarlata, creo que el comer esa tierra fue el único cambio drástico. Tragué polvo. Ja ja, qué poético suena ahora. Podría casi que asegurar que con eso fue que me hicieron la transportación de regreso, el detonante para lograr abandonar ese Mundo y volver acá. Tal vez lo tenían preparado como despedida de año nuevo. ¿Por qué no? Podría encajar. Mi presencia allá me pareció siempre como el de ser una intrusa, una carga, y si es así, qué agradecida estoy con todos ellos ahora que por verme así se hubieran tomado la molestia de regresarme de tan deprimente lugar. Sólo me duele mi bióloga, mi No, pero ella está allí conmigo, con mi doppelgänger. Encajan a tal punto que al final ya no estaban conmigo. Al fin y al cabo ella, la francotiradora, la otra en mí que soy yo misma, me dijo que había sido accidental esa vez que la vi, precisamente acá, en Medellín. ¿O fue eso de la acupuntura lo que me trajeron de vuelta?&lt;br /&gt;
-Pequiiitas ¿estás despierta?- Giré sobresaltada de mi posición de cucharita, recostada hacia la izquierda, hacia el lado derecha, hacia la puerta, desvaneciéndose el hilo de mis pensamientos como arena barrida por el viento. La voz de Nandita, a pesar de su tono prudente, me tomó por total sorpresa. No sentí abrir la puerta. Ayer me pasó lo mismo ¿estaré perdiendo el oído o es otra de mis paranoias? Cálmate Innita, me dije en mi fuero interno, cálmate. Una cosa a la vez. Esos sueños vívidos con olor a gasolina quemada déjalos quietos por ahora. Asumiendo de inmediato mi propio consejo, abracé el momento, desplegando una gran y sincera sonrisa a la antropóloga Hernanda Telar, Nandita, balsa visible de mi invisible naufragio.&lt;br /&gt;
-Me da tanto pero tanto gusto verte- le dije, estirando mi mirada hacia ella, y recibiendo de ella la necesitada respuesta de un fuerte abrazo. La bienvenida con que me respondió Nandita vino acompañado de un tierno beso de labios cerrados, y al recibirlo -y en contra de todas las apuestas que yo había pronosticado sobre este reencuentro- no hubo dentro de mí misma conflicto alguno con todo lo que había entregado de mi corazón y de mi cuerpo a una extranjera, a mi extraña fantasía llamada No, que se había materializado como espectro de mujer albina en un pueblo tan fantasmal como ella misma. Reconfortada ahora en la tibieza de los brazos de Nandita yo no quería desmoronarme, me resistí hasta donde más pude, pero finalmente sucumbí: me puse a llorar encarando para mis adentros la deriva de tantos sentimientos y sucesos entremezclados, me permití ser arrojada a mis lágrimas, convintiéndolas en las olas necesarias para poder llegar a puerto, incluso si eso me significara sentirme arrojada al conveniente silencio de todas las cosas agrias y bellas que me habían transformado en tan cercano y corto diciembre. No quería hablar, no quería explicar, sólo quería estar ahí, con ella, con su temperatura, con su calor. Me sentía cansada, ajetreada, sobreviviente como de un destierro, tras retornar de tan demencial viaje -del cual no había decidido emprender- y del cual no sabía bien si sentirme agradecida o ultrajada, por haber vivenciado un breve refugio llamado amor, amor tan soñado pero tan nítido, prístino y real, que había transformado mi remedo de esperanza en sustancial fortaleza, en libertad, hasta el extremo mismo de ofrecer mi vida por el amor mismo. Y estoy aquí, de nuevo. No sabía, hasta unos cuantos minutos atrás, que tanto de mí se hubiera visto tan afectado, como si mente, cuerpo y corazón se hubieran apañado en ese exilio involuntario, y ya, de regreso en tierra firme, el agotamiento me reclamara como trofeo. Por su parte, y en gran contraste de este estado de cosas, Nandita parecía la misma de siempre, en un sentido reconfortante, como esas amistosas partidas de ajedrez que se congelan tras un intempestivo adiós con puntos suspensivos de uno de sus jugadores, sin mover reloj ni piezas ni escaques, apenas desempolvándole día a día la espera, en un paisaje inspirador por mantenerse intacto. Eso, ese poder confiar, esa era la mejor bienvenida. Pero qué tanto de todo ésto podría salir de mi boca, nada. Lo que pudiera inevitablemente fugarse de mi mirada y llegara hacia Nandita bien merecía que lo reclamara y apropiara. Porque no le veía sentido  en alarmar a este Mundo con batallas de las que no podía participar, o al menos yo no sabía cómo, y sus mismos habitantes me lo habían dejado muy claro perpetuando mi ignorancia sobre el tema con tanto hermetismo. En ese Mundo Escarlata, mi guerra por el amor le había ganado, al menos por un momento, al amor por la guerra, pero yo no había salido ilesa. Esas heridas me las revisaría sola, mi Nandita. Créeme, lo haré por nuestro propio bien. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8362078509/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 08 Jan 2013 18:56:45 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2013-01-08T21:53:04-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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                            <media:content url="http://farm9.staticflickr.com/8511/8363566316_6fa9919fca_b.jpg" 
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;Martes, 8 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Hospital Concordia, Medellín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Martes, 8 de enero de 2013.&lt;br /&gt;
El Recuerdo, Teusaquillo, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Me gusta eso del ocho del ocho del ochenta y ocho, mi No; además, es más cerca de mi año, ochenta y siete. &lt;br /&gt;
-Pero cae un lunes, Lis, la fecha sería lunes, 8 de agosto de 1988. Y pues, no me convence eso que mi Innita nazca un lunes. La historia de Innita es muy solar, y que su natalicio sea en día de luna, como que resulta muy melancólica ella. Aún sigo reconsiderando si dejarla del noventa y uno. Gano tres años de su historia y puedo iniciarla casi de cero, cuando aún no haya grabado ningún álbum.&lt;br /&gt;
-Pero, ¿y lo del EP y lo de “Sexy Visionista”?&lt;br /&gt;
-Hay cosas que me gustan. Lo que no, es eso de dispararse a la fama por un video-clip y como “ya”, así de la nada tan exitosa, no sé. Me parece como muy gringo, muy Disney. Es decir, allá es mucho más probable que algo así pase... La industria del entretenimiento y demás. Como que los realities y los cazatalentos y cosas así allá sí funcionan, es parte del andamiaje, del negocio. Pero acá, es como tan ...bobito ese cuento. Sólo me faltó ponerle que en un concierto se reconcilia con algún pariente que reaparece y ya, cine gringo de domingo familiar. Lo que escribí del primero de febrero, lo de tatuarse sus pecas angustiada por dinero, pues, la verdad me parece más aterrizado.&lt;br /&gt;
-Oye, pero ¿al fin qué, quieres que sea un relato solar o aterrizado?&lt;br /&gt;
-¿Ves? Por eso es que no me gusta ventilarte mis ideas cuando están borrosas. Señorita mía, cuando te invito a ver mis borradores estás es para asistir, como una obstetra, no es para confrontar. Peleona.&lt;br /&gt;
-Isshh... tú sí...qué mamón.&lt;br /&gt;
-Pero es que …. &lt;br /&gt;
-...&lt;br /&gt;
-Bueno, no, me iba psando Lis, discúlpame.&lt;br /&gt;
-Jumm, quién será la persona en este cuarto que más pelea; no llevamos ni cuatro meses y mira ya todos los agarrones que hemos tenido. Mira lo de ayer.&lt;br /&gt;
-Llevamos cuatro meses y un día. Sí, lo de ayer, ¿no fue un festejo?¿O qué fue el festejo de ayer?&lt;br /&gt;
-¿Festejo? ¿Encontrar a mediodía a una Innita wannabe en tu apartamento, leyendo tus escritos, cuando a mí no me dejas ni acercarme? ¿una lúser que ni siquiera sabe maquillarse para un papel? Esa actriz tuya tenía pintorreteada un par de pecas estrellas gigantes en sus pómulos.  ¿Por qué no saca “ginotropia” de la Luis Ángel y mira bien cómo son las pecas de Innita? Tontarrona idiota. &lt;br /&gt;
-Pecas grandes en sus pómulos, jmm.., eso no suela mal …&lt;br /&gt;
-Búrlate ahora. &lt;br /&gt;
-Pero es en serio, no me burlo...&lt;br /&gt;
-Síii, hazte el pendejo. Como ayer, te fuiste por la tangente con eso de verme cocinando pescado y aún no me has dicho como hizo esa lúser para poder entrar.  &lt;br /&gt;
-Á-á, no señorita, no me salí por ningún lado, la que te saliste fuiste tú. La pelea fue precisamente por eso, que trajeras cadáver. Llegar y oler todo atestado a pescado. Te había dicho que, regla número uno, no traer ni carne ni huevos ni leche a mi apartamento. Y no me vengas de nuevo con esa pendejada que el pescado no es carne.&lt;br /&gt;
-¿Otra vez vamos a lo mismo? ¿Round dos, No para Innita? Me dijiste que si fuera en caso extremo, podía traer mi comida ya preparada, y no creí que fueras a llegar tan rápido para haber alcanzado ventilado el sitio y lavado bien tu olla. Ayer no me rindió en la mañana, qué pena. ¿Ves? estás haciendo lo mismo, te pregunto de la lúser y me la devuelves. &lt;br /&gt;
-No te devuelvo nada, te dije que no tengo ni idea, tal vez dejaste la puerta sin cerrar bien ajustada cuando saliste para el supermercado. Ya te dije que esa puerta es toda mañosa. Pues bueno, te digo entonces mi teoría del asunto, la que pensé esta mañana, cuando tú todavía dormías. Mira, sabes que no soy de sociabilizar con los vecinos, pero una vez, Lis, hace rato, antes que empezáramos, un vecino del mismo piso, que ni había visto, me dijo que su internet se había caido y que si me podía dejar usar mi compu para bajar unos archivos que necesitaba urgente. Y puesss, no le iba a decir que no, tampoco. Bueno, pues lo que pensé fue que tal vez ayer ese mismo vecino estaba con una chica, la que viste, y justo se le cayó de nuevo internet. Tal vez  le daba pena vovler a pedirme el favor ya que fui muy seco en el trato con él, y él le dijo que mejor fuera sola, que por ser chica era más fácil, en fin, qué se yo cómo la convenció. Tal vez ella timbró y nadie abrió, y al ver la puerta entreabierta se coló y vio el laptop ahí, como servido en mitad de la sala,  y al mover el mouse, pues estaba ese archivo abierto. Es lo más probable pero no-lo-sé. Pero algo así puede haber sucedido. La gente es rara. Y metiche. Y pues cuando llegaste del supermercado, la chica se asustó con todas esas preguntas que me contaste que le hiciste, y en vez de volver a donde el vecino ella optó por irse en vez de volver donde él para no meterlo en líos y que tú le fueras a timbrar y alegar en su apartamento. Tú sabes cómo es eso de los vecinos. Llevarse hipócritamente bien para que después no se le armen quejas en el edificio. Lo de las pecas, lo que ella llevara pintada precisamente pecas estrellas sí no tengo ni idea.Y pues “ginotropia” es prácticamente desconocido como para dar precisamente con una fan. Eso sí es lo que no sé cómo encaja. Y lo de llevar ginotropia a teatro, te repito, aún estoy en charlas con el director del Teatro. Es una idea lejana como para yo haber empezado a hacer casting de actrices. Además yo escribo, no dirijo. Y soy bien huraño. Y no le daría mis llaves a nadie así por así. Bueno Lis, esa es mi explicación. No sé qué más decirte.&lt;br /&gt;
-Pues, mi No, no suena del todo descabellado. Te creo. Con este puchero, mira, de nuevo me disculpo por haberte traido cadáveres ayer. Te lo repito, fue un error. Es que me antojé al pasar por las neveras del supermercado. Además sabes que ya sólo me resta dejar es eso, la comida de mar. Me conociste pecetariana. Es que no sé por qué pero se me ha dificultado más dejar el pescado que los lácteos; bueno, en parte es porque la leche siempre me ha sentado mal. Los helados y el arequipe son lo único, y sí que soy bien débil de eso. Y con esos postres que tu amiga me ha vendido, y después enseñado esas recetas de helados cremosos sin leche, pues me ha quedado fácil alejarme de los lácteos. Y con todo lo que he leido del asunto de los animales, ¿aún no crees que no quiero ser végana? &lt;br /&gt;
-Bueno, sabes que me alegrarái mucho que lo hicieras, sería buenísimo, pero eso sólo lo sabes tú, Lis, eso es muy personal, pero si pudiera, me gustaría tener el poder de vovler a todo la humanidad végana, así, como deseo de Aladino. Ahí sí te admito que en eso sí soy bien mamertico y ya viste cómo te lo discutí hasta el cansancio en nuestras primeras semanas. Hablar de la lenta aceptación del veganismo me agobia demasiado como para volver al tema. &lt;br /&gt;
-Sí, sí. Pero aún tienes cara como de “peero”.&lt;br /&gt;
-Ajá, qué bien señorita, telepatía. A eso iba, “Peero” me molesta más que creas que ando metiendo mujeres a escondidas o algo así. Si no quisiera nada serio contigo no te hubiera dicho que empezáramos y ahí sí no teníamos por qué darnos ni pedirnos explicaciones. Ya te he dicho, sólo una vez fui infiel, lo confesé, me perdonó, pero a la final yo ya lo había dañado todo.  &lt;br /&gt;
-Sí, señor lorito, me lo repites muchas veces. Bueno. Ahora sí, ya que terminamos de  chismosear otro de tus escritos, busquemos bien en qué sala están presentado la peli, ¿sí?&lt;br /&gt;
-... ajá, sólo dime una última cosa Lis, ¿la intrusa de ayer estaba bonita?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debió haber sido el “arroz subterráneo”. &lt;br /&gt;
Despertada desde la madrugada, le he echado mucha más cabeza al asunto. Haciendo cuenta de cada uno de los días en aquel Mundo de pesadilla escarlata, creo que el comer esa tierra fue el único cambio drástico. Tragué polvo. Ja ja, qué poético suena ahora. Podría casi que asegurar que con eso fue que me hicieron la transportación de regreso, el detonante para lograr abandonar ese Mundo y volver acá. Tal vez lo tenían preparado como despedida de año nuevo. ¿Por qué no? Podría encajar. Mi presencia allá me pareció siempre como el de ser una intrusa, una carga, y si es así, qué agradecida estoy con todos ellos ahora que por verme así se hubieran tomado la molestia de regresarme de tan deprimente lugar. Sólo me duele mi bióloga, mi No, pero ella está allí conmigo, con mi doppelgänger. Encajan a tal punto que al final ya no estaban conmigo. Al fin y al cabo ella, la francotiradora, la otra en mí que soy yo misma, me dijo que había sido accidental esa vez que la vi, precisamente acá, en Medellín. ¿O fue eso de la acupuntura lo que me trajeron de vuelta?&lt;br /&gt;
-Pequiiitas ¿estás despierta?- Giré sobresaltada de mi posición de cucharita, recostada hacia la izquierda, hacia el lado derecha, hacia la puerta, desvaneciéndose el hilo de mis pensamientos como arena barrida por el viento. La voz de Nandita, a pesar de su tono prudente, me tomó por total sorpresa. No sentí abrir la puerta. Ayer me pasó lo mismo ¿estaré perdiendo el oído o es otra de mis paranoias? Cálmate Innita, me dije en mi fuero interno, cálmate. Una cosa a la vez. Esos sueños vívidos con olor a gasolina quemada déjalos quietos por ahora. Asumiendo de inmediato mi propio consejo, abracé el momento, desplegando una gran y sincera sonrisa a la antropóloga Hernanda Telar, Nandita, balsa visible de mi invisible naufragio.&lt;br /&gt;
-Me da tanto pero tanto gusto verte- le dije, estirando mi mirada hacia ella, y recibiendo de ella la necesitada respuesta de un fuerte abrazo. La bienvenida con que me respondió Nandita vino acompañado de un tierno beso de labios cerrados, y al recibirlo -y en contra de todas las apuestas que yo había pronosticado sobre este reencuentro- no hubo dentro de mí misma conflicto alguno con todo lo que había entregado de mi corazón y de mi cuerpo a una extranjera, a mi extraña fantasía llamada No, que se había materializado como espectro de mujer albina en un pueblo tan fantasmal como ella misma. Reconfortada ahora en la tibieza de los brazos de Nandita yo no quería desmoronarme, me resistí hasta donde más pude, pero finalmente sucumbí: me puse a llorar encarando para mis adentros la deriva de tantos sentimientos y sucesos entremezclados, me permití ser arrojada a mis lágrimas, convintiéndolas en las olas necesarias para poder llegar a puerto, incluso si eso me significara sentirme arrojada al conveniente silencio de todas las cosas agrias y bellas que me habían transformado en tan cercano y corto diciembre. No quería hablar, no quería explicar, sólo quería estar ahí, con ella, con su temperatura, con su calor. Me sentía cansada, ajetreada, sobreviviente como de un destierro, tras retornar de tan demencial viaje -del cual no había decidido emprender- y del cual no sabía bien si sentirme agradecida o ultrajada, por haber vivenciado un breve refugio llamado amor, amor tan soñado pero tan nítido, prístino y real, que había transformado mi remedo de esperanza en sustancial fortaleza, en libertad, hasta el extremo mismo de ofrecer mi vida por el amor mismo. Y estoy aquí, de nuevo. No sabía, hasta unos cuantos minutos atrás, que tanto de mí se hubiera visto tan afectado, como si mente, cuerpo y corazón se hubieran apañado en ese exilio involuntario, y ya, de regreso en tierra firme, el agotamiento me reclamara como trofeo. Por su parte, y en gran contraste de este estado de cosas, Nandita parecía la misma de siempre, en un sentido reconfortante, como esas amistosas partidas de ajedrez que se congelan tras un intempestivo adiós con puntos suspensivos de uno de sus jugadores, sin mover reloj ni piezas ni escaques, apenas desempolvándole día a día la espera, en un paisaje inspirador por mantenerse intacto. Eso, ese poder confiar, esa era la mejor bienvenida. Pero qué tanto de todo ésto podría salir de mi boca, nada. Lo que pudiera inevitablemente fugarse de mi mirada y llegara hacia Nandita bien merecía que lo reclamara y apropiara. Porque no le veía sentido  en alarmar a este Mundo con batallas de las que no podía participar, o al menos yo no sabía cómo, y sus mismos habitantes me lo habían dejado muy claro perpetuando mi ignorancia sobre el tema con tanto hermetismo. En ese Mundo Escarlata, mi guerra por el amor le había ganado, al menos por un momento, al amor por la guerra, pero yo no había salido ilesa. Esas heridas me las revisaría sola, mi Nandita. Créeme, lo haré por nuestro propio bien. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8362078509/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
    <media:thumbnail url="http://farm9.staticflickr.com/8511/8363566316_6fa9919fca_s.jpg" height="75" width="75" />
    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>En eros.</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8335612959/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8335612959/&quot; title=&quot;En eros.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8358/8335612959_33b24e1485_m.jpg&quot; width=&quot;187&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;En eros.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Martes, 1 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Avenida Séptima, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;El principio, la parejita había denominado su primera jornada como luna de miel.&lt;br /&gt;
El fin, no tener ningún recuerdo en la tierra cuando aterrizaran de nuevo. Largo era el tiempo que esa parejita llevaban juntos. Sin embargo, largo no siempre es sinónimo de dicha.... largo suele ser sinónimo de aburrido. Aburrido como la falsa paz entre dos guerras. Aburrida y funcional como una flor de plástico que vive para siempre porque nunca conoció la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él y ella tenían muchos intereses en común que los mantenían juntos.&lt;br /&gt;
Intereses sí, entereza no.&lt;br /&gt;
Estaban ya lejos de estar enteros: las palabras fuertes no estaban esculpiéndolos, sino mutilándolos. Eran enemigos pero en un mismo bando: ambos querían compañía y les daba miedo irse de aquel nido herido, de esa enlodada trinchera. Temían ser encandilados por un brillo de afuera, un brillo que les iluminara sus vergüenzas y secretos, y por eso mismo, iluminarles un camino de salida, una pista sincera al irreemplazable verdadero amor. Con tal de no ver sus secretos, evitaban también marchar a la salida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Eran enemigos pero de un mismo bando: tenían miedo y el miedo los tenía juntos. Besos y líquidos eran ahora lujuria y status quo. Para poder sobrevivir ante la lejanía de sus sueños rotos y lejanos, hacía muchos besos atrás habían asesinado el cariño, ahora carroña, cadáver que habían decidido no sacar de su jardín de flores de plástico. El aroma de las mentiras que en silencio se decían cada uno a sí mismo empezaba a apestar tanto, que ya nadie quería verlos juntos francamente hablando, …aunque sí los querían ver juntos, socialmente hablando. Doble traje del emperador. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las escasas bellas baladas de amor puro, tierno, humilde, tranquilo y espontáneo las oían él y ella por separado, sin darse cuenta. Pero, como tarde o temprano sucede en toda guerra, uno de los dos sucumbe primero. Y en este caso, el otro, el que pierde de segundo lugar, lamenta no haber perdido antes: su enemigo ya está más cerca del camino de salida.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suspiro,&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;flor de plástico&lt;/i&gt; me recuerda un viaje al centro de mi vida, a un vuelo sin escalas, a un reportaje sin aspavientos, al origen de mi origen: me recuerda la historia de amor de mi mamá y mi papá. Pero en vez de entristecerme, me maravilla. Me asusta un poco; , es obvio, el sentir en un cuento el prólogo de mi muy reservada biografía reflejada por un tercero. Pero, de qué más sirve la literatura sino de espejo. Descuelgo mis codos bajando con ellos el libro. Al instante, cierro los ojos rápidamente, tras sentir el sol rayando mis pupilas, herida efímera que había evitado precisamente con las cubiertas haciendo de sombrilla. ¿Dejó de llover, terminó la guerra contra los Gulais? En la intemperie no había lluvia ni nada escarlata que se le pareciera.Veo,  boca arriba, mi color favorito. Un cielo azul, sin nubes. Los rayos de la estrella bañando mi piel embikinada en mitad de la avenida. Es mediodía. Mi vestido violeta  bajo mí, haciendo las veces de toalla en playa.  Me estremece un poco el pensar sentirme tan vulnerable, tan expuesta, semidesnuda en mitad de la Séptima, al lado del Museo Nacional. No sólo excita mi adrenalina, sino que tal crispar de nervios electriza también mi pubis. Ay. Siento la diminuta turgencia de aquella diminuta lengua bajo mi pantie por el peligro.  No hay nada de dolor, pero aún así creo que este riesgo es el momento más “maso” que he sentido en toda mi existencia. No exagero. Lo confieso, puedo ser muy rockerita pero soy una ñoña sexual, ja ja. Mi sonrojamiento facial se acompaña de mi ahora también sonrojada sonrisa vertical. Me parece muy atrevido sentir esto en plena calle. Qué descaro, me ataco a reír aún acostada en el suelo, como si no pudiera suceder que un Lamborghini de esos ultra-silenciosos podría aparecer en la carretera, así de la nada, de cualquier esquina, y arrollarme. La posibilidad de tal hecho me enfría. Se evapora el calor de mi intimidad. Me regaño suavemente. Me siento, me he quedado algo pensativa, sacudo mi cabeza, como un perrito para secarse, esperando que cada gota residual de mis pensamientos lascivos desaparezcan al lanzarlos al aire libre y me pongo de pie. Debo estar soñando para tomarme tantas libertades en público. Tal vez me falta volver al Neusa y desnudarme de verdad. Esto podría ser uno de esos sueños en que una se ve a sí misma andando desnuda en la calle, salvo que A, es muy difícil leer en los sueños y B, no estoy desnuda. Recojo el vestido y me lo pongo. Recojo el libro con la flor de plástico y lo aprieto bajo el brazo, como un termómetro. Debo ir a la Luis Ángel Arango a devolverlo. El sol me ha emborrachado. Camino y veo luces, migraña sin dolor. La ciudad huele a gasolina, pero no oigo carros ni gente. Cruzo la veintiséis. Nadie. Cruzo la diecienueve. Nadie. Cruzo la trece. Nadie. ¿Emigraron todos los Gulais y Taurais? Ya es una segunda razón para ir a La Luis Ángel Arango, que me cuente la tribu albina qué ha pasado. La larga caminata bajo el sol me ha dejado idiotizada. La ciudad es un desierto, deben haber chulos sobrevolándome, esperando desfallecer. Tal vez soy la última sobreviviente. ¿La ciudad ha muerto? Claro que no, es sólo un primero de enero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8335554691/in/set-72157606488035600/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 01 Jan 2013 19:32:19 -0800</pubDate>
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    <media:title>En eros.</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Martes, 1 de en eros de 2013.&lt;br /&gt;
Avenida Séptima, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;El principio, la parejita había denominado su primera jornada como luna de miel.&lt;br /&gt;
El fin, no tener ningún recuerdo en la tierra cuando aterrizaran de nuevo. Largo era el tiempo que esa parejita llevaban juntos. Sin embargo, largo no siempre es sinónimo de dicha.... largo suele ser sinónimo de aburrido. Aburrido como la falsa paz entre dos guerras. Aburrida y funcional como una flor de plástico que vive para siempre porque nunca conoció la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él y ella tenían muchos intereses en común que los mantenían juntos.&lt;br /&gt;
Intereses sí, entereza no.&lt;br /&gt;
Estaban ya lejos de estar enteros: las palabras fuertes no estaban esculpiéndolos, sino mutilándolos. Eran enemigos pero en un mismo bando: ambos querían compañía y les daba miedo irse de aquel nido herido, de esa enlodada trinchera. Temían ser encandilados por un brillo de afuera, un brillo que les iluminara sus vergüenzas y secretos, y por eso mismo, iluminarles un camino de salida, una pista sincera al irreemplazable verdadero amor. Con tal de no ver sus secretos, evitaban también marchar a la salida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Eran enemigos pero de un mismo bando: tenían miedo y el miedo los tenía juntos. Besos y líquidos eran ahora lujuria y status quo. Para poder sobrevivir ante la lejanía de sus sueños rotos y lejanos, hacía muchos besos atrás habían asesinado el cariño, ahora carroña, cadáver que habían decidido no sacar de su jardín de flores de plástico. El aroma de las mentiras que en silencio se decían cada uno a sí mismo empezaba a apestar tanto, que ya nadie quería verlos juntos francamente hablando, …aunque sí los querían ver juntos, socialmente hablando. Doble traje del emperador. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las escasas bellas baladas de amor puro, tierno, humilde, tranquilo y espontáneo las oían él y ella por separado, sin darse cuenta. Pero, como tarde o temprano sucede en toda guerra, uno de los dos sucumbe primero. Y en este caso, el otro, el que pierde de segundo lugar, lamenta no haber perdido antes: su enemigo ya está más cerca del camino de salida.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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Suspiro,&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;flor de plástico&lt;/i&gt; me recuerda un viaje al centro de mi vida, a un vuelo sin escalas, a un reportaje sin aspavientos, al origen de mi origen: me recuerda la historia de amor de mi mamá y mi papá. Pero en vez de entristecerme, me maravilla. Me asusta un poco; , es obvio, el sentir en un cuento el prólogo de mi muy reservada biografía reflejada por un tercero. Pero, de qué más sirve la literatura sino de espejo. Descuelgo mis codos bajando con ellos el libro. Al instante, cierro los ojos rápidamente, tras sentir el sol rayando mis pupilas, herida efímera que había evitado precisamente con las cubiertas haciendo de sombrilla. ¿Dejó de llover, terminó la guerra contra los Gulais? En la intemperie no había lluvia ni nada escarlata que se le pareciera.Veo,  boca arriba, mi color favorito. Un cielo azul, sin nubes. Los rayos de la estrella bañando mi piel embikinada en mitad de la avenida. Es mediodía. Mi vestido violeta  bajo mí, haciendo las veces de toalla en playa.  Me estremece un poco el pensar sentirme tan vulnerable, tan expuesta, semidesnuda en mitad de la Séptima, al lado del Museo Nacional. No sólo excita mi adrenalina, sino que tal crispar de nervios electriza también mi pubis. Ay. Siento la diminuta turgencia de aquella diminuta lengua bajo mi pantie por el peligro.  No hay nada de dolor, pero aún así creo que este riesgo es el momento más “maso” que he sentido en toda mi existencia. No exagero. Lo confieso, puedo ser muy rockerita pero soy una ñoña sexual, ja ja. Mi sonrojamiento facial se acompaña de mi ahora también sonrojada sonrisa vertical. Me parece muy atrevido sentir esto en plena calle. Qué descaro, me ataco a reír aún acostada en el suelo, como si no pudiera suceder que un Lamborghini de esos ultra-silenciosos podría aparecer en la carretera, así de la nada, de cualquier esquina, y arrollarme. La posibilidad de tal hecho me enfría. Se evapora el calor de mi intimidad. Me regaño suavemente. Me siento, me he quedado algo pensativa, sacudo mi cabeza, como un perrito para secarse, esperando que cada gota residual de mis pensamientos lascivos desaparezcan al lanzarlos al aire libre y me pongo de pie. Debo estar soñando para tomarme tantas libertades en público. Tal vez me falta volver al Neusa y desnudarme de verdad. Esto podría ser uno de esos sueños en que una se ve a sí misma andando desnuda en la calle, salvo que A, es muy difícil leer en los sueños y B, no estoy desnuda. Recojo el vestido y me lo pongo. Recojo el libro con la flor de plástico y lo aprieto bajo el brazo, como un termómetro. Debo ir a la Luis Ángel Arango a devolverlo. El sol me ha emborrachado. Camino y veo luces, migraña sin dolor. La ciudad huele a gasolina, pero no oigo carros ni gente. Cruzo la veintiséis. Nadie. Cruzo la diecienueve. Nadie. Cruzo la trece. Nadie. ¿Emigraron todos los Gulais y Taurais? Ya es una segunda razón para ir a La Luis Ángel Arango, que me cuente la tribu albina qué ha pasado. La larga caminata bajo el sol me ha dejado idiotizada. La ciudad es un desierto, deben haber chulos sobrevolándome, esperando desfallecer. Tal vez soy la última sobreviviente. ¿La ciudad ha muerto? Claro que no, es sólo un primero de enero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8335554691/in/set-72157606488035600/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>Un día en este Mundo, por más breve que sea, es toda una batalla para mi carácter. Es tiempo de guerra, me lo han dicho y así se siente.</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8330205841/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8330205841/&quot; title=&quot;Un día en este Mundo, por más breve que sea, es toda una batalla para mi carácter. Es tiempo de guerra, me lo han dicho y así se siente.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8078/8330205841_814e8258be_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;185&quot; alt=&quot;Un día en este Mundo, por más breve que sea, es toda una batalla para mi carácter. Es tiempo de guerra, me lo han dicho y así se siente.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Lunes, 31 de di siempre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá, Mundo Escarlata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy supe lo que era el &lt;i&gt;arroz subterráneo&lt;/i&gt;. Es tierra. Extraída de excavaciones de cinco metros de profundidad, en un área protegida, área que se podría llamar “jardín”, en el recinto al lado de las piletas. Y como a buen hambre no hay mal pan, me supo delicioso. Estuve allí hace un rato, &lt;i&gt;excavando&lt;/i&gt; el desayuno, para posteriormente ser preparado y servido. Era la primera vez en este mes que ingería algo sólido. Mydne tenía turno en la cocina junto con un tal Asdrúbal, y estaban preparando desde ya, la cena de fin de año. Yo hacía las veces de asistente. Primero el jardín y ahora la cocina, dos nuevos espacios. Aún no conozco cada rincón de la Luis Ángel Arango, y desde que llegué me han hecho saber que entre menos me entere, mejor para mí. &lt;br /&gt;
-En esta ocasión lo he sazonado con unos muy preciados ingredientes que sólo usamos en momentos que lo ameriten, pues son difíciles de encontrar, tu ración ha sido suavizada, tu estómago es algo diferente que el nuestro- me explicó tras ver mi cara de placer, en una forma de hacerme saber que la porción que me había dado a probar no es del sabor  ni de la potencia  usual.&lt;br /&gt;
-Aún así, no sé el por qué este gesto de integración. Quiero decir, estar aquí en la cocina, con ustedes. Parece terapia, después de que me han atado como loca- respondí, medio en broma, medio en son de protesta. Mydne sólo me mandó una mirada fría sin decir palabra, pero pude leer  un “te disculpo porque no sabes todo, desagradecida” en sus pupilas. Fuera lo que fuera, no importaba, comer y estar allí me había subido el ánimo, o al menos las energías. &lt;br /&gt;
Hoy me habían, finalmente, quitado los amarres y agujas de mi cuerpo, bien temprano,  a eso de las cinco y media am, momento en que un sol que casi no se ve lanza unos buenos días que no siento para hornearnos a todos bajo la lluvia de un Mundo que no entiendo. Daniel Augusto Martín, según se presentó, el que pareciera estar en turno de hacer las veces de doctor -o quizás sí lo fuera-, me había acompañado desde días atrás, supervisando mi estado de salud bajo el efecto de la acupuntura, y recordaba verlo entre ensueños, cuando mi fiebre subía a punto de despertarme en busca de litros de agua, que, como era ya costumbre, tal sed era saciada por aquel caldo. Algo en Daniel no me gustaba, aunque no podía saber exactamente qué era. Caso contrario fue con el acupunturista, Kristian, con quien sostuve, a pesar de mi silencio,  una cercanía casi intuitiva, pero sólo lo vi aquel día. Recuerdo, entre el delirio de la fiebre, haber visto en algunos momentos de estos días a Xetl, a Araeallia, y a mi doppelgänger, pero también vi a Nandita, a mi Sandrita y hasta a mi No de mi Mundo, con su traje de Halloween. Alucinaciones, no más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego del desayuno y mi estadía en la cocina me dejaron transitar por las piletas, vacías ahora. De allí subí hasta las duchas. El calor era insoportable. La biblioteca estaba prácticamente vacía, apenas había visto a la pareja cocinera y al doctor. Ya en el cuarto de mi doppelgänger, vestida y acicalada, me eché sobre la cama. Una parte de mí, y no era la física, estaba realmente molida a palos. Todo dentro de mí se iba sumando como traslúcidos planos de arquitectura incompletos que al superponerlos mostraban lo poco que sabía de todo este Mundo, empezando, por ejemplo, por el motivo de mi presencia. Un rompecabezas de pocas piezas, y ya me estaba fastidiando tan aburridora situación. Sí, lo sé, quería tener respuestas, pero las respuestas  que todos los albinos me ofrecían eran incompletas. Y las de Xetl casi me habían enloquecido;  sé que sus palabras aún se hallaban dentro de mí, sin poder recordarlas, como reprimidas por la misma naturaleza de la información. Un trauma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desperté horas después y sentí bullicio. Habían vuelto los demás, de sus “misteriosas” ocupaciones. Bah. No quise salir del cuarto. No era ni siquiera por ellos, ni por nadie en particular. Es el inmundo clima de este Mundo. Además, las horas de sueño me habían sentado mal al ánimo. Un día en este Mundo, por más breve que sea, es toda una batalla para mi carácter. Es tiempo de guerra, me lo han dicho y así se siente. Creo que por eso pueden entender mi fragilidad. A pesar de todo, estaban muy pendientes de mí y sí, me sentía, a pesar de la distancia emocional y el desolamiento, protegida. En este cuarto lleno de silencio, encaro la pregunta que me zumba, desde hace días, en mi interior, haciendo crujir mi corazón. ¿Dónde están mi No, mi gatita y mi doppelgänger? Si al menos hubieran dejado la guitarra para  menguar mi hastío. Habrá que esperar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bueno.&lt;br /&gt;
Hoy es fin de año. Habrá que celebrarlo. Es un placebo, justo lo que necesito. Recuerdo el día  de mi fiesta de quince años. Había madrugado como de insomnio. Mis catorce años fueron llenos de cambios y revelaciones, y mucha tristeza: el divorcio de papá y mamá me había hecho decidir irme a vivir con Julia, mi tía. Así que estaba algo nostálgica: me la había pasado  leyendo viejos escritos de cuando tenía once y doce. Me puse entonces, a manera de automedicación, a componerle los arreglos musicales a uno de ellos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Cada día es más bello que el anterior&lt;br /&gt;
¿Puedes resistir esa velocidad?&lt;br /&gt;
Cada respiro es un impulso al interior&lt;br /&gt;
Otra mañana, otra oportunidad&lt;br /&gt;
Otra gota de mar en tu vaso&lt;br /&gt;
El sol te regala otro abrazo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de cada herida&lt;br /&gt;
Me siento agradecida&lt;br /&gt;
De haber aterrizado en este planeta&lt;br /&gt;
De haber crecido desde la placenta&lt;br /&gt;
Ahora vuelvo a comenzar&lt;br /&gt;
Mucho después del final&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuáles son tus fronteras&lt;br /&gt;
si eres parte de la naturaleza?&lt;br /&gt;
¿Dónde divides el aire que respiras?&lt;br /&gt;
Invento terrícola es la pobreza&lt;br /&gt;
Mi corazón sólo conoce de realeza&lt;br /&gt;
Y es la paciencia por ti que me inspira &lt;br /&gt;
a convertir mi fragilidad en fortaleza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Claro, el título para esa canción no podía ser otro que “La Ingenua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8330110453/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 31 Dec 2012 11:57:28 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-12-31T14:53:20-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>Un día en este Mundo, por más breve que sea, es toda una batalla para mi carácter. Es tiempo de guerra, me lo han dicho y así se siente.</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Lunes, 31 de di siempre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá, Mundo Escarlata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy supe lo que era el &lt;i&gt;arroz subterráneo&lt;/i&gt;. Es tierra. Extraída de excavaciones de cinco metros de profundidad, en un área protegida, área que se podría llamar “jardín”, en el recinto al lado de las piletas. Y como a buen hambre no hay mal pan, me supo delicioso. Estuve allí hace un rato, &lt;i&gt;excavando&lt;/i&gt; el desayuno, para posteriormente ser preparado y servido. Era la primera vez en este mes que ingería algo sólido. Mydne tenía turno en la cocina junto con un tal Asdrúbal, y estaban preparando desde ya, la cena de fin de año. Yo hacía las veces de asistente. Primero el jardín y ahora la cocina, dos nuevos espacios. Aún no conozco cada rincón de la Luis Ángel Arango, y desde que llegué me han hecho saber que entre menos me entere, mejor para mí. &lt;br /&gt;
-En esta ocasión lo he sazonado con unos muy preciados ingredientes que sólo usamos en momentos que lo ameriten, pues son difíciles de encontrar, tu ración ha sido suavizada, tu estómago es algo diferente que el nuestro- me explicó tras ver mi cara de placer, en una forma de hacerme saber que la porción que me había dado a probar no es del sabor  ni de la potencia  usual.&lt;br /&gt;
-Aún así, no sé el por qué este gesto de integración. Quiero decir, estar aquí en la cocina, con ustedes. Parece terapia, después de que me han atado como loca- respondí, medio en broma, medio en son de protesta. Mydne sólo me mandó una mirada fría sin decir palabra, pero pude leer  un “te disculpo porque no sabes todo, desagradecida” en sus pupilas. Fuera lo que fuera, no importaba, comer y estar allí me había subido el ánimo, o al menos las energías. &lt;br /&gt;
Hoy me habían, finalmente, quitado los amarres y agujas de mi cuerpo, bien temprano,  a eso de las cinco y media am, momento en que un sol que casi no se ve lanza unos buenos días que no siento para hornearnos a todos bajo la lluvia de un Mundo que no entiendo. Daniel Augusto Martín, según se presentó, el que pareciera estar en turno de hacer las veces de doctor -o quizás sí lo fuera-, me había acompañado desde días atrás, supervisando mi estado de salud bajo el efecto de la acupuntura, y recordaba verlo entre ensueños, cuando mi fiebre subía a punto de despertarme en busca de litros de agua, que, como era ya costumbre, tal sed era saciada por aquel caldo. Algo en Daniel no me gustaba, aunque no podía saber exactamente qué era. Caso contrario fue con el acupunturista, Kristian, con quien sostuve, a pesar de mi silencio,  una cercanía casi intuitiva, pero sólo lo vi aquel día. Recuerdo, entre el delirio de la fiebre, haber visto en algunos momentos de estos días a Xetl, a Araeallia, y a mi doppelgänger, pero también vi a Nandita, a mi Sandrita y hasta a mi No de mi Mundo, con su traje de Halloween. Alucinaciones, no más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego del desayuno y mi estadía en la cocina me dejaron transitar por las piletas, vacías ahora. De allí subí hasta las duchas. El calor era insoportable. La biblioteca estaba prácticamente vacía, apenas había visto a la pareja cocinera y al doctor. Ya en el cuarto de mi doppelgänger, vestida y acicalada, me eché sobre la cama. Una parte de mí, y no era la física, estaba realmente molida a palos. Todo dentro de mí se iba sumando como traslúcidos planos de arquitectura incompletos que al superponerlos mostraban lo poco que sabía de todo este Mundo, empezando, por ejemplo, por el motivo de mi presencia. Un rompecabezas de pocas piezas, y ya me estaba fastidiando tan aburridora situación. Sí, lo sé, quería tener respuestas, pero las respuestas  que todos los albinos me ofrecían eran incompletas. Y las de Xetl casi me habían enloquecido;  sé que sus palabras aún se hallaban dentro de mí, sin poder recordarlas, como reprimidas por la misma naturaleza de la información. Un trauma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desperté horas después y sentí bullicio. Habían vuelto los demás, de sus “misteriosas” ocupaciones. Bah. No quise salir del cuarto. No era ni siquiera por ellos, ni por nadie en particular. Es el inmundo clima de este Mundo. Además, las horas de sueño me habían sentado mal al ánimo. Un día en este Mundo, por más breve que sea, es toda una batalla para mi carácter. Es tiempo de guerra, me lo han dicho y así se siente. Creo que por eso pueden entender mi fragilidad. A pesar de todo, estaban muy pendientes de mí y sí, me sentía, a pesar de la distancia emocional y el desolamiento, protegida. En este cuarto lleno de silencio, encaro la pregunta que me zumba, desde hace días, en mi interior, haciendo crujir mi corazón. ¿Dónde están mi No, mi gatita y mi doppelgänger? Si al menos hubieran dejado la guitarra para  menguar mi hastío. Habrá que esperar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bueno.&lt;br /&gt;
Hoy es fin de año. Habrá que celebrarlo. Es un placebo, justo lo que necesito. Recuerdo el día  de mi fiesta de quince años. Había madrugado como de insomnio. Mis catorce años fueron llenos de cambios y revelaciones, y mucha tristeza: el divorcio de papá y mamá me había hecho decidir irme a vivir con Julia, mi tía. Así que estaba algo nostálgica: me la había pasado  leyendo viejos escritos de cuando tenía once y doce. Me puse entonces, a manera de automedicación, a componerle los arreglos musicales a uno de ellos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Cada día es más bello que el anterior&lt;br /&gt;
¿Puedes resistir esa velocidad?&lt;br /&gt;
Cada respiro es un impulso al interior&lt;br /&gt;
Otra mañana, otra oportunidad&lt;br /&gt;
Otra gota de mar en tu vaso&lt;br /&gt;
El sol te regala otro abrazo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de cada herida&lt;br /&gt;
Me siento agradecida&lt;br /&gt;
De haber aterrizado en este planeta&lt;br /&gt;
De haber crecido desde la placenta&lt;br /&gt;
Ahora vuelvo a comenzar&lt;br /&gt;
Mucho después del final&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuáles son tus fronteras&lt;br /&gt;
si eres parte de la naturaleza?&lt;br /&gt;
¿Dónde divides el aire que respiras?&lt;br /&gt;
Invento terrícola es la pobreza&lt;br /&gt;
Mi corazón sólo conoce de realeza&lt;br /&gt;
Y es la paciencia por ti que me inspira &lt;br /&gt;
a convertir mi fragilidad en fortaleza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Claro, el título para esa canción no podía ser otro que “La Ingenua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8330110453/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
    <media:thumbnail url="http://farm9.staticflickr.com/8078/8330205841_814e8258be_s.jpg" height="75" width="75" />
    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>“En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños.”</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8310629073/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8310629073/&quot; title=&quot;“En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños.”&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8351/8310629073_631266df5e_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;186&quot; alt=&quot;“En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños.”&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Miércoles, 26 de di siempre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá, Mundo Escarlata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su acento era centroamericano, un poco mexicano, un poco guatemalteco, pero con un fuerte crispar añejo, más exactamente Precolombino. Su castellano tenía una imponente presión de las consonantes sobre las vocales, como si las crujieran, aplastándolas para dar paso a una extraña percusión -algo mántrica, algo reverencial- al pronunciar con mucho protagonismo jotas, tés, pés, erres y en particular las cés cuando funcionan como k. Aunque mi escepticismo paranoico me hiciera pensar que aquella apetitosa hembra sexual era una patética farsante, definitivamente mi oído, infalible radar instintivo que en mí opera a la vez como brújula y motor de mi personalidad, me aseguraba que ella, Xetl Xihuatl, sí venía de siglos atrás. El sonido de su voz tenía algo auténtico, que transporta de inmediato a tiempos arcaicos, semejante a lo que, por ejemplo, se experimenta al ver piezas de un galeón exhibidas en un museo naval. Desde el año 1406 hasta el 2006, encerrada en una cueva, embalsamada viva, Xetl Xihuatl estuvo hibernando apenas sostenida en el frágil hilo de un único latido al año; me había dicho, al igual que les contó a todos los ocupantes de la Luis Ángel Arango el viernes, día de llegada de su primera transportación a este Mundo Escarlata, que había despertado en mi Mundo seis años atrás, donde fue pieza momentánea de investigaciones gerontológicas. Trataba de conciliar en mi mente su presencia junto con las demás inverosímiles piezas del rompecabezas en que se me había convertido mi panorama, saludándome con progresiva demencia en cada uno de los pocos días que despertaba desde hace casi un mes. Nunca había desechado la posibilidad que todo esto fuera producto de un estado de coma. Y por otro lado, yo, si en realidad estaba atrapada en un Mundo sin recibir la luz del sol, permanente nublado por sangre, me era humanamente difícil manterme lúcida. Hace tres días había intentado terminar mi vida. Pero no, no en el sentido depresivo del término, ¿en un sentido kamikaze tal vez? ¿o una fallida inmolación de tinte romántico? Quizás. Lo cierto es que fue un ataque de impulsiva locura tras conclusiones mal elaboradas: según me había dicho Araeallia ayer, cuando áun me hallaba como convaleciente por mi período, mi doppelgänger y mi No no se habían marchado. A pesar de mi debilidad, quise que me llevara donde ellos, pero me dijo que no sólo era inconveniente, sino imposible, sin extenderse en darme explicación alguna, como ya era usual. En conclusión, hace tres días pude haber terminado voluntariamente con mi  existencia, engañada cual Romeo. De antier lo único que recuerdo es haberme despertado varias veces con taquicardia y excesivo sudor, de nuevo en enfermería, la sala de Idiomas. Balbuceaba a mis cuidadores, Araeallia y Mydne, que definitivamente mi cuerpo no estaba hecho para este Mundo, que en él sí encajaban tanto mi doppelgänger como ellas dos y el resto de sus semejantes. Ellas nada me respondieron sobre el asunto, se limitaban a permanecer  ajenas, ausentes, con algo muy diferente ocupando sus pensamientos, apenas limitándose, casi en hipnosis, en protocolo impersonal, a secar el sudor de mi cara y cuerpo. Parecía aún muy lejano para mí el saber el por qué mi doppelgänger me había raptado de mi Mundo. ¿Éra sólo yo la única cautiva o habían muchas más personas atrapadas con sus respectivos doppelgängers, en todos los edificios, en todas las ciudades, en todos los países? Sí fuera así, algo de calma me bríndaría. Sí, lo admito, por aquello de “mal de todos, consuelo de bobos”. Lo raro, para ser mucho más franca, era que, sin saber de dónde sacaba tantas fuerzas, aún me mantuviera cuerda. O tal vez sólo creía estarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy me hallaba en una de las varias piletas que ocupaban lo que antes era la cafetería de la planta baja. Era la pirmera vez desde que llegué que me habían permitido conocer este área. Era el mismo espacio amplio de techo muy alto, pero modificado con cierto dejo aristocrático, que podría semejar una versión moderna de los saunas Romanos. Cada pileta estaba llena de sangre, y a mí no parecía importarme ni lo intenso de su olor ni lo escandoloso de su escarlata. Yo estaba boca arriba, flotando, instrospectiva pero conectada con el área, experimentando la placidez para mis adentros, sentía un creciente bienestar físico inusual. ¿Estaba mi cuerpo empezando a adaptarse a este Mundo? En las demás piletas se hallaban unas o varias personas, todas albinas, con similar actitud beneplácita. Hoy era un escenario diferente, un ánimo diferente. A mi lado, sentada fuera de la pileta, estaba Xetl, observándonos a todos. Tal vez casi que estaba vigilándonos, pero esta inquietud se sostuvo por un brevísimo momento en mi mente, al sospechar que era mi paranoia haciendo de las mías. Además, su oscura piel color canela me daba cierta cercanía, una segunda forastera bien recibida en el Lejano Oeste, en mitad de tanto carapálida. Era como si Xetl inyectara en el ambiente un tipo de cordura, de confianza colectiva, y en mi caso, de fortaleza, sin importar lo que mis sentidos habían archivado en mí todas estas semanas. Tal vez era ella de donde emanaba mi relajamiento, y tal vez era eso lo único que ahora me separaba de volverme loca. En cualquier caso, estar en estos momentos sumergida en la pileta me reconfortaba, la hemoglobina me masajeaba, no sólo cada uno de mis músculos, sino parte de mi mente y mi corazón. Apenas hoy me empezaba a sentir de nuevo unida en mi interior, pues incluso en mis encuentros con mi No, mi estadía en este Mundo había hecho percibirme a mí misma fragmentada, mente, cuerpo y corazón desmembrados, casi igual que los pequeños e infrecuentes tiempos de estar despierta. ¿Era acaso por el despertar de mi conciencia a ser parte de los Dos Mundos? ¿o era parte de lo que se experimenta en coma? Fuera lo que fuera, el aunar mis pedazos dentro de mí me extasiaba. Como si la manifestación de mi placidez  parecía ser el momento que Xetl estaba esperando, se acercó a mí, para volverme a hablar, revelarme más. Sí, por favor, Xetl, hazlo. ¿Por qué le era de tanto interés? ¿Tal vez, al igual que me había pasado con ella, por el color “humano” de nuestra piel y cabello? Sus imposibles ojos amarillos echaban abajo esa posibilidad. No importaba, con tal que me viera digna de sus confesiones me bastaba. La mexicana retomó sus palabras, con su muy particular crujir de consonantes, recitándome un poema:&lt;br /&gt;
-“En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños”. Mi pueblo no interectuaba ni se desprendía de las culturas Olmeca ni Nahoa ni Mexica ni Maya; sí ocupábamos su misma geografía, pero éramos ajenos a todos ellos: no consentíamos la muerte ni como ritual de sacrificio ni como pena capital, y nuestra comida se basaba exclusivamente de vegetales. De nosotros nadie encontraría nada escrito, éramos básicamente una cultura sonora, hijas e hijos del viento. Y también del sol y del agua, pero no de la tierra, reconociendo que como humanos, éramos un tipo de animal, no superior, pero sí diferente, contrario a muchas creencias de otros pueblos. &lt;br /&gt;
Al igual que cuando, horas atrás, me contó lo de su hibernación cuando desperté tras ser sumergida en esta pileta, Xetl me hablaba con cierta lentitud, buscando entre el limitado léxico castellano las palabras que más definían lo que su idioma nativo expresaba en cientos de estilos. Pensé que era muy parecido a lo que sucedía en la actualidad entre el castellano y el inglés. Pero los tropiezos idiomáticos de Xetl me resultaban fascinantes, revestían algo milenario, imperturbable con el paso del tiempo.&lt;br /&gt;
-Mi pueblo se denominaba Tui -prosiguió-, pero desde muchas generaciones anteriores de la mía, fuimos visiblemente perseguidos por los demás pueblos, a tal punto que no hay registros históricos de mi cultura, aumentado quizás por nuestro desarraigo de dejar testimonios materiales de nuestra existencia. Siempre sobrevivíamos como disidentes, inadaptados, parias, y en cada intento de nueva asentamiento, mi pueblo era nuevamente diezmado. Dado el momento histórico de aquellos siglos, mantuvimos en tradición oral varios poemas que nos brindaban esperanza, haciéndonos saber que sólo éramos gotas, disgregadas por las tormentas, pero que finalmente nos fundiríamos de nuevo con el mar. El poema que acabas de oir era uno de ellos, uno de los más antiguos, remontándose a más de diez generaciones antes que la mía. Durante mucho tiempo mi pueblo daba por sentado que ese poema describía dos momentos de nuestra época, y encerraba en acertijo el identificar cuál de esos dos momentos era el “amamantador de sueños”, asegurando que la lluvia de sangre se refería al momento de los sacrificios de humanos en las pirámides por decapitación, y el desangrar de leche era las madres que sufrían cuando sus bebés eran dados a sacrificio.  La alusión con lo de ser el más joven era sobre nuestro pueblo, que se abstenías de tales prácticas. De hecho, el que me hallan escondido mis familiares en la cueva fue el último recurso disponible para que, ante la imniencia de ser capturados por los Aztecas durante sus guerras contra los Tepanecas, tomaran las mujeres como ofrenda en sacrificios.&lt;br /&gt;
Un silencio pesaroso la embargó por varios segundos, antes de continura. A manera de discreción se abstuvo de contarme más detalles de su hibernación, saltando de manera abrupta a los años posteriores a su despertar.&lt;br /&gt;
-Cuando entendí y acepté, a través de los diálogos que sostuve con Vainilla Lopes de Castanheda, la mujer que me sacó de la cueva, arqueóloga brasilera, que yo estaba en otro tiempo, siglos después de mi época, decidí meditar sobre los poemas de mi pueblo, único bastión que me mantenía en contacto con quien una vez fui, y me di a la tarea de reintrepretar los poemas para que me fueran útiles en el nuevo lugar. Vainilla me integró a su modo de vida, entrenándome como su asistente. Vainilla y yo viajamos mucho, resultando que nuestras existencias se convirtieran en dos soledades reunidas, ella me había  asumido como hermana adoptiva, a la vez que yo abría mi corazón más y más a ella contádole menguando dentro de mí la pesadumbre por hallarme desconectada de mi propio tiempo, sentirme en contacto emocional con alguien, y no sólo aferrarme a lo que atesoraba, como si fuera parte de mi propia piel, de los poemas. El punto de quiebre de mis interpretaciones por ellos se dieron en Europa. Hace un par de años, en Berna, durante un simposio sobre “culturas en peligro y sus derechos inclusivos en la gestión política contemporánea”, conocimos a Araeallia.&lt;br /&gt;
Mi cara de sorpresa la hizo pausar. La guerrera Araeallia, ¿en mi Mundo dedicada a asuntos diplomáticos? Creo que en todo este tiempo no se me había pasado por la mente imaginar las versiones de los albinos en mi mundo. Me sonrojé sin emitir palabra ni explicaciones, algo culposa.&lt;br /&gt;
-Araeallia tuvo desde el inicio una alarma, un sexto sentido para detectar que había algo extraño en mí. Si bien es cierto que ahora sé que es usual que mucha gente de esta época se sienta de otro mundo, ese sentimiento afloraba en Araeallia de manera menos poética, de manera más ...  digamos, ...visceral. Semanas después, bajo una noche lluviosa en Varsovia, al salir nosotras tres de otro simposio,  nos resguardamos del aguacero, sentadas en una de las mesas exteriores de un café de esquina. Hablamos de mil cosas y casi de manera irremediable, la conversación se tornó hacia México Prehispánico, y de allí, sin mencionarle jamás que venía de otro tiempo, hacia la ignota cultura Tui, hasta finalmente recitarle el poema a Araeallia. Mi corazón empezó a latir muy rápido en la medida que Araeallia me contaba en franco desahogo como se sentía, indentificada con el poema, confesando que sufría de una pesadilla repetitiva desde cuatro años atrás, donde se veía luchando bajo una lluvia de sangre. Como si sus palabras hubieran invocado tal imagen, vimos de la lluvia aparecer  un diminuto remolino de sangre, en posición vertical, que iba creciendo en manera de pared. Sentimos, claro está pánico al instante. Segundos después fuimos absorbidos por ese muro espiralado, por  ese remolino, ya de tamaño gigante, no sólo nosotras tres, las más próximas a tal fenómeno, sino todos quienes se hallaban cerca, en la acera o el café,  “En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños”.  El poema era una alusión textual a varias dimensiones del Mundo. Es claro para ti que la lluvia de sangre hace alusión a este Mundo, y que del mundo del que vienes, es la tercera parte del poema ...&lt;br /&gt;
Haciendo una pausa larga, viendo el miedo en mi cara, y por eso mismo, ensimismada con cierto recelo en revelarme ciertos detalles, saltó de nuevo en su relato.&lt;br /&gt;
-Innita, la segunda parte del poema se refiere al lugar de donde regresé el viernes, es otro Mundo, un tercero.&lt;br /&gt;
La pileta en la que me hallaba cómoda hasta hace un momento, de pronto me pareció mortalmente fría, anteponiéndose a lo que Xetl me tendría por contar ...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8311532254/&quot;&gt;Innita &lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Wed, 26 Dec 2012 10:15:01 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-12-26T13:11:26-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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    <media:title>“En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños.”</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Miércoles, 26 de di siempre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá, Mundo Escarlata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su acento era centroamericano, un poco mexicano, un poco guatemalteco, pero con un fuerte crispar añejo, más exactamente Precolombino. Su castellano tenía una imponente presión de las consonantes sobre las vocales, como si las crujieran, aplastándolas para dar paso a una extraña percusión -algo mántrica, algo reverencial- al pronunciar con mucho protagonismo jotas, tés, pés, erres y en particular las cés cuando funcionan como k. Aunque mi escepticismo paranoico me hiciera pensar que aquella apetitosa hembra sexual era una patética farsante, definitivamente mi oído, infalible radar instintivo que en mí opera a la vez como brújula y motor de mi personalidad, me aseguraba que ella, Xetl Xihuatl, sí venía de siglos atrás. El sonido de su voz tenía algo auténtico, que transporta de inmediato a tiempos arcaicos, semejante a lo que, por ejemplo, se experimenta al ver piezas de un galeón exhibidas en un museo naval. Desde el año 1406 hasta el 2006, encerrada en una cueva, embalsamada viva, Xetl Xihuatl estuvo hibernando apenas sostenida en el frágil hilo de un único latido al año; me había dicho, al igual que les contó a todos los ocupantes de la Luis Ángel Arango el viernes, día de llegada de su primera transportación a este Mundo Escarlata, que había despertado en mi Mundo seis años atrás, donde fue pieza momentánea de investigaciones gerontológicas. Trataba de conciliar en mi mente su presencia junto con las demás inverosímiles piezas del rompecabezas en que se me había convertido mi panorama, saludándome con progresiva demencia en cada uno de los pocos días que despertaba desde hace casi un mes. Nunca había desechado la posibilidad que todo esto fuera producto de un estado de coma. Y por otro lado, yo, si en realidad estaba atrapada en un Mundo sin recibir la luz del sol, permanente nublado por sangre, me era humanamente difícil manterme lúcida. Hace tres días había intentado terminar mi vida. Pero no, no en el sentido depresivo del término, ¿en un sentido kamikaze tal vez? ¿o una fallida inmolación de tinte romántico? Quizás. Lo cierto es que fue un ataque de impulsiva locura tras conclusiones mal elaboradas: según me había dicho Araeallia ayer, cuando áun me hallaba como convaleciente por mi período, mi doppelgänger y mi No no se habían marchado. A pesar de mi debilidad, quise que me llevara donde ellos, pero me dijo que no sólo era inconveniente, sino imposible, sin extenderse en darme explicación alguna, como ya era usual. En conclusión, hace tres días pude haber terminado voluntariamente con mi  existencia, engañada cual Romeo. De antier lo único que recuerdo es haberme despertado varias veces con taquicardia y excesivo sudor, de nuevo en enfermería, la sala de Idiomas. Balbuceaba a mis cuidadores, Araeallia y Mydne, que definitivamente mi cuerpo no estaba hecho para este Mundo, que en él sí encajaban tanto mi doppelgänger como ellas dos y el resto de sus semejantes. Ellas nada me respondieron sobre el asunto, se limitaban a permanecer  ajenas, ausentes, con algo muy diferente ocupando sus pensamientos, apenas limitándose, casi en hipnosis, en protocolo impersonal, a secar el sudor de mi cara y cuerpo. Parecía aún muy lejano para mí el saber el por qué mi doppelgänger me había raptado de mi Mundo. ¿Éra sólo yo la única cautiva o habían muchas más personas atrapadas con sus respectivos doppelgängers, en todos los edificios, en todas las ciudades, en todos los países? Sí fuera así, algo de calma me bríndaría. Sí, lo admito, por aquello de “mal de todos, consuelo de bobos”. Lo raro, para ser mucho más franca, era que, sin saber de dónde sacaba tantas fuerzas, aún me mantuviera cuerda. O tal vez sólo creía estarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy me hallaba en una de las varias piletas que ocupaban lo que antes era la cafetería de la planta baja. Era la pirmera vez desde que llegué que me habían permitido conocer este área. Era el mismo espacio amplio de techo muy alto, pero modificado con cierto dejo aristocrático, que podría semejar una versión moderna de los saunas Romanos. Cada pileta estaba llena de sangre, y a mí no parecía importarme ni lo intenso de su olor ni lo escandoloso de su escarlata. Yo estaba boca arriba, flotando, instrospectiva pero conectada con el área, experimentando la placidez para mis adentros, sentía un creciente bienestar físico inusual. ¿Estaba mi cuerpo empezando a adaptarse a este Mundo? En las demás piletas se hallaban unas o varias personas, todas albinas, con similar actitud beneplácita. Hoy era un escenario diferente, un ánimo diferente. A mi lado, sentada fuera de la pileta, estaba Xetl, observándonos a todos. Tal vez casi que estaba vigilándonos, pero esta inquietud se sostuvo por un brevísimo momento en mi mente, al sospechar que era mi paranoia haciendo de las mías. Además, su oscura piel color canela me daba cierta cercanía, una segunda forastera bien recibida en el Lejano Oeste, en mitad de tanto carapálida. Era como si Xetl inyectara en el ambiente un tipo de cordura, de confianza colectiva, y en mi caso, de fortaleza, sin importar lo que mis sentidos habían archivado en mí todas estas semanas. Tal vez era ella de donde emanaba mi relajamiento, y tal vez era eso lo único que ahora me separaba de volverme loca. En cualquier caso, estar en estos momentos sumergida en la pileta me reconfortaba, la hemoglobina me masajeaba, no sólo cada uno de mis músculos, sino parte de mi mente y mi corazón. Apenas hoy me empezaba a sentir de nuevo unida en mi interior, pues incluso en mis encuentros con mi No, mi estadía en este Mundo había hecho percibirme a mí misma fragmentada, mente, cuerpo y corazón desmembrados, casi igual que los pequeños e infrecuentes tiempos de estar despierta. ¿Era acaso por el despertar de mi conciencia a ser parte de los Dos Mundos? ¿o era parte de lo que se experimenta en coma? Fuera lo que fuera, el aunar mis pedazos dentro de mí me extasiaba. Como si la manifestación de mi placidez  parecía ser el momento que Xetl estaba esperando, se acercó a mí, para volverme a hablar, revelarme más. Sí, por favor, Xetl, hazlo. ¿Por qué le era de tanto interés? ¿Tal vez, al igual que me había pasado con ella, por el color “humano” de nuestra piel y cabello? Sus imposibles ojos amarillos echaban abajo esa posibilidad. No importaba, con tal que me viera digna de sus confesiones me bastaba. La mexicana retomó sus palabras, con su muy particular crujir de consonantes, recitándome un poema:&lt;br /&gt;
-“En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños”. Mi pueblo no interectuaba ni se desprendía de las culturas Olmeca ni Nahoa ni Mexica ni Maya; sí ocupábamos su misma geografía, pero éramos ajenos a todos ellos: no consentíamos la muerte ni como ritual de sacrificio ni como pena capital, y nuestra comida se basaba exclusivamente de vegetales. De nosotros nadie encontraría nada escrito, éramos básicamente una cultura sonora, hijas e hijos del viento. Y también del sol y del agua, pero no de la tierra, reconociendo que como humanos, éramos un tipo de animal, no superior, pero sí diferente, contrario a muchas creencias de otros pueblos. &lt;br /&gt;
Al igual que cuando, horas atrás, me contó lo de su hibernación cuando desperté tras ser sumergida en esta pileta, Xetl me hablaba con cierta lentitud, buscando entre el limitado léxico castellano las palabras que más definían lo que su idioma nativo expresaba en cientos de estilos. Pensé que era muy parecido a lo que sucedía en la actualidad entre el castellano y el inglés. Pero los tropiezos idiomáticos de Xetl me resultaban fascinantes, revestían algo milenario, imperturbable con el paso del tiempo.&lt;br /&gt;
-Mi pueblo se denominaba Tui -prosiguió-, pero desde muchas generaciones anteriores de la mía, fuimos visiblemente perseguidos por los demás pueblos, a tal punto que no hay registros históricos de mi cultura, aumentado quizás por nuestro desarraigo de dejar testimonios materiales de nuestra existencia. Siempre sobrevivíamos como disidentes, inadaptados, parias, y en cada intento de nueva asentamiento, mi pueblo era nuevamente diezmado. Dado el momento histórico de aquellos siglos, mantuvimos en tradición oral varios poemas que nos brindaban esperanza, haciéndonos saber que sólo éramos gotas, disgregadas por las tormentas, pero que finalmente nos fundiríamos de nuevo con el mar. El poema que acabas de oir era uno de ellos, uno de los más antiguos, remontándose a más de diez generaciones antes que la mía. Durante mucho tiempo mi pueblo daba por sentado que ese poema describía dos momentos de nuestra época, y encerraba en acertijo el identificar cuál de esos dos momentos era el “amamantador de sueños”, asegurando que la lluvia de sangre se refería al momento de los sacrificios de humanos en las pirámides por decapitación, y el desangrar de leche era las madres que sufrían cuando sus bebés eran dados a sacrificio.  La alusión con lo de ser el más joven era sobre nuestro pueblo, que se abstenías de tales prácticas. De hecho, el que me hallan escondido mis familiares en la cueva fue el último recurso disponible para que, ante la imniencia de ser capturados por los Aztecas durante sus guerras contra los Tepanecas, tomaran las mujeres como ofrenda en sacrificios.&lt;br /&gt;
Un silencio pesaroso la embargó por varios segundos, antes de continura. A manera de discreción se abstuvo de contarme más detalles de su hibernación, saltando de manera abrupta a los años posteriores a su despertar.&lt;br /&gt;
-Cuando entendí y acepté, a través de los diálogos que sostuve con Vainilla Lopes de Castanheda, la mujer que me sacó de la cueva, arqueóloga brasilera, que yo estaba en otro tiempo, siglos después de mi época, decidí meditar sobre los poemas de mi pueblo, único bastión que me mantenía en contacto con quien una vez fui, y me di a la tarea de reintrepretar los poemas para que me fueran útiles en el nuevo lugar. Vainilla me integró a su modo de vida, entrenándome como su asistente. Vainilla y yo viajamos mucho, resultando que nuestras existencias se convirtieran en dos soledades reunidas, ella me había  asumido como hermana adoptiva, a la vez que yo abría mi corazón más y más a ella contádole menguando dentro de mí la pesadumbre por hallarme desconectada de mi propio tiempo, sentirme en contacto emocional con alguien, y no sólo aferrarme a lo que atesoraba, como si fuera parte de mi propia piel, de los poemas. El punto de quiebre de mis interpretaciones por ellos se dieron en Europa. Hace un par de años, en Berna, durante un simposio sobre “culturas en peligro y sus derechos inclusivos en la gestión política contemporánea”, conocimos a Araeallia.&lt;br /&gt;
Mi cara de sorpresa la hizo pausar. La guerrera Araeallia, ¿en mi Mundo dedicada a asuntos diplomáticos? Creo que en todo este tiempo no se me había pasado por la mente imaginar las versiones de los albinos en mi mundo. Me sonrojé sin emitir palabra ni explicaciones, algo culposa.&lt;br /&gt;
-Araeallia tuvo desde el inicio una alarma, un sexto sentido para detectar que había algo extraño en mí. Si bien es cierto que ahora sé que es usual que mucha gente de esta época se sienta de otro mundo, ese sentimiento afloraba en Araeallia de manera menos poética, de manera más ...  digamos, ...visceral. Semanas después, bajo una noche lluviosa en Varsovia, al salir nosotras tres de otro simposio,  nos resguardamos del aguacero, sentadas en una de las mesas exteriores de un café de esquina. Hablamos de mil cosas y casi de manera irremediable, la conversación se tornó hacia México Prehispánico, y de allí, sin mencionarle jamás que venía de otro tiempo, hacia la ignota cultura Tui, hasta finalmente recitarle el poema a Araeallia. Mi corazón empezó a latir muy rápido en la medida que Araeallia me contaba en franco desahogo como se sentía, indentificada con el poema, confesando que sufría de una pesadilla repetitiva desde cuatro años atrás, donde se veía luchando bajo una lluvia de sangre. Como si sus palabras hubieran invocado tal imagen, vimos de la lluvia aparecer  un diminuto remolino de sangre, en posición vertical, que iba creciendo en manera de pared. Sentimos, claro está pánico al instante. Segundos después fuimos absorbidos por ese muro espiralado, por  ese remolino, ya de tamaño gigante, no sólo nosotras tres, las más próximas a tal fenómeno, sino todos quienes se hallaban cerca, en la acera o el café,  “En un Mundo llueve sangre. En otro Mundo se desangra leche. El más joven, que es el más primigenio, amamanta sueños”.  El poema era una alusión textual a varias dimensiones del Mundo. Es claro para ti que la lluvia de sangre hace alusión a este Mundo, y que del mundo del que vienes, es la tercera parte del poema ...&lt;br /&gt;
Haciendo una pausa larga, viendo el miedo en mi cara, y por eso mismo, ensimismada con cierto recelo en revelarme ciertos detalles, saltó de nuevo en su relato.&lt;br /&gt;
-Innita, la segunda parte del poema se refiere al lugar de donde regresé el viernes, es otro Mundo, un tercero.&lt;br /&gt;
La pileta en la que me hallaba cómoda hasta hace un momento, de pronto me pareció mortalmente fría, anteponiéndose a lo que Xetl me tendría por contar ...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8311532254/&quot;&gt;Innita &lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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			<title>&quot;She's trouble, in a word get closer to the fire&quot;</title>
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&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8231583046/&quot; title=&quot;&amp;quot;She's trouble, in a word get closer to the fire&amp;quot;&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8206/8231583046_93fb67649a_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;&amp;quot;She's trouble, in a word get closer to the fire&amp;quot;&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Jueves, 29 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Medellín, Colombia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-¿Sabes pequitas? Acabo de caer en cuenta que compartes la doble ene de tu nombre con Madonna- me dijo Hernanda, sonriendo, quitándose sus clichesudas gafas oscuras de turista  tras sentarnos en el taxi rumbo al lejano hotel Canario Azul, donde nos hospedaríamos por tres noches.&lt;br /&gt;
-...Y el mismo signo Leo -le guiñé antes de proseguir-; recuerdo muy bien que una tarde en mis dieciséis, mientras descansábamos de sacar con Dedé y Halo todas las coreografías del video-clip de “Hung Up”, nos pusimos a internetear toda la biografía de ella, desde su infancia  hasta los más recientes amoríos  de sus ex-maridos. Nos convertimos durante un par de meses en las bibiotecas andante de la Ciccone en Cúcuta. Halo sigue siendo la más fan de nosotras tres, ella le gastó la doble entrada a Dedé, pues ambas repetirán concierto hoy. Te confieso que yo le perdí mucho interés después del “Confessions”-concluí, aceptando que de sus dos álbums más recientes yo no tendría mucho para cantar esta noche.&lt;br /&gt;
El aeropuerto fue medio pesadillesco. Al igual que nosotras, había muchos fans que decidieron viajar, para la segunda noche de concierto, sobre la misma mañana de la fecha. Sin embargo, en nuestro caso, no había sido la típica colombianada de dejar todo para última hora. Las boletas fueron una sorpresa para mí, sorpresa que me dio Facunda y que Hernanda no se había imaginado. Grité como loca cuando Facunda me lo contó anoche por celu, era realmente una luz en la oscura densidad de los últimos infortunios. Según me relatara Nandita en el avión, el que yo ahora tuviera una boleta de Madonna en mis manos se remontaba a diecinueve años atrás. Facunda y su esposo la vieron en su gira “Girlie Show” por México, también un noviembre, pero de 1993, cuando apenas Nandita tenía cuatro años. Como aquella noche Patricio le armó una escena de celos tan insoportable que hizo que Hernanda desapareciera de DF a la mañana siguiente y que días después casi desencadenara en pedirle a Patricio el divorcio. Él quedó tan traumatizado que ya en el presente, durante todo este año, se inquietaba cada vez que la noticia de Madonna en Colombia llegaba a sus oídos. Es decir, un rechazo total a la idea de volver a ir. El plan inicial, definido muchas semanas antes que yo conociera a Hernanda, había sido que ella y su mamá hubieran viajado juntas desde el lunes para ver el concierto de hoy, pero con el estado de coma de su esposo, Facunda decidió quedarse junto a él y regalándome su boleta. No se la obsequió a ninguno de sus otros dos hijos. Sara detestaba a Madonna, no le gustaban sus canciones, no le gustaba su voz, no le gustaba su forma de mostrar su sexualidad, hasta evitaba ver sus videos y películas. Le parecía que absolutamente todo en ella era inválido,  aburrido o muy gringo, y que aún hoy la cantante cincuentona lo seguía haciendo por llamar la atención.&lt;br /&gt;
-Eres como su anti-fan -le dijo más de una vez Nandita- estás muy pendiente de no untarte de ella. &lt;br /&gt;
Y Yuri, pues, era Yuri. De Madonna sólo le gustaba “la ricura de sus tetas”, como más de una vez Hernanda le oyó decir a su hermano, en discusiones con Sara por la cantante. Facunda no iba a ceder su boleta a su hijo buscapleitos, quien seguramente hubiera hecho de la fiesta del concierto un velorio para Nandita.&lt;br /&gt;
Medellín me seguía pareciendo igual de acogedora. Habían pasado muchos años desde la última vez que yo había pisado suelo de la capital paisa, cuando entonces estaba acompañando a mi mamá en uno de sus viajes de negocios textiles; en esa ocasión tuve que rogarle a mi mamá para que pudiéramos subir en el Metrocable, pues ella es algo temerosa de las alturas. La ciudad se mantenía igual de bonita y hospitalaria que aquella vez, pero hoy estaba intransitable. Pululaban una alta tasa de turistas por todas partes. Para el concierto también arribaron personas desde Venezuela, Panamá y Ecuador, nos dijo el taxista. Ya en el hotel, apenas botamos las maletas en el suelo y nos tiramos en la cama a descansar un poco, yo de ver tanto gentío y la Nandita del calor, Halo me llamó para que nos viéramos y la pasáramos juntas de una vez,  almorzáramos y luego fuéramos a estar en las fila desde temprano. Le asentí y quedamos en que llegaran acá. Canario Azul era uno de los hoteles más nuevos de la ciudad, era algo pequeño y ermitaño, lejos del movimiento de la ciudad, pero sin duda alguna el más moderno y llamativo. El hotel contaba en cada uno de sus cuartos con sistema inteligente en puertas, nevera, horno, minilavadora, lavamanos; sus ventanas polarizables; paredes movibles; techos desplazables, pisos angulables; duchas con posibilidad de darle diversos aromas al agua;  todo eso -más otras facilidades que mi semianalfabetismo por lo último en tecnología de hábitat no lograba descifrar- hacía que quedarse en un cuarto del Canario Azul fuera una opción de vida para los más geeks. El hotel, que llevaba poco menos de un año abierto, estaba aún en fase experimental, analizando los resultados que arrojaban el comportamiento y receptividad de sus clientes. Si pudimos tener habitación fue porque Facunda la había separado con meses de anticipación, exclusividad dada porque uno de los socios era amigo de su esposo. En el primer piso del hotel sólo se hallaba la recepción, la cual estaba rodeada de un exótico y muy colorido jardín que contrastaba con todo el edificio, pues era un enmarañado ambiente vegetal de personalidad arcaica, salvaje. Fué ahí donde este viaje sorpresa de hoy me tenía preparada otra sorpresa.&lt;br /&gt;
Hernanda se había quedado fundida en la alcoba, cansada por el ajetreo del día anterior. Yo la despertaría apenas llegaran las otras dos chicas. Bajé al jardín sola, para pasar los veinte minutos en que se suponía aún demoraban en llegar. El recepcionista, acostumbrado a la cara de los huéspedes frente a la primitiva vegetación, me sonrió haciendo un gesto de “puedes entrar con confianza”. Aún cuando no había una señal prohibitiva ni cerco ni obstáculo que privara de hacerlo, el jardín en sí intimidaba. La venia amable que recibí fue la que  hizo desvanecer en mí tal sensación. El jardin emitía un frío agradable que contrastaba con el calor típico de la ciudad, era como si tuviera aire acondicionado, pero al natural, un microclima. Me adentré más en el follaje, en la parte en que se volvía más alto y espeso, y de repente, sentí el paso ágil de una persona tras de mí. Volteé a ver y el rabillo de mi ojo sólo alcanzó a registrar un barrido blanquecino en movimiento. Llegué a pensar que era parte de la diversión del hotel, y eso me mantuvo con actitud lúdica. No era exactamente jugar a las escondidas, pero estuve persiguiendo por varios recovecos el sonido de quien parecía desplazarse sin queres ser visto. Varios metros después, en un “claro” de ese cuasi paleo-bosque interior  la vi. Una chica de pecas estrellas con largo cabello recogido en dos trenzas amarradas con flechas, vestida con un pantalón raido, un esqueleto y accessorios: era yo misma, pero de piel albina y cabello rosado, tal como en mis pesadillas de aquel mundo de cielo escarlata. Quedé petrificada, retenida en mí misma . Sólo podía observarla. Ella también me observaba, tal vez desilusionada por ser vista. Ninguna de nosotras dos nos movíamos, aunque sólo era yo la que estaba paralizada. En mi caso, era por ella: por un lado, su fisonomía idéntica a la mía; por el otro su presencia aguerrida me hacía sentir como acto desafiante el intentar moverme. Sus razones de no moverse, no las sabía, aunque sentí como si las pudiera saber, pero me acobardaba leer su mente, que la imaginaba ser  una parte dentro de mí: no era descabellado, pues su figura ¡era yo misma! Subió un poco la cabeza, manteniendo su respirar jadeante, estaba malencarada como si antes de vernos hubiera acabado de pasar emocionalmente “por algo”. Duramos así varios minutos. Fue el sonido de un pito de auto el que rompió el silencio, volteé instintivamente hacia el sonido. La chica albina aprovechó mi descuido y huyó, dejando tanto en el aire como en mi mente una sonrisa victoriosa, algo maliciosa: con dos saltos casi malabarísticos abandonó el claro y se perdió en el follaje. Al irse mi miedo se convirtió en inquietud, pues me di cuenta que una sensación de hogar se fue con ella. Acababa de conocer a mi &lt;i&gt;doppelgänger&lt;/i&gt;. Tras el cerrar de puertas del auto, oí que Dedé y Halo entraron a la recepción, cantando intercaladas un coro ochentero de Madonna:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;-Quién es esa niña ...&lt;br /&gt;
-Señorita más fina … &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8230467351/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 29 Nov 2012 18:09:47 -0800</pubDate>
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            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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Medellín, Colombia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-¿Sabes pequitas? Acabo de caer en cuenta que compartes la doble ene de tu nombre con Madonna- me dijo Hernanda, sonriendo, quitándose sus clichesudas gafas oscuras de turista  tras sentarnos en el taxi rumbo al lejano hotel Canario Azul, donde nos hospedaríamos por tres noches.&lt;br /&gt;
-...Y el mismo signo Leo -le guiñé antes de proseguir-; recuerdo muy bien que una tarde en mis dieciséis, mientras descansábamos de sacar con Dedé y Halo todas las coreografías del video-clip de “Hung Up”, nos pusimos a internetear toda la biografía de ella, desde su infancia  hasta los más recientes amoríos  de sus ex-maridos. Nos convertimos durante un par de meses en las bibiotecas andante de la Ciccone en Cúcuta. Halo sigue siendo la más fan de nosotras tres, ella le gastó la doble entrada a Dedé, pues ambas repetirán concierto hoy. Te confieso que yo le perdí mucho interés después del “Confessions”-concluí, aceptando que de sus dos álbums más recientes yo no tendría mucho para cantar esta noche.&lt;br /&gt;
El aeropuerto fue medio pesadillesco. Al igual que nosotras, había muchos fans que decidieron viajar, para la segunda noche de concierto, sobre la misma mañana de la fecha. Sin embargo, en nuestro caso, no había sido la típica colombianada de dejar todo para última hora. Las boletas fueron una sorpresa para mí, sorpresa que me dio Facunda y que Hernanda no se había imaginado. Grité como loca cuando Facunda me lo contó anoche por celu, era realmente una luz en la oscura densidad de los últimos infortunios. Según me relatara Nandita en el avión, el que yo ahora tuviera una boleta de Madonna en mis manos se remontaba a diecinueve años atrás. Facunda y su esposo la vieron en su gira “Girlie Show” por México, también un noviembre, pero de 1993, cuando apenas Nandita tenía cuatro años. Como aquella noche Patricio le armó una escena de celos tan insoportable que hizo que Hernanda desapareciera de DF a la mañana siguiente y que días después casi desencadenara en pedirle a Patricio el divorcio. Él quedó tan traumatizado que ya en el presente, durante todo este año, se inquietaba cada vez que la noticia de Madonna en Colombia llegaba a sus oídos. Es decir, un rechazo total a la idea de volver a ir. El plan inicial, definido muchas semanas antes que yo conociera a Hernanda, había sido que ella y su mamá hubieran viajado juntas desde el lunes para ver el concierto de hoy, pero con el estado de coma de su esposo, Facunda decidió quedarse junto a él y regalándome su boleta. No se la obsequió a ninguno de sus otros dos hijos. Sara detestaba a Madonna, no le gustaban sus canciones, no le gustaba su voz, no le gustaba su forma de mostrar su sexualidad, hasta evitaba ver sus videos y películas. Le parecía que absolutamente todo en ella era inválido,  aburrido o muy gringo, y que aún hoy la cantante cincuentona lo seguía haciendo por llamar la atención.&lt;br /&gt;
-Eres como su anti-fan -le dijo más de una vez Nandita- estás muy pendiente de no untarte de ella. &lt;br /&gt;
Y Yuri, pues, era Yuri. De Madonna sólo le gustaba “la ricura de sus tetas”, como más de una vez Hernanda le oyó decir a su hermano, en discusiones con Sara por la cantante. Facunda no iba a ceder su boleta a su hijo buscapleitos, quien seguramente hubiera hecho de la fiesta del concierto un velorio para Nandita.&lt;br /&gt;
Medellín me seguía pareciendo igual de acogedora. Habían pasado muchos años desde la última vez que yo había pisado suelo de la capital paisa, cuando entonces estaba acompañando a mi mamá en uno de sus viajes de negocios textiles; en esa ocasión tuve que rogarle a mi mamá para que pudiéramos subir en el Metrocable, pues ella es algo temerosa de las alturas. La ciudad se mantenía igual de bonita y hospitalaria que aquella vez, pero hoy estaba intransitable. Pululaban una alta tasa de turistas por todas partes. Para el concierto también arribaron personas desde Venezuela, Panamá y Ecuador, nos dijo el taxista. Ya en el hotel, apenas botamos las maletas en el suelo y nos tiramos en la cama a descansar un poco, yo de ver tanto gentío y la Nandita del calor, Halo me llamó para que nos viéramos y la pasáramos juntas de una vez,  almorzáramos y luego fuéramos a estar en las fila desde temprano. Le asentí y quedamos en que llegaran acá. Canario Azul era uno de los hoteles más nuevos de la ciudad, era algo pequeño y ermitaño, lejos del movimiento de la ciudad, pero sin duda alguna el más moderno y llamativo. El hotel contaba en cada uno de sus cuartos con sistema inteligente en puertas, nevera, horno, minilavadora, lavamanos; sus ventanas polarizables; paredes movibles; techos desplazables, pisos angulables; duchas con posibilidad de darle diversos aromas al agua;  todo eso -más otras facilidades que mi semianalfabetismo por lo último en tecnología de hábitat no lograba descifrar- hacía que quedarse en un cuarto del Canario Azul fuera una opción de vida para los más geeks. El hotel, que llevaba poco menos de un año abierto, estaba aún en fase experimental, analizando los resultados que arrojaban el comportamiento y receptividad de sus clientes. Si pudimos tener habitación fue porque Facunda la había separado con meses de anticipación, exclusividad dada porque uno de los socios era amigo de su esposo. En el primer piso del hotel sólo se hallaba la recepción, la cual estaba rodeada de un exótico y muy colorido jardín que contrastaba con todo el edificio, pues era un enmarañado ambiente vegetal de personalidad arcaica, salvaje. Fué ahí donde este viaje sorpresa de hoy me tenía preparada otra sorpresa.&lt;br /&gt;
Hernanda se había quedado fundida en la alcoba, cansada por el ajetreo del día anterior. Yo la despertaría apenas llegaran las otras dos chicas. Bajé al jardín sola, para pasar los veinte minutos en que se suponía aún demoraban en llegar. El recepcionista, acostumbrado a la cara de los huéspedes frente a la primitiva vegetación, me sonrió haciendo un gesto de “puedes entrar con confianza”. Aún cuando no había una señal prohibitiva ni cerco ni obstáculo que privara de hacerlo, el jardín en sí intimidaba. La venia amable que recibí fue la que  hizo desvanecer en mí tal sensación. El jardin emitía un frío agradable que contrastaba con el calor típico de la ciudad, era como si tuviera aire acondicionado, pero al natural, un microclima. Me adentré más en el follaje, en la parte en que se volvía más alto y espeso, y de repente, sentí el paso ágil de una persona tras de mí. Volteé a ver y el rabillo de mi ojo sólo alcanzó a registrar un barrido blanquecino en movimiento. Llegué a pensar que era parte de la diversión del hotel, y eso me mantuvo con actitud lúdica. No era exactamente jugar a las escondidas, pero estuve persiguiendo por varios recovecos el sonido de quien parecía desplazarse sin queres ser visto. Varios metros después, en un “claro” de ese cuasi paleo-bosque interior  la vi. Una chica de pecas estrellas con largo cabello recogido en dos trenzas amarradas con flechas, vestida con un pantalón raido, un esqueleto y accessorios: era yo misma, pero de piel albina y cabello rosado, tal como en mis pesadillas de aquel mundo de cielo escarlata. Quedé petrificada, retenida en mí misma . Sólo podía observarla. Ella también me observaba, tal vez desilusionada por ser vista. Ninguna de nosotras dos nos movíamos, aunque sólo era yo la que estaba paralizada. En mi caso, era por ella: por un lado, su fisonomía idéntica a la mía; por el otro su presencia aguerrida me hacía sentir como acto desafiante el intentar moverme. Sus razones de no moverse, no las sabía, aunque sentí como si las pudiera saber, pero me acobardaba leer su mente, que la imaginaba ser  una parte dentro de mí: no era descabellado, pues su figura ¡era yo misma! Subió un poco la cabeza, manteniendo su respirar jadeante, estaba malencarada como si antes de vernos hubiera acabado de pasar emocionalmente “por algo”. Duramos así varios minutos. Fue el sonido de un pito de auto el que rompió el silencio, volteé instintivamente hacia el sonido. La chica albina aprovechó mi descuido y huyó, dejando tanto en el aire como en mi mente una sonrisa victoriosa, algo maliciosa: con dos saltos casi malabarísticos abandonó el claro y se perdió en el follaje. Al irse mi miedo se convirtió en inquietud, pues me di cuenta que una sensación de hogar se fue con ella. Acababa de conocer a mi &lt;i&gt;doppelgänger&lt;/i&gt;. Tras el cerrar de puertas del auto, oí que Dedé y Halo entraron a la recepción, cantando intercaladas un coro ochentero de Madonna:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;-Quién es esa niña ...&lt;br /&gt;
-Señorita más fina … &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8230467351/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
    <media:thumbnail url="http://farm9.staticflickr.com/8206/8231583046_93fb67649a_s.jpg" height="75" width="75" />
    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>Al rato tomé una almohada que se le había caido y seguimos la disputa en casi igualdad de condiciones.</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8221646641/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8221646641/&quot; title=&quot;Al rato tomé una almohada que se le había caido y seguimos la disputa en casi igualdad de condiciones.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8060/8221646641_2e7dd2d14b_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;187&quot; alt=&quot;Al rato tomé una almohada que se le había caido y seguimos la disputa en casi igualdad de condiciones.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Lunes, 26 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
La Alhambra, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-¿Hernanda Pilar o Pilar Hernanda?&lt;br /&gt;
-Ninguna de las dos, pequitas, es Hernanda Del Pilar. Pero no suelo usarlo completo porque Hernanda del Pilar Telar Hernández es demasiado &lt;i&gt;capicúa&lt;/i&gt;, ¿no?&lt;br /&gt;
-Bueno sí- repuse, pensativa- además que Hernanda es más tú. Aunque Pilar también es muy bonito.&lt;br /&gt;
-Mi mamá me lo dice en momentos que está muy cariñosa.&lt;br /&gt;
-Sí me di cuenta.&lt;br /&gt;
Eran las once am recién pasaditas y el sol colaba sus rayos por la pequeña apertura que entre las cortinas yo había dejado al levantarme de la cama media hora atrás, para preparar el desayuno. La dejé así,  de manera sugerida, en caso que Nandita quisiera abrirla más o, si le molestaba, cerrarla de nuevo. Pero desde la cocina, vi que las cortinas siguieron intactas. La vigilaba en la distancia, ya que un leve sollozo de Hernanda me había despertado poco antes de las siete am. La envolví entre mis brazos hasta que veinte minutos después el sueño también la envolvió. Fue su único llanto de la mañana, y del resto del día, por fortuna. A las nueve volví a despertar, y no pude volver a dormir. Mi mente estaba medio en blanco, atenta a Hernanda. A las diez y cuarenta despertó, y me dijo que tenía hambre -prácticamente todo el domingo lo pasó sin masticar alimento, con unas cinco tazas de té-, pero que no era una emergencia, no querái nada pedido a domicilio; quería algo preparado en casa y sin afanes. Así que mi menú fueron unos clásicos tofus revueltos, los cuales sazoné de extra con una salsa picante que Facunda le había traido de Acapulco dos semanas atrás; jugo de naranjas recién exprimidas; té chai con leche de almendras; tostadas integrales con mantequilla de ajonjolí, una porción compartida de espicanas verdiazules -también traídas de Acapulco- bañadas en zumo de mandarina; y medio cestico de uchuvas. Tengo que reconocer que todo lo que preparé olía exquisito, era vital que Hernanda se comiera todo. Al terminar de desayunar, de fondo teníamos menos de veinte minutos de Dracula de Coppola en el tele, que repetíamos con gusto pero sin mucha atención, tal vez de tanto que cada una la habíamos visto por separado. &lt;br /&gt;
-Aún no me has dicho algo pequitas- me dijo Hernanda con un sobreactuado puchero.&lt;br /&gt;
-¿Qué cosa, mi parvulito?- inquirí, siguiéndole el juego&lt;br /&gt;
-¿Cómo eran tus apellidos antes de cambiártelos por “Para No”?&lt;br /&gt;
-Ah curiosa, curiosa, si estás en mood gatita vas a perder una de tus vidas por eso -le sonreí, entrecerrando mis ojos de forma pícara,  pintándole imaginariamente unos bigotes felinos en sus mejillas con la yema de mis dedos.&lt;br /&gt;
-Ay pequitas, si tu familia viviera acá, créeme que ya lo hubiera averiguado- se defendió con falso enojo, de manera infantilmente altiva: me dio la espalda como buscando refugio en su almohada, levantó el hombro y volteó su cara hacia mí para que la viera enarcando las cejas de sus ahora cerrados ojos, y tras un breve silencio de estar pensando en algo, prosiguió- porque me da pena preguntarles eso por celular- reconoció sonriendo, cambiando su semblante al de cobarde pillada. Con su teatral desfile de rostros no pude evitar reir.&lt;br /&gt;
-Es que hasta el nombre me lo di yo misma: me pusieron Ana y bien de bebé todos me decían Anita, pero como, mientras aprendí a hablar bien, yo siempre me decía era “Innita”, incluso cuando los amigos de mis familiares preguntaban mi nombre, entonces así me quedé.&lt;br /&gt;
-¿En serio?- dijo con asombro, volteando todo su cuerpo y atención hacia mí, borrando su desfile de gestos para poner una muy sincera cara de asombro.&lt;br /&gt;
-No, mentiiiras, ja ja- le dije, señalándola con mi índice que la apuntaba con mi mano a la altura de  mi nariz- La verdad es que me pusieron Nikita, pero cuando aprendí a escribir  la k me parecía muy fuerte para mí misma y siempre les armaba rabieta por esa letra, así que me inventé Innita y les lloraba si no me llamaban así.&lt;br /&gt;
-Bah, ya no te creo nada, si una vez hasta me dijiste que esa letra era de tus favoritas, quejándote que en el chat todos esos Emos la habían estropeado al sobreusarla- me dijo cerrando sus ojos y estirando su trompa en señal de sospecha- Supongo que me vendrás con mil cuentos de tus apellidos también.&lt;br /&gt;
-Ja ja, nunca lo sabrás- le dije con voz muy gruesa, imitando el tono de una villana.&lt;br /&gt;
-Mira, Reina Mala, estoy a una distancia de llamada de averiguarlo todo preguntándole a esos  Espejitos Espejitos de tu Cúcuta.&lt;br /&gt;
-¿Cómo sabes que no he pasado por esto antes y ya los tengo a todos advertidos?&lt;br /&gt;
-¡Diantres! ¡Pero ya verás que un día te llega tu Blancanieves, bruja perversa!&lt;br /&gt;
Justo en esos momentos, como si Coppola hubiera coordinado una confabulación en mi contra con Nandita, una tormenta de la peli retumbó desde el tele justo apenas ella termina su frase, y las dos nos miramos y echamos a reír. Nos contagiamos en risa larga, y cuando veo que la risa empieza a hacerle doler el estómago, me aprovecho de la situación, agarro mi almohada y se la planto sobre la cabeza, comenzando entre las dos una amotriz, torpe y  muy divertida guerra de almohadas, con risotadas que no se van a pesar que ya es a ambas a quienes nos duele la panza. Tumbadas del cansancio sobre las sábanas, las risas empezaron a disminuir, hasta que sólo se oía el deportivo agite de nuestra respiración.&lt;br /&gt;
-¿Así que no me vas a decir tus apellidos? Tú ya sabes todo mi nombre- retomó Nandita.&lt;br /&gt;
-Pero fue porque accidentalmente lo supe en boca de tu mamá. Además yo lo pude haber averiguado en Registraduría o una de esas cosas. Tu nombre es el mismo de nacimiento, buuu, no hay misterio, valiente gracia, ja ja- le dije sacándole la lengua.&lt;br /&gt;
-Uy, tan raboncita señorita Leo, pareces Sagitaria, ustedes los de fuego sí no....- me dijo, sonriendo de manera ardida.&lt;br /&gt;
-Ja ja, ahora Nandita no la cree desde que le adulé su signo Cáncer. Ay no, tan especial tú -le dije imitándole con burla y exageración su forma de hablar. Se rió, haciéndome mala cara seguida de un “grrr”, y sin importarme su tierna amenaza proseguí,  mientras le gestualizaba un “stop” con mi mano -espérate Nandita, esperáte que lea bien sobre tu signo Maya y tu signo Chino y ahí si me desquito.&lt;br /&gt;
-Las mejores guerreras no son las que posponen la afrenta en busca de armas, sino las que hacen de cualquier cosa un arma- me dijo y cogió las cuatro almohadas, dos en cada mano, y me las plantó a lado y lado de mi cabeza. Exageré una caida a los pieceros de la cama. En vez de seguirme riendo, me levanté en silencio, hurgándome los oídos, y con cara de preocupación le dije:&lt;br /&gt;
-Nandita, me has reventado los tímpanos ...&lt;br /&gt;
-¿Q... Qué?&lt;br /&gt;
-No, mentiiiiiiras, volviste a caer, ja ja ja- le dije, y al ver su cara pálida por el susto, proseguí, para cambiarle su semblante– ahora dime, señorita Espejito Espejito ¿Quién es la que hace de cualquier cosa un arma? ¿ah, ah? ¡Ja ja ja!&lt;br /&gt;
Hernanda, que casi llora por mi broma pesada, soltó una risa, como con la inercia de tantas risas que venían atrás y me linchó a almohadazos de los que no respondí, permaneciendo agazapada en el piso,  cubriéndome la cara sin dejar de reir. Al rato tomé una almohada que se le había caido y seguimos la disputa en casi igualdad de condiciones. Esincreíble la cantidad de energía que guarda el cuerpo quién sabe en dónde.&lt;br /&gt;
Largo rato después, tumbadas ya de nuevo sobre la cama, prestamos atención a los minutos finales de tan excelente peli. El cansancio que sentíamos por tanta risotada y tantos almohadazos – en mi caso, más almohadazos recibidos que propinados- era mejor para nuestro ánimo que el de haber ido al gimnasio. Le propuse irnos a duchar antes de irme a preparar el almuerzo a la cocina. Nos sentó muy bien, lo tomamos a manera de sauna malogrado: cerramos el baño y pusimos el agua muy hirviente quedándonos un rato largo entre el leve vapor que se había formado. No nos asqueó ver la sangre de nuestros sincronizados días correr por el sifón. Al salir, Hernanda, con la alegría de sentirse bien atendida y muy consentida, se sepultó de nuevo bajo las cobijas mientras yo preparaba el un rápido almuerzo:  espaguetis a la Napolitana, jugo de melón y de postre  brevas almibaradas sobre tres copos de helado de almendras. Comimos mientras el canal emitía ahora “El Curioso Caso de Benjamin Button”, pero no la terminamos de repetir, porque  Hernanda me sugirió, muy temático con nuestro día, que viéramos la tripleta de Snow White: la clásica animada de Disney junto con las dos nuevas que habían salido este año. Como su edificio tenía un baratísimo servicio HD de pay per view en unos de los canales, no tuvimos que buscarlas en internet. Nos tomó un rato mientras hicimos el pedido y las colocaron, pero no fue inconveniente el esperar. El plan de la triple tanda fue estupendo, y al acabarlo el sueño nos atraparía toda la noche. Eso sí, no pudimos evitar reirnos como bobas cada vez que salía la Bruja o el Espejito Espejito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8220962509/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 26 Nov 2012 16:37:37 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-11-26T19:32:46-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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La Alhambra, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-¿Hernanda Pilar o Pilar Hernanda?&lt;br /&gt;
-Ninguna de las dos, pequitas, es Hernanda Del Pilar. Pero no suelo usarlo completo porque Hernanda del Pilar Telar Hernández es demasiado &lt;i&gt;capicúa&lt;/i&gt;, ¿no?&lt;br /&gt;
-Bueno sí- repuse, pensativa- además que Hernanda es más tú. Aunque Pilar también es muy bonito.&lt;br /&gt;
-Mi mamá me lo dice en momentos que está muy cariñosa.&lt;br /&gt;
-Sí me di cuenta.&lt;br /&gt;
Eran las once am recién pasaditas y el sol colaba sus rayos por la pequeña apertura que entre las cortinas yo había dejado al levantarme de la cama media hora atrás, para preparar el desayuno. La dejé así,  de manera sugerida, en caso que Nandita quisiera abrirla más o, si le molestaba, cerrarla de nuevo. Pero desde la cocina, vi que las cortinas siguieron intactas. La vigilaba en la distancia, ya que un leve sollozo de Hernanda me había despertado poco antes de las siete am. La envolví entre mis brazos hasta que veinte minutos después el sueño también la envolvió. Fue su único llanto de la mañana, y del resto del día, por fortuna. A las nueve volví a despertar, y no pude volver a dormir. Mi mente estaba medio en blanco, atenta a Hernanda. A las diez y cuarenta despertó, y me dijo que tenía hambre -prácticamente todo el domingo lo pasó sin masticar alimento, con unas cinco tazas de té-, pero que no era una emergencia, no querái nada pedido a domicilio; quería algo preparado en casa y sin afanes. Así que mi menú fueron unos clásicos tofus revueltos, los cuales sazoné de extra con una salsa picante que Facunda le había traido de Acapulco dos semanas atrás; jugo de naranjas recién exprimidas; té chai con leche de almendras; tostadas integrales con mantequilla de ajonjolí, una porción compartida de espicanas verdiazules -también traídas de Acapulco- bañadas en zumo de mandarina; y medio cestico de uchuvas. Tengo que reconocer que todo lo que preparé olía exquisito, era vital que Hernanda se comiera todo. Al terminar de desayunar, de fondo teníamos menos de veinte minutos de Dracula de Coppola en el tele, que repetíamos con gusto pero sin mucha atención, tal vez de tanto que cada una la habíamos visto por separado. &lt;br /&gt;
-Aún no me has dicho algo pequitas- me dijo Hernanda con un sobreactuado puchero.&lt;br /&gt;
-¿Qué cosa, mi parvulito?- inquirí, siguiéndole el juego&lt;br /&gt;
-¿Cómo eran tus apellidos antes de cambiártelos por “Para No”?&lt;br /&gt;
-Ah curiosa, curiosa, si estás en mood gatita vas a perder una de tus vidas por eso -le sonreí, entrecerrando mis ojos de forma pícara,  pintándole imaginariamente unos bigotes felinos en sus mejillas con la yema de mis dedos.&lt;br /&gt;
-Ay pequitas, si tu familia viviera acá, créeme que ya lo hubiera averiguado- se defendió con falso enojo, de manera infantilmente altiva: me dio la espalda como buscando refugio en su almohada, levantó el hombro y volteó su cara hacia mí para que la viera enarcando las cejas de sus ahora cerrados ojos, y tras un breve silencio de estar pensando en algo, prosiguió- porque me da pena preguntarles eso por celular- reconoció sonriendo, cambiando su semblante al de cobarde pillada. Con su teatral desfile de rostros no pude evitar reir.&lt;br /&gt;
-Es que hasta el nombre me lo di yo misma: me pusieron Ana y bien de bebé todos me decían Anita, pero como, mientras aprendí a hablar bien, yo siempre me decía era “Innita”, incluso cuando los amigos de mis familiares preguntaban mi nombre, entonces así me quedé.&lt;br /&gt;
-¿En serio?- dijo con asombro, volteando todo su cuerpo y atención hacia mí, borrando su desfile de gestos para poner una muy sincera cara de asombro.&lt;br /&gt;
-No, mentiiiras, ja ja- le dije, señalándola con mi índice que la apuntaba con mi mano a la altura de  mi nariz- La verdad es que me pusieron Nikita, pero cuando aprendí a escribir  la k me parecía muy fuerte para mí misma y siempre les armaba rabieta por esa letra, así que me inventé Innita y les lloraba si no me llamaban así.&lt;br /&gt;
-Bah, ya no te creo nada, si una vez hasta me dijiste que esa letra era de tus favoritas, quejándote que en el chat todos esos Emos la habían estropeado al sobreusarla- me dijo cerrando sus ojos y estirando su trompa en señal de sospecha- Supongo que me vendrás con mil cuentos de tus apellidos también.&lt;br /&gt;
-Ja ja, nunca lo sabrás- le dije con voz muy gruesa, imitando el tono de una villana.&lt;br /&gt;
-Mira, Reina Mala, estoy a una distancia de llamada de averiguarlo todo preguntándole a esos  Espejitos Espejitos de tu Cúcuta.&lt;br /&gt;
-¿Cómo sabes que no he pasado por esto antes y ya los tengo a todos advertidos?&lt;br /&gt;
-¡Diantres! ¡Pero ya verás que un día te llega tu Blancanieves, bruja perversa!&lt;br /&gt;
Justo en esos momentos, como si Coppola hubiera coordinado una confabulación en mi contra con Nandita, una tormenta de la peli retumbó desde el tele justo apenas ella termina su frase, y las dos nos miramos y echamos a reír. Nos contagiamos en risa larga, y cuando veo que la risa empieza a hacerle doler el estómago, me aprovecho de la situación, agarro mi almohada y se la planto sobre la cabeza, comenzando entre las dos una amotriz, torpe y  muy divertida guerra de almohadas, con risotadas que no se van a pesar que ya es a ambas a quienes nos duele la panza. Tumbadas del cansancio sobre las sábanas, las risas empezaron a disminuir, hasta que sólo se oía el deportivo agite de nuestra respiración.&lt;br /&gt;
-¿Así que no me vas a decir tus apellidos? Tú ya sabes todo mi nombre- retomó Nandita.&lt;br /&gt;
-Pero fue porque accidentalmente lo supe en boca de tu mamá. Además yo lo pude haber averiguado en Registraduría o una de esas cosas. Tu nombre es el mismo de nacimiento, buuu, no hay misterio, valiente gracia, ja ja- le dije sacándole la lengua.&lt;br /&gt;
-Uy, tan raboncita señorita Leo, pareces Sagitaria, ustedes los de fuego sí no....- me dijo, sonriendo de manera ardida.&lt;br /&gt;
-Ja ja, ahora Nandita no la cree desde que le adulé su signo Cáncer. Ay no, tan especial tú -le dije imitándole con burla y exageración su forma de hablar. Se rió, haciéndome mala cara seguida de un “grrr”, y sin importarme su tierna amenaza proseguí,  mientras le gestualizaba un “stop” con mi mano -espérate Nandita, esperáte que lea bien sobre tu signo Maya y tu signo Chino y ahí si me desquito.&lt;br /&gt;
-Las mejores guerreras no son las que posponen la afrenta en busca de armas, sino las que hacen de cualquier cosa un arma- me dijo y cogió las cuatro almohadas, dos en cada mano, y me las plantó a lado y lado de mi cabeza. Exageré una caida a los pieceros de la cama. En vez de seguirme riendo, me levanté en silencio, hurgándome los oídos, y con cara de preocupación le dije:&lt;br /&gt;
-Nandita, me has reventado los tímpanos ...&lt;br /&gt;
-¿Q... Qué?&lt;br /&gt;
-No, mentiiiiiiras, volviste a caer, ja ja ja- le dije, y al ver su cara pálida por el susto, proseguí, para cambiarle su semblante– ahora dime, señorita Espejito Espejito ¿Quién es la que hace de cualquier cosa un arma? ¿ah, ah? ¡Ja ja ja!&lt;br /&gt;
Hernanda, que casi llora por mi broma pesada, soltó una risa, como con la inercia de tantas risas que venían atrás y me linchó a almohadazos de los que no respondí, permaneciendo agazapada en el piso,  cubriéndome la cara sin dejar de reir. Al rato tomé una almohada que se le había caido y seguimos la disputa en casi igualdad de condiciones. Esincreíble la cantidad de energía que guarda el cuerpo quién sabe en dónde.&lt;br /&gt;
Largo rato después, tumbadas ya de nuevo sobre la cama, prestamos atención a los minutos finales de tan excelente peli. El cansancio que sentíamos por tanta risotada y tantos almohadazos – en mi caso, más almohadazos recibidos que propinados- era mejor para nuestro ánimo que el de haber ido al gimnasio. Le propuse irnos a duchar antes de irme a preparar el almuerzo a la cocina. Nos sentó muy bien, lo tomamos a manera de sauna malogrado: cerramos el baño y pusimos el agua muy hirviente quedándonos un rato largo entre el leve vapor que se había formado. No nos asqueó ver la sangre de nuestros sincronizados días correr por el sifón. Al salir, Hernanda, con la alegría de sentirse bien atendida y muy consentida, se sepultó de nuevo bajo las cobijas mientras yo preparaba el un rápido almuerzo:  espaguetis a la Napolitana, jugo de melón y de postre  brevas almibaradas sobre tres copos de helado de almendras. Comimos mientras el canal emitía ahora “El Curioso Caso de Benjamin Button”, pero no la terminamos de repetir, porque  Hernanda me sugirió, muy temático con nuestro día, que viéramos la tripleta de Snow White: la clásica animada de Disney junto con las dos nuevas que habían salido este año. Como su edificio tenía un baratísimo servicio HD de pay per view en unos de los canales, no tuvimos que buscarlas en internet. Nos tomó un rato mientras hicimos el pedido y las colocaron, pero no fue inconveniente el esperar. El plan de la triple tanda fue estupendo, y al acabarlo el sueño nos atraparía toda la noche. Eso sí, no pudimos evitar reirnos como bobas cada vez que salía la Bruja o el Espejito Espejito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8220962509/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</media:description>
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			<title>Menorrealista Records</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8212080768/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8212080768/&quot; title=&quot;Menorrealista Records&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8201/8212080768_ba702642f0_m.jpg&quot; width=&quot;200&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;Menorrealista Records&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Viernes, 23 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Bogotá, Colombia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sé por qué tuve una pesadilla en la madrugada, si fue noche de celebración. Anoche, al salir de la reunión rumbo a mi casita, donde me esperaba Hernanda, la llamé eufórica. Estaba contenta, más que contenta, histérica de la felicidad por lo de empezar a grabar mi debut en el estudio de Médula. Oyéndome así, Nandita me convidó a festejar en un nuevo bar, apenas en su tercer jueves de haber abierto; uno de los socios era el novio de una amiga de una prima. Concorde, localizado por la sesenta y siete con novena, era trés chic, cuyo menú auditivo se componía, aparte de alguno que otra cancioncita del electroclash actual, de french house dosmilero, dance noventero, new wave ochentero y disco setentero. Al abrir la puerta de mi apartamento, ví que me tenía una cena de luces apagadas y velas prendidas, alumbrando aquel carísimo y exótico platillo de spaguettis en picante salsa azul aguamarina que tanto disfruto pedir a domicilio, pero que pocas veces lo hago; Nandita corría con los gastos de la noche. &lt;br /&gt;
-Esta noche todo va por mi cuenta- me dijo, sacando todo el dinero de mi bolsito para que no fuera a gastar nada en el bar.&lt;br /&gt;
Brindamos, cenamos, nos duchamos juntas, nos arreglamos y como Hernanda no quería que en pleno festejo yo me encartara con la camioneta y parqueaderos, salimos en taxi para el bar casi sobre las once; sí, Hernanda sabe conducir pero la verdad no le gusta ni poquito, se estresa. Aunque la idea era estar sólo un ratico dado mi trabajo de instructora de ocho am, lo cierto es que yo estaba tan feliz, Hernanda estaba tan guapa, y la música del bar se mantuvo en tan deliciosa racha de canciones bien combinadas, que salimos de allí a las dos am pasadas. Fuimos a su apartamento, tal como lo habíamos planeado incluso antes de darle la noticia de Médula; rendidas de tanto baile, nos metimos veinte minutos en ducha muy caliente, y fuimos vencidas por el sueño después de tontear un rato jugando en la alcoba haciendo pasarela topless, desfilando sólo en panties.&lt;br /&gt;
No había, pues, ni la más mínima razón para un mal sueño. De nuevo con mi tez muy pálida, me hallaba otra vez en ese ambiente post-apocalíptico que soñé casi dos meses atrás: eran ya varias veces de ese sueño. No sé si llamarlo recurrente, porque sólo lo tenía una o dos veces por año desde hace seis. Esta vez, sin embargo, fue más nítido y más largo. Yo hacía parte de una tribu albina que estaba atrincherada en un gran edificio. Estaba deteriorado, venido a menos por la humedad y el abandono, y sus paredes estaban lleno de un muy particular  moho. Aunque pareciera irreconocible, sin duda alguna estábamos en lo que fuera la Biblioteca Luis Ángel Arango. Yo dormía en unas improvisadas camas sobre las mesas del tercer piso. Llovía, siempre llovía, pero no se veía pues todas las ventanas estaban cubiertas intencionalmente con cartones y tablas, para que desde afuera no se supiera que estábamos ocultos allí. No había electricidad, así que la información que buscábamos tocaba hallarla de la manera antigua: en los libros. Yo no estaba en ellos, mi rol estaba en la divisón de “cocina”, es decir, me encargaba de preparar el alimento, pero no prendíamos fogones. La hacíamos en una rara destilería que no funcionaba con fuego; sueño al fin y al cabo. La chica que estaba al mando nos despertó a mí y a otras tres personas; nos tocaba traer más alimento. Bajamos hasta el primer piso,  y entre las cuatro personas desenrollamos, de la antigua sala de computadores, una extraña y larguísima manguera ancha y larga, de gruesa constitución, hecha como de bejucos, guadua,  y tallos exóticos. Nos dirigimos, temerosos,  a la puerta principal de la Biblioteca. Al abrirla, lo que desde adentro se oía como lluvia, era en realidad un fuerte aguacero escarlata. El cielo lloraba sangre. Bajamos las escaleras, empapándonos de inmediato bajo ese pesado clima rojo. Y antes de colocar la manguera hacia arriba, tres individuos, igual de pálidos pero con una gruesa línea roja bajando desde su boca, saltaron, no sé de donde, y arremetieron contra nosotros. Quienes estaban conmigo alcanzaron a entrar de nuevo a la Bibliotexa y cerraron la puerta, sin notar que me había quedado por fuera, dejándome sola a merced de ellos.  Mi corazón se aceleró, lo que pareció emocionarlos más, y uno de ellos, la única hembra, abrió su boca llena de filudos y dispares colmillos, clavándolos más abajo de mi vientre, casi como queriendo devorar  mis ovarios.&lt;br /&gt;
Desperté. &lt;br /&gt;
Estaba paralizada del susto, por lo cual no hice bulla y por ello Hernanda no despertó. Lo primero que hice cuando me pude mover fue colocar instintivamente mis manos sobre mi vientre bajo, pero no había mordida ni herida, sólo estaba mi pantie. Toqué más abajo, y sentí la sangre: me había llegado el período. Reaccioné y me dió pena imaginar que había manchado las cobijas de Hernanda. Para mi alivio, no. Riéndome muy pasito pero muy nerviosa por lo absurdo que era ese momento, mezcla de civilizado decoro higiénico tras una pesadilla en un mundo destruido y salvaje, me levanté y me fui al baño con mi bolsito, pues antes del salir del bar sabía que era mi veintitrés del mes y me fui preparada. Menos mal que en mi casita Hernanda no había sacado de mi bolso mis toallitas.  Acurrucada en la ducha, me lavé entre mis piernas con un leve chorrito de la regadera, suplicando que Hernanda no se fuera a despertar. Me sequé con pañuelos, me puse el protector y en el lavamanos quité las dos gotitas de sangre del pantie prestado de Hernanda. Me lo puse de nuevo. Suspiré con nuevo alivio y salí.&lt;br /&gt;
Ya bajo sábanas, la dormilona no se percató de nada. La pesadilla sine mbargo, me quitó el sueño y mi mente divagó largo rato. De noche, aunque la mente está más cansada por el trajín del día, el aire es más finito y el pensar adqueire un tono más grandilocuente. Cada idea parece inmensa, aún cuando muchas de ellas, en el aterrizar de la mañana siguiente, pierdan mucho de su nocturna y sobrevalorada importancia. Aún así, me dejé llevar en mi vigilia, dejando fluir mis pensamientos en una atmósfera de epifanía, por más ridículos que me pudieran resultar en la mañana. Pensé sobre la guerra salvaje de mi pesadilla, y mi pequeña enfermería en el baño. Pensé sobre guerras y hombres, y sobre mujeres y menstruaciones. Y empecé a tejer conjeturas. Tal vez las mujeres empecemos más batallas pasionales, pero la Historia ha mostrado que es el género masculino quien ha iniciado la mayoría de las guerras políticas. ¿Si el género masculino sangrara cada mes, su sed por la guerra se vería saciada? Mmm, quizás. De hecho, el estigma de la mujer menopáusica es de ser una mujer agresiva, insoportable. La menstruación equilibra. Pero, ¿por qué dicen que toda mujer en sus días es también insoportable? En lo que mí respecta es mito urbano. A decir verdad, yo daría fe que muy pocas de las mujeres que conozco se vuelven cansonas durante su período. De hecho, muchas se vuelven simplemente más vulnerables, más sensibles, taciturnas y melancólicas. Y no a todas; por ejemplo a mí no me pasa nada de eso; para mí es casi como un estornudo, ja ja. Incluso a veces, como hace un rato atrás, me ha tocado revisar mi pantie  a ver si fue que ya me llegó. La menstruación viene a ser entonces una catarsis natural, una limpieza cíclica contra la dura realidad, je je. Suena bien, suena bien. Claro, eso es. Eureka. Oh, despreciado insomnio, a veces haces cosas buenas.&lt;br /&gt;
Mi mente, satisfecha, descansó.&lt;br /&gt;
Quedé profunda.&lt;br /&gt;
-Son las siete, pequitas- Hernanda me despertó cariñosamente, tocándome con levedad el hombro. Ronroneando sin desenrollarme aún de las cobijas, me voltée a verla. La antropóloga, despelucada, con cara de menos sueño que la mía, estaba apoyada en cuatro, con sus manos y rodillas a lado y lado de mis peirnas. Con su cara sobre mí, hacia adelante, vistiendo sólo una ancha camiseta, veía que por su escotado cuello sus pequeños senos despuntaban sus deliciosos pezones. Esa panórámica fue para mí como oirle decir “buenos días”. Cansada pero feliz, le despliegué una sonrisa con picardía, tras mi mirada de voyeur sobre su busto. Nos quedamos calladas y quietas viéndonos unos segundos. Era placentero.&lt;br /&gt;
-Menorrealista Records- interrumpí, así de la nada.&lt;br /&gt;
-¿... Qué?- su ceño fruncido enfatizaba el despiste de sus palabras por las mías.&lt;br /&gt;
-Menorrealista Records, es el nombre que le pondré a mi sello musical. Médula quiere que mi proyecto sea manejado como un todo aparte de su sello, Ahogado Records.&lt;br /&gt;
-Ahm, ahm- repuso, entendiendo apenas la mitad de mi explicación- ¿pero Menorrealista Records qué significa? Bueno, sé que menorrea alude a la menstruación.&lt;br /&gt;
-Sí, es por eso, más el “ismo” de movimiento, un nombre muy femenino, pero que sonara un poquito mamerto, un poquito presumido- le intenté explicar, riéndome sola. Sin sentir que explicara, proseguí- ¿a tí te dan duros los cólicos?&lt;br /&gt;
-La verdad no, bueno ...a veces, como una vez al año- me dijo, con la mirada hacia arriba, haciendo cuentas- de resto, es casi como una gripa leve.&lt;br /&gt;
Me sonrojé por la coincidencia con lo que yo había pensado horas atrás.&lt;br /&gt;
-De madrugada desperté- le dije y me volví a sonrojar, pero no quise darle detalles, al menos no ahorita- y me puse a pensar temas dispares, sobre el período, y las guerras y la dura realidad. Y cómo la menstruación quizás  hace menos violentas a las mujeres, ciclo que no tienen los hombres  y les toca hacer su catarsis exteriormente, fuera de su cuerpo.&lt;br /&gt;
-Interesante. Bueno sí, estadísticamente la criminalidad es más de la población masculina -me dijo-, entonces, pequitas, hagamos el amor no la guerra -concluyó, cayendo a manera de avalancha sobre mí,  como para dejar por terminado el tema. &lt;br /&gt;
Nuestra batalla de besos fue breve, pedí tregua para ducharme; no quería seguir llegando tarde al trabajo, aparte que me daría muchisísima pena si sus dedos se colaran entre mis piernas, topándose con este otro tipo de humedad. Al llegar al trabajo, no pude contenerme el ocultarle eso y la llamé para contarle la razón del por qué de nuestro contactus interruptus, y se echó a reír, algo enternecida por mi timidez sobre el asunto. Luego,  mi celu timbró.&lt;br /&gt;
-Hola Innita, ¿tienes un tiempito en la tarde?- me preguntó Médula. Estaba rumbo a almorzar con Hernanda- Es que quiero hacer unas primeras pruebas de voz para “The End”&lt;br /&gt;
-Uy, sí, claro que sí, toca de nuevo bien tardecito, después de dictar mi clase de guitarra- le dije, animada al percibir su interés, con lo cual aproveché y le conté- mira, ya le tengo un nombre a mi sello.&lt;br /&gt;
-¿Tan rápido?, vea pues ¿y cómo es?&lt;br /&gt;
-Menorrealista Records- le dije, visiblemente orgullosa.&lt;br /&gt;
-Muy sonoro, me gusta, me gusta, suena como a surrealista ¿no?&lt;br /&gt;
-Sí, es por eso- le dije llevándole la corriente; no quería volver a hablar, ahora mismo, de mi teoría de guerras y menstruación con un hombre.&lt;br /&gt;
-Listo el nombre entonces. Nos vemos en la tarde. Chao Innita, un abrazo.&lt;br /&gt;
-Ajá. Chao Médula, un abrazo.&lt;br /&gt;
Tal vez seguí obsesionada en silencio con el asunto escarlata durante todo el día, pero esa noche canté muy afinada, muy precisa, muy animada; mi voz se hallaba en un buen período.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8210833093/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 23 Nov 2012 11:26:38 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-11-23T14:22:54-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/noparainnita/">nobody@flickr.com (no para innita)</author>
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    <media:title>Menorrealista Records</media:title>
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Bogotá, Colombia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sé por qué tuve una pesadilla en la madrugada, si fue noche de celebración. Anoche, al salir de la reunión rumbo a mi casita, donde me esperaba Hernanda, la llamé eufórica. Estaba contenta, más que contenta, histérica de la felicidad por lo de empezar a grabar mi debut en el estudio de Médula. Oyéndome así, Nandita me convidó a festejar en un nuevo bar, apenas en su tercer jueves de haber abierto; uno de los socios era el novio de una amiga de una prima. Concorde, localizado por la sesenta y siete con novena, era trés chic, cuyo menú auditivo se componía, aparte de alguno que otra cancioncita del electroclash actual, de french house dosmilero, dance noventero, new wave ochentero y disco setentero. Al abrir la puerta de mi apartamento, ví que me tenía una cena de luces apagadas y velas prendidas, alumbrando aquel carísimo y exótico platillo de spaguettis en picante salsa azul aguamarina que tanto disfruto pedir a domicilio, pero que pocas veces lo hago; Nandita corría con los gastos de la noche. &lt;br /&gt;
-Esta noche todo va por mi cuenta- me dijo, sacando todo el dinero de mi bolsito para que no fuera a gastar nada en el bar.&lt;br /&gt;
Brindamos, cenamos, nos duchamos juntas, nos arreglamos y como Hernanda no quería que en pleno festejo yo me encartara con la camioneta y parqueaderos, salimos en taxi para el bar casi sobre las once; sí, Hernanda sabe conducir pero la verdad no le gusta ni poquito, se estresa. Aunque la idea era estar sólo un ratico dado mi trabajo de instructora de ocho am, lo cierto es que yo estaba tan feliz, Hernanda estaba tan guapa, y la música del bar se mantuvo en tan deliciosa racha de canciones bien combinadas, que salimos de allí a las dos am pasadas. Fuimos a su apartamento, tal como lo habíamos planeado incluso antes de darle la noticia de Médula; rendidas de tanto baile, nos metimos veinte minutos en ducha muy caliente, y fuimos vencidas por el sueño después de tontear un rato jugando en la alcoba haciendo pasarela topless, desfilando sólo en panties.&lt;br /&gt;
No había, pues, ni la más mínima razón para un mal sueño. De nuevo con mi tez muy pálida, me hallaba otra vez en ese ambiente post-apocalíptico que soñé casi dos meses atrás: eran ya varias veces de ese sueño. No sé si llamarlo recurrente, porque sólo lo tenía una o dos veces por año desde hace seis. Esta vez, sin embargo, fue más nítido y más largo. Yo hacía parte de una tribu albina que estaba atrincherada en un gran edificio. Estaba deteriorado, venido a menos por la humedad y el abandono, y sus paredes estaban lleno de un muy particular  moho. Aunque pareciera irreconocible, sin duda alguna estábamos en lo que fuera la Biblioteca Luis Ángel Arango. Yo dormía en unas improvisadas camas sobre las mesas del tercer piso. Llovía, siempre llovía, pero no se veía pues todas las ventanas estaban cubiertas intencionalmente con cartones y tablas, para que desde afuera no se supiera que estábamos ocultos allí. No había electricidad, así que la información que buscábamos tocaba hallarla de la manera antigua: en los libros. Yo no estaba en ellos, mi rol estaba en la divisón de “cocina”, es decir, me encargaba de preparar el alimento, pero no prendíamos fogones. La hacíamos en una rara destilería que no funcionaba con fuego; sueño al fin y al cabo. La chica que estaba al mando nos despertó a mí y a otras tres personas; nos tocaba traer más alimento. Bajamos hasta el primer piso,  y entre las cuatro personas desenrollamos, de la antigua sala de computadores, una extraña y larguísima manguera ancha y larga, de gruesa constitución, hecha como de bejucos, guadua,  y tallos exóticos. Nos dirigimos, temerosos,  a la puerta principal de la Biblioteca. Al abrirla, lo que desde adentro se oía como lluvia, era en realidad un fuerte aguacero escarlata. El cielo lloraba sangre. Bajamos las escaleras, empapándonos de inmediato bajo ese pesado clima rojo. Y antes de colocar la manguera hacia arriba, tres individuos, igual de pálidos pero con una gruesa línea roja bajando desde su boca, saltaron, no sé de donde, y arremetieron contra nosotros. Quienes estaban conmigo alcanzaron a entrar de nuevo a la Bibliotexa y cerraron la puerta, sin notar que me había quedado por fuera, dejándome sola a merced de ellos.  Mi corazón se aceleró, lo que pareció emocionarlos más, y uno de ellos, la única hembra, abrió su boca llena de filudos y dispares colmillos, clavándolos más abajo de mi vientre, casi como queriendo devorar  mis ovarios.&lt;br /&gt;
Desperté. &lt;br /&gt;
Estaba paralizada del susto, por lo cual no hice bulla y por ello Hernanda no despertó. Lo primero que hice cuando me pude mover fue colocar instintivamente mis manos sobre mi vientre bajo, pero no había mordida ni herida, sólo estaba mi pantie. Toqué más abajo, y sentí la sangre: me había llegado el período. Reaccioné y me dió pena imaginar que había manchado las cobijas de Hernanda. Para mi alivio, no. Riéndome muy pasito pero muy nerviosa por lo absurdo que era ese momento, mezcla de civilizado decoro higiénico tras una pesadilla en un mundo destruido y salvaje, me levanté y me fui al baño con mi bolsito, pues antes del salir del bar sabía que era mi veintitrés del mes y me fui preparada. Menos mal que en mi casita Hernanda no había sacado de mi bolso mis toallitas.  Acurrucada en la ducha, me lavé entre mis piernas con un leve chorrito de la regadera, suplicando que Hernanda no se fuera a despertar. Me sequé con pañuelos, me puse el protector y en el lavamanos quité las dos gotitas de sangre del pantie prestado de Hernanda. Me lo puse de nuevo. Suspiré con nuevo alivio y salí.&lt;br /&gt;
Ya bajo sábanas, la dormilona no se percató de nada. La pesadilla sine mbargo, me quitó el sueño y mi mente divagó largo rato. De noche, aunque la mente está más cansada por el trajín del día, el aire es más finito y el pensar adqueire un tono más grandilocuente. Cada idea parece inmensa, aún cuando muchas de ellas, en el aterrizar de la mañana siguiente, pierdan mucho de su nocturna y sobrevalorada importancia. Aún así, me dejé llevar en mi vigilia, dejando fluir mis pensamientos en una atmósfera de epifanía, por más ridículos que me pudieran resultar en la mañana. Pensé sobre la guerra salvaje de mi pesadilla, y mi pequeña enfermería en el baño. Pensé sobre guerras y hombres, y sobre mujeres y menstruaciones. Y empecé a tejer conjeturas. Tal vez las mujeres empecemos más batallas pasionales, pero la Historia ha mostrado que es el género masculino quien ha iniciado la mayoría de las guerras políticas. ¿Si el género masculino sangrara cada mes, su sed por la guerra se vería saciada? Mmm, quizás. De hecho, el estigma de la mujer menopáusica es de ser una mujer agresiva, insoportable. La menstruación equilibra. Pero, ¿por qué dicen que toda mujer en sus días es también insoportable? En lo que mí respecta es mito urbano. A decir verdad, yo daría fe que muy pocas de las mujeres que conozco se vuelven cansonas durante su período. De hecho, muchas se vuelven simplemente más vulnerables, más sensibles, taciturnas y melancólicas. Y no a todas; por ejemplo a mí no me pasa nada de eso; para mí es casi como un estornudo, ja ja. Incluso a veces, como hace un rato atrás, me ha tocado revisar mi pantie  a ver si fue que ya me llegó. La menstruación viene a ser entonces una catarsis natural, una limpieza cíclica contra la dura realidad, je je. Suena bien, suena bien. Claro, eso es. Eureka. Oh, despreciado insomnio, a veces haces cosas buenas.&lt;br /&gt;
Mi mente, satisfecha, descansó.&lt;br /&gt;
Quedé profunda.&lt;br /&gt;
-Son las siete, pequitas- Hernanda me despertó cariñosamente, tocándome con levedad el hombro. Ronroneando sin desenrollarme aún de las cobijas, me voltée a verla. La antropóloga, despelucada, con cara de menos sueño que la mía, estaba apoyada en cuatro, con sus manos y rodillas a lado y lado de mis peirnas. Con su cara sobre mí, hacia adelante, vistiendo sólo una ancha camiseta, veía que por su escotado cuello sus pequeños senos despuntaban sus deliciosos pezones. Esa panórámica fue para mí como oirle decir “buenos días”. Cansada pero feliz, le despliegué una sonrisa con picardía, tras mi mirada de voyeur sobre su busto. Nos quedamos calladas y quietas viéndonos unos segundos. Era placentero.&lt;br /&gt;
-Menorrealista Records- interrumpí, así de la nada.&lt;br /&gt;
-¿... Qué?- su ceño fruncido enfatizaba el despiste de sus palabras por las mías.&lt;br /&gt;
-Menorrealista Records, es el nombre que le pondré a mi sello musical. Médula quiere que mi proyecto sea manejado como un todo aparte de su sello, Ahogado Records.&lt;br /&gt;
-Ahm, ahm- repuso, entendiendo apenas la mitad de mi explicación- ¿pero Menorrealista Records qué significa? Bueno, sé que menorrea alude a la menstruación.&lt;br /&gt;
-Sí, es por eso, más el “ismo” de movimiento, un nombre muy femenino, pero que sonara un poquito mamerto, un poquito presumido- le intenté explicar, riéndome sola. Sin sentir que explicara, proseguí- ¿a tí te dan duros los cólicos?&lt;br /&gt;
-La verdad no, bueno ...a veces, como una vez al año- me dijo, con la mirada hacia arriba, haciendo cuentas- de resto, es casi como una gripa leve.&lt;br /&gt;
Me sonrojé por la coincidencia con lo que yo había pensado horas atrás.&lt;br /&gt;
-De madrugada desperté- le dije y me volví a sonrojar, pero no quise darle detalles, al menos no ahorita- y me puse a pensar temas dispares, sobre el período, y las guerras y la dura realidad. Y cómo la menstruación quizás  hace menos violentas a las mujeres, ciclo que no tienen los hombres  y les toca hacer su catarsis exteriormente, fuera de su cuerpo.&lt;br /&gt;
-Interesante. Bueno sí, estadísticamente la criminalidad es más de la población masculina -me dijo-, entonces, pequitas, hagamos el amor no la guerra -concluyó, cayendo a manera de avalancha sobre mí,  como para dejar por terminado el tema. &lt;br /&gt;
Nuestra batalla de besos fue breve, pedí tregua para ducharme; no quería seguir llegando tarde al trabajo, aparte que me daría muchisísima pena si sus dedos se colaran entre mis piernas, topándose con este otro tipo de humedad. Al llegar al trabajo, no pude contenerme el ocultarle eso y la llamé para contarle la razón del por qué de nuestro contactus interruptus, y se echó a reír, algo enternecida por mi timidez sobre el asunto. Luego,  mi celu timbró.&lt;br /&gt;
-Hola Innita, ¿tienes un tiempito en la tarde?- me preguntó Médula. Estaba rumbo a almorzar con Hernanda- Es que quiero hacer unas primeras pruebas de voz para “The End”&lt;br /&gt;
-Uy, sí, claro que sí, toca de nuevo bien tardecito, después de dictar mi clase de guitarra- le dije, animada al percibir su interés, con lo cual aproveché y le conté- mira, ya le tengo un nombre a mi sello.&lt;br /&gt;
-¿Tan rápido?, vea pues ¿y cómo es?&lt;br /&gt;
-Menorrealista Records- le dije, visiblemente orgullosa.&lt;br /&gt;
-Muy sonoro, me gusta, me gusta, suena como a surrealista ¿no?&lt;br /&gt;
-Sí, es por eso- le dije llevándole la corriente; no quería volver a hablar, ahora mismo, de mi teoría de guerras y menstruación con un hombre.&lt;br /&gt;
-Listo el nombre entonces. Nos vemos en la tarde. Chao Innita, un abrazo.&lt;br /&gt;
-Ajá. Chao Médula, un abrazo.&lt;br /&gt;
Tal vez seguí obsesionada en silencio con el asunto escarlata durante todo el día, pero esa noche canté muy afinada, muy precisa, muy animada; mi voz se hallaba en un buen período.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8210833093/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>Ya ves mi amor siamés, estoy donde tú estés.</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8208501395/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8208501395/&quot; title=&quot;Ya ves mi amor siamés, estoy donde tú estés.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8341/8208501395_bfc015387a_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;158&quot; alt=&quot;Ya ves mi amor siamés, estoy donde tú estés.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Jueves, 22 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Bogotá, Colombia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los rayos de sol laceraban el blackout de mi alcoba, regañándolo, por impedirles tener una plática mañanera conmigo. Aún así, intercedí por la tela de la discordia ante la estrella, con un rápido parpadear de mis ojos, dándome cuenta que estaba entredormida y estaba mezclando mi tardío despertar con un sueño que no era sueño. De hecho, estando bien despierta a veces podía sentir como si las cosas se comunicaran, no en palabras ni con sonidos, pero sí desde lo que fueran sus mentes con la mía. Es en ese estado de duermevela, o más bien, en este caso, de despertavela, cuando las ideas revolotean mucho más libres, sin sentir hacer el ridículo ante los límites morrongos de la racionalidad. Habiendo dado esto por sentado, la estrella sol y mi blackout hicieron las paces.&lt;br /&gt;
-Buenos días pequitas, son las nueve pasadas, pero no te preocupes, tu jefa Josefa te llamó a eso de las siete y media: los alumnos cancelaron tus dos primeros turnos- me dijo Hernanda, quien parecía estar levantada hace rato, ya duchada y arreglada, y quien me había dejado seguir durmiendo. Inusual, siendo que la dormilona de las dos es ella.&lt;br /&gt;
-Eres un sol, Nandita, después del caótico día de ayer...&lt;br /&gt;
-... y la erótica noche de ayer...- me recordó, con una sonrisa tan inocente como lasciva, volteando de nuevo a teclear en su laptop lo que parecía estar haciendo su oficio de traductora. Qué cómodo un trabajo así, que puede adelantarse casi en cualquier espacio y a cualquier hora. Me quedé un rato ahí, contemplándola. Se veía tan bonita, tan juiciosa con su gesto de buscar la palabra más adecuada para redondear el mismo significado de la frase que salta de idioma a idioma. &lt;br /&gt;
-Necesito un nuevo par de gafas ...- dijo, concentrada en su texto, pareciendo estar hablando sola.&lt;br /&gt;
-¿Gafas? No sabía que usaras gafas- le dije, algo sorprendida.&lt;br /&gt;
-Es porque hace más de dos meses que no las uso. Y tú y yo apenas nos conocemos hace ...- miró la fecha de hoy en su laptop y prosiguió- veintitrés días. Mis lentes se me rompieron en una, ejem, borrachera, y he usado ese impase como excusa para no depender tanto de ellas. Además, no son gafas permanentes, son sólo para lectura. Y lo que tengo es leve, pero a veces me da un poquito de dolor de cabeza, más cuando leo en el compu, y más cuando tengo, ehm, resaca sexual, je je.&lt;br /&gt;
Su tonto comentario me hizo reir y me antojé de abrazarla desde atrás, dejando atrás mi almohada y clavando con cariño  mi mentón sobre su clavícula izquierda. Sí, eran sólo tres semanas que llevábamos de conocidas, pero tantas cosas se nos han dado de manera tan automática con Hernanda que había perdido la noción del tiempo. Me daba curiosidad saber muchas cosas de ella, de su pasado, pero a la vez no soy de las que escarba ni anda de preguntona si el ambiente parece no requerirlo. Al igual que con el asunto de sus lentes, las cosas puntuales sobre ella se me iban revelando en la medida que el presente las iba mostrando.&lt;br /&gt;
-¿Sabes Nandita? Las gafas siempre me han parecido un toque sexy. Es como una barrera, una prenda más a quitar.&lt;br /&gt;
-Ja ja, ¿las gafas son el liguero en un rostro?&lt;br /&gt;
-Ja ja, algo así.&lt;br /&gt;
Volteó su rostro sobre el mío, y se hubiera desencadenado una serie de eventos cariñosos que nos hubieran llevado al despliegue carnal de pliegues y saliva, si no es por que mi teléfono timbra anunciando que es Médula quien llama.&lt;br /&gt;
-Hola Médula, ¿cómo vas?- dije, logrando disimular el jadeo alterado de mi voz.&lt;br /&gt;
-Hola Innita, ¿nos podemos ver hoy? Tengo una propuesta que seguro te gustará.&lt;br /&gt;
-Uy, dime dime- repuse intrigada.&lt;br /&gt;
-Pues veámonos y te cuento todo con detalles.&lt;br /&gt;
Hoy dictaba la segunda clase de guitarra a Matildo y Marcelo Estupiñán, los adolescentes gemelos, así que le propuse a Médula vernos ya entrada la tardecita, en su estudio. Quedamos en eso, y tras colgar, retomamos besos y caricias con Hernanda, pero me auto-interrumpí porque tenía que ducharme rápido, arreglarme y salir volada en mi camioneta para dictar la clase  correspondiente al turno de diez.&lt;br /&gt;
-Almorcemos aquí, pequitas, yo me quedo adelantando trabajo aquí todo el día y en la noche si quieres vamos a mi apartamento. ¿te parece?&lt;br /&gt;
-Claro que sí, Nandita.&lt;br /&gt;
No sabía con exactitud qué me plantearía Médula, pero la cordialidad de sus palabras me decía que era algo bueno. Con esta pequeña emoción e intriga, disfruté de manera desapegada  el resto de la mañana y tarde, tanto en las clases de conducir como en las de música. La extravagante casona  de los gemelos aún me impresionaba, pero estaba tan contenta con mis propias pequeñas cosas del presente que estar en ese castillo de tiempos modernos me resultó secundario. Rumbo a la reunión con Médula, entoné repetidamente en mi camioneta una de mis canciones incompletas, de esas de tono alegre, mezcla de &lt;i&gt;dance&lt;/i&gt; e &lt;i&gt;industrial&lt;/i&gt;, a la que aún no le tengo ni el coro ni título:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Nací cuando te vi&lt;br /&gt;
Te oí y casi morí&lt;br /&gt;
Mi piel continúa en ti&lt;br /&gt;
Estás pegada a mí&lt;br /&gt;
Ya ves mi amor siamés&lt;br /&gt;
Estoy donde tú estés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lágrimas dibujé&lt;br /&gt;
Tu hogar dentro de mí&lt;br /&gt;
Te olí y me sonrojé&lt;br /&gt;
Por  fin dijimos sí&lt;br /&gt;
Mi nombre diluí&lt;br /&gt;
En tus labios carmesí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besas mi cicatriz&lt;br /&gt;
Mi más  sincera actriz&lt;br /&gt;
Amar mi sangre en ti&lt;br /&gt;
Tocar tu sueño en mí&lt;br /&gt;
Tu risa sobre mí&lt;br /&gt;
Un sin final feliz&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en los estudios ZéTsé, desde el ventanal de su sala de reuniones, un anaranjado residual agonizaba teatralmente en el cielo; era el sol escondiendo con bello melodrama su luz al planeta, relevando a la luna y las estrellas su turno de brindarnos luz. Médula trajo cerveza negra para él y jugo de mora para mí, y luego de saludarnos y tontear un poco sobre las anécdotas de nuestro día, el ocaso tras el vidrio parecía ceremoniar su propuesta, quien sin más rodeos la condensó en:&lt;br /&gt;
-Innita, anoche caí en cuenta que falta un mes para que sea el famoso &lt;i&gt;21 de diciembre Maya&lt;/i&gt;. ¿Qué mejor que lanzar ese viernes un adelanto de lo que será tu primer álbum, con tu canción “The End”? &lt;br /&gt;
Me dejó boquiabierta. Sonaba muy bien, la ironía era perfecta, muy como yo la quería, pero me avergonzaba un poco tener que decirle sobre la producción:&lt;br /&gt;
-Suena encantador, Médula, siempre he querido que The End sea el primer single, pero prefiero decirte esto de una vez: no creo poder cubrir los gastos para grabarla, mezclarla, masterizarla. Es decir, no podría conseguir todo el dinero para tan corto tiempo, tengo deudas que ando pagando de mis clases, y hace poco compré unos finísimos pero carísmos pedales que me descompletaron mis cuentas- le repuse, con sinceridad. Estábamos a ocho días de diciembre y pensar en pedirles un nuevo préstamo a mi familia era incómodo para ambas partes. Ya habían hecho bastante con haberme pagado el arriendo de medio año acá en Bogotá, sin contar con el esfuerzo que hicieron para terminar de pagar mi camioneta.&lt;br /&gt;
-¿Pero sí te gusta la idea?&lt;br /&gt;
-Cómo no me va a gustar, Médula. No sólo me gusta, me fascina.&lt;br /&gt;
-Entonces déjame te termino de contar todo. Los gastos de producir tu primer sencillo, digamos que es una inversión que yo hago. Yo tomo el riesgo y la asumo. No es un préstamo ni nada por el estilo. No te voy a amarrar con una preocupación más; pero eso sí, el  compromiso es que hagamos contrato de exclusividad. Habrá quizás que hacerle muchos ajustes a “The End” para que te represente más. Sobre ese sencillo hago mi apuesta a ti como artista revelación de mi estudio. Podemos, es más, deberíamos hacer un sello diferente para contigo, ya que es como un negocio aparte del lineamiento general de mi sello, por aquello que tengo socios, incluída mi esposa en ellos. Es bajista, si te gusta, hasta podríamos tenerla en el día del evento, de hablarlo me voy entusiaismando y se me van ocurriendo más ideas que proponerte. ¿Ves? Por cosas así quiero manejar tu proyecto como una, mmm, cómo decir, como una causa personal. Sólo tener que lidiar contigo para todas las decisiones. Y lo que pase después, pues ya veremos. Presiento que pasarán grandes cosas. Es que no habías sido descubierta, Innita. Ya verás.&lt;br /&gt;
La seguridad que las palabras de Médula emitían me estaba contagiando. Y no estaba improvisando, su sello ya contaba con seis bandas. Yo sería la primera solista. Tal vez eso era parte de su interés, lidiar con una sola persona siempre es más fácil, al menos acá en Colombia.  Aunque no me gusta su música, Juanes y Shakira eran la muestra.  La única banda que había logrado vigencia y trascendencia a nivel internacional era Los Aterciopelados, y son apenas un dúo. En la actualidad,  Monsieur Periné estaba dando de qué hablar, pero a mí me parecen que son más una banda de Pop-fusión que de rock como tal. No importa, je je, creo que estoy desvariando. Mis divagaciones no me habían dejado percatar que Médula estaba a la expectativa de mi respuesta. Me veía atento pero paciente. Y tal vez me veía como su pupila, una artista a quien consentir. Me embargó una gran felicidad pensar en eso. Realmente “The End” estaba a punto de convertirse en El Fin de un camino maltrecho, serpenteante, en el que llevaba más de siete años sin encontrar una salida. Cuántas veces en Cúcuta había llorado por el suelo seco en que intentaba una y otra vez sembrar mi música, a punto de botarlo todo. Tal vez Bogotá no es tan mala como dicen, je je. &lt;br /&gt;
-Dale Médula, acepto- le dije visiblemente emocionada, con una sonrisa que parecía hacer titilar mis pecas estrellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8209556182/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 22 Nov 2012 12:04:11 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-11-22T14:58:42-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>Ya ves mi amor siamés, estoy donde tú estés.</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Jueves, 22 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Bogotá, Colombia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los rayos de sol laceraban el blackout de mi alcoba, regañándolo, por impedirles tener una plática mañanera conmigo. Aún así, intercedí por la tela de la discordia ante la estrella, con un rápido parpadear de mis ojos, dándome cuenta que estaba entredormida y estaba mezclando mi tardío despertar con un sueño que no era sueño. De hecho, estando bien despierta a veces podía sentir como si las cosas se comunicaran, no en palabras ni con sonidos, pero sí desde lo que fueran sus mentes con la mía. Es en ese estado de duermevela, o más bien, en este caso, de despertavela, cuando las ideas revolotean mucho más libres, sin sentir hacer el ridículo ante los límites morrongos de la racionalidad. Habiendo dado esto por sentado, la estrella sol y mi blackout hicieron las paces.&lt;br /&gt;
-Buenos días pequitas, son las nueve pasadas, pero no te preocupes, tu jefa Josefa te llamó a eso de las siete y media: los alumnos cancelaron tus dos primeros turnos- me dijo Hernanda, quien parecía estar levantada hace rato, ya duchada y arreglada, y quien me había dejado seguir durmiendo. Inusual, siendo que la dormilona de las dos es ella.&lt;br /&gt;
-Eres un sol, Nandita, después del caótico día de ayer...&lt;br /&gt;
-... y la erótica noche de ayer...- me recordó, con una sonrisa tan inocente como lasciva, volteando de nuevo a teclear en su laptop lo que parecía estar haciendo su oficio de traductora. Qué cómodo un trabajo así, que puede adelantarse casi en cualquier espacio y a cualquier hora. Me quedé un rato ahí, contemplándola. Se veía tan bonita, tan juiciosa con su gesto de buscar la palabra más adecuada para redondear el mismo significado de la frase que salta de idioma a idioma. &lt;br /&gt;
-Necesito un nuevo par de gafas ...- dijo, concentrada en su texto, pareciendo estar hablando sola.&lt;br /&gt;
-¿Gafas? No sabía que usaras gafas- le dije, algo sorprendida.&lt;br /&gt;
-Es porque hace más de dos meses que no las uso. Y tú y yo apenas nos conocemos hace ...- miró la fecha de hoy en su laptop y prosiguió- veintitrés días. Mis lentes se me rompieron en una, ejem, borrachera, y he usado ese impase como excusa para no depender tanto de ellas. Además, no son gafas permanentes, son sólo para lectura. Y lo que tengo es leve, pero a veces me da un poquito de dolor de cabeza, más cuando leo en el compu, y más cuando tengo, ehm, resaca sexual, je je.&lt;br /&gt;
Su tonto comentario me hizo reir y me antojé de abrazarla desde atrás, dejando atrás mi almohada y clavando con cariño  mi mentón sobre su clavícula izquierda. Sí, eran sólo tres semanas que llevábamos de conocidas, pero tantas cosas se nos han dado de manera tan automática con Hernanda que había perdido la noción del tiempo. Me daba curiosidad saber muchas cosas de ella, de su pasado, pero a la vez no soy de las que escarba ni anda de preguntona si el ambiente parece no requerirlo. Al igual que con el asunto de sus lentes, las cosas puntuales sobre ella se me iban revelando en la medida que el presente las iba mostrando.&lt;br /&gt;
-¿Sabes Nandita? Las gafas siempre me han parecido un toque sexy. Es como una barrera, una prenda más a quitar.&lt;br /&gt;
-Ja ja, ¿las gafas son el liguero en un rostro?&lt;br /&gt;
-Ja ja, algo así.&lt;br /&gt;
Volteó su rostro sobre el mío, y se hubiera desencadenado una serie de eventos cariñosos que nos hubieran llevado al despliegue carnal de pliegues y saliva, si no es por que mi teléfono timbra anunciando que es Médula quien llama.&lt;br /&gt;
-Hola Médula, ¿cómo vas?- dije, logrando disimular el jadeo alterado de mi voz.&lt;br /&gt;
-Hola Innita, ¿nos podemos ver hoy? Tengo una propuesta que seguro te gustará.&lt;br /&gt;
-Uy, dime dime- repuse intrigada.&lt;br /&gt;
-Pues veámonos y te cuento todo con detalles.&lt;br /&gt;
Hoy dictaba la segunda clase de guitarra a Matildo y Marcelo Estupiñán, los adolescentes gemelos, así que le propuse a Médula vernos ya entrada la tardecita, en su estudio. Quedamos en eso, y tras colgar, retomamos besos y caricias con Hernanda, pero me auto-interrumpí porque tenía que ducharme rápido, arreglarme y salir volada en mi camioneta para dictar la clase  correspondiente al turno de diez.&lt;br /&gt;
-Almorcemos aquí, pequitas, yo me quedo adelantando trabajo aquí todo el día y en la noche si quieres vamos a mi apartamento. ¿te parece?&lt;br /&gt;
-Claro que sí, Nandita.&lt;br /&gt;
No sabía con exactitud qué me plantearía Médula, pero la cordialidad de sus palabras me decía que era algo bueno. Con esta pequeña emoción e intriga, disfruté de manera desapegada  el resto de la mañana y tarde, tanto en las clases de conducir como en las de música. La extravagante casona  de los gemelos aún me impresionaba, pero estaba tan contenta con mis propias pequeñas cosas del presente que estar en ese castillo de tiempos modernos me resultó secundario. Rumbo a la reunión con Médula, entoné repetidamente en mi camioneta una de mis canciones incompletas, de esas de tono alegre, mezcla de &lt;i&gt;dance&lt;/i&gt; e &lt;i&gt;industrial&lt;/i&gt;, a la que aún no le tengo ni el coro ni título:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Nací cuando te vi&lt;br /&gt;
Te oí y casi morí&lt;br /&gt;
Mi piel continúa en ti&lt;br /&gt;
Estás pegada a mí&lt;br /&gt;
Ya ves mi amor siamés&lt;br /&gt;
Estoy donde tú estés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lágrimas dibujé&lt;br /&gt;
Tu hogar dentro de mí&lt;br /&gt;
Te olí y me sonrojé&lt;br /&gt;
Por  fin dijimos sí&lt;br /&gt;
Mi nombre diluí&lt;br /&gt;
En tus labios carmesí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besas mi cicatriz&lt;br /&gt;
Mi más  sincera actriz&lt;br /&gt;
Amar mi sangre en ti&lt;br /&gt;
Tocar tu sueño en mí&lt;br /&gt;
Tu risa sobre mí&lt;br /&gt;
Un sin final feliz&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en los estudios ZéTsé, desde el ventanal de su sala de reuniones, un anaranjado residual agonizaba teatralmente en el cielo; era el sol escondiendo con bello melodrama su luz al planeta, relevando a la luna y las estrellas su turno de brindarnos luz. Médula trajo cerveza negra para él y jugo de mora para mí, y luego de saludarnos y tontear un poco sobre las anécdotas de nuestro día, el ocaso tras el vidrio parecía ceremoniar su propuesta, quien sin más rodeos la condensó en:&lt;br /&gt;
-Innita, anoche caí en cuenta que falta un mes para que sea el famoso &lt;i&gt;21 de diciembre Maya&lt;/i&gt;. ¿Qué mejor que lanzar ese viernes un adelanto de lo que será tu primer álbum, con tu canción “The End”? &lt;br /&gt;
Me dejó boquiabierta. Sonaba muy bien, la ironía era perfecta, muy como yo la quería, pero me avergonzaba un poco tener que decirle sobre la producción:&lt;br /&gt;
-Suena encantador, Médula, siempre he querido que The End sea el primer single, pero prefiero decirte esto de una vez: no creo poder cubrir los gastos para grabarla, mezclarla, masterizarla. Es decir, no podría conseguir todo el dinero para tan corto tiempo, tengo deudas que ando pagando de mis clases, y hace poco compré unos finísimos pero carísmos pedales que me descompletaron mis cuentas- le repuse, con sinceridad. Estábamos a ocho días de diciembre y pensar en pedirles un nuevo préstamo a mi familia era incómodo para ambas partes. Ya habían hecho bastante con haberme pagado el arriendo de medio año acá en Bogotá, sin contar con el esfuerzo que hicieron para terminar de pagar mi camioneta.&lt;br /&gt;
-¿Pero sí te gusta la idea?&lt;br /&gt;
-Cómo no me va a gustar, Médula. No sólo me gusta, me fascina.&lt;br /&gt;
-Entonces déjame te termino de contar todo. Los gastos de producir tu primer sencillo, digamos que es una inversión que yo hago. Yo tomo el riesgo y la asumo. No es un préstamo ni nada por el estilo. No te voy a amarrar con una preocupación más; pero eso sí, el  compromiso es que hagamos contrato de exclusividad. Habrá quizás que hacerle muchos ajustes a “The End” para que te represente más. Sobre ese sencillo hago mi apuesta a ti como artista revelación de mi estudio. Podemos, es más, deberíamos hacer un sello diferente para contigo, ya que es como un negocio aparte del lineamiento general de mi sello, por aquello que tengo socios, incluída mi esposa en ellos. Es bajista, si te gusta, hasta podríamos tenerla en el día del evento, de hablarlo me voy entusiaismando y se me van ocurriendo más ideas que proponerte. ¿Ves? Por cosas así quiero manejar tu proyecto como una, mmm, cómo decir, como una causa personal. Sólo tener que lidiar contigo para todas las decisiones. Y lo que pase después, pues ya veremos. Presiento que pasarán grandes cosas. Es que no habías sido descubierta, Innita. Ya verás.&lt;br /&gt;
La seguridad que las palabras de Médula emitían me estaba contagiando. Y no estaba improvisando, su sello ya contaba con seis bandas. Yo sería la primera solista. Tal vez eso era parte de su interés, lidiar con una sola persona siempre es más fácil, al menos acá en Colombia.  Aunque no me gusta su música, Juanes y Shakira eran la muestra.  La única banda que había logrado vigencia y trascendencia a nivel internacional era Los Aterciopelados, y son apenas un dúo. En la actualidad,  Monsieur Periné estaba dando de qué hablar, pero a mí me parecen que son más una banda de Pop-fusión que de rock como tal. No importa, je je, creo que estoy desvariando. Mis divagaciones no me habían dejado percatar que Médula estaba a la expectativa de mi respuesta. Me veía atento pero paciente. Y tal vez me veía como su pupila, una artista a quien consentir. Me embargó una gran felicidad pensar en eso. Realmente “The End” estaba a punto de convertirse en El Fin de un camino maltrecho, serpenteante, en el que llevaba más de siete años sin encontrar una salida. Cuántas veces en Cúcuta había llorado por el suelo seco en que intentaba una y otra vez sembrar mi música, a punto de botarlo todo. Tal vez Bogotá no es tan mala como dicen, je je. &lt;br /&gt;
-Dale Médula, acepto- le dije visiblemente emocionada, con una sonrisa que parecía hacer titilar mis pecas estrellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8209556182/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
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		</item>
		<item>
			<title>&quot;... con calma papi, con calma papi, pero no me molesta que me digas muñequita&quot;</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8195483364/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8195483364/&quot; title=&quot;&amp;quot;... con calma papi, con calma papi, pero no me molesta que me digas muñequita&amp;quot;&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8209/8195483364_1b7de0fd41_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;175&quot; alt=&quot;&amp;quot;... con calma papi, con calma papi, pero no me molesta que me digas muñequita&amp;quot;&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sábado, 17  de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya muy entrada la noche, el viernes se despedía con un intento de un aguacero que no se decidía a caer. Me sentía agradecida por eso. Pude así estrenar mi recién comprada chaqueta vinotinto, en cuya solapa y bolsillos se hallaban tejidas siluetas de gatitos negros. Cuando nos encontramos en el cafetín acordado, a eso de las diez pm pasadas, Hernanda abrió sus ojos con admiración al vérmela puesta. De verdad que la chaquetita era muy elegante y no me quedaba nada mal.  Yo había llegado unos veinte minutos antes que ella, y con el té verde tuve una pequeña plática acerca de nada. Mi ánimo había mejorado. Y mucho. Además, Hernanda no conocía el dúo mexicano de electropop que estábamos a punto de oir, y la boleta y la colección de sus tres cidis eran mi regalo para ella, que de cierta manera hacían compañía con el mío, y de paso borraban cualquier atisbo de reproche por mi solitario ir de compras. Pero era más una proyección de mi paranoia. Hernanda no era de las acaparadoras de espacio. &lt;br /&gt;
Como aún yo era nueva en la ciudad, y en los tres meses y medio que llevaba aquí yo, ejem, prácticamente no había salido, no habría posibilidad de encontrarme con conocidos. Mi gata y mi guitarra habían sido el destino de mis noches. Hernanda, en cambio, esperaba allí encontrarse con varias de sus amigas, quienes años atrás le habían mencionado la banda. Pero sólo hasta que le conté en el almuerzo  del concierto, recordó.&lt;br /&gt;
-María Daniela Y Su Sonido Lasser es un nombre inolvidable, pero por si te vuelve a pasar, estos compactos te servirán de memoria externa- le dije con un beso, para que mi chistecito tonto no lo fuera a tomar a mal. Pero, ¿cuándo, en estas dos semanas de conocernos, Nandita había tomado algo a mal? No supe dentro de mí, responder, no a esa pregunta, sino a otra: si el hecho que yo no lo no viera defectos era, o un signo de enamoramiento mio, o crédito propio de su bonita personalidad. ¿Estaba enamorada sin darme cuenta, como he visto en algunas películas?&lt;br /&gt;
-¿Sabes? Hacía meses no me hacían regalos, eres un sol Innita, gracias- me dijo, sinceramente conmovida. Yo le respondí sin palabras, con un gesto, mordiéndome el labio, tal vez esquivando su agradeciemiento, que, no sé por qué, casi que me sonrojaba. No solíamos darnos de esos besos completos en público, así que Hernanda, respondiendo a mi guiño lascivo, se limitó a lanzarme un beso francés con una mirada. El jueguito casi nos sale caro. &lt;br /&gt;
En un momento de desenfreno, por la misma represión de prenda y compostura que nos hacía estar en el momento perfecto pero en el lugar incorrecto, salimos del cafetín a toda prisa y tomamos un taxi con ruta a La Soledad, a darle rienda suelta a mostrarnos todas las cartas de nuestro juego. La velocidad del vehículo parecía ser cómplice de nuestros súbitos caprichos desmedidos, pero diez cuadras después, el taxi se estrella, sin lesiones a víctimas, porque su frenar en seco  salvó de dañar algo más que una luz rota. Eso sí, bajó a cero nuestra líbido. Mientras la ceremonia de improperios entre ambos conductores se desenvolvía frente a nosotras, teníamos toda la sangre aún atiborrada en nuestro corazó y cerebro, lejos de nuestros genitales, y por eso mismo, recordamos el concierto. Antes del taxi, allí en el cafetín,  Estábamos a una cuadra del sótano, el lugar del concierto, ¡a una cuadra! Los nervios no nos daban para tomar otro taxi por ahora, así que nos devolvimos caminando, con breves ataques intercalados, entre Hernanda y yo, de risa nerviosa, regañando sin solemnidad nuestra inoportuna impulsividad. Afortunadamente, llegamos al concierto justo cuando  la banda telonera cerraba. La gente gritaba un inusual pero muy cómico “noo, nooooo”, cuando los músicos preguntaban si querían más canciones de ellos. Nunca supimos si el público lo decía en serio y la banda estaba flojita.&lt;br /&gt;
María Daniela Y Su Sonido Lasser entran y, desde el inicio, con “Pecadora Normal”, la energía se dispara. Los gritos y aplausos hacen vibrar el recinto, y los residuos emocionales por la estrellada desaparecen. La música, fuerte, sarcástica e intencionadamente kitsch inunda de baile, saltos y cantos el momento. Hernanda, claro está, no se sabía ni media canción, pero el contagio en ella también es irresistible. Yo sí  me las sé todas y las coreo a todo pulmón. Sin embargo, por haber llegado tan tarde, nos hemos quedado atrás, y yo, que no soy muy altica ni suelo usar stilettos, ni empinada miro algo más que la frente de la cantante. En la tercera canción no resisto más y, cojo a Hernanda de la mano, y navego entre la gente para hacernos adelante, al borde de la tarima. Siendo aún yo una cantante desconocida, mis afinados gritos sorprenden a los fans de primera fila que nos rodea, y dos canciones después de interpretar un cover de su tocaya Daniela Romo, esquivo a los guardias del escenario y me subo a corear con María Daniela. De ahí en adelante, me hacen bajar del escenario tres veces más. Cuando suena “Fiesta de Cumpleaños”, una fan escorpión, entre gritos y gestos le hace saber a la cantante que está de cumple, animada quizás por mis múltiples intentos de cantar allí arriba toda una canción. María Daniela canta y baila con ella toda la canción. Esto a su vez, me anima varias canciones después, las cuales las bailo  con Hernanda, a subirme. Suena ahora “Carita de Angel”, y como si María Daniela me hubiera visto con un rostro así, me toma de la mano y hace señas a Emilio, el teclista, que yo haré su parte vocal en ésta. Emilio me pasa su micrófono, y empiezo a cantar aturnos con María Daniela. Mi piel, arrozuda de la emoción, me recuerda la adrenalina que se desata en mí al cantar en un escenario, cosa que no me sucedía hace más de un año. Hernanda, tan eufórica como yo, se sube a una de las torres y consigue capturar unas cuantas fotos antes de que la hagan bajar. El éxtasis de ese momento me hace sentir inmensamente plena, en la gloria, en llamas, soy una saiyajin aumentando su ki, y áun más cuando el dúo decide extender la cumbia por muchos minutos más.  El público, Los potentes y ensordecedores teclados, la voz y carisma de Maria Daniela a mi lado, el hervor, el sabor, el clímax, hasta Nandita encaramada en la torre de sonido,  todo todo, todo allí dispuesto en ese momento, es perfecto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8195483364/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
models / modelos: Rachel Dashae, María Daniela Azpiazu&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 17 Nov 2012 20:27:31 -0800</pubDate>
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    <media:title>&quot;... con calma papi, con calma papi, pero no me molesta que me digas muñequita&quot;</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Sábado, 17  de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya muy entrada la noche, el viernes se despedía con un intento de un aguacero que no se decidía a caer. Me sentía agradecida por eso. Pude así estrenar mi recién comprada chaqueta vinotinto, en cuya solapa y bolsillos se hallaban tejidas siluetas de gatitos negros. Cuando nos encontramos en el cafetín acordado, a eso de las diez pm pasadas, Hernanda abrió sus ojos con admiración al vérmela puesta. De verdad que la chaquetita era muy elegante y no me quedaba nada mal.  Yo había llegado unos veinte minutos antes que ella, y con el té verde tuve una pequeña plática acerca de nada. Mi ánimo había mejorado. Y mucho. Además, Hernanda no conocía el dúo mexicano de electropop que estábamos a punto de oir, y la boleta y la colección de sus tres cidis eran mi regalo para ella, que de cierta manera hacían compañía con el mío, y de paso borraban cualquier atisbo de reproche por mi solitario ir de compras. Pero era más una proyección de mi paranoia. Hernanda no era de las acaparadoras de espacio. &lt;br /&gt;
Como aún yo era nueva en la ciudad, y en los tres meses y medio que llevaba aquí yo, ejem, prácticamente no había salido, no habría posibilidad de encontrarme con conocidos. Mi gata y mi guitarra habían sido el destino de mis noches. Hernanda, en cambio, esperaba allí encontrarse con varias de sus amigas, quienes años atrás le habían mencionado la banda. Pero sólo hasta que le conté en el almuerzo  del concierto, recordó.&lt;br /&gt;
-María Daniela Y Su Sonido Lasser es un nombre inolvidable, pero por si te vuelve a pasar, estos compactos te servirán de memoria externa- le dije con un beso, para que mi chistecito tonto no lo fuera a tomar a mal. Pero, ¿cuándo, en estas dos semanas de conocernos, Nandita había tomado algo a mal? No supe dentro de mí, responder, no a esa pregunta, sino a otra: si el hecho que yo no lo no viera defectos era, o un signo de enamoramiento mio, o crédito propio de su bonita personalidad. ¿Estaba enamorada sin darme cuenta, como he visto en algunas películas?&lt;br /&gt;
-¿Sabes? Hacía meses no me hacían regalos, eres un sol Innita, gracias- me dijo, sinceramente conmovida. Yo le respondí sin palabras, con un gesto, mordiéndome el labio, tal vez esquivando su agradeciemiento, que, no sé por qué, casi que me sonrojaba. No solíamos darnos de esos besos completos en público, así que Hernanda, respondiendo a mi guiño lascivo, se limitó a lanzarme un beso francés con una mirada. El jueguito casi nos sale caro. &lt;br /&gt;
En un momento de desenfreno, por la misma represión de prenda y compostura que nos hacía estar en el momento perfecto pero en el lugar incorrecto, salimos del cafetín a toda prisa y tomamos un taxi con ruta a La Soledad, a darle rienda suelta a mostrarnos todas las cartas de nuestro juego. La velocidad del vehículo parecía ser cómplice de nuestros súbitos caprichos desmedidos, pero diez cuadras después, el taxi se estrella, sin lesiones a víctimas, porque su frenar en seco  salvó de dañar algo más que una luz rota. Eso sí, bajó a cero nuestra líbido. Mientras la ceremonia de improperios entre ambos conductores se desenvolvía frente a nosotras, teníamos toda la sangre aún atiborrada en nuestro corazó y cerebro, lejos de nuestros genitales, y por eso mismo, recordamos el concierto. Antes del taxi, allí en el cafetín,  Estábamos a una cuadra del sótano, el lugar del concierto, ¡a una cuadra! Los nervios no nos daban para tomar otro taxi por ahora, así que nos devolvimos caminando, con breves ataques intercalados, entre Hernanda y yo, de risa nerviosa, regañando sin solemnidad nuestra inoportuna impulsividad. Afortunadamente, llegamos al concierto justo cuando  la banda telonera cerraba. La gente gritaba un inusual pero muy cómico “noo, nooooo”, cuando los músicos preguntaban si querían más canciones de ellos. Nunca supimos si el público lo decía en serio y la banda estaba flojita.&lt;br /&gt;
María Daniela Y Su Sonido Lasser entran y, desde el inicio, con “Pecadora Normal”, la energía se dispara. Los gritos y aplausos hacen vibrar el recinto, y los residuos emocionales por la estrellada desaparecen. La música, fuerte, sarcástica e intencionadamente kitsch inunda de baile, saltos y cantos el momento. Hernanda, claro está, no se sabía ni media canción, pero el contagio en ella también es irresistible. Yo sí  me las sé todas y las coreo a todo pulmón. Sin embargo, por haber llegado tan tarde, nos hemos quedado atrás, y yo, que no soy muy altica ni suelo usar stilettos, ni empinada miro algo más que la frente de la cantante. En la tercera canción no resisto más y, cojo a Hernanda de la mano, y navego entre la gente para hacernos adelante, al borde de la tarima. Siendo aún yo una cantante desconocida, mis afinados gritos sorprenden a los fans de primera fila que nos rodea, y dos canciones después de interpretar un cover de su tocaya Daniela Romo, esquivo a los guardias del escenario y me subo a corear con María Daniela. De ahí en adelante, me hacen bajar del escenario tres veces más. Cuando suena “Fiesta de Cumpleaños”, una fan escorpión, entre gritos y gestos le hace saber a la cantante que está de cumple, animada quizás por mis múltiples intentos de cantar allí arriba toda una canción. María Daniela canta y baila con ella toda la canción. Esto a su vez, me anima varias canciones después, las cuales las bailo  con Hernanda, a subirme. Suena ahora “Carita de Angel”, y como si María Daniela me hubiera visto con un rostro así, me toma de la mano y hace señas a Emilio, el teclista, que yo haré su parte vocal en ésta. Emilio me pasa su micrófono, y empiezo a cantar aturnos con María Daniela. Mi piel, arrozuda de la emoción, me recuerda la adrenalina que se desata en mí al cantar en un escenario, cosa que no me sucedía hace más de un año. Hernanda, tan eufórica como yo, se sube a una de las torres y consigue capturar unas cuantas fotos antes de que la hagan bajar. El éxtasis de ese momento me hace sentir inmensamente plena, en la gloria, en llamas, soy una saiyajin aumentando su ki, y áun más cuando el dúo decide extender la cumbia por muchos minutos más.  El público, Los potentes y ensordecedores teclados, la voz y carisma de Maria Daniela a mi lado, el hervor, el sabor, el clímax, hasta Nandita encaramada en la torre de sonido,  todo todo, todo allí dispuesto en ese momento, es perfecto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8195483364/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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			<title>María Daniela Y Su Sonido Lasser.</title>
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&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8195468370/&quot; title=&quot;María Daniela Y Su Sonido Lasser.&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8487/8195468370_a14de01819_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;215&quot; alt=&quot;María Daniela Y Su Sonido Lasser.&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sábado, 17  de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya muy entrada la noche, el viernes se despedía con un intento de un aguacero que no se decidía a caer. Me sentía agradecida por eso. Pude así estrenar mi recién comprada chaqueta vinotinto, en cuya solapa y bolsillos se hallaban tejidas siluetas de gatitos negros. Cuando nos encontramos en el cafetín acordado, a eso de las diez pm pasadas, Hernanda abrió sus ojos con admiración al vérmela puesta. De verdad que la chaquetita era muy elegante y no me quedaba nada mal.  Yo había llegado unos veinte minutos antes que ella, y con el té verde tuve una pequeña plática acerca de nada. Mi ánimo había mejorado. Y mucho. Además, Hernanda no conocía el dúo mexicano de electropop que estábamos a punto de oir, y la boleta y la colección de sus tres cidis eran mi regalo para ella, que de cierta manera hacían compañía con el mío, y de paso borraban cualquier atisbo de reproche por mi solitario ir de compras. Pero era más una proyección de mi paranoia. Hernanda no era de las acaparadoras de espacio. &lt;br /&gt;
Como aún yo era nueva en la ciudad, y en los tres meses y medio que llevaba aquí yo, ejem, prácticamente no había salido, no habría posibilidad de encontrarme con conocidos. Mi gata y mi guitarra habían sido el destino de mis noches. Hernanda, en cambio, esperaba allí encontrarse con varias de sus amigas, quienes años atrás le habían mencionado la banda. Pero sólo hasta que le conté en el almuerzo  del concierto, recordó.&lt;br /&gt;
-María Daniela Y Su Sonido Lasser es un nombre inolvidable, pero por si te vuelve a pasar, estos compactos te servirán de memoria externa- le dije con un beso, para que mi chistecito tonto no lo fuera a tomar a mal. Pero, ¿cuándo, en estas dos semanas de conocernos, Nandita había tomado algo a mal? No supe dentro de mí, responder, no a esa pregunta, sino a otra: si el hecho que yo no lo no viera defectos era, o un signo de enamoramiento mio, o crédito propio de su bonita personalidad. ¿Estaba enamorada sin darme cuenta, como he visto en algunas películas?&lt;br /&gt;
-¿Sabes? Hacía meses no me hacían regalos, eres un sol Innita, gracias- me dijo, sinceramente conmovida. Yo le respondí sin palabras, con un gesto, mordiéndome el labio, tal vez esquivando su agradeciemiento, que, no sé por qué, casi que me sonrojaba. No solíamos darnos de esos besos completos en público, así que Hernanda, respondiendo a mi guiño lascivo, se limitó a lanzarme un beso francés con una mirada. El jueguito casi nos sale caro. &lt;br /&gt;
En un momento de desenfreno, por la misma represión de prenda y compostura que nos hacía estar en el momento perfecto pero en el lugar incorrecto, salimos del cafetín a toda prisa y tomamos un taxi con ruta a La Soledad, a darle rienda suelta a mostrarnos todas las cartas de nuestro juego. La velocidad del vehículo parecía ser cómplice de nuestros súbitos caprichos desmedidos, pero diez cuadras después, el taxi se estrella, sin lesiones a víctimas, porque su frenar en seco  salvó de dañar algo más que una luz rota. Eso sí, bajó a cero nuestra líbido. Mientras la ceremonia de improperios entre ambos conductores se desenvolvía frente a nosotras, teníamos toda la sangre aún atiborrada en nuestro corazó y cerebro, lejos de nuestros genitales, y por eso mismo, recordamos el concierto. Antes del taxi, allí en el cafetín,  Estábamos a una cuadra del sótano, el lugar del concierto, ¡a una cuadra! Los nervios no nos daban para tomar otro taxi por ahora, así que nos devolvimos caminando, con breves ataques intercalados, entre Hernanda y yo, de risa nerviosa, regañando sin solemnidad nuestra inoportuna impulsividad. Afortunadamente, llegamos al concierto justo cuando  la banda telonera cerraba. La gente gritaba un inusual pero muy cómico “noo, nooooo”, cuando los músicos preguntaban si querían más canciones de ellos. Nunca supimos si el público lo decía en serio y la banda estaba flojita.&lt;br /&gt;
María Daniela Y Su Sonido Lasser entran y, desde el inicio, con “Pecadora Normal”, la energía se dispara. Los gritos y aplausos hacen vibrar el recinto, y los residuos emocionales por la estrellada desaparecen. La música, fuerte, sarcástica e intencionadamente kitsch inunda de baile, saltos y cantos el momento. Hernanda, claro está, no se sabía ni media canción, pero el contagio en ella también es irresistible. Yo sí  me las sé todas y las coreo a todo pulmón. Sin embargo, por haber llegado tan tarde, nos hemos quedado atrás, y yo, que no soy muy altica ni suelo usar stilettos, ni empinada miro algo más que la frente de la cantante. En la tercera canción no resisto más y, cojo a Hernanda de la mano, y navego entre la gente para hacernos adelante, al borde de la tarima. Siendo aún yo una cantante desconocida, mis afinados gritos sorprenden a los fans de primera fila que nos rodea, y dos canciones después de interpretar un cover de su tocaya Daniela Romo, esquivo a los guardias del escenario y me subo a corear con María Daniela. De ahí en adelante, me hacen bajar del escenario tres veces más. Cuando suena “Fiesta de Cumpleaños”, una fan escorpión, entre gritos y gestos le hace saber a la cantante que está de cumple, animada quizás por mis múltiples intentos de cantar allí arriba toda una canción. María Daniela canta y baila con ella toda la canción. Esto a su vez, me anima varias canciones después, las cuales las bailo  con Hernanda, a subirme. Suena ahora “Carita de Angel”, y como si María Daniela me hubiera visto con un rostro así, me toma de la mano y hace señas a Emilio, el teclista, que yo haré su parte vocal en ésta. Emilio me pasa su micrófono, y empiezo a cantar aturnos con María Daniela. Mi piel, arrozuda de la emoción, me recuerda la adrenalina que se desata en mí al cantar en un escenario, cosa que no me sucedía hace más de un año. Hernanda, tan eufórica como yo, se sube a una de las torres y consigue capturar unas cuantas fotos antes de que la hagan bajar. El éxtasis de ese momento me hace sentir inmensamente plena, en la gloria, en llamas, soy una saiyajin aumentando su ki, y áun más cuando el dúo decide extender la cumbia por muchos minutos más.  El público, Los potentes y ensordecedores teclados, la voz y carisma de Maria Daniela a mi lado, el hervor, el sabor, el clímax, hasta Nandita encaramada en la torre de sonido,  todo todo, todo allí dispuesto en ese momento, es perfecto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8195483364/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 17 Nov 2012 20:21:53 -0800</pubDate>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;Sábado, 17  de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
La Candelaria, Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya muy entrada la noche, el viernes se despedía con un intento de un aguacero que no se decidía a caer. Me sentía agradecida por eso. Pude así estrenar mi recién comprada chaqueta vinotinto, en cuya solapa y bolsillos se hallaban tejidas siluetas de gatitos negros. Cuando nos encontramos en el cafetín acordado, a eso de las diez pm pasadas, Hernanda abrió sus ojos con admiración al vérmela puesta. De verdad que la chaquetita era muy elegante y no me quedaba nada mal.  Yo había llegado unos veinte minutos antes que ella, y con el té verde tuve una pequeña plática acerca de nada. Mi ánimo había mejorado. Y mucho. Además, Hernanda no conocía el dúo mexicano de electropop que estábamos a punto de oir, y la boleta y la colección de sus tres cidis eran mi regalo para ella, que de cierta manera hacían compañía con el mío, y de paso borraban cualquier atisbo de reproche por mi solitario ir de compras. Pero era más una proyección de mi paranoia. Hernanda no era de las acaparadoras de espacio. &lt;br /&gt;
Como aún yo era nueva en la ciudad, y en los tres meses y medio que llevaba aquí yo, ejem, prácticamente no había salido, no habría posibilidad de encontrarme con conocidos. Mi gata y mi guitarra habían sido el destino de mis noches. Hernanda, en cambio, esperaba allí encontrarse con varias de sus amigas, quienes años atrás le habían mencionado la banda. Pero sólo hasta que le conté en el almuerzo  del concierto, recordó.&lt;br /&gt;
-María Daniela Y Su Sonido Lasser es un nombre inolvidable, pero por si te vuelve a pasar, estos compactos te servirán de memoria externa- le dije con un beso, para que mi chistecito tonto no lo fuera a tomar a mal. Pero, ¿cuándo, en estas dos semanas de conocernos, Nandita había tomado algo a mal? No supe dentro de mí, responder, no a esa pregunta, sino a otra: si el hecho que yo no lo no viera defectos era, o un signo de enamoramiento mio, o crédito propio de su bonita personalidad. ¿Estaba enamorada sin darme cuenta, como he visto en algunas películas?&lt;br /&gt;
-¿Sabes? Hacía meses no me hacían regalos, eres un sol Innita, gracias- me dijo, sinceramente conmovida. Yo le respondí sin palabras, con un gesto, mordiéndome el labio, tal vez esquivando su agradeciemiento, que, no sé por qué, casi que me sonrojaba. No solíamos darnos de esos besos completos en público, así que Hernanda, respondiendo a mi guiño lascivo, se limitó a lanzarme un beso francés con una mirada. El jueguito casi nos sale caro. &lt;br /&gt;
En un momento de desenfreno, por la misma represión de prenda y compostura que nos hacía estar en el momento perfecto pero en el lugar incorrecto, salimos del cafetín a toda prisa y tomamos un taxi con ruta a La Soledad, a darle rienda suelta a mostrarnos todas las cartas de nuestro juego. La velocidad del vehículo parecía ser cómplice de nuestros súbitos caprichos desmedidos, pero diez cuadras después, el taxi se estrella, sin lesiones a víctimas, porque su frenar en seco  salvó de dañar algo más que una luz rota. Eso sí, bajó a cero nuestra líbido. Mientras la ceremonia de improperios entre ambos conductores se desenvolvía frente a nosotras, teníamos toda la sangre aún atiborrada en nuestro corazó y cerebro, lejos de nuestros genitales, y por eso mismo, recordamos el concierto. Antes del taxi, allí en el cafetín,  Estábamos a una cuadra del sótano, el lugar del concierto, ¡a una cuadra! Los nervios no nos daban para tomar otro taxi por ahora, así que nos devolvimos caminando, con breves ataques intercalados, entre Hernanda y yo, de risa nerviosa, regañando sin solemnidad nuestra inoportuna impulsividad. Afortunadamente, llegamos al concierto justo cuando  la banda telonera cerraba. La gente gritaba un inusual pero muy cómico “noo, nooooo”, cuando los músicos preguntaban si querían más canciones de ellos. Nunca supimos si el público lo decía en serio y la banda estaba flojita.&lt;br /&gt;
María Daniela Y Su Sonido Lasser entran y, desde el inicio, con “Pecadora Normal”, la energía se dispara. Los gritos y aplausos hacen vibrar el recinto, y los residuos emocionales por la estrellada desaparecen. La música, fuerte, sarcástica e intencionadamente kitsch inunda de baile, saltos y cantos el momento. Hernanda, claro está, no se sabía ni media canción, pero el contagio en ella también es irresistible. Yo sí  me las sé todas y las coreo a todo pulmón. Sin embargo, por haber llegado tan tarde, nos hemos quedado atrás, y yo, que no soy muy altica ni suelo usar stilettos, ni empinada miro algo más que la frente de la cantante. En la tercera canción no resisto más y, cojo a Hernanda de la mano, y navego entre la gente para hacernos adelante, al borde de la tarima. Siendo aún yo una cantante desconocida, mis afinados gritos sorprenden a los fans de primera fila que nos rodea, y dos canciones después de interpretar un cover de su tocaya Daniela Romo, esquivo a los guardias del escenario y me subo a corear con María Daniela. De ahí en adelante, me hacen bajar del escenario tres veces más. Cuando suena “Fiesta de Cumpleaños”, una fan escorpión, entre gritos y gestos le hace saber a la cantante que está de cumple, animada quizás por mis múltiples intentos de cantar allí arriba toda una canción. María Daniela canta y baila con ella toda la canción. Esto a su vez, me anima varias canciones después, las cuales las bailo  con Hernanda, a subirme. Suena ahora “Carita de Angel”, y como si María Daniela me hubiera visto con un rostro así, me toma de la mano y hace señas a Emilio, el teclista, que yo haré su parte vocal en ésta. Emilio me pasa su micrófono, y empiezo a cantar aturnos con María Daniela. Mi piel, arrozuda de la emoción, me recuerda la adrenalina que se desata en mí al cantar en un escenario, cosa que no me sucedía hace más de un año. Hernanda, tan eufórica como yo, se sube a una de las torres y consigue capturar unas cuantas fotos antes de que la hagan bajar. El éxtasis de ese momento me hace sentir inmensamente plena, en la gloria, en llamas, soy una saiyajin aumentando su ki, y áun más cuando el dúo decide extender la cumbia por muchos minutos más.  El público, Los potentes y ensordecedores teclados, la voz y carisma de Maria Daniela a mi lado, el hervor, el sabor, el clímax, hasta Nandita encaramada en la torre de sonido,  todo todo, todo allí dispuesto en ese momento, es perfecto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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		</item>
		<item>
			<title>dejando que mi nariz subiera por toda ella, rozando su piel -al igual que la mía- apenas vestida de agua</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8183525689/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8183525689/&quot; title=&quot;dejando que mi nariz subiera por toda ella, rozando su piel -al igual que la mía- apenas vestida de agua&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8061/8183525689_1fd05834d8_m.jpg&quot; width=&quot;170&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;dejando que mi nariz subiera por toda ella, rozando su piel -al igual que la mía- apenas vestida de agua&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Martes, 13 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Tausa, Cundinamarca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los rayos de sol sobre mí, distorsionados desde allí arriba al entrar al lago, me entretenían para mantenerme sumergida y poder prolongar el aguantar la respiración bajo el agua. Era mi truco: olvidarme de pensar el tener que volver a respirar fijando mi atención en algo más. Era la quinta ronda y le había ganado las cuatro anteriores a Hernanda, quien tenía mucho menos afición al deporte que yo. Desde pequeña me encantaba montar cicla, hacer natación, y casi a diario jugar voleibol en el cole después de las horas de clase. A ella también le encantaba el aire libre, incluso más que a mí, en el sentido que no era el tipo de persona que se encerraba triste o enojada por sentimientos asociales. Lo contrario. Tanto en la agitada ciudad como en sus salidas de estudios a pueblitos más serenos, su vocación de antropóloga le daba alas para sobrevolar y curiosear entre demás miembros de su especie, aterrizando entre grupos o parejas que llamasen su atención a su olfato investigativo. Sencillamente gustaba de la gente. Además, era de las chicas que, si estaba deprimida, estresada o similar, buscaba compañía, en vez de optar por darse cabezazos contra la almohada a raíz de sentimientos encontrados fastidiando en círculo vicioso; “lo de adentro es lo de adentro, pero puede resolverse desde afuera”, era parte de la filosofía de vida de Hernanda, según me dijo aquella noche que nos conocimos en la fiesta de Halloween. Sus únicos encierros y aislamientos de los de más, por así decirlo, eran para escribir, pero incluso ahí, Hernanda gustaba de irse con papel o laptop a parques a hacerlo. Ella era una sedentaria a la intemperie. Yo, en cambio, una huraña deportista. Teníamos el mismo gusto por andar al aire libre, pero nos atraía de manera diferente. &lt;br /&gt;
-Seguro que hiciste un pacto secreto con la laguna, a mis espaldas. ¡Me ganaste las cinco veces!- Me dijo con carcajadas y falso enojo, flotando allí, a menos de un metro de mí.&lt;br /&gt;
-¡Invicta! -le contesté, y diciendo esto me sumergí, para acercarme hasta ella con dos brazadas subacuáticas, dejando que mi nariz subiera por toda ella, rozando su piel -al igual que la mía- apenas vestida de agua,  recorriendo sus muslos, su pubis, su vientre, su ombligo, sus senos, y voilá, su bello rostro ya sobre la superficie.&lt;br /&gt;
En ese momento su gustar de la gente se resumía en mi compañía. Un martes aquí en el Neusa es tan desolado como las diez am de un primero de enero allá en mi Cúcuta. Estábamos solas desde el amanecer. Igual que ayer, me desperté mucho antes que Hernanda y dejé mi mirada perderse en el paisaje. Un pequeño movimiento a lo lejos, al otro lado de la laguna, me certificaba que era la última carpa de la zona empacando su lunes festivo de vuelta a su normalidad. El inclemente sol de once y media am, resultante  de una completa  mañana sin nubes, nos había regalado una, si no más tibia, al menos menos fría laguna comparada con la de ayer, y por ello, disfrutábamos de una más larga sesión dentro de aquellas aguas. Besarnos desnudas, golpeteando nuestras piernas para mantenernos a flote, acompañadas sólo del susurrar tanto de  la brisa paramuna como de los cantos de pájaros entre los árboles, nos mantenía sedadas, pero sin sueño, adormiladas pero bien despeirtas, reposadas, pero en movimiento. Hernanda se separó de mí a menos de una brazada, contemplándome, adentrándose en mi pupilas al igual que yo en las de ella. Los chorritos de agua escurriéndoles por su frente, se agolpaban en sus pestañas de una forma muy sexy, y pensé por un instante que la invención de la pestañina se dio en un fracasado intento de imitar momentos como éste. Como el agua la maquillaba me quitaba el aliento. ¿Cuánto tiempo más duramos así, atontadas, viéndonos? Sólo sé que los dedos arrugados en sus yemas nos recordaron que no éramos peces. &lt;br /&gt;
Salimos, nos secamos y nos vestimos una a la otra, prendimos la fogata, destapamos los enlatados  y los pusimos en la parrilla junto con agua para té, todo de una forma tan silenciosa pero coordinada, que sin darnos cuenta parecíamos estar encontrando una forma de decirnos órdenes de trabajo de equipo, pero sin pronunciar palabra. ¿Sucedía esto cuando dos individuos cercanos están tantas horas juntas sin interactuar con más personas, o era más por el entorno? O ¿éramos nosotras, específicamente por ser nosotras, Hernanda y yo? Mi inquietud galopaba desbocada dentro de mí, y pareció que su golpetear aumentó al punto que mi pecho  exteriorizó su bombeo, pues Hernanda volteó a verme, interrumpiéndose a sí misma de secar los cubiertos  mientras yo revisaba los fríjoles para nuestro almuerzo.&lt;br /&gt;
-¿Me dijiste algo? - preguntó, rompiendo el largo silencio en que nos hallábamos hoy y me sonrojé.&lt;br /&gt;
-No, no te dije nada, pero sigue pasando ...- dije ensimismada oyendo mis propias palabras.&lt;br /&gt;
-... pasando, ¿qué?- inquirió de nuevo, riendo con un bufido, al ver mi ojos idos, extraviados en mi propia cara. &lt;br /&gt;
-¿No has notado que hemos estado calladas casi toda la mañana, pero pareciera que hemos estado como hablando?&lt;br /&gt;
Hernanda, que tomó el asombro de mis palabras por un lado más tierno que científico, sonrió, y se acercó a mí, besándome suavemente, dejando que el tocar de nuestros labios se volcara en tocar de lenguas y agitara otros pliegues, y si no es porque el agua para el té estaba empezando a secarse, esos besos nos hubieran dirigido dentro de la carpa, transformándolos en sexo. El agite de nuestra piel, sin embargo,  mantuvo alterada nuestra respiración durante el momento en que servíamos nuestros platillos. Disponiéndonos a terminar los últimos sorbos de la infusión como cierre de comida y pensando en arrucharnos bajo el sleeping para pasar el almuerzo, una voz a nuestras espaldas casi nos hace soltar nuestras tazas de té.&lt;br /&gt;
-Buenas taaardes- nos saludó jovial un guardián del lugar. Su rostro afable contrastaba con sus gruesas manos, sus anchas piernas y su piel curtida. Bajo el aún resplandeciente sol de mediodía, seguro el señor dijo “tardes” porque debe ser de esas personas de campo que si les da las ocho de la noche despierto ya sienten que están trasnochando. Casi lo envidié, crecer y vivir en un lugar así, imaginé que día día contemplaba el despliegue de cada amanecer. Hernanda le convidó la penúltima lata de cerveza que mantenía en la carpa y le estuvo haciendo larga charla. Platicaban de todo y de nada. Yo, gatita huraña, me mantuve inicialmente distante, con la excusa de lavar los platos y cubiertos, pero media hora después ya me hallaba casi acostada en el suelo, recostando mi espalda en las pantorrillas de Hernanda, sentada elegantemente sobre unos maderos, en decente acitud de visita. Supuse que esa misma postura la tuvo con su abuelita, un par de días atrás. Largo rato después, apenas la silueta del guardián desapareció a lo lejos del sendero, saltamos  el desorden de ropa y mochilas en la entrada de la carpa y nos devoramos hasta quedar dormidas. Horas después desperté, de nuevo antes que Hernanda, y contemplándola, súbitamente me antojé de escribir. Yo había visto que había un cuaderno y lapiceros dentro de las mochilas, y me alegré saber que no lo había soñado. Me puse a escribir un rato. Releí lo escrito, suspiré, dejé al lado el apunte, y la abracé para dormir un ratico más. Despertamos, esta vez juntas,  y el cambio de luz dentro de nuestro techo nos sacó  para ver el atardecer. Estábamos una junto a la otra, sin tocarnos, pero con la calidez de un abrazo telepático.&lt;br /&gt;
-He escrito hace un ratico, mientras dormías, Nandita. Es corto. Si no lo transformo como estrofas de canción, lo colocaré tal cual en el cuadernillo de Coyote, a manera de prosa introductoria. Aún no sé, es muy pronto para saberlo. ¿Quieres que te lo lea?&lt;br /&gt;
-Claro que sí, pequitas- me dijo, estampándome un beso. Corriendo como chiquilla fui hasta la carpa y volví con mi apunte. Antes de empezar a leerlo, me di cuenta que seguía tan amañada y relajada en ese lugar que le pregunté:&lt;br /&gt;
-¿Nos quedaríamos esta noche también? -le dije con un poco de temor de oirle una negativa.&lt;br /&gt;
-Ji ji, yo creo que sí. Espero no te echen del trabajo.&lt;br /&gt;
-Náh. Julia, mi tía, me tiene malcriada. Desde allá de Cúcuta fue que me consiguió el empleo con una conocida. En caso extremo hasta viajaría a abogar por mí- le dije, sin sentir pena, descaradamente irresponsable – y las clases con los gemelos son jueves y viernes. Las otras ya las terminé de dictar- le dije, completando mi reporte. &lt;br /&gt;
-Que no se diga más, pequitas. Anda, ahora léeme tu escrito, por favor- me miró con cariño y algo de lascivia, y aceptando con cómplice malicia mis explicaciones. Parecíamos dos Evas en un paraíso.&lt;br /&gt;
-Bueno, aquí va- le dije, innecesariamente nerviosa.&lt;br /&gt;
&amp;quot;He comido las raíces del árbol que iba a caer, para que éste viera en sus hojas sus alas. Luego lloré entre mis piernas risas rojas, celebrando el preludio del cansancio del aire, que de estar flotando, pasó a ser agua y se hizo hermana del río de mis óvulos. Entonces vinieron tres comerciantes a probar sus inversiones intentando subastar mi piel por parcelas de milímetros cuadrados, pero canté como ballena y corrieron espantados, rascándose su alergia a la parte cursi que de ellos mismos esconden hablando de dinero. Enseguida subí a mi escenario llamado alcoba, y canté con amplificador distorsionado, volumen apagado y ventanas abiertas, y me desnudé subastando mis milímetros cuadrados a un amor nacido de la bancarrota. Frente al espejo del baño me vi sonriendo por dos minutos que duraron dos horas, entonces puse tontamente mi brassier en mis mejillas: sobre la tela, mis pecas brillaban igual que el reflejo de estrellas sobre los colmillos de una cría de coyote buscando el pezón de su alimento. Y pensé: 'lo único que la sabiduría no sabe es cómo sabe que sabe, me da pena la pobre'. Caí de mi pensamiento pues timbró el celular que nunca contesto, sólo lo uso para oír el riff de 'aces high' que mi pareja le puso por ringtone, pero como pocas veces nunca es nunca, contesté mi teléfono y la saludé con un beso que respetó nuestra distancia. Recordé la anciana desahuciada que vi hace dos noches en la calle, y aunque le di unos cuantos billetes, no puedo evitar insistirme casi llorando que le debí haber dado un abrazo, pero sé que eso me habría servido sólo a mí y hubiera sido muy incómodo para ella, y me pregunto por qué muchas veces parece que las mujeres supiéramos lo que sabemos todas de cada una. Arrastré un par de sillas en mitad de una carcajada y como por arte de magia un suspiro que venía a sentarse en ellas se puso a escupir secretos sobre personas que afortunadamente habían olvidado el paraguas. Todo eso me sucedió mientras tú preparabas nuestras maletas, mi querida música.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8182956755/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 13 Nov 2012 15:30:58 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-11-13T18:29:00-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>dejando que mi nariz subiera por toda ella, rozando su piel -al igual que la mía- apenas vestida de agua</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Martes, 13 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Tausa, Cundinamarca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los rayos de sol sobre mí, distorsionados desde allí arriba al entrar al lago, me entretenían para mantenerme sumergida y poder prolongar el aguantar la respiración bajo el agua. Era mi truco: olvidarme de pensar el tener que volver a respirar fijando mi atención en algo más. Era la quinta ronda y le había ganado las cuatro anteriores a Hernanda, quien tenía mucho menos afición al deporte que yo. Desde pequeña me encantaba montar cicla, hacer natación, y casi a diario jugar voleibol en el cole después de las horas de clase. A ella también le encantaba el aire libre, incluso más que a mí, en el sentido que no era el tipo de persona que se encerraba triste o enojada por sentimientos asociales. Lo contrario. Tanto en la agitada ciudad como en sus salidas de estudios a pueblitos más serenos, su vocación de antropóloga le daba alas para sobrevolar y curiosear entre demás miembros de su especie, aterrizando entre grupos o parejas que llamasen su atención a su olfato investigativo. Sencillamente gustaba de la gente. Además, era de las chicas que, si estaba deprimida, estresada o similar, buscaba compañía, en vez de optar por darse cabezazos contra la almohada a raíz de sentimientos encontrados fastidiando en círculo vicioso; “lo de adentro es lo de adentro, pero puede resolverse desde afuera”, era parte de la filosofía de vida de Hernanda, según me dijo aquella noche que nos conocimos en la fiesta de Halloween. Sus únicos encierros y aislamientos de los de más, por así decirlo, eran para escribir, pero incluso ahí, Hernanda gustaba de irse con papel o laptop a parques a hacerlo. Ella era una sedentaria a la intemperie. Yo, en cambio, una huraña deportista. Teníamos el mismo gusto por andar al aire libre, pero nos atraía de manera diferente. &lt;br /&gt;
-Seguro que hiciste un pacto secreto con la laguna, a mis espaldas. ¡Me ganaste las cinco veces!- Me dijo con carcajadas y falso enojo, flotando allí, a menos de un metro de mí.&lt;br /&gt;
-¡Invicta! -le contesté, y diciendo esto me sumergí, para acercarme hasta ella con dos brazadas subacuáticas, dejando que mi nariz subiera por toda ella, rozando su piel -al igual que la mía- apenas vestida de agua,  recorriendo sus muslos, su pubis, su vientre, su ombligo, sus senos, y voilá, su bello rostro ya sobre la superficie.&lt;br /&gt;
En ese momento su gustar de la gente se resumía en mi compañía. Un martes aquí en el Neusa es tan desolado como las diez am de un primero de enero allá en mi Cúcuta. Estábamos solas desde el amanecer. Igual que ayer, me desperté mucho antes que Hernanda y dejé mi mirada perderse en el paisaje. Un pequeño movimiento a lo lejos, al otro lado de la laguna, me certificaba que era la última carpa de la zona empacando su lunes festivo de vuelta a su normalidad. El inclemente sol de once y media am, resultante  de una completa  mañana sin nubes, nos había regalado una, si no más tibia, al menos menos fría laguna comparada con la de ayer, y por ello, disfrutábamos de una más larga sesión dentro de aquellas aguas. Besarnos desnudas, golpeteando nuestras piernas para mantenernos a flote, acompañadas sólo del susurrar tanto de  la brisa paramuna como de los cantos de pájaros entre los árboles, nos mantenía sedadas, pero sin sueño, adormiladas pero bien despeirtas, reposadas, pero en movimiento. Hernanda se separó de mí a menos de una brazada, contemplándome, adentrándose en mi pupilas al igual que yo en las de ella. Los chorritos de agua escurriéndoles por su frente, se agolpaban en sus pestañas de una forma muy sexy, y pensé por un instante que la invención de la pestañina se dio en un fracasado intento de imitar momentos como éste. Como el agua la maquillaba me quitaba el aliento. ¿Cuánto tiempo más duramos así, atontadas, viéndonos? Sólo sé que los dedos arrugados en sus yemas nos recordaron que no éramos peces. &lt;br /&gt;
Salimos, nos secamos y nos vestimos una a la otra, prendimos la fogata, destapamos los enlatados  y los pusimos en la parrilla junto con agua para té, todo de una forma tan silenciosa pero coordinada, que sin darnos cuenta parecíamos estar encontrando una forma de decirnos órdenes de trabajo de equipo, pero sin pronunciar palabra. ¿Sucedía esto cuando dos individuos cercanos están tantas horas juntas sin interactuar con más personas, o era más por el entorno? O ¿éramos nosotras, específicamente por ser nosotras, Hernanda y yo? Mi inquietud galopaba desbocada dentro de mí, y pareció que su golpetear aumentó al punto que mi pecho  exteriorizó su bombeo, pues Hernanda volteó a verme, interrumpiéndose a sí misma de secar los cubiertos  mientras yo revisaba los fríjoles para nuestro almuerzo.&lt;br /&gt;
-¿Me dijiste algo? - preguntó, rompiendo el largo silencio en que nos hallábamos hoy y me sonrojé.&lt;br /&gt;
-No, no te dije nada, pero sigue pasando ...- dije ensimismada oyendo mis propias palabras.&lt;br /&gt;
-... pasando, ¿qué?- inquirió de nuevo, riendo con un bufido, al ver mi ojos idos, extraviados en mi propia cara. &lt;br /&gt;
-¿No has notado que hemos estado calladas casi toda la mañana, pero pareciera que hemos estado como hablando?&lt;br /&gt;
Hernanda, que tomó el asombro de mis palabras por un lado más tierno que científico, sonrió, y se acercó a mí, besándome suavemente, dejando que el tocar de nuestros labios se volcara en tocar de lenguas y agitara otros pliegues, y si no es porque el agua para el té estaba empezando a secarse, esos besos nos hubieran dirigido dentro de la carpa, transformándolos en sexo. El agite de nuestra piel, sin embargo,  mantuvo alterada nuestra respiración durante el momento en que servíamos nuestros platillos. Disponiéndonos a terminar los últimos sorbos de la infusión como cierre de comida y pensando en arrucharnos bajo el sleeping para pasar el almuerzo, una voz a nuestras espaldas casi nos hace soltar nuestras tazas de té.&lt;br /&gt;
-Buenas taaardes- nos saludó jovial un guardián del lugar. Su rostro afable contrastaba con sus gruesas manos, sus anchas piernas y su piel curtida. Bajo el aún resplandeciente sol de mediodía, seguro el señor dijo “tardes” porque debe ser de esas personas de campo que si les da las ocho de la noche despierto ya sienten que están trasnochando. Casi lo envidié, crecer y vivir en un lugar así, imaginé que día día contemplaba el despliegue de cada amanecer. Hernanda le convidó la penúltima lata de cerveza que mantenía en la carpa y le estuvo haciendo larga charla. Platicaban de todo y de nada. Yo, gatita huraña, me mantuve inicialmente distante, con la excusa de lavar los platos y cubiertos, pero media hora después ya me hallaba casi acostada en el suelo, recostando mi espalda en las pantorrillas de Hernanda, sentada elegantemente sobre unos maderos, en decente acitud de visita. Supuse que esa misma postura la tuvo con su abuelita, un par de días atrás. Largo rato después, apenas la silueta del guardián desapareció a lo lejos del sendero, saltamos  el desorden de ropa y mochilas en la entrada de la carpa y nos devoramos hasta quedar dormidas. Horas después desperté, de nuevo antes que Hernanda, y contemplándola, súbitamente me antojé de escribir. Yo había visto que había un cuaderno y lapiceros dentro de las mochilas, y me alegré saber que no lo había soñado. Me puse a escribir un rato. Releí lo escrito, suspiré, dejé al lado el apunte, y la abracé para dormir un ratico más. Despertamos, esta vez juntas,  y el cambio de luz dentro de nuestro techo nos sacó  para ver el atardecer. Estábamos una junto a la otra, sin tocarnos, pero con la calidez de un abrazo telepático.&lt;br /&gt;
-He escrito hace un ratico, mientras dormías, Nandita. Es corto. Si no lo transformo como estrofas de canción, lo colocaré tal cual en el cuadernillo de Coyote, a manera de prosa introductoria. Aún no sé, es muy pronto para saberlo. ¿Quieres que te lo lea?&lt;br /&gt;
-Claro que sí, pequitas- me dijo, estampándome un beso. Corriendo como chiquilla fui hasta la carpa y volví con mi apunte. Antes de empezar a leerlo, me di cuenta que seguía tan amañada y relajada en ese lugar que le pregunté:&lt;br /&gt;
-¿Nos quedaríamos esta noche también? -le dije con un poco de temor de oirle una negativa.&lt;br /&gt;
-Ji ji, yo creo que sí. Espero no te echen del trabajo.&lt;br /&gt;
-Náh. Julia, mi tía, me tiene malcriada. Desde allá de Cúcuta fue que me consiguió el empleo con una conocida. En caso extremo hasta viajaría a abogar por mí- le dije, sin sentir pena, descaradamente irresponsable – y las clases con los gemelos son jueves y viernes. Las otras ya las terminé de dictar- le dije, completando mi reporte. &lt;br /&gt;
-Que no se diga más, pequitas. Anda, ahora léeme tu escrito, por favor- me miró con cariño y algo de lascivia, y aceptando con cómplice malicia mis explicaciones. Parecíamos dos Evas en un paraíso.&lt;br /&gt;
-Bueno, aquí va- le dije, innecesariamente nerviosa.&lt;br /&gt;
&amp;quot;He comido las raíces del árbol que iba a caer, para que éste viera en sus hojas sus alas. Luego lloré entre mis piernas risas rojas, celebrando el preludio del cansancio del aire, que de estar flotando, pasó a ser agua y se hizo hermana del río de mis óvulos. Entonces vinieron tres comerciantes a probar sus inversiones intentando subastar mi piel por parcelas de milímetros cuadrados, pero canté como ballena y corrieron espantados, rascándose su alergia a la parte cursi que de ellos mismos esconden hablando de dinero. Enseguida subí a mi escenario llamado alcoba, y canté con amplificador distorsionado, volumen apagado y ventanas abiertas, y me desnudé subastando mis milímetros cuadrados a un amor nacido de la bancarrota. Frente al espejo del baño me vi sonriendo por dos minutos que duraron dos horas, entonces puse tontamente mi brassier en mis mejillas: sobre la tela, mis pecas brillaban igual que el reflejo de estrellas sobre los colmillos de una cría de coyote buscando el pezón de su alimento. Y pensé: 'lo único que la sabiduría no sabe es cómo sabe que sabe, me da pena la pobre'. Caí de mi pensamiento pues timbró el celular que nunca contesto, sólo lo uso para oír el riff de 'aces high' que mi pareja le puso por ringtone, pero como pocas veces nunca es nunca, contesté mi teléfono y la saludé con un beso que respetó nuestra distancia. Recordé la anciana desahuciada que vi hace dos noches en la calle, y aunque le di unos cuantos billetes, no puedo evitar insistirme casi llorando que le debí haber dado un abrazo, pero sé que eso me habría servido sólo a mí y hubiera sido muy incómodo para ella, y me pregunto por qué muchas veces parece que las mujeres supiéramos lo que sabemos todas de cada una. Arrastré un par de sillas en mitad de una carcajada y como por arte de magia un suspiro que venía a sentarse en ellas se puso a escupir secretos sobre personas que afortunadamente habían olvidado el paraguas. Todo eso me sucedió mientras tú preparabas nuestras maletas, mi querida música.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8182956755/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
model / modelo:  Rachel Dashae&lt;/p&gt;</media:description>
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    <media:credit role="photographer">no para innita</media:credit>
    <media:category scheme="urn:flickr:tags">coyote musician woman sun art love girl face female illustration pencil lesbian stars star vegan rachel mujer artist chica arte native drawing song spirals amor feminine no space indian diary alien cara dream romance lips mp3 singer estrellas scifi feminism labios freckles estrella rostro diario artista cantante indígena lápiz lesbiana feminismo pecas femenine neusa canción espirales dashae cnemidophorus innita ginotropia noparainnita rawwar tausa innitaparano menorrealista menorrealismo pluviali exsanguis hernanda</media:category>
		</item>
		<item>
			<title>polaroid (remix)</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8175556659/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/noparainnita/&quot;&gt;no para innita&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8175556659/&quot; title=&quot;polaroid (remix)&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8490/8175556659_d5feb08d74_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;194&quot; alt=&quot;polaroid (remix)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sábado, 10 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Es sábado, no soy alcohólica- me dijo Hernanda Telar al rebajar su tercera taza de café con un poco de whisky.&lt;br /&gt;
-No te estoy diciendo nada- le dije, sonrojada, subiendo mis hombros hasta casi tocar las orejas. Me cogió con la guardia baja. Hernanda me había leído la mente.&lt;br /&gt;
Faltaba un cuarto para las cuatro am. La noche empezaba a estar silente en el apartamento de Hernanda: desde la cientodieciséis se oía el último gran despliegue de taxis retornando sus pasajeros a sus hogares luego de la rumba de viernes. Yo no tenía sueño, pero quería dormir, y la agüita de manzana con lechuga había sido en vano. Hernanda en cambio se había despertado hace poco y quería seguuir despierta. Anoche yo había llegado sobre las nueve pm al Pub que queda semiescondido como por la noventa y dos donde estaban Hernanda y seis chicas más cerveceando y celebrando sobre el mérito, o la excusa, de un diploma. Ladies' night. Estaban así desde las cinco pm: la mejor amiga de Hernanda durante la U había tenido su ceremonia de graduación a mediodía. Hernanda me había timbrado sobre las cuatro pm para “reportarse”, pero yo estaba en mitad de mi extraño y enfadador sueño de veinte horas. Me llamó de nuevo sobre las cinco pm. Y yo, aún dormida. De nuevo me timbró sobre las seis y media, y al contestarle, mi desasosiego se disolvió en alivio. Lo cierto era que ayer mi plan originalemnte era tener un día muy movido: luego de las clases de conducción, almorzaría conduciendo rumbo a una de esas lujosas casas por la cientocincuenta, para empezar a pleno mediodía unas muy bien pagas horas de clase de guitarra a unos gemelos de catorce años, quienes querían formar una banda. Me devolvería a casita para ensayar con Lauro, y de ahí nos reuniríamos por primera vez con todo “Dirty Harry”. Pero nada de eso sucedió, no desperté en  la mañana. Y ya en la tarde, lo único que hice fue con la consecuente e incómoda tarea de llamar y dar disculpas a los involucrados en todos esos compromisos. Al salir del Pub, a eso de las once pm, desde donde Hernanda había salido un poco más que entonadita, conducí con ella a su casa: había quedado fundida apenas se sentó como copiloto. Atrincherada bajo las sábanas, alcancé a ver dos pelis de su colección antes que, a eso de las tres y cuarto, ella despertase por  los estruendosos créditos iniciales de la tercera. Hernanda volteó su mirada hacia mí topándose con mi enfuruñado puchero por el insomnio. Aunque ambas sabíamos que realmente no era insomnio. El viernes había dormido mucho, de-ma-sia-do. Al verme de actitud tan desinflada con la agüita entre mis manos desarropadas, se enterneció.&lt;br /&gt;
-Tú no necesitas de la noche, pequitas, tú llevas la noche bellamente en tu carita- me dijo, a la vez que ese piropo se acompañaba por besitos que me plantó, picoteando casi que cada una de las pecas estrellas de mis mejillas. Mi puchero se transformó en una sonrisa inoportunamente tímida. Acto seguido, se levantó a prepararse café para ponernos a charlar. Sus dos tazas iniciales fueron acompañada de un diálogo despreocupado, sobre nada, sin rumbo. Y se levantó de nuevo, esta vez hacia su minibar, al lado del lavaplatos. Y, yo, que la estaba empezando a conocer más, me di cuenta que el whisky le disolvía varias puertas de su corazón.&lt;br /&gt;
-Ayer en la mañana fui a visitar a mi ex, el que se estrelló con mi casa- me dijo, al volver y arroparse, dejando a su lado de la cama la botella de whisky y su tercera taza de café. El mencionarlo así, como accidente de tránsito, era un eufemismo para no pronunciar la frase “intento de suicidio”. Estábamos ambas viendo al frente, donde la luz del teve iluminaba nuestros rostros, más como lámpara que como película que en realidad estuviéramos viendo. Hernanda continuó. Me dijo que  verlo así, tumbado y enyesado con sus fracturas múltiples, era la materialización de su corazón aún irreparado, áun roto.&lt;br /&gt;
-Es demasiada responsabilidad, Innita.- Me dijo mientras agregaba otro empujón de whisky a su café. Estaba claro que el alcohol ablandaba su labia. Sin embargo, sus palabras se resistían a deslizarse fuera de su boca. La mirada y su lenguaje corporal, que se habían tornado del mismo color derrota del dramononón francés que el dvd seguía rodando en el televisor,  me decían mucho de cómo fue esa visita. Le acaricié la frente, echando para atrás dos de sus mechones de cabello. Nos besamos apretándonos una contra la otra, sin lengua, y nos reimos, pilladas, al reconocer en ese gesto que ambas esperábamos que fuera la otra la que primero abriera la boca. Nos dimos varios piquitos más y nos reacomodamos sumergidas entre nuestras respectivas almohadas, pero esta vez ignorando del todo la peli, viéndonos una a la otra, casi tocándose nuestras narices, en la penumbra de los ahora tonos opacos que la escena nocturna del filme emitía. &lt;br /&gt;
-Con él habíamos planeado irnos a vivir juntos. La idea me sonaba muy tentadora, pero nunca me decidí. Algo en mi interior me decía que no lo hiciera y ese algo no era miedo, ni porque apenas yo tuviera veintiún años- Hernanda me miró algo apenada, porque ésa es mi edad actual. Y yo, pues sonreí para mis adentros: ella apenas tiene veintitrés. Lo pensé sin desquite, más bien con asombro: para mí, Hernanda era demasiado madura para su edad, era su rostro y figura lo único que delataba sus pocos años; tal vez por eso era que ella hablaba poco de su vida y sentimientos, para no asustar a la gente. Incluso creo que hay más madurez en ella de la que me hacía dar a conocer, y de cierta forma me mostraba su parte más juvenil para poder empalmar conmigo. Pensando todo esto, la miré con gesto de no hay lío, y prosiguió -Creo que lo que le dio mucha rabia fue saber que un año después de terminarle, yo ya había consolidado y ahorrado mi entrada de dinero mensual como traductora de textos, y me fuí de la casa de mi familia. Estrellarse con la casa fue una forma de restregarme el por qué no me decidí a hacerlo cuando aún estaba con él. &lt;br /&gt;
A medida que soltaba esas palabras, su animosidad aumentaba en reclamo, enojo y ganas de llorar. ¿Lo había querido mucho más de lo que ella mismo sabía? Suspiró hondo y se tomó el último sorbo del café. Dejó la taza en el piso, se volteó hacía mí y me abrazó acomodándose para enredar, a pesar de nuestros improvisados pijamas, sus piernas con las mías y sus senos con los míos. Con su punta de la nariz cosquilleó mis pestañas un rato largo; y eso, junto con el retardado efecto de la manzana y la lechuga, me empezaron a adormecer. Era claro: Hernanda no quería hablar más del tema.&lt;br /&gt;
Sobre las ocho y media desperté. Giré a ver a la antropóloga, quien se hallaba profundamente dormida. Jugué suavemente con su cabello por más de cuarenta minutos, a la par que yo  dejaba que todos mis pensamientos se permitieran aflorar sin prisa fuera de mí, y flotaran en la habitación. Dejé a Hernanda quietica y boca arriba, crucé mis manos sobre mi vanidoso vientre plano, y seguí pensativa, en el buen sentido de la palabra. Ya sobre las diez pasadas, me cansé de mis pensamientos, y los reventé uno a uno, haciendo con mi boca la onomatopeya de las pompas al reventarse.  Era sábado de preámbulo de lunes festivo, era aún muy temprano como para hacer cualquier cosa durante estos tres días. Extendí mi brazo hacia mi derecha, por encima de Hernanda, para alcanzar la botella de whisky a medio llenar y la usé como recurso de flojera para empujar hacia mí mi chaqueta tirada en el piso, y sacar de ella mi teléfono. Llamé primero a papá, a quien no le había dado las gracias por los pedales; como es usual, la conversación fue corta y accidentada: las palabras y papá nunca hicieron una buena dupla. Luego llamé a mamá, eso sí parloteando largo y parejo, con quien de cuando en cuando me doy el lujo de contarle los pormenores de cómo me siento y qué he hecho; mi teléfono marcó más de cuarenta minutos cuando colgué. Para hacer más tiempo, llamé también a Rafaelo, mi hermanastro de diecisiete, músico también. No hablaba con él hace más de un mes. Le conté de Lauro y de Dirty Harry, y se alegró mucho por mí, ya que sabía que prácticamente yo me había ido de Cúcuta por no haber podido consolidar allí una banda seria y completa. Eso sí, sentí apático a Rafa cuando me dio por contarle los detalles, ya que él no escucha rock; lo suyo es lo tropical. A mi lado, Hernanda seguía profunda, inmune a toda mi cháchara familiar. Tras colgar con él me levanté  a prepararme el desayuno, arepita con chocolate. Eran casi las doce cuando terminé y el zumbido de mi teléfono anunciaba mi primer encuentro con la banda: era Lauro, contándome que a eso de las tres pm nos reuniríamos en casa de uno de los de Dirty Harry, donde a veces se reúnen para ensayar, pero en donde hoy en particular estarían haciendo una nueva sesión de fotos como parte de promoción y prensa para “Popnography”, su segundo EP, pronto a salir. Hernanda finalmente despertaba veinte minutos después, y tras un muy cariñoso beso de buenos días, la invité a que me acompañara a la reunión. Hicimos pereza, y otras cositas, antes de arreglarnos. Nos duchamos aún por separado, que aunque me extrañaba, no me molestaba ni un poquito. De almuerzo improvisamos una gran ensalada con los vestigios finales de tomate, pimentón, zanahoria, orellanas y tofu ahumado que aún ocupaban la casi desocupada nevera, atrasada de nuevo mercado.&lt;br /&gt;
Timbré puntual en la dirección acordada, unas cuadras al sur del parque del Virrey. Lauro, mi tecladista, el artista a ser conocido como Monkey B, abrió y tras su cálido abrazo nos hizo pasar a Hernanda y a mí. Nos presentó a Andreo Bernadette, Nathaniela Bonilla y Danielo Navarro. Andaban aún todos maquillados por la sesión.&lt;br /&gt;
-Esas pecas tuyas, en forma de estrellas, ¿te las tatuaste?- me preguntó Andreo, sonriente, acercándose espontánea pero invasivamente a mi rostro, señalando con su índice mi nariz y mejillas. Su pregunta tenía el mismo tono desparpajado del niño del final del Nuevo Traje del Emperador. &lt;br /&gt;
-Er... no, son de nacimiento- Respondí, algo intimidada. &lt;br /&gt;
-Bomba- me dijo a manera de cumplido. &lt;br /&gt;
-Gracias- repliqué, ya sonrojada, aunque el halago era en realidad para mamá y papá.&lt;br /&gt;
-¿Cuánto llevas con la música?- Inquirió de nuevo Andreo.&lt;br /&gt;
-Uff, toda la vida. Desde niña me la pasaba cantando. Sólo hasta que tuve catorce grabé mis primeras tres canciones. Nunca las he subido a internet, son un poco personales, eran como regalos a personas específicas … además mi voz ya ha cambiado mucho en estos siete años.- Hernanda estaba algo asombrada, no me había oído tan tímida. Le devolví su mirada con otra que decía “espera, apenas se está rompiendo el hielo. Se supone que la impaciente soy yo”. Tenía mi emoción contenida, y eso hacía el lento fluir de mis palabras. Pero la mirada de Hernanda hizo darme más fuerza. Además, por un breve instante, temí que hasta Lauro titubeara al pensar que mi autoconfianza en los ensayos  se ocultara al tocar y cantar en vivo. No quería parecer como uno de esos músicos que componen  y ensayan con fluidez pero que se retienen en el escenario, dejando al público con ganas de un mejor espectáculo. Y esto era rock de tipo fuerte, el extrovertido, no era ni shoegaze ni introspectiva balada adulto-contemporánea. Si ellos estaban dispuestos e interesados a ser mi banda en vivo, tenía que demostrarlo. Así que continué. &lt;br /&gt;
-Apenas llegué en agosto a Bogotá, y también durante todo septiembre,  busqué productor cada vez que pude en el tiempo libre de mi trabajo, y a falta de encontrar uno, empecé, sin remedio, a revisar una y otra vez mi material, como a muchos músicos nos pasa. Me di ceunta que quería darle más fuerza y más teclados. Imprimirle más voltaje y menos melancolía- Andreo asintió en silencio sobre esto último, y continué -Cuando me topé con Lauro en octubre, como respuesta de los muchos clasificados que subí a internet buscando banda, fue genial. Lauro captaba muy bien lo que yo quería de mis canciones, fue química inmediata. Tanto así, que desde que nos reunimos por primera vez, estuvimos ensayando diariamente por quince días. Eso no lo logré ni con mi par de amigas en Cúcuta. &lt;br /&gt;
-Pues hemos oido tus tracks y están muy interesantes- dijo Nathaniela.&lt;br /&gt;
Ups, “interesante” me dije a mis adentros. Yo tengo un problema con esa palabra, me parece que camufla un elogio débil, Es como decir “quizás” en vez de “sí”. La Leo en mí hizo que callara mis palabras y pasara a la acción. Me dirigí a Lauro.&lt;br /&gt;
-¿Por qué no mejor tocamos algo?&lt;br /&gt;
Lauro asintió.&lt;br /&gt;
-Con confianza Innita- me dijo Andreo, permitiéndome, en invitación, a que usara los instrumentos de ellos. Por ser primera reunión, yo ni consideré traer mi guitarra ni compu.&lt;br /&gt;
Luego de veinte minutos de cuadrar instrumentos, Lauro y yo tocamos “Halloween”, “Por No” y “Coyote”. Mi timidez había desaparecido, y pude demostrarles sin duda alguna mi actitud de frontwoman. A Hernanda le chisporrotearon sus ojos; ya casi que ella se sabía esas canciones por los demos, pero nunca me había oído cantarla en vivo, acompañada de más instrumentos. Cuando terminamos, Andreo se animó y quiso probar esas tres canciones. Y luego, ya todos los cinco ahí subidos, empezamos a ensayar Halloween con Nathaniela en la batería,  Danielo en el bajo, Andreo en la segunda guitarra, Monkey B/Lauro en los teclados y yo en la voz y primera guitarra. Yo nunca había tocado mis canciones con más de dos personas en vivo, asíi que estar con todo Dirty Harry me parecía un montón, y eso me hizo feliz. Sí, soy de las que sueño tocar alguna vez con toda una Filarmónica en escenario. De público teníamos al trío de  fotógrafos, los dos maquilladores, y claro, a Hernanda. Jugueteamos por casi dos horas. El experimento de ensamble había pintado muy bien para todos. Aprovechando que los fotógrafos, con sus cámaras muy pro, se habían quedado al jam, salimos del cuarto de instrumentos y nos tomamos unas fotos. Hubiéramos permanecido mucho rato más si no es porque tanto cada uno de Dirty Harry y yo teníamos ya armados planes sabatinos. &lt;br /&gt;
Mi plan era con Hernanda, celebraríamos con cariñoso sexo sucio hasta quedar dormidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8173232714/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
models / modelos: Marlon Bustos, Rachel Dashae, Andres Bernadette&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 11 Nov 2012 08:31:24 -0800</pubDate>
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    <media:title>polaroid (remix)</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Sábado, 10 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Es sábado, no soy alcohólica- me dijo Hernanda Telar al rebajar su tercera taza de café con un poco de whisky.&lt;br /&gt;
-No te estoy diciendo nada- le dije, sonrojada, subiendo mis hombros hasta casi tocar las orejas. Me cogió con la guardia baja. Hernanda me había leído la mente.&lt;br /&gt;
Faltaba un cuarto para las cuatro am. La noche empezaba a estar silente en el apartamento de Hernanda: desde la cientodieciséis se oía el último gran despliegue de taxis retornando sus pasajeros a sus hogares luego de la rumba de viernes. Yo no tenía sueño, pero quería dormir, y la agüita de manzana con lechuga había sido en vano. Hernanda en cambio se había despertado hace poco y quería seguuir despierta. Anoche yo había llegado sobre las nueve pm al Pub que queda semiescondido como por la noventa y dos donde estaban Hernanda y seis chicas más cerveceando y celebrando sobre el mérito, o la excusa, de un diploma. Ladies' night. Estaban así desde las cinco pm: la mejor amiga de Hernanda durante la U había tenido su ceremonia de graduación a mediodía. Hernanda me había timbrado sobre las cuatro pm para “reportarse”, pero yo estaba en mitad de mi extraño y enfadador sueño de veinte horas. Me llamó de nuevo sobre las cinco pm. Y yo, aún dormida. De nuevo me timbró sobre las seis y media, y al contestarle, mi desasosiego se disolvió en alivio. Lo cierto era que ayer mi plan originalemnte era tener un día muy movido: luego de las clases de conducción, almorzaría conduciendo rumbo a una de esas lujosas casas por la cientocincuenta, para empezar a pleno mediodía unas muy bien pagas horas de clase de guitarra a unos gemelos de catorce años, quienes querían formar una banda. Me devolvería a casita para ensayar con Lauro, y de ahí nos reuniríamos por primera vez con todo “Dirty Harry”. Pero nada de eso sucedió, no desperté en  la mañana. Y ya en la tarde, lo único que hice fue con la consecuente e incómoda tarea de llamar y dar disculpas a los involucrados en todos esos compromisos. Al salir del Pub, a eso de las once pm, desde donde Hernanda había salido un poco más que entonadita, conducí con ella a su casa: había quedado fundida apenas se sentó como copiloto. Atrincherada bajo las sábanas, alcancé a ver dos pelis de su colección antes que, a eso de las tres y cuarto, ella despertase por  los estruendosos créditos iniciales de la tercera. Hernanda volteó su mirada hacia mí topándose con mi enfuruñado puchero por el insomnio. Aunque ambas sabíamos que realmente no era insomnio. El viernes había dormido mucho, de-ma-sia-do. Al verme de actitud tan desinflada con la agüita entre mis manos desarropadas, se enterneció.&lt;br /&gt;
-Tú no necesitas de la noche, pequitas, tú llevas la noche bellamente en tu carita- me dijo, a la vez que ese piropo se acompañaba por besitos que me plantó, picoteando casi que cada una de las pecas estrellas de mis mejillas. Mi puchero se transformó en una sonrisa inoportunamente tímida. Acto seguido, se levantó a prepararse café para ponernos a charlar. Sus dos tazas iniciales fueron acompañada de un diálogo despreocupado, sobre nada, sin rumbo. Y se levantó de nuevo, esta vez hacia su minibar, al lado del lavaplatos. Y, yo, que la estaba empezando a conocer más, me di cuenta que el whisky le disolvía varias puertas de su corazón.&lt;br /&gt;
-Ayer en la mañana fui a visitar a mi ex, el que se estrelló con mi casa- me dijo, al volver y arroparse, dejando a su lado de la cama la botella de whisky y su tercera taza de café. El mencionarlo así, como accidente de tránsito, era un eufemismo para no pronunciar la frase “intento de suicidio”. Estábamos ambas viendo al frente, donde la luz del teve iluminaba nuestros rostros, más como lámpara que como película que en realidad estuviéramos viendo. Hernanda continuó. Me dijo que  verlo así, tumbado y enyesado con sus fracturas múltiples, era la materialización de su corazón aún irreparado, áun roto.&lt;br /&gt;
-Es demasiada responsabilidad, Innita.- Me dijo mientras agregaba otro empujón de whisky a su café. Estaba claro que el alcohol ablandaba su labia. Sin embargo, sus palabras se resistían a deslizarse fuera de su boca. La mirada y su lenguaje corporal, que se habían tornado del mismo color derrota del dramononón francés que el dvd seguía rodando en el televisor,  me decían mucho de cómo fue esa visita. Le acaricié la frente, echando para atrás dos de sus mechones de cabello. Nos besamos apretándonos una contra la otra, sin lengua, y nos reimos, pilladas, al reconocer en ese gesto que ambas esperábamos que fuera la otra la que primero abriera la boca. Nos dimos varios piquitos más y nos reacomodamos sumergidas entre nuestras respectivas almohadas, pero esta vez ignorando del todo la peli, viéndonos una a la otra, casi tocándose nuestras narices, en la penumbra de los ahora tonos opacos que la escena nocturna del filme emitía. &lt;br /&gt;
-Con él habíamos planeado irnos a vivir juntos. La idea me sonaba muy tentadora, pero nunca me decidí. Algo en mi interior me decía que no lo hiciera y ese algo no era miedo, ni porque apenas yo tuviera veintiún años- Hernanda me miró algo apenada, porque ésa es mi edad actual. Y yo, pues sonreí para mis adentros: ella apenas tiene veintitrés. Lo pensé sin desquite, más bien con asombro: para mí, Hernanda era demasiado madura para su edad, era su rostro y figura lo único que delataba sus pocos años; tal vez por eso era que ella hablaba poco de su vida y sentimientos, para no asustar a la gente. Incluso creo que hay más madurez en ella de la que me hacía dar a conocer, y de cierta forma me mostraba su parte más juvenil para poder empalmar conmigo. Pensando todo esto, la miré con gesto de no hay lío, y prosiguió -Creo que lo que le dio mucha rabia fue saber que un año después de terminarle, yo ya había consolidado y ahorrado mi entrada de dinero mensual como traductora de textos, y me fuí de la casa de mi familia. Estrellarse con la casa fue una forma de restregarme el por qué no me decidí a hacerlo cuando aún estaba con él. &lt;br /&gt;
A medida que soltaba esas palabras, su animosidad aumentaba en reclamo, enojo y ganas de llorar. ¿Lo había querido mucho más de lo que ella mismo sabía? Suspiró hondo y se tomó el último sorbo del café. Dejó la taza en el piso, se volteó hacía mí y me abrazó acomodándose para enredar, a pesar de nuestros improvisados pijamas, sus piernas con las mías y sus senos con los míos. Con su punta de la nariz cosquilleó mis pestañas un rato largo; y eso, junto con el retardado efecto de la manzana y la lechuga, me empezaron a adormecer. Era claro: Hernanda no quería hablar más del tema.&lt;br /&gt;
Sobre las ocho y media desperté. Giré a ver a la antropóloga, quien se hallaba profundamente dormida. Jugué suavemente con su cabello por más de cuarenta minutos, a la par que yo  dejaba que todos mis pensamientos se permitieran aflorar sin prisa fuera de mí, y flotaran en la habitación. Dejé a Hernanda quietica y boca arriba, crucé mis manos sobre mi vanidoso vientre plano, y seguí pensativa, en el buen sentido de la palabra. Ya sobre las diez pasadas, me cansé de mis pensamientos, y los reventé uno a uno, haciendo con mi boca la onomatopeya de las pompas al reventarse.  Era sábado de preámbulo de lunes festivo, era aún muy temprano como para hacer cualquier cosa durante estos tres días. Extendí mi brazo hacia mi derecha, por encima de Hernanda, para alcanzar la botella de whisky a medio llenar y la usé como recurso de flojera para empujar hacia mí mi chaqueta tirada en el piso, y sacar de ella mi teléfono. Llamé primero a papá, a quien no le había dado las gracias por los pedales; como es usual, la conversación fue corta y accidentada: las palabras y papá nunca hicieron una buena dupla. Luego llamé a mamá, eso sí parloteando largo y parejo, con quien de cuando en cuando me doy el lujo de contarle los pormenores de cómo me siento y qué he hecho; mi teléfono marcó más de cuarenta minutos cuando colgué. Para hacer más tiempo, llamé también a Rafaelo, mi hermanastro de diecisiete, músico también. No hablaba con él hace más de un mes. Le conté de Lauro y de Dirty Harry, y se alegró mucho por mí, ya que sabía que prácticamente yo me había ido de Cúcuta por no haber podido consolidar allí una banda seria y completa. Eso sí, sentí apático a Rafa cuando me dio por contarle los detalles, ya que él no escucha rock; lo suyo es lo tropical. A mi lado, Hernanda seguía profunda, inmune a toda mi cháchara familiar. Tras colgar con él me levanté  a prepararme el desayuno, arepita con chocolate. Eran casi las doce cuando terminé y el zumbido de mi teléfono anunciaba mi primer encuentro con la banda: era Lauro, contándome que a eso de las tres pm nos reuniríamos en casa de uno de los de Dirty Harry, donde a veces se reúnen para ensayar, pero en donde hoy en particular estarían haciendo una nueva sesión de fotos como parte de promoción y prensa para “Popnography”, su segundo EP, pronto a salir. Hernanda finalmente despertaba veinte minutos después, y tras un muy cariñoso beso de buenos días, la invité a que me acompañara a la reunión. Hicimos pereza, y otras cositas, antes de arreglarnos. Nos duchamos aún por separado, que aunque me extrañaba, no me molestaba ni un poquito. De almuerzo improvisamos una gran ensalada con los vestigios finales de tomate, pimentón, zanahoria, orellanas y tofu ahumado que aún ocupaban la casi desocupada nevera, atrasada de nuevo mercado.&lt;br /&gt;
Timbré puntual en la dirección acordada, unas cuadras al sur del parque del Virrey. Lauro, mi tecladista, el artista a ser conocido como Monkey B, abrió y tras su cálido abrazo nos hizo pasar a Hernanda y a mí. Nos presentó a Andreo Bernadette, Nathaniela Bonilla y Danielo Navarro. Andaban aún todos maquillados por la sesión.&lt;br /&gt;
-Esas pecas tuyas, en forma de estrellas, ¿te las tatuaste?- me preguntó Andreo, sonriente, acercándose espontánea pero invasivamente a mi rostro, señalando con su índice mi nariz y mejillas. Su pregunta tenía el mismo tono desparpajado del niño del final del Nuevo Traje del Emperador. &lt;br /&gt;
-Er... no, son de nacimiento- Respondí, algo intimidada. &lt;br /&gt;
-Bomba- me dijo a manera de cumplido. &lt;br /&gt;
-Gracias- repliqué, ya sonrojada, aunque el halago era en realidad para mamá y papá.&lt;br /&gt;
-¿Cuánto llevas con la música?- Inquirió de nuevo Andreo.&lt;br /&gt;
-Uff, toda la vida. Desde niña me la pasaba cantando. Sólo hasta que tuve catorce grabé mis primeras tres canciones. Nunca las he subido a internet, son un poco personales, eran como regalos a personas específicas … además mi voz ya ha cambiado mucho en estos siete años.- Hernanda estaba algo asombrada, no me había oído tan tímida. Le devolví su mirada con otra que decía “espera, apenas se está rompiendo el hielo. Se supone que la impaciente soy yo”. Tenía mi emoción contenida, y eso hacía el lento fluir de mis palabras. Pero la mirada de Hernanda hizo darme más fuerza. Además, por un breve instante, temí que hasta Lauro titubeara al pensar que mi autoconfianza en los ensayos  se ocultara al tocar y cantar en vivo. No quería parecer como uno de esos músicos que componen  y ensayan con fluidez pero que se retienen en el escenario, dejando al público con ganas de un mejor espectáculo. Y esto era rock de tipo fuerte, el extrovertido, no era ni shoegaze ni introspectiva balada adulto-contemporánea. Si ellos estaban dispuestos e interesados a ser mi banda en vivo, tenía que demostrarlo. Así que continué. &lt;br /&gt;
-Apenas llegué en agosto a Bogotá, y también durante todo septiembre,  busqué productor cada vez que pude en el tiempo libre de mi trabajo, y a falta de encontrar uno, empecé, sin remedio, a revisar una y otra vez mi material, como a muchos músicos nos pasa. Me di ceunta que quería darle más fuerza y más teclados. Imprimirle más voltaje y menos melancolía- Andreo asintió en silencio sobre esto último, y continué -Cuando me topé con Lauro en octubre, como respuesta de los muchos clasificados que subí a internet buscando banda, fue genial. Lauro captaba muy bien lo que yo quería de mis canciones, fue química inmediata. Tanto así, que desde que nos reunimos por primera vez, estuvimos ensayando diariamente por quince días. Eso no lo logré ni con mi par de amigas en Cúcuta. &lt;br /&gt;
-Pues hemos oido tus tracks y están muy interesantes- dijo Nathaniela.&lt;br /&gt;
Ups, “interesante” me dije a mis adentros. Yo tengo un problema con esa palabra, me parece que camufla un elogio débil, Es como decir “quizás” en vez de “sí”. La Leo en mí hizo que callara mis palabras y pasara a la acción. Me dirigí a Lauro.&lt;br /&gt;
-¿Por qué no mejor tocamos algo?&lt;br /&gt;
Lauro asintió.&lt;br /&gt;
-Con confianza Innita- me dijo Andreo, permitiéndome, en invitación, a que usara los instrumentos de ellos. Por ser primera reunión, yo ni consideré traer mi guitarra ni compu.&lt;br /&gt;
Luego de veinte minutos de cuadrar instrumentos, Lauro y yo tocamos “Halloween”, “Por No” y “Coyote”. Mi timidez había desaparecido, y pude demostrarles sin duda alguna mi actitud de frontwoman. A Hernanda le chisporrotearon sus ojos; ya casi que ella se sabía esas canciones por los demos, pero nunca me había oído cantarla en vivo, acompañada de más instrumentos. Cuando terminamos, Andreo se animó y quiso probar esas tres canciones. Y luego, ya todos los cinco ahí subidos, empezamos a ensayar Halloween con Nathaniela en la batería,  Danielo en el bajo, Andreo en la segunda guitarra, Monkey B/Lauro en los teclados y yo en la voz y primera guitarra. Yo nunca había tocado mis canciones con más de dos personas en vivo, asíi que estar con todo Dirty Harry me parecía un montón, y eso me hizo feliz. Sí, soy de las que sueño tocar alguna vez con toda una Filarmónica en escenario. De público teníamos al trío de  fotógrafos, los dos maquilladores, y claro, a Hernanda. Jugueteamos por casi dos horas. El experimento de ensamble había pintado muy bien para todos. Aprovechando que los fotógrafos, con sus cámaras muy pro, se habían quedado al jam, salimos del cuarto de instrumentos y nos tomamos unas fotos. Hubiéramos permanecido mucho rato más si no es porque tanto cada uno de Dirty Harry y yo teníamos ya armados planes sabatinos. &lt;br /&gt;
Mi plan era con Hernanda, celebraríamos con cariñoso sexo sucio hasta quedar dormidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8173232714/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
models / modelos: Marlon Bustos, Rachel Dashae, Andres Bernadette&lt;/p&gt;</media:description>
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			<title>polaroid</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8174055926/</link>
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&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/8174055926/&quot; title=&quot;polaroid&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8479/8174055926_be741f1066_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;194&quot; alt=&quot;polaroid&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Sábado, 10 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Es sábado, no soy alcohólica- me dijo Hernanda Telar al rebajar su tercera taza de café con un poco de whisky.&lt;br /&gt;
-No te estoy diciendo nada- le dije, sonrojada, subiendo mis hombros hasta casi tocar las orejas. Me cogió con la guardia baja. Hernanda me había leído la mente.&lt;br /&gt;
Faltaba un cuarto para las cuatro am. La noche empezaba a estar silente en el apartamento de Hernanda: desde la cientodieciséis se oía el último gran despliegue de taxis retornando sus pasajeros a sus hogares luego de la rumba de viernes. Yo no tenía sueño, pero quería dormir, y la agüita de manzana con lechuga había sido en vano. Hernanda en cambio se había despertado hace poco y quería seguuir despierta. Anoche yo había llegado sobre las nueve pm al Pub que queda semiescondido como por la noventa y dos donde estaban Hernanda y seis chicas más cerveceando y celebrando sobre el mérito, o la excusa, de un diploma. Ladies' night. Estaban así desde las cinco pm: la mejor amiga de Hernanda durante la U había tenido su ceremonia de graduación a mediodía. Hernanda me había timbrado sobre las cuatro pm para “reportarse”, pero yo estaba en mitad de mi extraño y enfadador sueño de veinte horas. Me llamó de nuevo sobre las cinco pm. Y yo, aún dormida. De nuevo me timbró sobre las seis y media, y al contestarle, mi desasosiego se disolvió en alivio. Lo cierto era que ayer mi plan originalemnte era tener un día muy movido: luego de las clases de conducción, almorzaría conduciendo rumbo a una de esas lujosas casas por la cientocincuenta, para empezar a pleno mediodía unas muy bien pagas horas de clase de guitarra a unos gemelos de catorce años, quienes querían formar una banda. Me devolvería a casita para ensayar con Lauro, y de ahí nos reuniríamos por primera vez con todo “Dirty Harry”. Pero nada de eso sucedió, no desperté en  la mañana. Y ya en la tarde, lo único que hice fue con la consecuente e incómoda tarea de llamar y dar disculpas a los involucrados en todos esos compromisos. Al salir del Pub, a eso de las once pm, desde donde Hernanda había salido un poco más que entonadita, conducí con ella a su casa: había quedado fundida apenas se sentó como copiloto. Atrincherada bajo las sábanas, alcancé a ver dos pelis de su colección antes que, a eso de las tres y cuarto, ella despertase por  los estruendosos créditos iniciales de la tercera. Hernanda volteó su mirada hacia mí topándose con mi enfuruñado puchero por el insomnio. Aunque ambas sabíamos que realmente no era insomnio. El viernes había dormido mucho, de-ma-sia-do. Al verme de actitud tan desinflada con la agüita entre mis manos desarropadas, se enterneció.&lt;br /&gt;
-Tú no necesitas de la noche, pequitas, tú llevas la noche bellamente en tu carita- me dijo, a la vez que ese piropo se acompañaba por besitos que me plantó, picoteando casi que cada una de las pecas estrellas de mis mejillas. Mi puchero se transformó en una sonrisa inoportunamente tímida. Acto seguido, se levantó a prepararse café para ponernos a charlar. Sus dos tazas iniciales fueron acompañada de un diálogo despreocupado, sobre nada, sin rumbo. Y se levantó de nuevo, esta vez hacia su minibar, al lado del lavaplatos. Y, yo, que la estaba empezando a conocer más, me di cuenta que el whisky le disolvía varias puertas de su corazón.&lt;br /&gt;
-Ayer en la mañana fui a visitar a mi ex, el que se estrelló con mi casa- me dijo, al volver y arroparse, dejando a su lado de la cama la botella de whisky y su tercera taza de café. El mencionarlo así, como accidente de tránsito, era un eufemismo para no pronunciar la frase “intento de suicidio”. Estábamos ambas viendo al frente, donde la luz del teve iluminaba nuestros rostros, más como lámpara que como película que en realidad estuviéramos viendo. Hernanda continuó. Me dijo que  verlo así, tumbado y enyesado con sus fracturas múltiples, era la materialización de su corazón aún irreparado, áun roto.&lt;br /&gt;
-Es demasiada responsabilidad, Innita.- Me dijo mientras agregaba otro empujón de whisky a su café. Estaba claro que el alcohol ablandaba su labia. Sin embargo, sus palabras se resistían a deslizarse fuera de su boca. La mirada y su lenguaje corporal, que se habían tornado del mismo color derrota del dramononón francés que el dvd seguía rodando en el televisor,  me decían mucho de cómo fue esa visita. Le acaricié la frente, echando para atrás dos de sus mechones de cabello. Nos besamos apretándonos una contra la otra, sin lengua, y nos reimos, pilladas, al reconocer en ese gesto que ambas esperábamos que fuera la otra la que primero abriera la boca. Nos dimos varios piquitos más y nos reacomodamos sumergidas entre nuestras respectivas almohadas, pero esta vez ignorando del todo la peli, viéndonos una a la otra, casi tocándose nuestras narices, en la penumbra de los ahora tonos opacos que la escena nocturna del filme emitía. &lt;br /&gt;
-Con él habíamos planeado irnos a vivir juntos. La idea me sonaba muy tentadora, pero nunca me decidí. Algo en mi interior me decía que no lo hiciera y ese algo no era miedo, ni porque apenas yo tuviera veintiún años- Hernanda me miró algo apenada, porque ésa es mi edad actual. Y yo, pues sonreí para mis adentros: ella apenas tiene veintitrés. Lo pensé sin desquite, más bien con asombro: para mí, Hernanda era demasiado madura para su edad, era su rostro y figura lo único que delataba sus pocos años; tal vez por eso era que ella hablaba poco de su vida y sentimientos, para no asustar a la gente. Incluso creo que hay más madurez en ella de la que me hacía dar a conocer, y de cierta forma me mostraba su parte más juvenil para poder empalmar conmigo. Pensando todo esto, la miré con gesto de no hay lío, y prosiguió -Creo que lo que le dio mucha rabia fue saber que un año después de terminarle, yo ya había consolidado y ahorrado mi entrada de dinero mensual como traductora de textos, y me fuí de la casa de mi familia. Estrellarse con la casa fue una forma de restregarme el por qué no me decidí a hacerlo cuando aún estaba con él. &lt;br /&gt;
A medida que soltaba esas palabras, su animosidad aumentaba en reclamo, enojo y ganas de llorar. ¿Lo había querido mucho más de lo que ella mismo sabía? Suspiró hondo y se tomó el último sorbo del café. Dejó la taza en el piso, se volteó hacía mí y me abrazó acomodándose para enredar, a pesar de nuestros improvisados pijamas, sus piernas con las mías y sus senos con los míos. Con su punta de la nariz cosquilleó mis pestañas un rato largo; y eso, junto con el retardado efecto de la manzana y la lechuga, me empezaron a adormecer. Era claro: Hernanda no quería hablar más del tema.&lt;br /&gt;
Sobre las ocho y media desperté. Giré a ver a la antropóloga, quien se hallaba profundamente dormida. Jugué suavemente con su cabello por más de cuarenta minutos, a la par que yo  dejaba que todos mis pensamientos se permitieran aflorar sin prisa fuera de mí, y flotaran en la habitación. Dejé a Hernanda quietica y boca arriba, crucé mis manos sobre mi vanidoso vientre plano, y seguí pensativa, en el buen sentido de la palabra. Ya sobre las diez pasadas, me cansé de mis pensamientos, y los reventé uno a uno, haciendo con mi boca la onomatopeya de las pompas al reventarse.  Era sábado de preámbulo de lunes festivo, era aún muy temprano como para hacer cualquier cosa durante estos tres días. Extendí mi brazo hacia mi derecha, por encima de Hernanda, para alcanzar la botella de whisky a medio llenar y la usé como recurso de flojera para empujar hacia mí mi chaqueta tirada en el piso, y sacar de ella mi teléfono. Llamé primero a papá, a quien no le había dado las gracias por los pedales; como es usual, la conversación fue corta y accidentada: las palabras y papá nunca hicieron una buena dupla. Luego llamé a mamá, eso sí parloteando largo y parejo, con quien de cuando en cuando me doy el lujo de contarle los pormenores de cómo me siento y qué he hecho; mi teléfono marcó más de cuarenta minutos cuando colgué. Para hacer más tiempo, llamé también a Rafaelo, mi hermanastro de diecisiete, músico también. No hablaba con él hace más de un mes. Le conté de Lauro y de Dirty Harry, y se alegró mucho por mí, ya que sabía que prácticamente yo me había ido de Cúcuta por no haber podido consolidar allí una banda seria y completa. Eso sí, sentí apático a Rafa cuando me dio por contarle los detalles, ya que él no escucha rock; lo suyo es lo tropical. A mi lado, Hernanda seguía profunda, inmune a toda mi cháchara familiar. Tras colgar con él me levanté  a prepararme el desayuno, arepita con chocolate. Eran casi las doce cuando terminé y el zumbido de mi teléfono anunciaba mi primer encuentro con la banda: era Lauro, contándome que a eso de las tres pm nos reuniríamos en casa de uno de los de Dirty Harry, donde a veces se reúnen para ensayar, pero en donde hoy en particular estarían haciendo una nueva sesión de fotos como parte de promoción y prensa para “Popnography”, su segundo EP, pronto a salir. Hernanda finalmente despertaba veinte minutos después, y tras un muy cariñoso beso de buenos días, la invité a que me acompañara a la reunión. Hicimos pereza, y otras cositas, antes de arreglarnos. Nos duchamos aún por separado, que aunque me extrañaba, no me molestaba ni un poquito. De almuerzo improvisamos una gran ensalada con los vestigios finales de tomate, pimentón, zanahoria, orellanas y tofu ahumado que aún ocupaban la casi desocupada nevera, atrasada de nuevo mercado.&lt;br /&gt;
Timbré puntual en la dirección acordada, unas cuadras al sur del parque del Virrey. Lauro, mi tecladista, el artista a ser conocido como Monkey B, abrió y tras su cálido abrazo nos hizo pasar a Hernanda y a mí. Nos presentó a Andreo Bernadette, Nathaniela Bonilla y Danielo Navarro. Andaban aún todos maquillados por la sesión.&lt;br /&gt;
-Esas pecas tuyas, en forma de estrellas, ¿te las tatuaste?- me preguntó Andreo, sonriente, acercándose espontánea pero invasivamente a mi rostro, señalando con su índice mi nariz y mejillas. Su pregunta tenía el mismo tono desparpajado del niño del final del Nuevo Traje del Emperador. &lt;br /&gt;
-Er... no, son de nacimiento- Respondí, algo intimidada. &lt;br /&gt;
-Bomba- me dijo a manera de cumplido. &lt;br /&gt;
-Gracias- repliqué, ya sonrojada, aunque el halago era en realidad para mamá y papá.&lt;br /&gt;
-¿Cuánto llevas con la música?- Inquirió de nuevo Andreo.&lt;br /&gt;
-Uff, toda la vida. Desde niña me la pasaba cantando. Sólo hasta que tuve catorce grabé mis primeras tres canciones. Nunca las he subido a internet, son un poco personales, eran como regalos a personas específicas … además mi voz ya ha cambiado mucho en estos siete años.- Hernanda estaba algo asombrada, no me había oído tan tímida. Le devolví su mirada con otra que decía “espera, apenas se está rompiendo el hielo. Se supone que la impaciente soy yo”. Tenía mi emoción contenida, y eso hacía el lento fluir de mis palabras. Pero la mirada de Hernanda hizo darme más fuerza. Además, por un breve instante, temí que hasta Lauro titubeara al pensar que mi autoconfianza en los ensayos  se ocultara al tocar y cantar en vivo. No quería parecer como uno de esos músicos que componen  y ensayan con fluidez pero que se retienen en el escenario, dejando al público con ganas de un mejor espectáculo. Y esto era rock de tipo fuerte, el extrovertido, no era ni shoegaze ni introspectiva balada adulto-contemporánea. Si ellos estaban dispuestos e interesados a ser mi banda en vivo, tenía que demostrarlo. Así que continué. &lt;br /&gt;
-Apenas llegué en agosto a Bogotá, y también durante todo septiembre,  busqué productor cada vez que pude en el tiempo libre de mi trabajo, y a falta de encontrar uno, empecé, sin remedio, a revisar una y otra vez mi material, como a muchos músicos nos pasa. Me di ceunta que quería darle más fuerza y más teclados. Imprimirle más voltaje y menos melancolía- Andreo asintió en silencio sobre esto último, y continué -Cuando me topé con Lauro en octubre, como respuesta de los muchos clasificados que subí a internet buscando banda, fue genial. Lauro captaba muy bien lo que yo quería de mis canciones, fue química inmediata. Tanto así, que desde que nos reunimos por primera vez, estuvimos ensayando diariamente por quince días. Eso no lo logré ni con mi par de amigas en Cúcuta. &lt;br /&gt;
-Pues hemos oido tus tracks y están muy interesantes- dijo Nathaniela.&lt;br /&gt;
Ups, “interesante” me dije a mis adentros. Yo tengo un problema con esa palabra, me parece que camufla un elogio débil, Es como decir “quizás” en vez de “sí”. La Leo en mí hizo que callara mis palabras y pasara a la acción. Me dirigí a Lauro.&lt;br /&gt;
-¿Por qué no mejor tocamos algo?&lt;br /&gt;
Lauro asintió.&lt;br /&gt;
-Con confianza Innita- me dijo Andreo, permitiéndome, en invitación, a que usara los instrumentos de ellos. Por ser primera reunión, yo ni consideré traer mi guitarra ni compu.&lt;br /&gt;
Luego de veinte minutos de cuadrar instrumentos, Lauro y yo tocamos “Halloween”, “Por No” y “Coyote”. Mi timidez había desaparecido, y pude demostrarles sin duda alguna mi actitud de frontwoman. A Hernanda le chisporrotearon sus ojos; ya casi que ella se sabía esas canciones por los demos, pero nunca me había oído cantarla en vivo, acompañada de más instrumentos. Cuando terminamos, Andreo se animó y quiso probar esas tres canciones. Y luego, ya todos los cinco ahí subidos, empezamos a ensayar Halloween con Nathaniela en la batería,  Danielo en el bajo, Andreo en la segunda guitarra, Monkey B/Lauro en los teclados y yo en la voz y primera guitarra. Yo nunca había tocado mis canciones con más de dos personas en vivo, asíi que estar con todo Dirty Harry me parecía un montón, y eso me hizo feliz. Sí, soy de las que sueño tocar alguna vez con toda una Filarmónica en escenario. De público teníamos al trío de  fotógrafos, los dos maquilladores, y claro, a Hernanda. Jugueteamos por casi dos horas. El experimento de ensamble había pintado muy bien para todos. Aprovechando que los fotógrafos, con sus cámaras muy pro, se habían quedado al jam, salimos del cuarto de instrumentos y nos tomamos unas fotos. Hubiéramos permanecido mucho rato más si no es porque tanto cada uno de Dirty Harry y yo teníamos ya armados planes sabatinos. &lt;br /&gt;
Mi plan era con Hernanda, celebraríamos con cariñoso sexo sucio hasta quedar dormidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8173232714/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 10 Nov 2012 20:09:24 -0800</pubDate>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;Sábado, 10 de no-viembre de 2012.&lt;br /&gt;
Bogotá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Es sábado, no soy alcohólica- me dijo Hernanda Telar al rebajar su tercera taza de café con un poco de whisky.&lt;br /&gt;
-No te estoy diciendo nada- le dije, sonrojada, subiendo mis hombros hasta casi tocar las orejas. Me cogió con la guardia baja. Hernanda me había leído la mente.&lt;br /&gt;
Faltaba un cuarto para las cuatro am. La noche empezaba a estar silente en el apartamento de Hernanda: desde la cientodieciséis se oía el último gran despliegue de taxis retornando sus pasajeros a sus hogares luego de la rumba de viernes. Yo no tenía sueño, pero quería dormir, y la agüita de manzana con lechuga había sido en vano. Hernanda en cambio se había despertado hace poco y quería seguuir despierta. Anoche yo había llegado sobre las nueve pm al Pub que queda semiescondido como por la noventa y dos donde estaban Hernanda y seis chicas más cerveceando y celebrando sobre el mérito, o la excusa, de un diploma. Ladies' night. Estaban así desde las cinco pm: la mejor amiga de Hernanda durante la U había tenido su ceremonia de graduación a mediodía. Hernanda me había timbrado sobre las cuatro pm para “reportarse”, pero yo estaba en mitad de mi extraño y enfadador sueño de veinte horas. Me llamó de nuevo sobre las cinco pm. Y yo, aún dormida. De nuevo me timbró sobre las seis y media, y al contestarle, mi desasosiego se disolvió en alivio. Lo cierto era que ayer mi plan originalemnte era tener un día muy movido: luego de las clases de conducción, almorzaría conduciendo rumbo a una de esas lujosas casas por la cientocincuenta, para empezar a pleno mediodía unas muy bien pagas horas de clase de guitarra a unos gemelos de catorce años, quienes querían formar una banda. Me devolvería a casita para ensayar con Lauro, y de ahí nos reuniríamos por primera vez con todo “Dirty Harry”. Pero nada de eso sucedió, no desperté en  la mañana. Y ya en la tarde, lo único que hice fue con la consecuente e incómoda tarea de llamar y dar disculpas a los involucrados en todos esos compromisos. Al salir del Pub, a eso de las once pm, desde donde Hernanda había salido un poco más que entonadita, conducí con ella a su casa: había quedado fundida apenas se sentó como copiloto. Atrincherada bajo las sábanas, alcancé a ver dos pelis de su colección antes que, a eso de las tres y cuarto, ella despertase por  los estruendosos créditos iniciales de la tercera. Hernanda volteó su mirada hacia mí topándose con mi enfuruñado puchero por el insomnio. Aunque ambas sabíamos que realmente no era insomnio. El viernes había dormido mucho, de-ma-sia-do. Al verme de actitud tan desinflada con la agüita entre mis manos desarropadas, se enterneció.&lt;br /&gt;
-Tú no necesitas de la noche, pequitas, tú llevas la noche bellamente en tu carita- me dijo, a la vez que ese piropo se acompañaba por besitos que me plantó, picoteando casi que cada una de las pecas estrellas de mis mejillas. Mi puchero se transformó en una sonrisa inoportunamente tímida. Acto seguido, se levantó a prepararse café para ponernos a charlar. Sus dos tazas iniciales fueron acompañada de un diálogo despreocupado, sobre nada, sin rumbo. Y se levantó de nuevo, esta vez hacia su minibar, al lado del lavaplatos. Y, yo, que la estaba empezando a conocer más, me di cuenta que el whisky le disolvía varias puertas de su corazón.&lt;br /&gt;
-Ayer en la mañana fui a visitar a mi ex, el que se estrelló con mi casa- me dijo, al volver y arroparse, dejando a su lado de la cama la botella de whisky y su tercera taza de café. El mencionarlo así, como accidente de tránsito, era un eufemismo para no pronunciar la frase “intento de suicidio”. Estábamos ambas viendo al frente, donde la luz del teve iluminaba nuestros rostros, más como lámpara que como película que en realidad estuviéramos viendo. Hernanda continuó. Me dijo que  verlo así, tumbado y enyesado con sus fracturas múltiples, era la materialización de su corazón aún irreparado, áun roto.&lt;br /&gt;
-Es demasiada responsabilidad, Innita.- Me dijo mientras agregaba otro empujón de whisky a su café. Estaba claro que el alcohol ablandaba su labia. Sin embargo, sus palabras se resistían a deslizarse fuera de su boca. La mirada y su lenguaje corporal, que se habían tornado del mismo color derrota del dramononón francés que el dvd seguía rodando en el televisor,  me decían mucho de cómo fue esa visita. Le acaricié la frente, echando para atrás dos de sus mechones de cabello. Nos besamos apretándonos una contra la otra, sin lengua, y nos reimos, pilladas, al reconocer en ese gesto que ambas esperábamos que fuera la otra la que primero abriera la boca. Nos dimos varios piquitos más y nos reacomodamos sumergidas entre nuestras respectivas almohadas, pero esta vez ignorando del todo la peli, viéndonos una a la otra, casi tocándose nuestras narices, en la penumbra de los ahora tonos opacos que la escena nocturna del filme emitía. &lt;br /&gt;
-Con él habíamos planeado irnos a vivir juntos. La idea me sonaba muy tentadora, pero nunca me decidí. Algo en mi interior me decía que no lo hiciera y ese algo no era miedo, ni porque apenas yo tuviera veintiún años- Hernanda me miró algo apenada, porque ésa es mi edad actual. Y yo, pues sonreí para mis adentros: ella apenas tiene veintitrés. Lo pensé sin desquite, más bien con asombro: para mí, Hernanda era demasiado madura para su edad, era su rostro y figura lo único que delataba sus pocos años; tal vez por eso era que ella hablaba poco de su vida y sentimientos, para no asustar a la gente. Incluso creo que hay más madurez en ella de la que me hacía dar a conocer, y de cierta forma me mostraba su parte más juvenil para poder empalmar conmigo. Pensando todo esto, la miré con gesto de no hay lío, y prosiguió -Creo que lo que le dio mucha rabia fue saber que un año después de terminarle, yo ya había consolidado y ahorrado mi entrada de dinero mensual como traductora de textos, y me fuí de la casa de mi familia. Estrellarse con la casa fue una forma de restregarme el por qué no me decidí a hacerlo cuando aún estaba con él. &lt;br /&gt;
A medida que soltaba esas palabras, su animosidad aumentaba en reclamo, enojo y ganas de llorar. ¿Lo había querido mucho más de lo que ella mismo sabía? Suspiró hondo y se tomó el último sorbo del café. Dejó la taza en el piso, se volteó hacía mí y me abrazó acomodándose para enredar, a pesar de nuestros improvisados pijamas, sus piernas con las mías y sus senos con los míos. Con su punta de la nariz cosquilleó mis pestañas un rato largo; y eso, junto con el retardado efecto de la manzana y la lechuga, me empezaron a adormecer. Era claro: Hernanda no quería hablar más del tema.&lt;br /&gt;
Sobre las ocho y media desperté. Giré a ver a la antropóloga, quien se hallaba profundamente dormida. Jugué suavemente con su cabello por más de cuarenta minutos, a la par que yo  dejaba que todos mis pensamientos se permitieran aflorar sin prisa fuera de mí, y flotaran en la habitación. Dejé a Hernanda quietica y boca arriba, crucé mis manos sobre mi vanidoso vientre plano, y seguí pensativa, en el buen sentido de la palabra. Ya sobre las diez pasadas, me cansé de mis pensamientos, y los reventé uno a uno, haciendo con mi boca la onomatopeya de las pompas al reventarse.  Era sábado de preámbulo de lunes festivo, era aún muy temprano como para hacer cualquier cosa durante estos tres días. Extendí mi brazo hacia mi derecha, por encima de Hernanda, para alcanzar la botella de whisky a medio llenar y la usé como recurso de flojera para empujar hacia mí mi chaqueta tirada en el piso, y sacar de ella mi teléfono. Llamé primero a papá, a quien no le había dado las gracias por los pedales; como es usual, la conversación fue corta y accidentada: las palabras y papá nunca hicieron una buena dupla. Luego llamé a mamá, eso sí parloteando largo y parejo, con quien de cuando en cuando me doy el lujo de contarle los pormenores de cómo me siento y qué he hecho; mi teléfono marcó más de cuarenta minutos cuando colgué. Para hacer más tiempo, llamé también a Rafaelo, mi hermanastro de diecisiete, músico también. No hablaba con él hace más de un mes. Le conté de Lauro y de Dirty Harry, y se alegró mucho por mí, ya que sabía que prácticamente yo me había ido de Cúcuta por no haber podido consolidar allí una banda seria y completa. Eso sí, sentí apático a Rafa cuando me dio por contarle los detalles, ya que él no escucha rock; lo suyo es lo tropical. A mi lado, Hernanda seguía profunda, inmune a toda mi cháchara familiar. Tras colgar con él me levanté  a prepararme el desayuno, arepita con chocolate. Eran casi las doce cuando terminé y el zumbido de mi teléfono anunciaba mi primer encuentro con la banda: era Lauro, contándome que a eso de las tres pm nos reuniríamos en casa de uno de los de Dirty Harry, donde a veces se reúnen para ensayar, pero en donde hoy en particular estarían haciendo una nueva sesión de fotos como parte de promoción y prensa para “Popnography”, su segundo EP, pronto a salir. Hernanda finalmente despertaba veinte minutos después, y tras un muy cariñoso beso de buenos días, la invité a que me acompañara a la reunión. Hicimos pereza, y otras cositas, antes de arreglarnos. Nos duchamos aún por separado, que aunque me extrañaba, no me molestaba ni un poquito. De almuerzo improvisamos una gran ensalada con los vestigios finales de tomate, pimentón, zanahoria, orellanas y tofu ahumado que aún ocupaban la casi desocupada nevera, atrasada de nuevo mercado.&lt;br /&gt;
Timbré puntual en la dirección acordada, unas cuadras al sur del parque del Virrey. Lauro, mi tecladista, el artista a ser conocido como Monkey B, abrió y tras su cálido abrazo nos hizo pasar a Hernanda y a mí. Nos presentó a Andreo Bernadette, Nathaniela Bonilla y Danielo Navarro. Andaban aún todos maquillados por la sesión.&lt;br /&gt;
-Esas pecas tuyas, en forma de estrellas, ¿te las tatuaste?- me preguntó Andreo, sonriente, acercándose espontánea pero invasivamente a mi rostro, señalando con su índice mi nariz y mejillas. Su pregunta tenía el mismo tono desparpajado del niño del final del Nuevo Traje del Emperador. &lt;br /&gt;
-Er... no, son de nacimiento- Respondí, algo intimidada. &lt;br /&gt;
-Bomba- me dijo a manera de cumplido. &lt;br /&gt;
-Gracias- repliqué, ya sonrojada, aunque el halago era en realidad para mamá y papá.&lt;br /&gt;
-¿Cuánto llevas con la música?- Inquirió de nuevo Andreo.&lt;br /&gt;
-Uff, toda la vida. Desde niña me la pasaba cantando. Sólo hasta que tuve catorce grabé mis primeras tres canciones. Nunca las he subido a internet, son un poco personales, eran como regalos a personas específicas … además mi voz ya ha cambiado mucho en estos siete años.- Hernanda estaba algo asombrada, no me había oído tan tímida. Le devolví su mirada con otra que decía “espera, apenas se está rompiendo el hielo. Se supone que la impaciente soy yo”. Tenía mi emoción contenida, y eso hacía el lento fluir de mis palabras. Pero la mirada de Hernanda hizo darme más fuerza. Además, por un breve instante, temí que hasta Lauro titubeara al pensar que mi autoconfianza en los ensayos  se ocultara al tocar y cantar en vivo. No quería parecer como uno de esos músicos que componen  y ensayan con fluidez pero que se retienen en el escenario, dejando al público con ganas de un mejor espectáculo. Y esto era rock de tipo fuerte, el extrovertido, no era ni shoegaze ni introspectiva balada adulto-contemporánea. Si ellos estaban dispuestos e interesados a ser mi banda en vivo, tenía que demostrarlo. Así que continué. &lt;br /&gt;
-Apenas llegué en agosto a Bogotá, y también durante todo septiembre,  busqué productor cada vez que pude en el tiempo libre de mi trabajo, y a falta de encontrar uno, empecé, sin remedio, a revisar una y otra vez mi material, como a muchos músicos nos pasa. Me di ceunta que quería darle más fuerza y más teclados. Imprimirle más voltaje y menos melancolía- Andreo asintió en silencio sobre esto último, y continué -Cuando me topé con Lauro en octubre, como respuesta de los muchos clasificados que subí a internet buscando banda, fue genial. Lauro captaba muy bien lo que yo quería de mis canciones, fue química inmediata. Tanto así, que desde que nos reunimos por primera vez, estuvimos ensayando diariamente por quince días. Eso no lo logré ni con mi par de amigas en Cúcuta. &lt;br /&gt;
-Pues hemos oido tus tracks y están muy interesantes- dijo Nathaniela.&lt;br /&gt;
Ups, “interesante” me dije a mis adentros. Yo tengo un problema con esa palabra, me parece que camufla un elogio débil, Es como decir “quizás” en vez de “sí”. La Leo en mí hizo que callara mis palabras y pasara a la acción. Me dirigí a Lauro.&lt;br /&gt;
-¿Por qué no mejor tocamos algo?&lt;br /&gt;
Lauro asintió.&lt;br /&gt;
-Con confianza Innita- me dijo Andreo, permitiéndome, en invitación, a que usara los instrumentos de ellos. Por ser primera reunión, yo ni consideré traer mi guitarra ni compu.&lt;br /&gt;
Luego de veinte minutos de cuadrar instrumentos, Lauro y yo tocamos “Halloween”, “Por No” y “Coyote”. Mi timidez había desaparecido, y pude demostrarles sin duda alguna mi actitud de frontwoman. A Hernanda le chisporrotearon sus ojos; ya casi que ella se sabía esas canciones por los demos, pero nunca me había oído cantarla en vivo, acompañada de más instrumentos. Cuando terminamos, Andreo se animó y quiso probar esas tres canciones. Y luego, ya todos los cinco ahí subidos, empezamos a ensayar Halloween con Nathaniela en la batería,  Danielo en el bajo, Andreo en la segunda guitarra, Monkey B/Lauro en los teclados y yo en la voz y primera guitarra. Yo nunca había tocado mis canciones con más de dos personas en vivo, asíi que estar con todo Dirty Harry me parecía un montón, y eso me hizo feliz. Sí, soy de las que sueño tocar alguna vez con toda una Filarmónica en escenario. De público teníamos al trío de  fotógrafos, los dos maquilladores, y claro, a Hernanda. Jugueteamos por casi dos horas. El experimento de ensamble había pintado muy bien para todos. Aprovechando que los fotógrafos, con sus cámaras muy pro, se habían quedado al jam, salimos del cuarto de instrumentos y nos tomamos unas fotos. Hubiéramos permanecido mucho rato más si no es porque tanto cada uno de Dirty Harry y yo teníamos ya armados planes sabatinos. &lt;br /&gt;
Mi plan era con Hernanda, celebraríamos con cariñoso sexo sucio hasta quedar dormidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/noparainnita/sets/72157606488035600/with/8173232714/&quot;&gt;Innita&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</media:description>
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