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		<title>Uploads from NikoGogol, with geodata</title>
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 		<description></description>
		<pubDate>Mon, 13 May 2013 10:50:16 -0700</pubDate>
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			<title>Uploads from NikoGogol, with geodata</title>
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		<item>
			<title>Diciembre</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8736179642/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8736179642/&quot; title=&quot;Diciembre&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7299/8736179642_750019ac82_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;135&quot; alt=&quot;Diciembre&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Diciembre llegó como una primavera imprevista, como descrito en un libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hojarasca (Gabriel García Márquez)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 13 May 2013 10:50:16 -0700</pubDate>
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    <media:title>Diciembre</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Diciembre llegó como una primavera imprevista, como descrito en un libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hojarasca (Gabriel García Márquez)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Un mundo pasado</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8284307974/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8284307974/&quot; title=&quot;Un mundo pasado&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8215/8284307974_ee68ac41c6_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;Un mundo pasado&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Su arquitectura, aunque tenía un cariz moderno y progresista, incorporaba las lecciones del pasado y de la naturaleza. Sus formas biomórficas se inspiraban en parte en Picasso y en Arp, pero también en la herencia barroca de Brasil. Combinaba las curvas sensuales, los materiales ricos y el movimiento a través de capas de espacio. Sus edificios parecen filtros a través de los cuales puede pasar el aire mientras unas pantallas repelen el calor y la luz deslumbrante. En la utopía de Niemeyer se suponía que el hombre lograría la armonía con la naturaleza mediante la liberación del espacio y el uso de las nuevas tecnologías, postura que expresaba casi inconscientemente los mitos nacionales brasileños del progreso y la identidad. Niemeyer, un comunista que construyó casas para ricos, una catedral, viviendas sociales y edificios para numerosas burocracias estatales, era cualquier cosa menos coherente ideológicamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constructor de un mundo pasado ( William J. R. Curtis) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El País /cultura  6/12/2012&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 18 Dec 2012 05:00:04 -0800</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-05-02T16:37:51-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>Un mundo pasado</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Su arquitectura, aunque tenía un cariz moderno y progresista, incorporaba las lecciones del pasado y de la naturaleza. Sus formas biomórficas se inspiraban en parte en Picasso y en Arp, pero también en la herencia barroca de Brasil. Combinaba las curvas sensuales, los materiales ricos y el movimiento a través de capas de espacio. Sus edificios parecen filtros a través de los cuales puede pasar el aire mientras unas pantallas repelen el calor y la luz deslumbrante. En la utopía de Niemeyer se suponía que el hombre lograría la armonía con la naturaleza mediante la liberación del espacio y el uso de las nuevas tecnologías, postura que expresaba casi inconscientemente los mitos nacionales brasileños del progreso y la identidad. Niemeyer, un comunista que construyó casas para ricos, una catedral, viviendas sociales y edificios para numerosas burocracias estatales, era cualquier cosa menos coherente ideológicamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constructor de un mundo pasado ( William J. R. Curtis) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El País /cultura  6/12/2012&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>El anhelo de Kafka</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8138126256/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8138126256/&quot; title=&quot;El anhelo de Kafka&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8325/8138126256_553c57ea25_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;El anhelo de Kafka&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&amp;quot;Franz se lo cuenta a Felice Bauer en una carta en donde se queja del&lt;br /&gt;
ruido de la ciudad y cuenta la búsqueda desesperada por encontrar un&lt;br /&gt;
alojamiento donde haya un verdadero silencio. Ahí, alejado del bullicio de la&lt;br /&gt;
ciudad, creyó encontrarlo «el precioso camino cuesta arriba que conduce hasta&lt;br /&gt;
ella, su silencio, solamente una fina pared me separa de uno de los vecinos,&lt;br /&gt;
pero éste es bastante silencioso; suelo subirme la cena y la mayor parte de las&lt;br /&gt;
veces me quedo allí hasta medianoche». Luego Franz regresaba cuesta abajo&lt;br /&gt;
por la Escalinata Antigua del Castillo, atravesaba el por aquel entonces recién&lt;br /&gt;
construido Puente de Mánes, recorría la calle Kaprova hasta llegar al piso en&lt;br /&gt;
la calle Dlouhá, número 18 (actualmente, 16) en la ciudad vieja, por aquel&lt;br /&gt;
entonces la dirección oficial. También, en cartas anteriores, se quejaba a&lt;br /&gt;
Felice de esta habitación céntrica y tremendamente ruidosa, cercana a la&lt;br /&gt;
maquinaria del ascensor. Kafka le había confesado a su novia que, para vivir,&lt;br /&gt;
no necesitaba tan amplios espacios como silencio, unas vistas bien&lt;br /&gt;
despejadas, un largo espacio de cielo «y, quizá, una torre en la lejanía, ya que&lt;br /&gt;
no es posible contemplar el campo abierto, sin todo esto soy una persona&lt;br /&gt;
mísera y oprimida». Ese recorrido hacia la calle Dlouhá en la media noche le&lt;br /&gt;
refrescaba la cabeza. Franz se sintió cómodo en el Callejón del Oro, pues&lt;br /&gt;
tenía la sensación de vivir en un pueblo cercano a la ciudad. La casa o casita&lt;br /&gt;
tenía una bodega con una ventana que daba al Foso de los Ciervos. También&lt;br /&gt;
tenía una buhardilla a la que se accedía por una empinada escalera. Aquí&lt;br /&gt;
escribió muchos de los relatos incluidos en Un médico rural. ¿Cómo&lt;br /&gt;
calentaba este frío y húmedo inmueble? En invierno, la mayor parte de los&lt;br /&gt;
días, la calle tenía varios centímetros de nieve. En verano era fresco. Pero&lt;br /&gt;
Franz estaba contento porque, como le comenta a Felice, sólo costaba veinte&lt;br /&gt;
coronas al mes y, además, estaba atendido en todo lo necesario por su&lt;br /&gt;
hermana. Cuando el frío era intenso, Franz echaba en la chimenea periódicos&lt;br /&gt;
y manuscritos «y, pasado un rato, ardía ya un fuego bastante bien logrado», le&lt;br /&gt;
dice a su hermana Ottla.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lugares donde se calma el dolor (Antonio Muñoz Molina)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 30 Oct 2012 04:42:26 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-10-20T11:24:36-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/nikogogol/">nobody@flickr.com (NikoGogol)</author>
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    <media:title>El anhelo de Kafka</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;&amp;quot;Franz se lo cuenta a Felice Bauer en una carta en donde se queja del&lt;br /&gt;
ruido de la ciudad y cuenta la búsqueda desesperada por encontrar un&lt;br /&gt;
alojamiento donde haya un verdadero silencio. Ahí, alejado del bullicio de la&lt;br /&gt;
ciudad, creyó encontrarlo «el precioso camino cuesta arriba que conduce hasta&lt;br /&gt;
ella, su silencio, solamente una fina pared me separa de uno de los vecinos,&lt;br /&gt;
pero éste es bastante silencioso; suelo subirme la cena y la mayor parte de las&lt;br /&gt;
veces me quedo allí hasta medianoche». Luego Franz regresaba cuesta abajo&lt;br /&gt;
por la Escalinata Antigua del Castillo, atravesaba el por aquel entonces recién&lt;br /&gt;
construido Puente de Mánes, recorría la calle Kaprova hasta llegar al piso en&lt;br /&gt;
la calle Dlouhá, número 18 (actualmente, 16) en la ciudad vieja, por aquel&lt;br /&gt;
entonces la dirección oficial. También, en cartas anteriores, se quejaba a&lt;br /&gt;
Felice de esta habitación céntrica y tremendamente ruidosa, cercana a la&lt;br /&gt;
maquinaria del ascensor. Kafka le había confesado a su novia que, para vivir,&lt;br /&gt;
no necesitaba tan amplios espacios como silencio, unas vistas bien&lt;br /&gt;
despejadas, un largo espacio de cielo «y, quizá, una torre en la lejanía, ya que&lt;br /&gt;
no es posible contemplar el campo abierto, sin todo esto soy una persona&lt;br /&gt;
mísera y oprimida». Ese recorrido hacia la calle Dlouhá en la media noche le&lt;br /&gt;
refrescaba la cabeza. Franz se sintió cómodo en el Callejón del Oro, pues&lt;br /&gt;
tenía la sensación de vivir en un pueblo cercano a la ciudad. La casa o casita&lt;br /&gt;
tenía una bodega con una ventana que daba al Foso de los Ciervos. También&lt;br /&gt;
tenía una buhardilla a la que se accedía por una empinada escalera. Aquí&lt;br /&gt;
escribió muchos de los relatos incluidos en Un médico rural. ¿Cómo&lt;br /&gt;
calentaba este frío y húmedo inmueble? En invierno, la mayor parte de los&lt;br /&gt;
días, la calle tenía varios centímetros de nieve. En verano era fresco. Pero&lt;br /&gt;
Franz estaba contento porque, como le comenta a Felice, sólo costaba veinte&lt;br /&gt;
coronas al mes y, además, estaba atendido en todo lo necesario por su&lt;br /&gt;
hermana. Cuando el frío era intenso, Franz echaba en la chimenea periódicos&lt;br /&gt;
y manuscritos «y, pasado un rato, ardía ya un fuego bastante bien logrado», le&lt;br /&gt;
dice a su hermana Ottla.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lugares donde se calma el dolor (Antonio Muñoz Molina)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Bebedor de almas</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8115338866/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8115338866/&quot; title=&quot;Bebedor de almas&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8323/8115338866_0a84ac5929_m.jpg&quot; width=&quot;160&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;Bebedor de almas&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Pasando página tras página, Gógol se deleitaba del maravilloso entorno que le rodeaba, y de las letras de Antonio Muñoz Molina. Era un viaje que comenzaba donde comienzan los ríos, allá donde se calma el dolor ...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Es muy fácil estar alegre a comienzos del verano», le decía Franz a Max. Kafka no sólo nadaba, sino que también le gustaba remar por el Moldava, un río curvilíneo, a su paso por Praga, que nace en los montes de Sumava, situados a lo largo de la frontera alemana, al suroeste de la República Checa y que, después de cruzar la capital a través de un angosto valle, desemboca en el Elba. El río que navegó y nadó Franz estaba lleno de meandros donde se refugiaban en invierno cisnes y ánades. El salmón también lo remontaba hasta que desapareció en las últimas décadas, alejado por la contaminación. El Moldava no es el Rhin a su paso por Colonia, ni el Danubio en Budapest, es un río menos majestuoso pero más familiar. Kafka remaba en su propia canoa, a la que bautizó con el nombre de «Bebedor de Almas» (Seelentranker)-&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lugares donde se calma el dolor  (Antonio Muñoz Molina)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 22 Oct 2012 23:53:51 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-10-20T10:20:26-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>Bebedor de almas</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Pasando página tras página, Gógol se deleitaba del maravilloso entorno que le rodeaba, y de las letras de Antonio Muñoz Molina. Era un viaje que comenzaba donde comienzan los ríos, allá donde se calma el dolor ...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Es muy fácil estar alegre a comienzos del verano», le decía Franz a Max. Kafka no sólo nadaba, sino que también le gustaba remar por el Moldava, un río curvilíneo, a su paso por Praga, que nace en los montes de Sumava, situados a lo largo de la frontera alemana, al suroeste de la República Checa y que, después de cruzar la capital a través de un angosto valle, desemboca en el Elba. El río que navegó y nadó Franz estaba lleno de meandros donde se refugiaban en invierno cisnes y ánades. El salmón también lo remontaba hasta que desapareció en las últimas décadas, alejado por la contaminación. El Moldava no es el Rhin a su paso por Colonia, ni el Danubio en Budapest, es un río menos majestuoso pero más familiar. Kafka remaba en su propia canoa, a la que bautizó con el nombre de «Bebedor de Almas» (Seelentranker)-&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lugares donde se calma el dolor  (Antonio Muñoz Molina)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>El universo cercano</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8019839803/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/8019839803/&quot; title=&quot;El universo cercano&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8322/8019839803_a2fbb12028_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;El universo cercano&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El universo es un jodido caos en expansión que no tiene sentido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El amante bilingue (Juan Marsé)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.goear.com/listen/f549351/amanecer-carlos-nunez&quot; target=&quot;_blank&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;Carlos Nuñezr  - Amanecer&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 24 Sep 2012 07:54:54 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-09-15T10:39:41-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/nikogogol/">nobody@flickr.com (NikoGogol)</author>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;El universo es un jodido caos en expansión que no tiene sentido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El amante bilingue (Juan Marsé)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.goear.com/listen/f549351/amanecer-carlos-nunez&quot; target=&quot;_blank&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;Carlos Nuñezr  - Amanecer&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</media:description>
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    <media:credit role="photographer">NikoGogol</media:credit>
    <media:category scheme="urn:flickr:tags">gogol playadelascatedrales</media:category>
		</item>
		<item>
			<title>La ira de Poseidón</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7995729906/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7995729906/&quot; title=&quot;La ira de Poseidón&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8312/7995729906_bbdc176d3a_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;La ira de Poseidón&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Con el transcurso de los años llegó por fin la época en que los dioses habían decretado que volviese a su patria, aunque no por eso debía poner fin a sus trabajos, ni siquiera después de juntarse con los suyos. Y todos los dioses le compadecían, a excepción de Poseidón, que permaneció constantemente irritado contra el divinal Odiseo hasta que el héroe no arribó a su tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Odisea (Homero)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 17 Sep 2012 05:10:44 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-09-15T10:04:34-08:00</dc:date.Taken>
            			<author flickr:profile="http://www.flickr.com/people/nikogogol/">nobody@flickr.com (NikoGogol)</author>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;Con el transcurso de los años llegó por fin la época en que los dioses habían decretado que volviese a su patria, aunque no por eso debía poner fin a sus trabajos, ni siquiera después de juntarse con los suyos. Y todos los dioses le compadecían, a excepción de Poseidón, que permaneció constantemente irritado contra el divinal Odiseo hasta que el héroe no arribó a su tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Odisea (Homero)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>El cuento olvidado</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7976430328/&quot; title=&quot;El cuento olvidado&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8314/7976430328_712b2211f1_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;El cuento olvidado&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Él no conocía nada fuera de aquel valle donde había nacido, pero no anhelaba tampoco conocer nada más. Era, el suyo, un valle vegetal, lujurioso, circundado de altas montañas que, a veces, se incrustaban en el cielo, dejando sólo al descubierto sus faldas de un verde grisáceo. Por el centro del valle discurría, impetuoso y salvaje, un río de montaña; el rumor de la erosión en la roca viva era oscuro y monótono como el cielo del valle en invierno. En marzo y abril, cuando las aguas descendían más espesas y turbias, la gente del pueblo pescaba truchas enormes en las pozas del río.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vocación ( Tres cuentos olvidados), de Miguel Delibes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;&amp;quot;La vocación&amp;quot; es la historia de un niño, Lucas, que, fascinado por el poder que el viejo guardagujas de su pueblo tiene sobre los trenes, sueña con poder sustituirle algún día y se niega a abandonar el valle en el que ha transcurrido su corta vida. El interés de este relato está fuera de toda duda, pues representa un nuevo ejemplo de un hecho no infrecuente en la narrativa delibeana: el carácter germinal de futuras novelas que tienen un buen número de sus cuentos. &amp;quot;La vocación&amp;quot; se publicó en Destino en junio de 1951, si bien su redacción es anterior. La correspondencia mantenida entre Delibes y su editor, Josep Vergés, recientemente publicada, resulta reveladora a este respecto. Con fecha 1 de julio de 1951 escribe Delibes: &amp;quot;Vi con sorpresa en Destino un cuento que le envié hace dos años y que, en realidad, fue el germen de El camino. No me acordaba ya de él y me ha hecho gracia verlo publicado ahora&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comentario de Amparo Media-Bocos, incluido en libro Tres pájaros de cuenta y tres cuentos olvidados&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 11 Sep 2012 07:37:29 -0700</pubDate>
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    <media:title>El cuento olvidado</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Él no conocía nada fuera de aquel valle donde había nacido, pero no anhelaba tampoco conocer nada más. Era, el suyo, un valle vegetal, lujurioso, circundado de altas montañas que, a veces, se incrustaban en el cielo, dejando sólo al descubierto sus faldas de un verde grisáceo. Por el centro del valle discurría, impetuoso y salvaje, un río de montaña; el rumor de la erosión en la roca viva era oscuro y monótono como el cielo del valle en invierno. En marzo y abril, cuando las aguas descendían más espesas y turbias, la gente del pueblo pescaba truchas enormes en las pozas del río.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vocación ( Tres cuentos olvidados), de Miguel Delibes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;&amp;quot;La vocación&amp;quot; es la historia de un niño, Lucas, que, fascinado por el poder que el viejo guardagujas de su pueblo tiene sobre los trenes, sueña con poder sustituirle algún día y se niega a abandonar el valle en el que ha transcurrido su corta vida. El interés de este relato está fuera de toda duda, pues representa un nuevo ejemplo de un hecho no infrecuente en la narrativa delibeana: el carácter germinal de futuras novelas que tienen un buen número de sus cuentos. &amp;quot;La vocación&amp;quot; se publicó en Destino en junio de 1951, si bien su redacción es anterior. La correspondencia mantenida entre Delibes y su editor, Josep Vergés, recientemente publicada, resulta reveladora a este respecto. Con fecha 1 de julio de 1951 escribe Delibes: &amp;quot;Vi con sorpresa en Destino un cuento que le envié hace dos años y que, en realidad, fue el germen de El camino. No me acordaba ya de él y me ha hecho gracia verlo publicado ahora&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comentario de Amparo Media-Bocos, incluido en libro Tres pájaros de cuenta y tres cuentos olvidados&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>La cantina</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7929995594/&quot; title=&quot;La cantina&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8179/7929995594_0965890049_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;La cantina&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En la cantina en penumbra, con un ventano enrejado orientado a mediodía, dos hombres de edad, las boinas caladas hasta los ojos, fumaban parsimoniosamente ante dos vasos de tinto, junto al mostrador. En el momento de entrar, el más viejo, un octogenario con las encías deshuesadas, decía con voz chillona:&lt;br /&gt;
– Y también más tardío que el 65.&lt;br /&gt;
– Natural, -dijo el tabernero-: Si no ha calentado, si no ha habido primavera.&lt;br /&gt;
No alteró la expresión para dirigirse a ellos:&lt;br /&gt;
– ¿Qué va a ser?&lt;br /&gt;
– Tres vinitos, -dijo Rafa.&lt;br /&gt;
Les sirvió lentamente, en silencio, la atención concentrada en los vasos que iba llenando. Detrás de él, en la estantería, se amontonaban latas de conserva, chicles, cajetillas de tabaco, cajas de galletas y botellines de cerveza y coca-cola. A lo largo de los puntales pendían botijos, cazuelas, lías de cuerda y ristras de ajos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El disputado voto del señor Cayo (Miguel Delibes)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 04 Sep 2012 07:31:12 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-08-27T14:25:01-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>La cantina</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;En la cantina en penumbra, con un ventano enrejado orientado a mediodía, dos hombres de edad, las boinas caladas hasta los ojos, fumaban parsimoniosamente ante dos vasos de tinto, junto al mostrador. En el momento de entrar, el más viejo, un octogenario con las encías deshuesadas, decía con voz chillona:&lt;br /&gt;
– Y también más tardío que el 65.&lt;br /&gt;
– Natural, -dijo el tabernero-: Si no ha calentado, si no ha habido primavera.&lt;br /&gt;
No alteró la expresión para dirigirse a ellos:&lt;br /&gt;
– ¿Qué va a ser?&lt;br /&gt;
– Tres vinitos, -dijo Rafa.&lt;br /&gt;
Les sirvió lentamente, en silencio, la atención concentrada en los vasos que iba llenando. Detrás de él, en la estantería, se amontonaban latas de conserva, chicles, cajetillas de tabaco, cajas de galletas y botellines de cerveza y coca-cola. A lo largo de los puntales pendían botijos, cazuelas, lías de cuerda y ristras de ajos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El disputado voto del señor Cayo (Miguel Delibes)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>La posada</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7899610100/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7899610100/&quot; title=&quot;La posada&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8312/7899610100_f3ba03fdb6_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;La posada&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro caballero acrecentaba en ellas la risa y en él el enojo; y pasara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico, el cual, viendo aquella figura contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete, no estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las muestras de su contento. Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos, determinó de hablarle comedidamente; y así, le dijo:&lt;br /&gt;
- Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho (porque en esta venta no hay ninguno), todo lo demás se hallará en ella en mucha abundancia.&lt;br /&gt;
Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que tal le pareció a él el ventero y la venta, respondió:&lt;br /&gt;
- Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque mis arreos son las armas, mi descanso el pelear, etc.&lt;br /&gt;
Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz, y de los de la playa de Sanlúcar, no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje; y así, le respondió:&lt;br /&gt;
- Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así, bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.&lt;br /&gt;
Y, diciendo esto, fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquél que en todo aquel día no se había desayunado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 31 Aug 2012 04:42:21 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-08-27T14:27:45-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro caballero acrecentaba en ellas la risa y en él el enojo; y pasara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico, el cual, viendo aquella figura contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete, no estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las muestras de su contento. Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos, determinó de hablarle comedidamente; y así, le dijo:&lt;br /&gt;
- Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho (porque en esta venta no hay ninguno), todo lo demás se hallará en ella en mucha abundancia.&lt;br /&gt;
Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que tal le pareció a él el ventero y la venta, respondió:&lt;br /&gt;
- Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque mis arreos son las armas, mi descanso el pelear, etc.&lt;br /&gt;
Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz, y de los de la playa de Sanlúcar, no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje; y así, le respondió:&lt;br /&gt;
- Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así, bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.&lt;br /&gt;
Y, diciendo esto, fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquél que en todo aquel día no se había desayunado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes)&lt;/p&gt;</media:description>
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		<item>
			<title>El valle</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7885848254/&quot; title=&quot;El valle&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8319/7885848254_da00674fa8_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;180&quot; alt=&quot;El valle&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;              Pero no podía evitarlo. No era Daniel, el Mochuelo, quien llamaba a las cosas y al valle, sino las cosas y el valle quienes se le imponían, envolviéndole en sus rumores vitales, en sus afanes ímprobos, en los nimios y múltiples detalles de cada día.&lt;br /&gt;
Por la ventana abierta, frente a su camastro quejumbroso, divisaba la cresta del Pico Rando, hincándose en la panza estrellada del cielo. El Pico Rando asumía de noche una tonalidad mate y tenebrosa. Mandaba en el valle esta noche como había mandado en él a lo largo de sus once años, como mandaba en Daniel, el Mochuelo, y Germán, el Tiñoso, su amigo Roque, el Moñigo. La pequeña historia del valle se reconstruía ante su mirada interna, ante los ojos de su alma, y los silbidos distantes de los trenes, los soñolientos mugidos de las vacas, los gritos lúgubres de los sapos bajo las piedras, los aromas húmedos y difusos de la tierra avivaban su nostalgia, ponían en sus recuerdos una nota de palpitante realidad.&lt;br /&gt;
Después de todo, esta noche era como tantas otras en el valle, sin ir más lejos como la primera vez que saltaron la tapia de la finca del Indiano para robarle las manzanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camino ( Miguel Delibes)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Wed, 29 Aug 2012 00:40:44 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-08-28T10:54:03-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>El valle</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;              Pero no podía evitarlo. No era Daniel, el Mochuelo, quien llamaba a las cosas y al valle, sino las cosas y el valle quienes se le imponían, envolviéndole en sus rumores vitales, en sus afanes ímprobos, en los nimios y múltiples detalles de cada día.&lt;br /&gt;
Por la ventana abierta, frente a su camastro quejumbroso, divisaba la cresta del Pico Rando, hincándose en la panza estrellada del cielo. El Pico Rando asumía de noche una tonalidad mate y tenebrosa. Mandaba en el valle esta noche como había mandado en él a lo largo de sus once años, como mandaba en Daniel, el Mochuelo, y Germán, el Tiñoso, su amigo Roque, el Moñigo. La pequeña historia del valle se reconstruía ante su mirada interna, ante los ojos de su alma, y los silbidos distantes de los trenes, los soñolientos mugidos de las vacas, los gritos lúgubres de los sapos bajo las piedras, los aromas húmedos y difusos de la tierra avivaban su nostalgia, ponían en sus recuerdos una nota de palpitante realidad.&lt;br /&gt;
Después de todo, esta noche era como tantas otras en el valle, sin ir más lejos como la primera vez que saltaron la tapia de la finca del Indiano para robarle las manzanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camino ( Miguel Delibes)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>La biblioteca</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7829535482/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7829535482/&quot; title=&quot;La biblioteca&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7246/7829535482_5b5fde666e_m.jpg&quot; width=&quot;160&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;La biblioteca&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Salpicando los pasillos y plataformas de la biblioteca se perfilaban una docena de figuras. Algunas de ellas se volvieron a saludar desde lejos, y reconocí los rostros de diversos colegas de mi padre en el gremio de libreros de viejo. A mis ojos de diez años, aquellos individuos apare cían como una cofradía secreta de alquimistas conspiran do a espaldas del mundo. Mi padre se arrodilló junto a mí y, sosteniéndome la mirada, me habló con esa voz leve de las promesas y las confidencias.&lt;br /&gt;
—Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus pá ginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciu dad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiem po, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros, Daniel. ¿Crees que vas a poder guardar este secreto?&lt;br /&gt;
Mi mirada se perdió en la inmensidad de aquel lugar, en su luz encantada. Asentí y mi padre sonrió.&lt;br /&gt;
—¿Y sabes lo mejor? —preguntó.&lt;br /&gt;
Negué en silencio.&lt;br /&gt;
—La costumbre es que la primera vez que alguien visi ta este lugar tiene que escoger un libro, el que prefiera, y adoptarlo, asegurándose de que nunca desaparezca, de que siempre permanezca vivo. Es una promesa muy im portante. De por vida —explicó mi padre—. Hoy es tu turno.&lt;br /&gt;
Por espacio de casi media hora deambulé entre los entresijos de aquel laberinto que olía a papel viejo, a pol vo y a magia. Dejé que mi mano rozase las avenidas de lomos expuestos, tentando mi elección. Atisbé, entre los tí tulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de cata logar. Recorrí pasillos y galerías en espiral pobladas por cientos, miles de tomos que parecían saber más acerca de mí que yo de ellos. Al poco, me asaltó la idea de que tras la cubierta de cada uno de aquellos libros se abría un uni verso infinito por explorar y de que, más allá de aquellos muros, el mundo dejaba pasar la vida en tardes de fútbol y seriales de radio, satisfecho con ver hasta allí donde al canza su ombligo y poco más. Quizá fue aquel pensa miento, quizá el azar o su pariente de gala, el destino, pero en aquel mismo instante supe que ya había elegido el libro que iba a adoptar. O quizá debiera decir el libro que me iba a adoptar a mí. Se asomaba tímidamente en el extremo de una estantería, encuadernado en piel de color vino y susurrando su título en letras doradas que ardían a la luz que destilaba la cúpula desde lo alto. Me acerqué hasta él y acaricié las palabras con la yema de los dedos, leyendo en silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sombra del viento (Carlos Ruíz Zafón)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 21 Aug 2012 00:28:30 -0700</pubDate>
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    <media:title>La biblioteca</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Salpicando los pasillos y plataformas de la biblioteca se perfilaban una docena de figuras. Algunas de ellas se volvieron a saludar desde lejos, y reconocí los rostros de diversos colegas de mi padre en el gremio de libreros de viejo. A mis ojos de diez años, aquellos individuos apare cían como una cofradía secreta de alquimistas conspiran do a espaldas del mundo. Mi padre se arrodilló junto a mí y, sosteniéndome la mirada, me habló con esa voz leve de las promesas y las confidencias.&lt;br /&gt;
—Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus pá ginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciu dad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiem po, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros, Daniel. ¿Crees que vas a poder guardar este secreto?&lt;br /&gt;
Mi mirada se perdió en la inmensidad de aquel lugar, en su luz encantada. Asentí y mi padre sonrió.&lt;br /&gt;
—¿Y sabes lo mejor? —preguntó.&lt;br /&gt;
Negué en silencio.&lt;br /&gt;
—La costumbre es que la primera vez que alguien visi ta este lugar tiene que escoger un libro, el que prefiera, y adoptarlo, asegurándose de que nunca desaparezca, de que siempre permanezca vivo. Es una promesa muy im portante. De por vida —explicó mi padre—. Hoy es tu turno.&lt;br /&gt;
Por espacio de casi media hora deambulé entre los entresijos de aquel laberinto que olía a papel viejo, a pol vo y a magia. Dejé que mi mano rozase las avenidas de lomos expuestos, tentando mi elección. Atisbé, entre los tí tulos desdibujados por el tiempo, palabras en lenguas que reconocía y decenas de otras que era incapaz de cata logar. Recorrí pasillos y galerías en espiral pobladas por cientos, miles de tomos que parecían saber más acerca de mí que yo de ellos. Al poco, me asaltó la idea de que tras la cubierta de cada uno de aquellos libros se abría un uni verso infinito por explorar y de que, más allá de aquellos muros, el mundo dejaba pasar la vida en tardes de fútbol y seriales de radio, satisfecho con ver hasta allí donde al canza su ombligo y poco más. Quizá fue aquel pensa miento, quizá el azar o su pariente de gala, el destino, pero en aquel mismo instante supe que ya había elegido el libro que iba a adoptar. O quizá debiera decir el libro que me iba a adoptar a mí. Se asomaba tímidamente en el extremo de una estantería, encuadernado en piel de color vino y susurrando su título en letras doradas que ardían a la luz que destilaba la cúpula desde lo alto. Me acerqué hasta él y acaricié las palabras con la yema de los dedos, leyendo en silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sombra del viento (Carlos Ruíz Zafón)&lt;/p&gt;</media:description>
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		<item>
			<title>Frente a las tierras de la Media Luna</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7472662874/&quot; title=&quot;Frente a las tierras de la Media Luna&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8003/7472662874_a296afafa0_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;180&quot; alt=&quot;Frente a las tierras de la Media Luna&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&amp;quot;Desde entonces la tierra se quedó baldía y como en ruinas. Daba pena verla llenándose de achaques con tanta plaga que la invadió en cuanto la dejaron sola. De allá para acá se consumió la gente; se desbandaron los hombres en busca de otros bebederos. Recuerdo días en que Comala se llenó de adioses y hasta nos parecía cosa alegre ir a despedir a los que se iban. Y es que se iban con intenciones de volver. Nos dejaban encargadas sus cosas y su familia. Luego algunos mandaban por la familia aunque no por sus cosas, y después parecieron olvidarse del pueblo y de nosotros, y hasta de sus cosas. Yo me quedé porque no tenía adonde ir. Otros se quedaron esperando que Pedro Páramo muriera, pues según decían les había prometido heredarles sus bienes, y con esa esperanza vivieron todavía algunos. Pero pasaron años y años y él seguía vivo, siempre allí, como un espantapájaros frente a las tierras de la Media Luna.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro Páramo (Juan Rulfo)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sat, 30 Jun 2012 07:49:00 -0700</pubDate>
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    <media:title>Frente a las tierras de la Media Luna</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;&amp;quot;Desde entonces la tierra se quedó baldía y como en ruinas. Daba pena verla llenándose de achaques con tanta plaga que la invadió en cuanto la dejaron sola. De allá para acá se consumió la gente; se desbandaron los hombres en busca de otros bebederos. Recuerdo días en que Comala se llenó de adioses y hasta nos parecía cosa alegre ir a despedir a los que se iban. Y es que se iban con intenciones de volver. Nos dejaban encargadas sus cosas y su familia. Luego algunos mandaban por la familia aunque no por sus cosas, y después parecieron olvidarse del pueblo y de nosotros, y hasta de sus cosas. Yo me quedé porque no tenía adonde ir. Otros se quedaron esperando que Pedro Páramo muriera, pues según decían les había prometido heredarles sus bienes, y con esa esperanza vivieron todavía algunos. Pero pasaron años y años y él seguía vivo, siempre allí, como un espantapájaros frente a las tierras de la Media Luna.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro Páramo (Juan Rulfo)&lt;/p&gt;</media:description>
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		<item>
			<title>Antigua melancolía</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7467397550/&quot; title=&quot;Antigua melancolía&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm9.staticflickr.com/8018/7467397550_5700077d41_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;180&quot; alt=&quot;Antigua melancolía&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;En el bosque todo estaba inerte e inmóvil, sólo gruesas gotas cayendo de los troncos desnudos en un vacío chapoteo. El resto, en mezcla con los viejos árboles, era capa tras capa de gris, inercia sin remedio, silencio, nada.&lt;br /&gt;
Connie andaba sin ganas. Del viejo bosque emanaba una antigua melancolía, algo sedante, mejor que la dura insensibilidad del mundo exterior. Le gustaba el interiorismo de lo que quedaba del bosque, la muda reticencia de los viejos árboles. Parecían las potencias del silencio, y aun así, era una presencia vital. También ellos esperaban: obstinadamente, estoicamente, esperando y efluyendo la fuerza del silencio. Quizás esperaban sólo el final; que los cortaran, se los llevaran; el fin del bosque, para ellos el fin de todas las cosas. Pero quizás su silencio fuerte y aristocrático, el silencio de los árboles llenos de fuerza, significaba algo diferente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El amante de lady Chetterley (D.H. Lawrence)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 29 Jun 2012 09:19:51 -0700</pubDate>
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Connie andaba sin ganas. Del viejo bosque emanaba una antigua melancolía, algo sedante, mejor que la dura insensibilidad del mundo exterior. Le gustaba el interiorismo de lo que quedaba del bosque, la muda reticencia de los viejos árboles. Parecían las potencias del silencio, y aun así, era una presencia vital. También ellos esperaban: obstinadamente, estoicamente, esperando y efluyendo la fuerza del silencio. Quizás esperaban sólo el final; que los cortaran, se los llevaran; el fin del bosque, para ellos el fin de todas las cosas. Pero quizás su silencio fuerte y aristocrático, el silencio de los árboles llenos de fuerza, significaba algo diferente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El amante de lady Chetterley (D.H. Lawrence)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Viejas historias</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7189713687/&quot; title=&quot;Viejas historias&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7232/7189713687_a2853e504e_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;180&quot; alt=&quot;Viejas historias&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La tía Marcelina no es de mi pueblo, sino de Fuentetoba, una aldea a cuatro leguas. Tanto da, creo yo, porque Fuentetoba se asemeja a mi pueblo como un huevo a otro huevo. Fuentetoba tiene cereales, alcores, cardos, avena loca, cuervos, chopos y arroyo cangrejero como cualquier pueblo que se precie. No obstante, Fuentetoba ofrece dos particularidades: los chopos están flacos como esqueletos y sobre el pueblo hay un teso que no es redondo, sino arisco y con la cresta erguida como si fuera un teso macho, un teso de pelea. A este teso, que está siempre de vigilia sobre la aldea medio escondida entre los chopos y la tierra, le dicen allí la Toba. Y la Toba, en contra de lo que es frecuente en la región, no es de tierra calcárea, sino de piedra, una piedra mollar e ingrávida que se divide con el serrucho como el queso y que se utiliza en la comarca para que los pájaros enjaulados se afilen bien el pico frotándose con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viejas historias de Castilla La Vieja  (Miguel Delibes)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Fri, 15 Jun 2012 08:13:25 -0700</pubDate>
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    <media:description type="html">&lt;p&gt;La tía Marcelina no es de mi pueblo, sino de Fuentetoba, una aldea a cuatro leguas. Tanto da, creo yo, porque Fuentetoba se asemeja a mi pueblo como un huevo a otro huevo. Fuentetoba tiene cereales, alcores, cardos, avena loca, cuervos, chopos y arroyo cangrejero como cualquier pueblo que se precie. No obstante, Fuentetoba ofrece dos particularidades: los chopos están flacos como esqueletos y sobre el pueblo hay un teso que no es redondo, sino arisco y con la cresta erguida como si fuera un teso macho, un teso de pelea. A este teso, que está siempre de vigilia sobre la aldea medio escondida entre los chopos y la tierra, le dicen allí la Toba. Y la Toba, en contra de lo que es frecuente en la región, no es de tierra calcárea, sino de piedra, una piedra mollar e ingrávida que se divide con el serrucho como el queso y que se utiliza en la comarca para que los pájaros enjaulados se afilen bien el pico frotándose con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viejas historias de Castilla La Vieja  (Miguel Delibes)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>La pirámide (o una cicatriz en el rostro de París)</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7328508692/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7328508692/&quot; title=&quot;La pirámide (o una cicatriz en el rostro de París)&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7234/7328508692_caf5ac2621_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;180&quot; alt=&quot;La pirámide (o una cicatriz en el rostro de París)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El nuevo acceso al Louvre se había hecho casi tan famoso como el mismo museo. La polémica y ultramoderna pirámide de cristal diseñada por I. M. Pei, el arquitecto americano de origen chino, seguía siendo blanco de burlas de los más puristas, que creían que destrozaba la sobriedad del patio renacentista. Goethe había definido la arquitectura como una forma de música congelada, y para sus críticos, la pirámide de Pei era como una uña arañando una pizarra. Sin embargo, también había admiradores que elogiaban aquella pirámide de cristal de más de veinte metros de altura y veían en ella la deslumbrante fusión de las estructuras antiguas con los nuevos métodos —un vínculo simbólico entre lo nuevo y lo viejo—, y que acompañaba al Louvre en su viaje hacia el nuevo milenio.&lt;br /&gt;
—¿Le gusta nuestra pirámide? —le preguntó el teniente.&lt;br /&gt;
Langdon frunció el ceño. Al parecer, a los franceses les encantaba preguntar sobre ese particular a los americanos. Se trataba de una pregunta envenenada, claro, porque admitir que te gustaba te convertía en un americano de mal gusto, y decir lo contrario era un insulto a los franceses.&lt;br /&gt;
—Mitterrand fue un hombre osado —replicó Langdon, saliéndose por la tangente.&lt;br /&gt;
Se decía que el anterior presidente de Francia, que había encargado la construcción de la pirámide, tenía «complejo de faraón». Responsable máximo de haber llenado la ciudad de obeliscos, obras de arte y objetos procedentes del país del Nilo, Francois Mitterrand sentía una pasión tan desbocada por la cultura egipcia que sus compatriotas seguían llamándolo «La Esfinge»...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez por debajo del nivel de la calle, un estado de agitación cada vez mayor se iba apoderando de Langdon. La presencia de Fache era todo menos tranquilizadora, y el propio museo ofrecía un aura casi sepulcral a aquellas horas. La escalera, como el pasillo central de un cine oscuro, estaba iluminada por unos pilotos muy tenues que indicaban el camino. Langdon oía que sus propios pasos reverberaban en el cristal que los cubría. Levantó la vista e intuyó las nubes de vapor de agua de las fuentes que se alejaban por encima de aquel techo transparente.&lt;br /&gt;
—¿Le gusta? —le preguntó Fache, apuntando hacia arriba con la ancha barbilla.&lt;br /&gt;
Suspiró, demasiado cansado para intentar otro comentario ingenioso.&lt;br /&gt;
—Sí, su pirámide es magnífica.&lt;br /&gt;
Fache emitió un gruñido.&lt;br /&gt;
—Una cicatriz en el rostro de París.&lt;br /&gt;
«Uno a cero». Notaba que su guía era difícil de complacer. Se preguntaba si Fache sabría que aquella pirámide había sido construida por deseo expreso de Mitterrand con 666 paneles de cristal, ni uno más ni uno menos, curioso empeño que se había convertido en tema de conversación entre los defensores de las teorías conspiratorias, que aseguraban que el 666 era el número de Satán. De todos modos, optó por no sacar el tema.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El código da Vinci (Dan Brown)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 03 Jun 2012 09:42:06 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-04-05T16:52:45-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>La pirámide (o una cicatriz en el rostro de París)</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;El nuevo acceso al Louvre se había hecho casi tan famoso como el mismo museo. La polémica y ultramoderna pirámide de cristal diseñada por I. M. Pei, el arquitecto americano de origen chino, seguía siendo blanco de burlas de los más puristas, que creían que destrozaba la sobriedad del patio renacentista. Goethe había definido la arquitectura como una forma de música congelada, y para sus críticos, la pirámide de Pei era como una uña arañando una pizarra. Sin embargo, también había admiradores que elogiaban aquella pirámide de cristal de más de veinte metros de altura y veían en ella la deslumbrante fusión de las estructuras antiguas con los nuevos métodos —un vínculo simbólico entre lo nuevo y lo viejo—, y que acompañaba al Louvre en su viaje hacia el nuevo milenio.&lt;br /&gt;
—¿Le gusta nuestra pirámide? —le preguntó el teniente.&lt;br /&gt;
Langdon frunció el ceño. Al parecer, a los franceses les encantaba preguntar sobre ese particular a los americanos. Se trataba de una pregunta envenenada, claro, porque admitir que te gustaba te convertía en un americano de mal gusto, y decir lo contrario era un insulto a los franceses.&lt;br /&gt;
—Mitterrand fue un hombre osado —replicó Langdon, saliéndose por la tangente.&lt;br /&gt;
Se decía que el anterior presidente de Francia, que había encargado la construcción de la pirámide, tenía «complejo de faraón». Responsable máximo de haber llenado la ciudad de obeliscos, obras de arte y objetos procedentes del país del Nilo, Francois Mitterrand sentía una pasión tan desbocada por la cultura egipcia que sus compatriotas seguían llamándolo «La Esfinge»...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez por debajo del nivel de la calle, un estado de agitación cada vez mayor se iba apoderando de Langdon. La presencia de Fache era todo menos tranquilizadora, y el propio museo ofrecía un aura casi sepulcral a aquellas horas. La escalera, como el pasillo central de un cine oscuro, estaba iluminada por unos pilotos muy tenues que indicaban el camino. Langdon oía que sus propios pasos reverberaban en el cristal que los cubría. Levantó la vista e intuyó las nubes de vapor de agua de las fuentes que se alejaban por encima de aquel techo transparente.&lt;br /&gt;
—¿Le gusta? —le preguntó Fache, apuntando hacia arriba con la ancha barbilla.&lt;br /&gt;
Suspiró, demasiado cansado para intentar otro comentario ingenioso.&lt;br /&gt;
—Sí, su pirámide es magnífica.&lt;br /&gt;
Fache emitió un gruñido.&lt;br /&gt;
—Una cicatriz en el rostro de París.&lt;br /&gt;
«Uno a cero». Notaba que su guía era difícil de complacer. Se preguntaba si Fache sabría que aquella pirámide había sido construida por deseo expreso de Mitterrand con 666 paneles de cristal, ni uno más ni uno menos, curioso empeño que se había convertido en tema de conversación entre los defensores de las teorías conspiratorias, que aseguraban que el 666 era el número de Satán. De todos modos, optó por no sacar el tema.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El código da Vinci (Dan Brown)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>El estadio</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7280458758/&quot; title=&quot;El estadio&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7099/7280458758_2951855d86_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;El estadio&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&amp;quot;Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie. En Wembley suena todavía el griterío del Mundial del 66, que ganó Inglaterra, pero aguzando el oído puede usted escuchar gemidos que vienen del 53, cuando los húngaros golearon a la selección inglesa. El Estadio Centenario, de Montevideo, suspira de nostalgia por las glorias del fútbol uruguayo. Maracaná sigue llorando la derrota brasileña en el Mundial del 50. En la Bombonera de Buenos Aires, trepidan tambores de hace medio siglo. Desde las profundidades del estadio Azteca, resuenan los ecos de los cánticos ceremoniales del antiguo juego mexicano de pelota. Habla en catalán el cemento del Camp Nou, en Barcelona, y en euskera conversan las gradas de San Mamés, en Bilbao. En Milán, el fantasma de Giuseppe Meazza mete goles que hacen vibrar al estadio que lleva su nombre. La final del Mundial del 74, que ganó Alemania, se juega día tras día y noche tras noche en el Estadio Olímpico de Munich. El estadio del rey Fahd, en Arabia Saudita, tiene palco de mármol y oro y tribunas alfombradas, pero no tiene memoria ni gran cosa que decir.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El estadio. El futbol a sol y sombra y otros escritos (Eduardo Galeano)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 27 May 2012 09:57:46 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2009-08-19T12:54:24-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>El estadio</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;&amp;quot;Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie. En Wembley suena todavía el griterío del Mundial del 66, que ganó Inglaterra, pero aguzando el oído puede usted escuchar gemidos que vienen del 53, cuando los húngaros golearon a la selección inglesa. El Estadio Centenario, de Montevideo, suspira de nostalgia por las glorias del fútbol uruguayo. Maracaná sigue llorando la derrota brasileña en el Mundial del 50. En la Bombonera de Buenos Aires, trepidan tambores de hace medio siglo. Desde las profundidades del estadio Azteca, resuenan los ecos de los cánticos ceremoniales del antiguo juego mexicano de pelota. Habla en catalán el cemento del Camp Nou, en Barcelona, y en euskera conversan las gradas de San Mamés, en Bilbao. En Milán, el fantasma de Giuseppe Meazza mete goles que hacen vibrar al estadio que lleva su nombre. La final del Mundial del 74, que ganó Alemania, se juega día tras día y noche tras noche en el Estadio Olímpico de Munich. El estadio del rey Fahd, en Arabia Saudita, tiene palco de mármol y oro y tribunas alfombradas, pero no tiene memoria ni gran cosa que decir.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El estadio. El futbol a sol y sombra y otros escritos (Eduardo Galeano)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Buscando a Cortázar</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7196333616/&quot; title=&quot;Buscando a Cortázar&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7217/7196333616_662da47e74_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;180&quot; alt=&quot;Buscando a Cortázar&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rayuela (Julio Cortázar)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Mi mito de París actuó en mi favor... Me hizo escribir un libro, 'Rayuela’, que es un poco la puesta en acción de una ciudad vista de manera mítica”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Julio Cortázar&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Mon, 14 May 2012 07:40:45 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-04-07T15:54:42-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>Buscando a Cortázar</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rayuela (Julio Cortázar)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Mi mito de París actuó en mi favor... Me hizo escribir un libro, 'Rayuela’, que es un poco la puesta en acción de una ciudad vista de manera mítica”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Julio Cortázar&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Virajes</title>
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			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/7159491648/&quot; title=&quot;Virajes&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7232/7159491648_80d9cbd320_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;Virajes&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&amp;quot;el barco viró a la derecha por el Klong Samsen, y entramos en un mundo diferente. Allí, la vida había cambiado muy poco durante todo un siglo. A lo largo del canal se sucedían las casas de teca sobre pilotes; la ropa se secaba bajo los tejadillos. Algunas mujeres se asomaban a la ventana para vernos pasar; otras dejaban la colada y levantaban la cabeza. Los niños se bañaban, chapoteando entre los pilotes; nos saludaban enérgicamente con la mano. Había vegetación por todas partes; nuestra piragua se abría camino entre macizos de nenúfares y lotos; a nuestro alrededor, todo rebosaba de vida. Cada centímetro de tierra, aire o agua parecía llenarse a cada instante de mariposas, lagartijas o carpas. Sôn dijo que estábamos en plena estación seca; pero la atmósfera era absoluta e irremediablemente húmeda.&lt;br /&gt;
Valérie estaba sentada a mi lado; parecía envuelta en una gran paz. Contestaba con pequeños gestos de la mano a los viejos que fumaban su pipa en el balcón, a los niños que se bañaban, a las mujeres que lavaban la ropa. También los ecologistas jurásicos parecían más sosegados; incluso los naturópatas estaban tranquilos. Sólo nos rodeaban sonidos suaves y sonrisas. Valérie se volvió hacia mí. Yo casi tenía ganas de cogerle la mano; sin una razón concreta, me abstuve de hacerlo. El barco ya no se movía; habíamos varado en la breve eternidad de una tarde feliz; incluso Babette y Léa guardaban silencio. Estaban un poco en las nubes, por usar la expresión que Léa empleó un poco después, en el embarcadero.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plataforma  (Michel Houellebecq)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Tue, 08 May 2012 10:55:04 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-05-08T19:55:04-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>Virajes</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;&amp;quot;el barco viró a la derecha por el Klong Samsen, y entramos en un mundo diferente. Allí, la vida había cambiado muy poco durante todo un siglo. A lo largo del canal se sucedían las casas de teca sobre pilotes; la ropa se secaba bajo los tejadillos. Algunas mujeres se asomaban a la ventana para vernos pasar; otras dejaban la colada y levantaban la cabeza. Los niños se bañaban, chapoteando entre los pilotes; nos saludaban enérgicamente con la mano. Había vegetación por todas partes; nuestra piragua se abría camino entre macizos de nenúfares y lotos; a nuestro alrededor, todo rebosaba de vida. Cada centímetro de tierra, aire o agua parecía llenarse a cada instante de mariposas, lagartijas o carpas. Sôn dijo que estábamos en plena estación seca; pero la atmósfera era absoluta e irremediablemente húmeda.&lt;br /&gt;
Valérie estaba sentada a mi lado; parecía envuelta en una gran paz. Contestaba con pequeños gestos de la mano a los viejos que fumaban su pipa en el balcón, a los niños que se bañaban, a las mujeres que lavaban la ropa. También los ecologistas jurásicos parecían más sosegados; incluso los naturópatas estaban tranquilos. Sólo nos rodeaban sonidos suaves y sonrisas. Valérie se volvió hacia mí. Yo casi tenía ganas de cogerle la mano; sin una razón concreta, me abstuve de hacerlo. El barco ya no se movía; habíamos varado en la breve eternidad de una tarde feliz; incluso Babette y Léa guardaban silencio. Estaban un poco en las nubes, por usar la expresión que Léa empleó un poco después, en el embarcadero.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plataforma  (Michel Houellebecq)&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Donde vivían los vientos</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/6993364356/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/6993364356/&quot; title=&quot;Donde vivían los vientos&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7114/6993364356_47fc39601e_m.jpg&quot; width=&quot;240&quot; height=&quot;160&quot; alt=&quot;Donde vivían los vientos&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Según los cuentos de la antigua marinería, la mar era quieta, un inmenso lago sin olas ni olitas y sólo a remo se podía navegar.&lt;br /&gt;
Entonces una canoa, perdida en el tiempo, llegó al otro lado del mundo y encontró la isla donde vivían los vientos. Los marineros los capturaron, se los llevaron y los obligaron a soplar. La canoa se deslizó, empujada por los vientos prisioneros, y los marineros, que llevaban siglos remando y remando, por fin pudieron echarse a dormir.&lt;br /&gt;
No despertaron nunca.&lt;br /&gt;
La canoa se estrelló contra un peñón.&lt;br /&gt;
Desde entonces, los vientos andan en busca de la isla perdida que había sido su casa. En vano deambulan por los siete mares del mundo los alisios y los monzones y los ciclones. Por venganza de aquel secuestro, a veces echan a pique los barcos que se les cruzan en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Fundación de los vientos marineros-&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejos  (Eduardo Galeano)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.goear.com/listen/739f3f4/wild-theme-mark-knopfler&quot; target=&quot;_blank&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;Mark Knopler  - Wild&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Thu, 03 May 2012 10:42:38 -0700</pubDate>
			                        <dc:date.Taken>2012-05-03T19:42:38-08:00</dc:date.Taken>
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    <media:title>Donde vivían los vientos</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Según los cuentos de la antigua marinería, la mar era quieta, un inmenso lago sin olas ni olitas y sólo a remo se podía navegar.&lt;br /&gt;
Entonces una canoa, perdida en el tiempo, llegó al otro lado del mundo y encontró la isla donde vivían los vientos. Los marineros los capturaron, se los llevaron y los obligaron a soplar. La canoa se deslizó, empujada por los vientos prisioneros, y los marineros, que llevaban siglos remando y remando, por fin pudieron echarse a dormir.&lt;br /&gt;
No despertaron nunca.&lt;br /&gt;
La canoa se estrelló contra un peñón.&lt;br /&gt;
Desde entonces, los vientos andan en busca de la isla perdida que había sido su casa. En vano deambulan por los siete mares del mundo los alisios y los monzones y los ciclones. Por venganza de aquel secuestro, a veces echan a pique los barcos que se les cruzan en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Fundación de los vientos marineros-&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejos  (Eduardo Galeano)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.goear.com/listen/739f3f4/wild-theme-mark-knopfler&quot; target=&quot;_blank&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;Mark Knopler  - Wild&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;</media:description>
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		</item>
		<item>
			<title>Paseos (por París)</title>
			<link>http://www.flickr.com/photos/nikogogol/6977848018/</link>
			<description>			&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/people/nikogogol/&quot;&gt;NikoGogol&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
	
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.flickr.com/photos/nikogogol/6977848018/&quot; title=&quot;Paseos (por París)&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://farm8.staticflickr.com/7072/6977848018_30a3f8686f_m.jpg&quot; width=&quot;180&quot; height=&quot;240&quot; alt=&quot;Paseos (por París)&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Ese es un París que no se presta a un paseo, es un París que hay que vivir, que hay que experimentar, que crece dentro de ti como un cáncer, y crece y crece hasta que te devora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces entendí porqué atrae París a los torturados, a los alucinados, a los maníacos del amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comprendí la imposibilidad de mostrarle aquel París que yo había descubierto, un París que existía en virtud de mi soledad, de mi deseo de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extractos de Trópico de cáncer (Henry Miller)&lt;/p&gt;</description>
			<pubDate>Sun, 29 Apr 2012 02:46:18 -0700</pubDate>
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    <media:title>Paseos (por París)</media:title>
    <media:description type="html">&lt;p&gt;Ese es un París que no se presta a un paseo, es un París que hay que vivir, que hay que experimentar, que crece dentro de ti como un cáncer, y crece y crece hasta que te devora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces entendí porqué atrae París a los torturados, a los alucinados, a los maníacos del amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comprendí la imposibilidad de mostrarle aquel París que yo había descubierto, un París que existía en virtud de mi soledad, de mi deseo de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extractos de Trópico de cáncer (Henry Miller)&lt;/p&gt;</media:description>
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